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Colisión

作者: Eva Mon
last update publish date: 2026-09-05 13:02:07

—¿QUÉ COÑO…?

—¡AY!

Gritamos al unísono mientras ambos móviles se nos escapan de las manos.

El tacón se me tuerce dolorosamente dentro del zapato y, antes de que pueda caer al suelo, me agarro instintivamente a su brazo. Al mismo tiempo, el pasador del pelo se rinde y mi cabello cae en cascada por la espalda. Una mano fuerte y firme se cierra alrededor de mi cintura, sujetándome con seguridad antes de que la gravedad gane.

Como sacado de una película.

—Lo siento mucho…

Levanto la cabeza despacio.

Y me quedo congelada.

Un par de ojos azules penetrantes me miran de frente, robándome el aire de los pulmones.

Leonard Parker.

El Implacable.Lo que fuera que iba a decir se le muere en los labios. Mi cerebro se convierte en papilla mientras el corazón me late desbocado contra las costillas, dolorosamente consciente del pecho firme que se presiona contra el mío bajo su camisa blanca impecable.

Le miro por encima del borde de mis gafas de abuela.

La sorpresa cruza su rostro.

El calor me sube a las mejillas.

Se acabó lo de creer que era inmune a su rostro irritantemente perfecto. Ninguno de los dos se mueve. Su mano sigue firmemente alrededor de mi cintura y yo no consigo apartar la mirada.

En algún lugar detrás de nosotros oigo a Laila acercarse corriendo.

—¡Señor Parker! ¿Se encuentra bien?

Por supuesto que eso es lo primero que pregunta. No a mí.

Puta.

Durante un instante breve e imposible, todo lo que nos rodea desaparece. Hay algo en la forma en que me mira. Algo eléctrico.

Incluso cuando Laila le agarra del brazo, sus ojos no se apartan de los míos.

—¡Blair! ¡Suelta al señor Parker!

Solo entonces me doy cuenta de que sigo agarrándole el antebrazo, con el cuerpo mucho más pegado al suyo de lo que debería.

—Dios mío… lo siento muchísimo, señor Parker.

Lo suelto de inmediato y doy un paso atrás apresurado, agradecida por el espacio entre nosotros.

—Estaba mirando el móvil. Ni siquiera le vi.

Él arquea una ceja antes de que la comisura de su boca se levante en el más leve esbozo de sonrisa, como si la idea de que alguien no se fijara en él le resultara ligeramente divertida.

Trago saliva con dificultad.

¿Qué se supone que debo decir ahora?

Por fin aparta la mirada y se agacha a recoger ambos móviles.

Oh, m****a.

Mi móvil. El mensaje. Va a verlo.

El pánico me invade.

Me lanzo hacia delante para agarrarlo, olvidando que él está haciendo exactamente lo mismo.

Nuestras frentes chocan.

—Ay…

Me tambaleo hacia atrás, frotándome la frente.

Por primera vez en dos años…

Leonard Parker me habla directamente.

—Joder, mujer. ¿Siempre eres tan torpe?

Eso es todo.

Estoy despedida.

Adiós, sueldo generoso.

Adiós, abono del gimnasio.

Adiós, beneficios del spa.

Adiós, descuentos de empleado en vino caro.

Se frota la parte superior de la cabeza, claramente molesto, pero antes de entregarme el móvil, sus ojos bajan un instante a la pantalla.

La sangre se me congela.

No está bloqueado.

El mensaje sigue abierto.

Lo ha leído.

De verdad lo ha leído.

No consigo sacar ni una sola palabra de la boca.

El corazón me galopa mientras la humillación se extiende por cada centímetro de mi cuerpo.

Él simplemente emite un sonido.

—Mmm.

¿Eso es todo?

Solo…

—Mmm.

Con un suspiro discreto, me entrega el móvil.

Los dedos me tiemblan al cogerlo de su mano.

Me hace un breve gesto con la cabeza antes de alejarse sin decir nada más.

Laila le sigue tan de cerca que podría estar pegada a él.

Ni siquiera me dedica una mirada.

Aunque, bueno…

Después de leer un mensaje como ese, yo tampoco me disculparía.

En el momento en que desaparecen de mi vista, me dirijo directamente al baño de nuestra planta.

Me encierro en el cubículo más cercano y me dejo caer sobre la tapa del váter, respirando despacio y temblorosa en un intento desesperado por calmarme.

Su olor sigue impregnando mi blusa de seda lila.

Creo que no me la voy a lavar nunca más.

Y entonces, justo cuando pienso que este día no puede volverse más humillante…

Lo siento.

Un calor extraño entre los muslos.

Frunciendo el ceño, me levanto la falda lápiz, me bajo las bragas… y miro.

Estoy mojada.

Por un solo toque.

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