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CONTRATO CON EL ARROGANTE CEO.
Prólogo. En el pequeño pueblo de Lucas, Kansas la vida pasaba con normalidad. Allí, Denayt Thompson vivía en lo más simple de su existencia, un mundo alejado de la maldad y la crueldad. Su alma pura y su corazón noble eran tesoros en un entorno donde la oscuridad apenas comenzaba a asomarse. La mayor de tres hermanas, desde muy pequeña tuvo que hacerse cargo de ellas, su madre los abandonó y su padre estaba consumido por dos vicios; las apuestas y el alcohol. A pesar de lo difícil que fue su vida, Denayt era tan feliz con lo poco que tenían, por no decir casi nada. Denayt nunca pudo ir a una escuela, no tuvo infancia como los niños normalmente la tendrían, mientras los niños jugaban ella tenía que aprender a cuidar a sus hermanas, ni siquiera sabía cómo se escribía su nombre. A miles de kilómetros el CEO conocido por sus habilidades de negociación, dirige un imperio en la industria del entretenimiento que incluye una cadena de casinos de lujo y salones de juego exclusivos. Su empresa se ha convertido en un destino icónico para aquellos que buscan no solo la emoción de las apuestas, sino también experiencias únicas y lujosas. Sin embargo, tras su sonrisa arrogante se escondía una tragedia: un pasado marcado por la pérdida de sus padres y un abuelo que, en su búsqueda de redención, dejó una cláusula que definiría su futuro. Un viaje lo llevó a un lugar clandestino de apuestas en un pueblo, el destino le presentó a Denayt, quien sería la clave de su salvación y su perdición. Su padre, un hombre quebrantado por la adicción y la avaricia, vio en Vincent la oportunidad de ganar miles y miles de dólares, pero lo único que ganó fue una deuda exagerada que no tenía cómo saldar. Así la vida de Denayt cambió para siempre, al convertirse en “empleada” de un hombre; la reencarnación del mal. Vincent, incapaz de confiar en nadie, no sabía amar, solo poseer cosas como objetos, era un hombre cruel, lastimó a Denayt en el proceso. A pesar de la oscuridad que los rodeaba, ambos comenzaron a enamorarse, una conexión que parecía prohibida y peligrosa. Después de un año se dieron cuenta que ambos estaban enredados en las garras de sus “sentimientos” Vincent perdió el control de su corazón y eso le asustaba demasiado, era algo desconocido, una amenaza que lo hacía vulnerable, eso pensaba él. Así que empezó a comportarse como el peor de los idiotas y terminó rompiendo lo único valioso que de verdad había tenido en su vida. Denayt se dio cuenta que el precio de su amor había sido demasiado alto. Conoció el otro lado del mundo, la crueldad, el dolor y la desesperación, podía tenerlo todo, pero sentía que era un pájaro en una jaula de oro. Aunque fuera de oro, no dejaba de ser una jaula. Cómo podía odiar y amar tanto al mismo tiempo. Agotada y desilusionada decidió abandonar a Vincent. En ese momento se dio cuenta que de nada servía tener tanta riquezas si no pudo conservar aquello que quería. ¿Puede una persona reparar el daño que ella misma causó? Él debe enfrentar sus demonios y demostrar lo que está dispuesto a hacer para recuperar a la única persona que ha iluminado su vida. En un mundo donde la avaricia y la redención se entrelazan, ¿quién saldrá victorioso? La batalla entre el amor y el egoísmo ha comenzado y las apuestas nunca han sido tan altas.Denayt.El último mes había sido una locura total. Decidí invadir cada espacio del caballero de hielo. No solo su mente.Su mundo. Su maldito espacio personal. Incluyendo cada rincón de su cuerpo.Y, para mi desgracia, yo misma me estaba enculando cada vez más.Cada vez que ese hombre me hacía perder la cabeza, yo terminaba enamorándome un poquito más.Era ridículo. Peligroso y absolutamente delicioso.Amaba sacarlo de quicio.Amaba esa mirada gris que se oscurecía cuando conseguía hacerlo perder la paciencia. Pero amaba todavía más saber que, después de todo, siempre terminaba buscándome. En sus brazos.Contra una pared. Encima de él, o debajo de él.Volvió a preguntar lo mismo; Si ya me había llegado el período. Debía admitir que me encantaba torturarlo con eso.Ver cómo intentaba mantener aquella expresión de hombre completamente controlado mientras yo me hacía la desentendida era demasiado divertido.Una tarde se me ocurrió una gran ideota.Una idea terrible y probablemente suicid
Sonrió, besó mi cuello clavando sus dientes en él. Puta madre. De repente empezó a hacer demasiado calor. —No es mala idea, que me ayudes a quitármela —desabrochó mis pantalones. —¿Y quien dijo que tengo que quitártela si se puede hacer a un ladito? Agarré su hermoso culo y la levanté obligándola a enredar sus piernas entorno a mi cintura, la lleve contra la pared y sin dejar de besarla metí mi mano derecha entre sus piernas acariciando su coño empapado por encima de los shorts. La tela ya estaba mojada. Introduje dos dedos bajo la prenda y los hundí mientras ella gemía contra mis labios, apretando mi polla con más fuerza. Soltó un gemido largo y entrecortado cuando mis dedos se hundieron más profundo en su coño, curvándolos justo donde sabía que la volvía loca. Incluso en medio del placer, sus ojos verdes brillaban con esa chispa juguetona que me volvía loco. Saqué los dedos lentamente y los llevé a su boca. Los recibió con una sonrisa traviesa, lamiéndolos y chupándolos con l
Gabriel rompió el silencio.—Por primera vez en diez minutos no estás buscando una excusa para matarme, eso es un avance.Solté una risita seca.—¿Ya terminaste tu sermón?Se enderezó.—Yo sólo te di mi humilde opinión —dijo con sarcasmo.—Qué generoso de tu parte.Asintió como si acabara de recibir un premio.—La sabiduría debería compartirse con los menos afortunados.Lo miré.—Voy a cambiar el código de acceso de mi oficina.—Y yo volveré a conseguirlo.—Voy a cambiar el de la mansión.—Carmencita me lo dará.—No lo hará.—Claro que sí —Frunció el ceño pensativo —. Le llevo flores de vez en cuando.Lo fulminé con la mirada.—¿Le llevas flores a Carmencita?—Las personas importantes merecen detalles.Negué e hice una mueca de fastidio.Gabriel se acomodó la chaqueta y caminó un par de pasos por la oficina.—Aunque si quieres ignorar todo lo que te dije, adelante.—Que amable —dije con ironía. Se volvió hacia mí.—Sólo recuerda una cosa.Otra vez.—Las personas como Denayt no apare
Vincent.Una vez llegamos al comedor, Gabriel tomó asiento como si fuera el dueño de la mansión. Yo estaba considerando seriamente enterrarlo en el jardín.Denayt se había quedado ayudando a Carmencita a servir el desayuno.Eso significaba que tenía varios minutos a solas con el imbécil que tenía enfrente.Gabriel apoyó un codo sobre la mesa y sonrió. —Pero qué bien fingen ser esposos.Apreté la mandíbula.—Voy a prohibirte la entrada a mi casa.Se encogió de hombros.—Yo solo quería verificar que todo marchara bien.Lo señalé con el dedo.—Te juro que si sigues hablando voy a lanzarte por la ventana.—Por lo que pude notar, todo marcha de maravilla en el paraíso.Apreté la mandíbula.—Los dos tienen un maravilloso semblante —Se acomodó en la silla —. Imagino que pudieron dormir muy bien.Lo fulminé con la mirada.—Imaginas demasiadas cosas.—¿Sí? —se hizo el pensativo— Qué raro, juraría haber visto a cierta rubia salir de una habitación, que casualidad que fuera exactamente la mism
Cuanto más intentaba convencerme de que aquello tenía fecha de vencimiento, más imposible me resultaba imaginar un futuro donde Vincent no existiera. Nunca me gustaron los juegos y si él insistía en convertir todo en una partida, entonces tendría que aprender a jugar. No quería vencerlo sino fascinarlo. Vincent era el maldito rey del tablero. Pero incluso los reyes tienen una debilidad. Por más poderosa que sea una corona, jamás se moverá tan lejos como una reina. Había llegado el momento de recordarle: El rey es importante, pero la reina es quien cambia el curso de la partida. Él fue quien despertó mis demonios y tal vez había llegado el momento de que dejara de temerles. … Al día siguiente, salimos juntos de la ducha. Me detuve frente al espejo completamente desnuda. El cabello mojado se me pegaba a la espalda y los hombros. Vincent apareció detrás de mí casi de inmediato. Sus ojos grises, claros y oscuros al mismo tiempo, se clavaron en los míos a través del espejo. Sin de
Canción del capítulo: Gimme Love - Rosenfeld Me di la vuelta lentamente, ella me sonrió con las mejillas sonrojadas y esa pequeña mirada endiablada. Tenía que admitir que esa versión de ella me gustaba mucho más. Pero, ¿hasta qué punto debía poner límites? Quise reírme. ¿Qué putos límites? No existían. Ella siempre los sobrepasaba todos. —¿Sigues enojado conmigo? —inquirió curvando el labio inferior. Aspiré muy despacio. Salí de la ducha, tomé una toalla y empecé a secarme. Ella me imitó sin perderme de vista ni un segundo. ¿Cómo iba a explicarle que en ese momento lo último en lo que pensaba era en el auto y en el cráter que le había hecho? La miré. Volvió a sonreír. ¿Cómo era posible que esa pequeña Taz, aparentemente tan tierna y delicada, lograra desordenarlo todo dentro de mí? Salí del baño y ella me siguió. Cuando llegamos a la habitación ya llevaba puesta una de mis camisas, eso no ayudaba a mis intentos de pensar con claridad. —No vayas a despedir a Declan. Él no t







