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Capítulo 71.

Author: Anto_2608
last update publish date: 2026-10-20 23:20:00

Capítulo 71:

El eco de la confesión de Yasmín se quedó suspendido en la sala como una onda expansiva de dolor, helando el aire por completo. La madre de Yasmín permaneció paralizada durante unos segundos eternos, con las manos temblorosas suspendidas en el aire y la mirada fija en el rostro empapado en lágrimas de su hija. La palabra “embarazada” golpeó sus oídos con la violencia de una tragedia anunciada, abriendo de golpe las cicatrices de una pesadilla que creían haber dejado al otro lado d
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  • Aun sigo casada con el   Capítulo 74.

    Capítulo 74: El silencio que siguió a esa frase fue tan absoluto, denso y sepulcral que por un instante Yasmín llegó a pensar que la llamada se había cortado. En el otro extremo de la línea, en la serenidad de su oficina ejecutiva, Camilo se quedó completamente petrificado. El bolígrafo que sostenía entre los dedos se le resbaló de las manos, cayendo sobre el escritorio con un golpe seco que retumbó en la estancia. —¿Qué...? —balbuceó Camilo con la voz estrangulada, sintiendo que el aire se le atascaba en la garganta—. Yasmín... por el amor de Dios... dime que no es verdad. —Es verdad, Camilo —confesó Yasmín con un hilo de voz quebrado por el llanto, apretando el teléfono contra su oreja mientras las lágrimas volvían a rodar por sus mejillas—. Fui al médico ayer por la mañana. Me hicieron pruebas de sangre... Estoy embarazada. Camilo se pasó la mano libre por el cabello de manera desesperada, poniéndose de pie de un salto y comenzando a caminar de un lado a otro en su despacho. —

  • Aun sigo casada con el   Capítulo 73.

    Capítulo 73: La noche había caído con una lentitud pesada sobre la pequeña y pintoresca ciudad costera en el extranjero. En la habitación de la casa de su madre, Yasmín yacía recostada bocarriba sobre la cama, con la mirada fija en el techo de madera iluminado únicamente por los destellos tenues de la luz de la calle que se filtraban a través de las cortinas. El agotamiento físico tras el impacto de la noticia médica y las horas de llanto incontrolable habían dejado su cuerpo entumecido, pero su mente seguía despierta, atrapada en un bucle interminable de pensamientos y temores que le impedían conciliar el sueño. Con un movimiento lento y cauteloso, llevó una mano hacia su vientre, apoyando las yemas de los dedos sobre la piel tibia. Saber que allí dentro, envuelto en el milagro frágil de la vida, latía un diminuto corazón que compartía la sangre de Sebastián Valderrama le provocaba una mezcla extraña de vértigo y una devoción inquebrantable. Cerró los ojos con fuerza, rezando en si

  • Aun sigo casada con el   Capítulo 72.

    Capítulo 72: De vuelta al presente, en la sala de la casa de su madre. Yasmín soltó un ahogado sollozo que se le escapó del pecho, apretándose el vientre con ambas manos como si intentara protegerlo de las garras del pasado. El sudor frío le cubría las sienes y las lágrimas rodaban sin freno por sus mejillas. El terror que sentía en ese momento no era solo por la incertidumbre de criar a un hijo sola en el extranjero, sino por la aterradora ironía del destino: llevaba en sus entrañas a un nuevo ser, una criatura gestada en la misma noche en que descubrió que el padre de ese bebé no la había engañado voluntariamente, sino que había sido víctima de la misma trampa vil que les arruinó la vida a ambos. ¿Cómo podía mirar hacia el futuro cuando su presente estaba habitado por el fantasma del bebé que no pudo nacer? ¿Cómo podía proteger a este nuevo embrión de la sombra destructiva de los Valderrama, del veneno de Federica y de la obsesión peligrosa y descontrolada de Sebastián? La puer

  • Aun sigo casada con el   Capítulo 71.

    Capítulo 71: El eco de la confesión de Yasmín se quedó suspendido en la sala como una onda expansiva de dolor, helando el aire por completo. La madre de Yasmín permaneció paralizada durante unos segundos eternos, con las manos temblorosas suspendidas en el aire y la mirada fija en el rostro empapado en lágrimas de su hija. La palabra “embarazada” golpeó sus oídos con la violencia de una tragedia anunciada, abriendo de golpe las cicatrices de una pesadilla que creían haber dejado al otro lado del océano. Sin embargo, el instinto maternal, curtido por años de soportar tempestades en silencio, se impuso sobre la estupefacción inicial. La mujer respiró hondo, tragó saliva para contener su propia conmoción y envolvió a Yasmín en un abrazo protector, sintiendo cómo el cuerpo de su hija convulsionaba por el llanto y la hiperventilación. —Cálmate, mi vida... Por favor, respira —murmuró la madre con una voz que intentaba transmitir una firmeza que ella misma apenas sentía—. Cálmate, mi niña

  • Aun sigo casada con el   Capítulo 70.

    Capítulo 70 Yasmun salió a la calle matutina. El aire fresco le golpeó el rostro mientras caminaba a pasos rápidos hacia un centro médico privado ubicado a pocas calles de la residencia. La sala de espera de la clínica era limpia, silenciosa y desprovista del caos de los grandes hospitales. Yasmín permanecía sentada en una silla de cuero azul, con las manos entrelazadas con tal fuerza sobre su regazo que los nudillos se le tornaron blancos. Cada segundo que pasaba se sentía como una eternidad agonizante. —¿Señorita Yasmín? —llamó una voz femenina desde la puerta de un consultorio. Yasmín se puso de pie de golpe, sintiendo que las piernas le pesaban como plomo. Cruzó el umbral del despacho médico, donde un doctor de mediana edad, de postura serena y mirada amable, la invitó a tomar asiento frente a su escritorio. —Buenos días, señorita —saludó el médico revisando la hoja de registro y los resultados del examen clínico rápido y de sangre que le habían practicado minutos antes—. Tom

  • Aun sigo casada con el   Capítulo 69.

    Capítulo 69 El aire helado de la noche parecía cortar la piel en la explanada financiera, pero dentro del vehículo de Apolo, el ambiente era de una sofocante claustrofobia. Tras salir de la torre corporativa y dejar atrás a un Sebastián consumido por la paranoia y el alcohol, Apolo apoyó los puños sobre el volante antes de encender el motor. Respiró profundamente, intentando despejar la turbación que le provocaba haber visto los ojos de su socio ardiendo en una locura fría y amenazante. Sin perder un solo minuto, Apolo condujo directamente hacia el apartamento de Camilo. Necesitaba mirarlo a los ojos, estar en un espacio seguro y advertirle sobre la tempestad que se estaba gestando en los pasillos de la empresa. Al llegar, Camilo lo recibió en el vestíbulo con la preocupación dibujada en el rostro. Había notado la prisa en la voz de Apolo durante su breve llamada telefónica y la tensión flotaba en el ambiente antes de que ninguno dijera una palabra. —Apolo, ¿qué pasó en la ofi

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