Compartir

Capítulo 2

Autor: Cecilia Severiano
A la mañana siguiente, no fue la luz del sol la que me despertó… sino el ruido.

Voces. Pasos apresurados. Órdenes que iban y venían desde la planta baja.

Abrí los ojos lentamente, con esa sensación pesada en el pecho que ya se estaba volviendo costumbre.

Y entonces lo vi.

Álvaro había regresado… pero no estaba solo.

Sara estaba con él.

Me quedé observando desde lo alto de las escaleras, en silencio, con el corazón helado. Él la sostenía con un cuidado casi exagerado, como si temiera que el mundo entero pudiera romperla. Como si fuera… lo más valioso que tenía.

Algo dentro de mí se quebró, pero no hizo ruido.

Los subordinados entraban sin parar, cargando cajas y más cajas: vitaminas costosas, equipos médicos importados… todo girando alrededor de ella.

—¡Cuidado! ¡No la vayan a golpear! —ordenaba Álvaro, tenso, nervioso… atento a cada mínimo detalle.

Nunca lo había visto así por mí.

Nunca.

En ese momento, levantó la vista… y me encontró.

Por un segundo, pareció desconcertado. Solo un segundo.

Después, su expresión cambió. Se volvió tranquilo… casi justificable. Como si él fuera quien tenía la razón.

—Elena, ¿ya despertaste?

Soltó a Sara y subió las escaleras con rapidez, como si quisiera explicarse antes de que yo dijera algo.

—Anoche atacaron la vieja mansión… Sara se asustó. Está embarazada y tuvo una amenaza de aborto. La traje para que se quede aquí unos días.

Hizo una pausa.

Luego añadió, apresurado:

—El bebé no es mío. Es… del esperma que mi hermano dejó antes de morir. Yo solo estoy como figura… para que los ancianos no hablen.

Mentiras.

Mentiras tan mal construidas que ni siquiera merecían ser desmentidas.

Pero no dije nada.

Mis ojos pasaron de él… hacia ella.

Sara acomodó su ropa con lentitud, dejando ver apenas las marcas en su piel. Marcas que no necesitaban explicación.

Y me miró.

No con culpa.

Con desafío.

—Si no se siente bien… puede quedarse —dije, sin emoción, como si nada me importara.

Álvaro se quedó en silencio, sorprendido.

No esperaba eso de mí.

Una leve sonrisa cruzó su rostro, aliviado. Intentó acercarse, rodearme con el brazo.

—Sabía que entenderías, Elena… siempre eres la mejor. No te preocupes, se quedará abajo. No nos molestará.

Me aparté antes de que pudiera tocarme.

—Está embarazada. Hace falta más personal. Mandaré a llamar gente —dije.

—¡No hace falta!

Fue inmediato. Demasiado rápido.

Se tensó, incómodo bajo mi mirada.

—No quiero extraños en casa… traeré gente de confianza para que la atienda.

Claro.

No era por ella.

Era por mí.

Temía que yo hiciera algo.

Que dañara a ese “heredero”.

Qué irónico.

—Como quieras.

Me di la vuelta sin más.

—No me siento bien. No quiero ver a nadie.

Caminé hacia la habitación, pero él me siguió.

—¿Te pasa algo? ¿Quieres que llame al médico? Ah… espera, te traje algo.

Sacó una pequeña caja.

Dentro, un collar de diamantes rosados brillaba como si no perteneciera a este mundo.

—Lo vi… y pensé en ti.

Lo miré.

Y no pude evitar sonreír… pero no de felicidad.

A Sara le encantaban los collares.

Yo ni siquiera podía usarlos.

Soy alérgica al metal.

Cinco años… y ni eso recordaba.

—Gracias. Déjalo ahí.

No lo toqué.

Pues seguro que era algo que tomó de paso del tocador de Sara.

Entré al dormitorio principal sin mirar atrás.

Ese lugar… nuestro lugar…

Ahora me resultaba insoportable.

Abrí una caja y comencé a guardar todo. Fotos, recuerdos, pequeños detalles… todo lo que alguna vez significó algo.

Si ya no era hermoso… no tenía sentido conservarlo.

—¿Qué haces? —preguntó Álvaro desde la puerta, con ceño fruncido.

—Preparando la habitación.

No lo miré.

—Sara no puede quedarse abajo. Este cuarto es mejor.

Mentí con una facilidad que ni yo misma reconocí.

Pero él no dudó.

Se acercó y me abrazó por detrás, apoyando el rostro en mi cuello.

Y entonces… ese aroma volvió a envolverme.

El perfume de Sara.

Me revolvió el estómago.

Pero no me moví.

—Lo siento, Elena… —susurró—. Cuando el niño nazca, todo se arreglará. Las familias estarán unidas… los viejos no tendrán más que decir, y seremos libres.

¿Libres?

Casi me reí.

Lo quería todo.

El poder. Mi amor. Y ese hijo.

Demasiado ambicioso…

Demasiado tarde.

—¡Álvaro!

El grito de Sara cortó el aire.

—¡Me duele! ¡El vientre!

En un segundo, me soltó.

Como si yo dejara de existir.

—¡Llamen al médico!

Y salió corriendo.

Sin mirar atrás.

Con esa prisa y nervios que no debería de tener un cuñado.

Me quedé ahí, inmóvil, solo observando su espalda.

Luego, sin pensarlo demasiado… me quité el anillo de bodas.

Lo miré un instante.

Y lo dejé caer en la basura.

Sin dudar.

Sin arrepentirme.

Más tarde, entré al estudio y abrí la caja fuerte.

Ahí estaban los documentos… intactos.

El acuerdo prenupcial.

La transferencia de sus bienes.

Todo lo que me dio para demostrar que me amaba.

Nunca los toqué.

Nunca los necesité.

Yo no quería su dinero.

Quería su lealtad.

Y eso… fue lo primero que perdí.

Guardé todo en la caja, con calma.

Como si cerrara una historia.

Entonces, una voz desde abajo rompió el silencio:

—Señor, su madre y los ancianos han llegado.

Me quedé quieta.

Sara apenas llevaba ese embarazo…

Y ya estaban todos aquí.

Solté una risa baja, amarga.

Ahora lo entendía.

Ella nunca vino a recuperarse.

Vino a reclamar su lugar.
Continúa leyendo este libro gratis
Escanea el código para descargar la App

Último capítulo

  • Arrepentimiento: Mi Don heredó a su cuñada   Capítulo 12

    A Álvaro le arrebataron hasta el apellido.Fue expulsado de la familia Rosales… como si nunca hubiera pertenecido a ella.El hombre que alguna vez estuvo en la cima…Cayó.Y no volvió a levantarse.De la noche a la mañana, pasó de ser el patriarca…A convertirse en alguien que todos evitaban.Nadie quería ayudarlo.Nadie se atrevía siquiera a darle trabajo.Esa… fue mi orden.Quería que sintiera todo.El peso de la vida.La frialdad del mundo.La soledad.Terminó trabajando en el muelle… cargando cajas bajo el sol.Lavando platos en cocinas donde nadie lo miraba a los ojos.Por monedas.Por sobrevivir.De vez en cuando, recibía informes sobre él.Los leía sin expresión.En las fotos…Aparecía irreconocible.Ropa sucia.Manos heridas.La mirada… vacía.Lejos quedaba aquel hombre lleno de orgullo y vida de años atrás.No sentí lástima.Ni una sola vez.Era… lo que había elegido.Su madre tampoco escapó a la caída.Con el cambio de poder, perdió todo.Todo lo que la hacía sentirse superio

  • Arrepentimiento: Mi Don heredó a su cuñada   Capítulo 11

    Álvaro… finalmente apareció.Llevaba un maletín en la mano.Su aspecto… ya no era el de antes.Ojeras profundas. Mirada apagada.Como si en esos días hubiera envejecido años.Se detuvo frente a mí… y lo abrió.Dentro estaban los documentos.Todos.La transferencia de los activos principales de la familia Rosales…Y el emblema que representaba el poder del patriarca.—Aquí está todo lo que querías… —dijo, con la voz áspera.Hizo una pausa.—Pero tengo una condición.Lo observé sin emoción.—Habla.Sus dedos se tensaron levemente.—Quiero que cumplas tu palabra… y dejes en paz al resto de la familia.Bajó la mirada.—Yo cargaré con todo.Eso… no lo esperaba.Por un instante…Me sorprendió.Al final… eligió protegerlos.A ellos.No a sí mismo.Asentí.—Está bien.Mi voz fue clara.—Desde el principio… esto siempre fue entre tú y yo.Exhaló lentamente.Como si, por fin, pudiera respirar.Una sonrisa amarga cruzó sus labios.—Elena… ganaste.Negué suavemente.—No.Lo miré directo a los ojos

  • Arrepentimiento: Mi Don heredó a su cuñada   Capítulo 10

    Después de adquirir la mansión de los Rosales… no esperé.Organicé una fiesta allí.Una enorme.Deslumbrante.Invité a todas las familias influyentes…A todas.Excepto a una.La familia Rosales.La noche del evento, la música llenaba cada rincón de la finca. Las luces iluminaban los jardines… y las risas flotaban en el aire como si nada pudiera romper ese momento.Hasta que apareció él.Álvaro.Intentó irrumpir.Desesperado.Pero no llegó lejos.Los guardias lo redujeron contra el suelo sin esfuerzo.—¡Elena! ¡Sal! ¡Tienes que darme una explicación! —gritaba, con la voz rota.Lo escuché.Claro que lo escuché.Pero no reaccioné.Levanté mi copa.Sonreí.Y brindé con mis invitados.Como si no existiera.Como si nunca hubiera existido.Solo cuando la fiesta terminó…Salí.Caminé despacio hasta la entrada.Y lo miré.Desde arriba.—Álvaro… —mi voz fue suave, casi indiferente—. ¿Te gustó el regalo?Alzó la cabeza.Sus ojos estaban rojos. Vacíos.—¿Por qué me haces esto…?Solté una risa baja

  • Arrepentimiento: Mi Don heredó a su cuñada   Capítulo 9

    El final de Sara… fue peor de lo que cualquiera hubiera imaginado.Álvaro no tuvo piedad.Le destrozó las extremidades a ella… y a su amante.Luego los encerró juntos.Como un castigo retorcido.—Si tanto se aman… entonces quédense así para siempre.Y eso fue todo.En cuanto a su familia…La caída fue igual de brutal.La familia Rosales los aplastó sin contemplaciones, y lo poco que quedó… fue repartido entre otros clanes.Como si nunca hubieran existido.Después de eso…Álvaro creyó que todo podía arreglarse.Que aún había una oportunidad.Que yo… volvería.Así que apareció en la subasta benéfica que yo organizaba.Elegante. Arreglado.Como en los viejos tiempos.Traía un regalo.Un diamante rosa.“Corazón de verano”.Una pieza única… absurdamente costosa.Como si el dinero pudiera comprar lo que destruyó.Se acercó a mí, con esa sonrisa que antes me desarmaba.—Elena… es para ti.Ni siquiera lo miré.—Señor Rosales, no tenemos nada que hablar.Su expresión se quebró apenas.—Elena, y

  • Arrepentimiento: Mi Don heredó a su cuñada   Capítulo 8

    Después de la cumbre… Álvaro enloqueció.Se instaló frente al hotel donde me hospedaba, como si el simple hecho de quedarse ahí pudiera hacerme volver.Mandó traer flores, joyas, todo aquello que alguna vez me gustó…Como si los recuerdos pudieran comprarse.Incluso intentó entrar por la fuerza.Pero cada vez…Diego y sus hombres lo detenían sin contemplaciones.Lo golpearon.Le dejaron el rostro marcado.Y aun así…No se fue.Se quedó ahí, bajo la lluvia, bajo el sol…Como un perro abandonado que se niega a aceptar que ya no tiene dueño.Lo observé desde la ventana.Sin sentir nada.—Princesa, ¿quieres que lo quite de aquí? —preguntó Diego, a mi lado.Negué lentamente.—Déjalo. Que espere.Pero su insistencia no me conmovió.Al contrario…Encendió algo más oscuro dentro de mí.Más frío.Más profundo.Y entonces… dejé de contenerme.Ataqué. Sin piedad.Compré al mayor proveedor de armas de su familia.Le arrebaté a su mano derecha.Y envié, de forma anónima, toda su información más suc

  • Arrepentimiento: Mi Don heredó a su cuñada   Capítulo 7

    El día de la cumbre…Todo estaba listo.Luces, trajes impecables, sonrisas falsas… poder disfrazado de elegancia.Álvaro llegó del brazo de Sara.Ambos vestidos a la perfección.Ella… orgullosa, altiva, aferrada a su brazo como si ya fuera la dueña de todo. Mostrándose, sin pudor, como la señora de la familia Rosales.Él…Distraído.Inquieto.Como si algo no encajara.Como si alguien… lo estuviera mirando.Y entonces…Las puertas del salón se abrieron.El silencio cayó de golpe.Entré.Un vestido rojo, largo, ardiente… como el fuego que una vez lo consumió todo.A mi alrededor, hombres de negro avanzaban conmigo, firmes, impenetrables.Y yo…Caminé sin prisa.Sin mirar a nadie.Pero sentí su mirada en el instante exacto.Álvaro.Se quedó inmóvil.Sus pupilas se contrajeron… como si hubiera visto un fantasma.Sara también me vio.Su rostro perdió el color al instante.—¿E… Elena? Tú no…No me detuve.No para ellos.Nunca más.Avancé directo hacia el estrado.Cada paso…Era una herida ab

Más capítulos
Explora y lee buenas novelas gratis
Acceso gratuito a una gran cantidad de buenas novelas en la app GoodNovel. Descarga los libros que te gusten y léelos donde y cuando quieras.
Lee libros gratis en la app
ESCANEA EL CÓDIGO PARA LEER EN LA APP
DMCA.com Protection Status