LOGINEl mensaje flotó en el aire como una sentencia de muerte. La mente me daba vueltas, tratando de procesar la información. El padre de Adrian, el hombre que supuestamente estaba muerto, estaba vivo. Y me quería a mí. A cambio de su propia vida."Es una trampa", dijo Adrian, con una voz cortante. "No podemos confiar en él.""Pero es tu padre", dijo Damián, con una voz tensa. "Si hay la más mínima posibilidad de que esté vivo, tenemos que intentarlo.""¿A qué costo?", pregunté, con el corazón latiendo con fuerza. "¿A costa de mi vida?""¡No!", dijo Adrian, girándose hacia mí. "No vamos a entregarte. Ni hablar.""Entonces, ¿qué propones?", preguntó Damián. "¿Dejar que nuestro padre muera?""¡No sabemos si está vivo!", gritó Adrian. "¡Podría ser otra trampa! ¡Otra mentira de la organización!""Pero, ¿y si no lo es?", insistí. "Si tu padre está vivo, es la única persona que puede decirnos quién es el verdadero líder. La única persona que puede detener esto.""¡No a costa de tu vida, Isabella
Nos quedamos paralizados. La voz del oficial resonó de nuevo, más fuerte esta vez, acompañada de otro golpe que hizo saltar astillas de la madera."¡Abran o derribaremos la puerta!""¡Por la ventana!", susurró Damián, ya en movimiento. Corrió hacia el baño y abrió la ventana, que daba a un callejón trasero."No podemos", dije, señalando el portátil. "¡La información! ¡Tenemos que llevárnosla!"Adrian ya estaba desconectando el USB y metiéndolo en su bolsillo. "¡No hay tiempo! ¡Muévanse!"Damián nos ayudó a salir por la ventana. El aire frío de la noche me golpeó el rostro, y mis pies aterrizaron en el asfalto mojado. Mi madre salió detrás de mí, tropezando, y luego Damián. Adrian fue el último, justo cuando la puerta de la habitación estallaba detrás de nosotros.Corrimos por el callejón, saltando sobre charcos y esquivando contenedores de basura. Las sirenas de la policía aullaban en la distancia, pero no parecían acercarse. Al contrario, se alejaban."¡El coche!", jadeó Damián, seña
El caos estalló en el club como una explosión de cristal y pólvora. Antes de que el hombre de las cicatrices pudiera apretar el gatillo, Damián se movió con una velocidad que no parecía humana. Agarró una botella de whisky de la mesa y la estrelló contra la cabeza de uno de los guardias, mientras se lanzaba hacia un lado, desenfundando un arma de la cintura."¡Al suelo!", rugió Adrian, empujándome a mí y a mi madre debajo de la mesa de hierro forjado.El aire se llenó de disparos, un estruendo ensordecedor que hizo que la música electrónica pareciera un susurro. Los gritos de los clientes del club se mezclaron con el sonido de las sillas volcándose y los vasos rompiéndose.Me cubrí la cabeza con los brazos, temblando. Mi madre se acurrucó a mi lado, con los ojos cerrados y los labios moviéndose en una oración silenciosa.Desde mi posición, vi a Adrian y Damián luchar espalda con espalda. Era una coreografía brutal y hermosa. Se movían con una sincronía que solo dos hermanos que habían
El nombre de su hermano flotó en el aire como una maldición. Adrian no había mencionado a ningún hermano en todo el tiempo que lo conocía. Ni una sola vez. Era como si esa parte de su vida hubiera sido borrada deliberadamente."¿Tienes un hermano?", pregunté, con la voz teñida de incredulidad. "¿Y me lo dices ahora?""Es un tema complicado", dijo Adrian, sin mirarme. Seguía de pie junto a la ventana, su silueta recortada contra la luz de la luna. "Y no es algo de lo que me guste hablar.""Estamos huyendo de una organización criminal, mi madre acaba de confesar que estuvo involucrada en la muerte de mi padre, y tú me dices que tienes un hermano del que nunca me hablaste. Creo que es el momento perfecto para hablar de ello."Adrian se giró, y su rostro era una máscara de dolor contenido. "Su nombre es Damián. Es tres años mayor que yo. Cuando nuestro padre murió, él heredó el control de la empresa. Pero en lugar de limpiarla, se hundió más profundo en la organización. Cuando intenté det
Bajamos las escaleras de diez en diez, con el sonido de los disparos y los gritos de los hombres de la organización resonando en el hueco de la escalera. Adrian iba al frente, abriéndonos camino con su arma, mientras yo arrastraba a mi madre, que tropezaba con sus propios pies, sus sollozos silenciosos apenas audibles sobre el caos."¡Por aquí!", gritó Adrian, empujándonos hacia una puerta lateral que daba al aparcamiento subterráneo. El aire olía a gasolina y a humedad, un contraste enfermizo con el olor a sangre y pólvora que impregnaba el aire.Llegamos al aparcamiento justo cuando un grupo de hombres armados irrumpía en el nivel inferior. Adrian se giró, disparando dos veces en rápida sucesión. Dos hombres cayeron, pero los demás no se detuvieron."¡El coche!", señaló Adrian hacia un todoterreno negro estacionado a pocos metros. "¡Corran!"Corrimos. Las balas silbaban a nuestro alrededor, rebotando en el hormigón y haciendo saltar chispas. Adrian abrió la puerta del conductor y se
El estruendo del disparo me dejó sorda por un instante. Cerré los ojos con fuerza, esperando el impacto, el dolor, la oscuridad. Pero el dolor no llegó. En su lugar, sentí una lluvia tibia y espesa salpicarme el rostro. Abrí los ojos y vi al hombre de las cicatrices tambalearse. Su arma cayó al suelo con un golpe metálico, y él se desplomó de rodillas, con un agujero humeante en el hombro.Detrás de él, en el marco de la puerta que habíamos usado para entrar, estaba Adrian. Tenía el arma aún levantada, con el cañón humeante y una expresión de furia asesina en el rostro. Sus hombres entraron en tromba, rodeando a los guardias restantes y desarmándolos en cuestión de segundos."¿Estás bien?", gruñó Adrian, cruzando la habitación en tres zancadas y agarrándome de la cara para examinarme. Sus manos temblaban ligeramente."Sí", jadeé, mi voz apenas un hilo. "Sí, estoy bien. Mamá...""Estoy aquí, cariño", dijo mi madre, su voz temblando mientras uno de los hombres de Adrian la ayudaba a lev







