INICIAR SESIÓNKim Yeonhwa
Me encuentro acostada boca arriba en mi cama, viendo videos cortos en mi celular. Al escuchar que tocan, miro intuitivamente hacia la puerta, pero vuelvo a fijar mi vista en lo que estaba viendo porque ya sé que es mi madre, que quiere que vaya a desayunar y, a pesar de que mi estómago gruñe como el ruido de un animal, no quiero hacerlo porque no quiero subir más de peso. Mi madre vuelve a tocar, pero nuevamente la vuelvo a ignorar. La puerta de mi habitación se abre de golpe. Miro a mi madre, quien me observa con el ceño fruncido. —Me quieres matar del corazón. ¿Por qué no respondiste? —pregunta mi madre, enojada, con una mano en su pecho, que sube y baja exageradamente. Una sonrisa incómoda se forma en mis labios. —Lo siento, no fue mi intención. —Te espero abajo. Ya está listo tu desayuno —anuncia mi madre y se da la vuelta para irse. —No tengo hambre, no voy a desayunar —respondo y trago saliva con dificultad. Mi madre, al escuchar mis palabras, se da la vuelta de inmediato y me mira con los ojos entrecerrados. —Vas a comer sí o sí. No vas a pasar hambre por querer ser delgada. Además, el desayuno está hecho de acuerdo a lo que indicó tu nutricionista —sentencia mi madre, muy decidida. —Te recuerdo que llevo tres meses con ese supuestamente el mejor nutricionista y aún no he bajado de peso. —Yeonhwa, reconoce que sí estás bajando de peso. Porque no sea de golpe, no significa que no esté funcionando la dieta —mi madre se adentra en mi habitación y me coge de la muñeca izquierda—. No me desvíes del tema y vamos a desayunar. —No quiero —tiro de mi brazo para soltarme de su agarre, pero lo único que consigo es que me sostenga con más fuerza la muñeca. —¡Ven! —me da un tirón que provoca que me levante de la cama y casi me caiga al piso, pero, gracias a Dios, tengo un buen equilibrio—. Y no quiero que me dejes ni una gota de comida. Mi madre me saca de la habitación a la fuerza, pero detengo nuestro paso cuando me sostengo del marco de la puerta. No sé de dónde saca fuerzas, pero me da un jalón tan fuerte que logra que me suelte. —Mamá, no puedes obligarme a hacer lo que no quiero —grito. —¿No te da vergüenza hacer esta rabieta como una niña pequeña? —reprende mi madre en voz alta, mientras me lleva casi arrastrada por todo el pasillo. —Lo dices muy fácil, pero no sabes lo que siento al verme todo el día siendo gorda. Mientras bajamos por las escaleras, trato de sostenerme del pasamanos, pero el tirón que me da mi madre provoca que me suelte. Cuando llegamos al último escalón, doblamos a la izquierda, donde está la cocina. Mi padre, quien se encuentra comiendo cuando llegamos, se detiene y nos mira fijamente. —Sun-hee, no maltrates a nuestra niña —reprende mi padre. Mi madre me libera de su agarre. Al jalar una silla, esta suena con un chirrido provocado por la madera al frotarse con la cerámica. Yo me siento de mala gana. —Yeonhwa, no tenemos que tener el cuerpo igual que todo el mundo para que sea perfecto —dice mi madre con calma. Ella toma un tazón y le sirve una bola de arroz integral. Añade un poco de kimchi por encima y lo desliza frente a mí. No digo nada, prefiero quedarme callada, aunque no estoy convencida de sus palabras. En parte tiene razón, porque no todo el mundo tiene que tener el cuerpo igual, pero si yo fuera delgada, todo sería mejor para mí. Mi madre coge otro tazón y lo llena casi hasta arriba de sopa de verduras. Lo pone enfrente de mí, junto al otro tazón. Al terminar de servirme, ella rodea la mesa para sentarse enfrente de mí y empezar a servirse. El olor a comida entra por mis fosas nasales, provocando que mi estómago ruja con más fuerza. Trago saliva con dificultad y cojo una cuchara de metal. En vez de empezar a comer de inmediato, empiezo a jugar con la comida, cogiendo una cucharada de arroz y después vertiéndola de nuevo, indecisa sobre si comerla o no. —Hija, si alguien te está haciendo sentir insegura con tu cuerpo, dime quién es y lo resolvemos de inmediato —asegura mi padre con mucha seguridad. —Nadie me hace sentir insegura, solo… si fuera delgada como la otra chica, me sentiría mejor —respondo. Pero lo que en realidad quiero decir es: odio pensar que mi novio solo está conmigo porque no tiene otra opción. Odio que la gente diga que me veo bien solo para no herir mis sentimientos. Odio que me traten mal tan solo por estar en sobrepeso. Odio que me llamen gorda y detesto sentirme así con mi propio cuerpo. —Yeonhwa, tienes que entender que cada persona tiene su propia belleza y tú tienes la tuya, aunque no la estés reconociendo en estos momentos. —¿Pero eso significa que no me tengo que cuidar? —pregunto en un tono de voz apenas audible. —Obvio que tienes que cuidarte, pero tampoco tienes que dejar de comer por querer ser delgada —me responde mi padre. —Tu padre tiene razón. Come sin problema; si es de forma moderada, todo estará bien —añade mi madre con una sonrisa dibujada en sus labios. Agarro una cucharada de arroz integral con un poco de kimchi y me lo llevo a la boca. Miro a mi mamá y papá con una sonrisa forzada en mis labios, con la boca cerrada para que no se vea la comida que tengo en la boca. En realidad, solo estoy comiendo para complacerlos, porque si fuera por mí, aguantaría hambre y lo único que comería sería una comida al día. Al terminar de desayunar, nos quedamos charlando entre nosotros. Mis padres me preguntan sobre mi relación con mi novio, cómo me va en la secundaria y también hasta planeamos lo que haremos en el cumpleaños de mi abuela paterna. En resumen, hablamos de todo. Mi celular suena. Yo, de inmediato, lo cojo y lo desbloqueo. Presiono la notificación que me llega y, enseguida, me lleva al chat de mi novio, quien me ha enviado un mensaje. Mi novio Joon: Hola, amor, ¿cómo estás? Yo: Estoy bien, ¿y tú? Mi novio Joon: Me encuentro muy bien y todavía mejor porque mi madre quiere que vengas a comer con nosotros. ¿Vendrás sí o no? Dejo el mensaje de mi novio en visto. Miro hacia mi madre y mi padre, que en estos momentos se encuentran muy concentrados hablando entre ellos. —Mamá y papá, mi novio me acaba de invitar a su casa porque su madre quiere que comamos juntos. ¿Me dan permiso? —pregunto con el corazón un poco acelerado porque no sé qué me vayan a responder. Mi madre lo más probable es que diga que sí, pero con mi padre no estoy segura porque es sobreprotector. Los dos voltean a mirarme. Mi madre mantiene una expresión serena y tranquila, en contraste con mi padre frunce el ceño, manteniendo una mirada más seria que lo habitual. —¿Por qué siempre te invita a su casa y nunca viene a la nuestra a presentarse como se debe? —cuestiona mi padre, y en el tono de su voz se nota la molestia. —No exageres, solo me ha invitado dos veces —mascullo en un tono de voz apenas audible, al tiempo que juego con los dedos de mis manos. —Yo creo que ya es el turno de él de venir aquí —dice mi padre, muy serio. —Papá… es mejor… no sofocarlo y que venga a nuestra casa cuando él quiera. —Vas a ir a su casa cuando tu novio venga a la nuestra a presentarse con nosotros, como se haría en cualquier relación seria. Mientras tanto, si no viene, entonces no tienes permiso de ir —recalca mi padre con firmeza. Abro los ojos más de lo normal, porque lo que menos quería que sucediera ha sucedido. Miro a mi madre y siento cómo mis ojos se van humedeciendo poco a poco. Ella me observa con una expresión triste. Mi mamá posa su mano encima de la muñeca de mi padre con delicadeza. —Kwan, dejemos que vaya —le sugiere mi madre. Mi celular suena, avisando que una nueva notificación ha llegado, y de inmediato se enciende la pantalla, dejándome ver un mensaje de Joon: «¿Por qué no responde?». Solo de saber que le voy a tener que decir que no, se me rompe el corazón. —No. Joon tiene que valorarla y respetarla, no tratarla como si fuera cualquier persona. —¿Prefieres que tu hija salga a escondidas con su novio, sin saber para dónde van y qué van a hacer, o prefieres saber dónde y con quién va a salir? —Nuestra hija no es de ese tipo de chica —habla mi padre con orgullo. —Recuerda que yo también era como Yeonhwa cuando tenía su edad e hice muchas cosas por ti. Mi papá se queda pensativo por un momento al escuchar las palabras de mi mamá y una ligera sonrisa se forma en sus labios. —¿La dejamos ir a casa de su novio, sí o no? —le pregunta mi madre a mi padre. Él voltea a mirarme y se queda observándome fijamente, a la vez que parece que decide si dejarme ir o no. Al final de su debate en su cabeza, suelta un suspiro de cansancio y asiente ligeramente con la cabeza. Yo me levanto emocionada de la silla y empiezo a hacer una reverencia una y otra vez, mientras digo: —Gracias, gracias, gracias. —Pero tiene que estar aquí antes de las siete de la noche —advierte mi padre. —No te preocupes. A las siete en punto me verán aquí —les aseguro con una sonrisa de esquina a esquina. Salgo de la cocina y, al doblar a la izquierda, subo las escaleras de dos en dos para llegar más rápido. Me dirijo a mi habitación y entro de inmediato, cerrando la puerta a mi espalda. Tiro el celular en mi cama y camino en dirección al baño. Al entrar, agarro mi cepillo de dientes, le pongo pasta dental y comienzo a cepillarme. Cuando termino, me quito la ropa, una prenda a la vez, y la echo en el cesto de la ropa sucia. Entro en la ducha y siento cómo el agua cálida cae sobre mi cabeza y luego recorre lentamente mi piel. Al terminar de bañarme, salgo de la ducha, cojo la toalla del toallero y me envuelvo en ella. De pie frente al espejo, abro el gabinete y saco mi tónico. Me lo aplico en el rostro. Después, me pongo el sérum, seguido del contorno de ojos, la crema hidratante y, por último, el protector solar, que lo aplico por el rostro, el cuello y los brazos. Al terminar, salgo del baño. Al estar de vuelta en mi habitación, abro una gaveta de mi gavetero y saco mi ropa interior, que no combina para nada, porque el brasier es de color morado y el panti es de color amarillo. Tiro la toalla sobre la cama y me pongo la ropa interior. Después, abro el armario. Sacó y entro varias prendas hasta que, por fin, me decido por una minifalda de jean y una blusa roja de mangas largas, con los hombros casi descubiertos porque tiene unas pequeñas tiras en los hombros. Me pongo la ropa que elegí y, de entre todos mis zapatos, escojo unos pequeños tacones negros y me los pongo. Miro hacia mi cama cuando escucho que suena la canción «Falso amor», de mi grupo de K-pop 1-CPB favorito. Al acercarme, resuena el sonido de mis tacones por toda la habitación. Cojo mi celular y, al ver que es Joon quien me está llamando, de inmediato le contesto. —Yeonhwa, ¿cuántas veces te he dicho que contestes los mensajes rápido? ¿Acaso ya no te importo? —reclama Joon, y en el tono de su voz noto que está enojado. —No te enojes, no te enojes. Déjame explicarte —le pido y escucho un suspiro pesado desde el otro lado de la llamada—. Estaba arreglándome para ir a tu casa porque ya me dieron permiso y se me olvidó contestarte. —Te la dejo pasar porque hoy será un día especial para nosotros dos. Mis labios se curvan en una sonrisa. —¿Qué sorpresa me tienes? —No te lo voy a decir, así que no me preguntes. Solo sé que lo vas a disfrutar tanto como yo. —Adiós, nos vemos en tu casa —me despido. —Aquí te espero. Le cuelgo la llamada. Me acerco a la puerta de mi habitación y, de entre todas las carteras que tengo colgadas, escojo una de color negro y me la cuelgo en el hombro izquierdo. Salgo de mi habitación y bajo las escaleras. Me encuentro con mi padre y mi madre viendo la televisión. —Nos vemos antes de las siete —digo en voz alta para que me escuchen mientras camino hacia la salida. —Espera, Yeonhwa, yo te llevo —se ofrece mi padre. Veo que mi papá se inclina y coge las llaves que están encima de la pequeña mesa de cristal. Se levanta y camina hacia mí. —Ya que tu don Juan no quiere venir, voy a tener que ir yo y conocerlo. Pero que no se acostumbre a que vayas, porque esta será la última vez. Para que tú vuelvas a su casa, él tiene que venir a presentarse —sentencia mi padre, muy serio. Agarra la perilla de la puerta y, al darle la vuelta, la abre. —Está bien, pero no lo amenaces ni lo intimides —hablo en voz baja. Mi padre abre la puerta y los dos salimos de la casa. Él va adelante, caminando muy seguro de sí mismo, mientras que yo voy detrás, siguiéndole los pasos. Mi papá empuja el portón y lo mantiene abierto hasta que salgo. Nos dirigimos al carro, que se encuentra a diez pasos de distancia. Él abre la puerta y es el primero en entrar. Luego voy yo y me siento en el asiento de adelante, a su lado. —Mándame su ubicación al celular —me pide mi padre. De inmediato, saco mi celular de la cartera, busco el chat y se la envío. Él acomoda su celular en el soporte y, al llegarle mi mensaje, lo presiona y de inmediato empieza a indicarle la ubicación. Mi papá introduce la llave y la gira con tranquilidad. De inmediato, pone el carro en marcha. Veo cómo nuestra casa se aleja poco a poco hasta que desaparece de mi vista. Durante todo el trayecto, lo único en lo que pienso es en qué sorpresa me tendrá mi novio, y eso me hace sentir un cosquilleo de emoción en el estómago, porque nunca él me ha hecho una sorpresa y esta sería la primera vez. Mi padre va bajando la velocidad del carro hasta que nos detenemos al frente de la casa de Joon. Yo abro la puerta y me bajo primero. Espero a que mi papá salga y rodee el auto hasta que queda a mi lado. Empujo el portón y los dos entramos. Atravesamos el pequeño patio y, al llegar a la puerta, toco el timbre. En menos de un minuto, Joon abre la puerta y, al ver a mi padre, me mira con una sonrisa nerviosa dibujada en sus labios. Noto cómo la nuez de su garganta sube y baja. Sé que mi novio lo reconoce al instante porque, a veces, cuando me revisa el celular, ve las fotos de mi familia. Mi novio se inclina casi hasta abajo. —Mucho gusto. Es un placer conocerlo por primera vez. Yo soy Park Joon, el novio de su hija —se levanta. —Para mí también es un gusto conocerte —mi padre extiende la mano para saludarlo y, de inmediato, mi novio le responde el saludo. Al soltarse, mi papá le pregunta: —¿Por qué tu madre no salió a recibirnos? —Ella… —se queda por un momento pronunciando la palabra, como si estuviera pensando en lo que va a decir— está ocupada cocinando. Mi madre quiere que todo esté perfecto para que mi novia se sienta cómoda. «Mi suegra se preocupa por mí. Parece que me aceptó tal y como soy», pienso y siento una emoción de felicidad creciendo en mi pecho. Mi padre sonríe al escuchar las palabras de mi novio. —Me alegra que tu madre se preocupe por la comodidad de mi hija. ¿Por qué no vas a mi casa? Chasqueo la lengua por disgusto ante la pregunta que le hace mi papá a Joon, pero sabía que lo iba a hacer tarde o temprano porque él es de las personas directas y no se aguanta nada. —No he podido por mis estudios —le responde Joon. —Por lo que veo, no vas a estar ocupado hoy. Así como invitaste a mi hija a venir, también hubieras podido ir. ¿No crees? —Lo siento, he cometido un error. Trataré de ir la próxima vez. —Ya terminé lo que quería decir, entonces me voy. Que la pasen bien —se despide mi padre. Él nos da la espalda. Veo cómo abre el portón con tranquilidad y lo cierra al salir. Entra a su carro y veo cómo se va alejando, hasta que desaparece de mi vista. —Entra, vamos a ver una película —Joon me agarra de la mano y me jala levemente hacia adentro. —¿No íbamos a comer? —le pregunto. Joon cierra la puerta y se forma en sus labios una sonrisa burlona. —Te mentí. Mi madre no ha dicho nada de comer juntos, ella ni siquiera está. La emoción de felicidad que se había formado en mi pecho por la ilusión de que su madre me haya aceptado se disuelve como el hielo en el agua, pero la única diferencia es que esta vez lo hace más rápido. —¿Por qué no me lo dijiste? —pregunto sin ganas. —Le ibas a contar a tus padres y después no te iban a dejar venir, sabiendo que tú y yo íbamos a estar solos —Joon, con su mano izquierda, mueve mi cabello hacia atrás de la oreja con delicadeza y me mira de arriba abajo con tanta intensidad que siento cómo mi piel se eriza. —Y… ¿hay sorpresa o también me mentiste? —Técnicamente no es una sorpresa, pero te juro que la vamos a pasar bien —una sonrisa pícara se forma en sus labios. —Siempre me la paso bien contigo, dondequiera que estemos —comento. —Sí, pero esta vez será diferente. Ven, vamos a calentar los motores —suelta Joon, y yo suelto una carcajada. Él me agarra de la mano y me lleva al sofá. Los dos nos sentamos. Joon se inclina y coge el control que está encima de la mesa. Busca una película que parece que ya tenía seleccionada desde antes y le da a reproducir. Mi novio se acerca a mí y me rodea los hombros con su brazo izquierdo. Yo me recuesto en él y no puedo evitar sonreír, porque estar cerca de Joon me da mucha seguridad y un sentimiento que creo que con palabras no podría describir. Es una emoción tan grande la que siento cuando estoy a su lado. La película empieza tranquila, pero después de diez minutos sube tanto de tono que me da incomodidad ver esas escenas sexuales tan explícitas. Bajo la mirada hacia el piso para esperar hasta que acabe lo que está haciendo la secretaria con su jefe en la oficina. Joon pone su mano derecha en mi muslo y sigue su camino hacia mi entrepierna. Al sentir su tacto en mi parte íntima, abro los ojos como platos. —¿Qué haces? —pregunto y agarro su mano con la mía. —¿Acaso no es obvio? Intento dar el segundo paso en la relación —Joon rueda los ojos. —Yo bajo la mirada—. Aún no estoy lista —hablo en voz baja, apenas audible. Noto cómo su expresión se endurece. —Yeonhwa, ¿acaso no te importo y por eso no quieres perder la virginidad conmigo? Me hacía mucha ilusión ser el primer hombre en estar contigo, pero ahora veo que todo es un juego para ti —él se aparta de mí. —No, no es lo que piensas —siento cómo mis ojos se empiezan a humedecer poco a poco—. Sí me gustaría estar contigo, pero tan solo no estoy preparada. —Las acciones valen más que las palabras. Si en verdad me quisieras como dices, te entregarías a mí sin pensarlo dos veces —Joon, al terminar sus palabras, se levanta del sofá y me da la espalda. Me levanto de inmediato y envuelvo su cintura entre mis brazos. —Joon, yo te amo, por favor entiéndeme. ¿Qué tengo que hacer para que comprendas que sí me importas y que te tomo en serio? —mi voz se rompe y empiezan a bajar muchas lágrimas por mis mejillas, como una nube que aguantó mucha agua hasta que no pudo más y la liberó. Joon se da la vuelta entre mis brazos y, con una de sus manos, levanta mi mentón con delicadeza. —Pues demuéstramelo, ya sabes que me gustan más las acciones que las palabras. Entrégate a mí. Me levanto de puntillas y junto nuestros labios. Al principio es un beso normal, hasta que mi novio introduce la lengua en mi boca, volviendo los besos más apasionados. Los dos caminamos lentamente hacia el sofá, sin despegar nuestros labios, hasta que caigo de espaldas en el mueble. Él se quita la camisa, dejando su piel desnuda al descubierto, y me mira con una intensidad que nunca me había dedicado antes, haciéndome sentir como si yo fuera su presa.Kim YeonhwaAl no encontrar por ningún lado a mi novio, pienso en ir a su casa a explicarle todo, pero no termino yendo porque no quiero que mi suegra nos vea pelear. Ella no me quiere con su hijo, y eso lo tengo entendido porque soy gorda; además, soy fea, y vernos en una situación complicada sería el mejor pretexto que escogería para convencerlo de que me deje, y eso es lo que menos quiero en la vida.Lo llamo una y otra vez por teléfono, pero en ningún momento Joon me contesta. Le dejo muchos audios y mensajes tratando de explicarle, pero al final termina bloqueándome. Y con cada uno de sus rechazos a reconocer la verdad, me hace sentir como si el mundo se estuviera derrumbando dentro de mí.Al final, cansada de intentar arreglar las cosas y no encontrar soluciones, me derrumbo en una esquina de mi habitación a llorar, hasta que me canso y ni una lágrima sale de mis ojos porque se han secado como un río que ya no fluye. Sin embargo, no me rindo. A las tres de la madrugada me levant
Kim YeonhwaMe encuentro sentada al lado de mi amiga aprovechando los últimos diez minutos de descanso, mientras el bullicio de mis compañeros inunda el salón.—Mi novio y yo tuvimos nuestra primera vez el sábado. Pensaba que a Joon no le iba a gustar cómo es mi cuerpo desnudo por ser gorda, pero creo que en vez de eso le encantó, porque a través de sus ojos noté una mirada con tanta intensidad que me hacía sentir como una presa —cuento emocionada con una sonrisa, pero se va esfumando al notar que mi amiga no me está prestando atención—. ¿Me estás escuchando? —le pregunto, pero no responde—. ¿Yuna, me escuchas? —toco su hombro varias veces con las puntas de mis dedos, pero ella se queda igual, como si nadie la tuviera tocando.—Mira a esa zorra, intenta robármelo —sisea Yuna, mientras le dedica una mirada llena de odio a Hana, que se encuentra sentada al lado de Tae-yang.—No te preocupes, solo Tae-yang le está explicando algo a Hana —le digo para tranquilizarla.—A mí no me engaña, c
Kim Yeonhwa Me encuentro acostada boca arriba en mi cama, viendo videos cortos en mi celular. Al escuchar que tocan, miro intuitivamente hacia la puerta, pero vuelvo a fijar mi vista en lo que estaba viendo porque ya sé que es mi madre, que quiere que vaya a desayunar y, a pesar de que mi estómago gruñe como el ruido de un animal, no quiero hacerlo porque no quiero subir más de peso. Mi madre vuelve a tocar, pero nuevamente la vuelvo a ignorar. La puerta de mi habitación se abre de golpe. Miro a mi madre, quien me observa con el ceño fruncido. —Me quieres matar del corazón. ¿Por qué no respondiste? —pregunta mi madre, enojada, con una mano en su pecho, que sube y baja exageradamente. Una sonrisa incómoda se forma en mis labios. —Lo siento, no fue mi intención. —Te espero abajo. Ya está listo tu desayuno —anuncia mi madre y se da la vuelta para irse. —No tengo hambre, no voy a desayunar —respondo y trago saliva con dificultad. Mi madre, al escuchar mis palabras, se da la vuelt
Kim YeonhwaEl ambiente de la cafetería está lleno de estudiantes conversando mientras Yuna y yo nos encontramos comiendo. Mi amiga elige arroz blanco, sopa de algas y bulgogi. Yo moría por escoger bulgogi, pero no quiero estar más gorda de lo que ya estoy, así que termino escogiendo kimchi, sopa de algas y pepino con vinagre.—¿Le avisaste al presidente del curso para que les diga a los profesores que Hana no vino hoy porque supuestamente se enfermó de nuevo su abuela? —me pregunta Yuna.—Sí. Pobre Hana, seguro está sola con su abuela porque su madre tiene que estar trabajando.Yuna suelta una pequeña carcajada de burla.—No debiste perder tu tiempo. Hana lo único que quiere es llamar la atención de Tae-yang, porque ella se dio cuenta de que él está interesado en mí y no en ella.—Me pregunto a veces cuándo vas a dejar de hacer teorías sobre cosas que no tienen que ver —suelto un suspiro y niego con la cabeza.—Lo que pasa es que tú eres muy inocente y por eso no te das cuenta —Yuna
Kim YeonhwaEl día está completamente soleado, perfecto para la gente a la que le gusta broncearse, pero no para mí. Por suerte, siempre llevo protector solar.Aunque aquí arriba, en el balcón de la casa de Yuna, donde nos encontramos Tae-yang, la dueña de la casa y yo, hace un viento que acaricia mi piel con suavidad y remueve ligeramente mi pelo suelto, refrescando completamente el día.La vista de aquí arriba es espectacular. Casi todo el barrio de Gangnam se ve desde aquí y, al bajar la vista, se aprecia completamente el gran patio bien cuidado de esta residencia, con sus flores de todos los colores, a diferencia de la casa, que solo está pintada de blanco y algunas partes de gris para darle un toque muy elegante con un estilo moderno.—Hana dice por el grupo que llegará un poco tarde porque tuvo que llevar junto a su madre a su abuela, que se puso mal de repente —informa Tae-yang con la vista en su teléfono.—Qué pena, espero que no le pase nada malo a su abuela —respondo.—Ciert
Kim YeonhwaEl olor de la sopa de tofu recién hecha, el arroz y el kimchi invade la cafetería entera, y el murmullo de la gente hablando entre ellos resuena en todo el lugar.Yuna y yo nos encontramos paradas con nuestra bandeja en la mano, buscando una mesa libre en donde sentarnos para comer.—Ya encontré una mesa vacía, sígueme —indica Yuna. Ella empieza a caminar de inmediato y yo le sigo el paso, pero me detengo cuando Joon aparece frente a mí.Joon me sonríe con una cálida sonrisa mientras me mira fijamente a los ojos, pero yo en lo único que puedo pensar es en las palabras de él y de mi suegra. En cómo me llamaron «ogro», «tanque de guerra» y «Yeonhwa es la mejor chica con la que puedo estar por ahora». Esas palabras resuenan en mi mente, provocando en mí un sentimiento de tristeza profunda, como el primer día que lo escuché hablando de mí.Mi novio abre la boca para hablar, pero no dejo que pronuncie ninguna palabra, porque le paso por el lado y sigo caminando como si nada.Al







