LOGINLa luz de la mañana se filtraba suavemente dentro de la mansión Tremont, dibujando finas franjas doradas sobre el suelo del dormitorio.Cassienne se movió ligeramente, aunque mantuvo los ojos cerrados unos segundos más, acomodándose contra la almohada mientras el silencio de la habitación la envolvía.Incluso antes de mirar, sabía que Dreston estaba despierto.Podía sentir el peso de su mirada.Cuando finalmente abrió los ojos, lo encontró observándola con una expresión firme e indescifrable.Una pequeña sonrisa apareció en sus labios.—¿Cuánto tiempo llevas mirándome? —preguntó, todavía con la voz ronca por el sueño.—No mucho —respondió Dreston—. Solo el tiempo suficiente para asegurarme de que no estuvieras planeando escaparte otra vez al trabajo.Cassienne soltó una pequeña risa y negó con la cabeza.—No me estaba escapando. Estaba siendo responsable.—Estabas trabajando demasiado —respondió él con firmeza.Cassienne se incorporó y apartó de su rostro el cabello negro y enredado.
—Pensé que te quedarías toda la semana. ¿Qué cambió?La voz de la jueza Helena era tranquila.Pero tenía el peso de un interrogatorio.Desde que había descubierto los archivos de Auralink, Ray ya no parecía él mismo.No era únicamente la lealtad hacia Dreston lo que lo impulsaba.También había surgido en él una necesidad repentina y feroz de proteger a Cassienne.Sabía exactamente todo lo que ella había soportado.Y no podía quedarse de brazos cruzados mientras las sombras del pasado volvían a acercarse a ella.Llevaba un traje perfectamente hecho a medida.Un contraste marcado con la ropa informal que solía usar.Aun así, vestía aquella formalidad como si fuera una segunda piel.Se movía con una energía inquieta mientras volvía a meter sus pertenencias dentro de una maleta de cuero.Solo veinticuatro horas antes había organizado cuidadosamente su ropa en el armario de invitados, preparándose para una estancia larga.Ahora Southvale lo llamaba de regreso.—Mamá, no sé cómo estás justi
El sol de la tarde calentaba los cristales mientras Ray Simpson permanecía de pie junto a la ventana que iba del suelo al techo en su dormitorio de Lisbourn.Debajo de él, la propiedad se extendía en perfecto orden.Un paisaje donde nada parecía escapar nunca del control.Ray hizo girar lentamente el whisky ámbar dentro de su vaso, observando cómo atrapaba la luz.Aunque su postura parecía tranquila, su mente estaba lejos de estarlo.Todos sus pensamientos terminaban llevándolo hacia la misma persona.Daisy.Una leve sonrisa apareció en sus labios antes de que pudiera evitarlo.Negó con la cabeza, ligeramente divertido por su propia obsesión.—¿Cómo pasó esto siquiera? —murmuró.Había conocido mujeres elegantes.Brillantes.Perfectamente adecuadas para su mundo.Pero Daisy no encajaba en aquel molde.Era espontánea.Atrevida.Poseía una calidez que permanecía dentro de una habitación mucho después de que ella se marchara.Ray cerró los ojos y recordó su risa.La forma en que se burlab
La mansión Tremont nunca había estado tan ruidosa.Desde el momento en que la familia se enteró de que Cassienne había comenzado a presentar los primeros síntomas del embarazo, todo cambió.Lo que antes había sido un hogar tranquilo y controlado se transformó rápidamente en algo vivo.Lleno.Casi imposible de contener.A media mañana, la casa ya estaba llena de actividad.El sonido de los pasos resonaba sobre los suelos pulidos mientras las voces se mezclaban desde diferentes rincones.El aroma de las comidas recién preparadas llegaba desde la cocina hasta los amplios espacios de la casa.Cassienne estaba sentada en medio de todo aquello.O, al menos, lo intentaba.Porque sin importar a dónde fuera, siempre había alguien cerca.—No te sientes así, querida. Tu espalda necesita un buen apoyo —insistió Abigail.Antes de que Cassienne pudiera siquiera acomodarse, apareció la señora Rawlings con una bandeja.—Necesita comer algo caliente. Esto ayudará a asentar su estómago.Cassienne parpa
El vuelo de Southvale a Lisbourn no fue largo, pero para Ray Simpson llevaba un peso que no tenía nada que ver con la distancia.No había vuelto a casa en meses.No porque no pudiera hacerlo.Sino porque había elegido mantenerse alejado.Mientras el coche avanzaba por el largo camino privado de la propiedad Simpson, Ray se recostó en el asiento y fijó la mirada en la conocida estructura que aparecía delante.La mansión estaba exactamente como la recordaba.Imponente.Serena.Intacta por el paso del tiempo.No parecía darle la bienvenida.Simplemente estaba allí.Esperando.Cuando el coche finalmente se detuvo, Ray permaneció inmóvil durante un breve momento antes de salir.El aire de la tarde en Lisbourn era más fresco que en Southvale.Rozó su rostro mientras se acomodaba la chaqueta y caminaba hacia la entrada.Las puertas se abrieron antes de que pudiera alcanzarlas.—Bienvenido a casa, señor —lo saludó el personal con respeto.Ray asintió una sola vez y entró.Todo estaba exactame
La luz de la mañana se filtraba suavemente a través de las cortinas, extendiéndose sobre la cama donde descansaba Cassienne.La habitación estaba envuelta en una delicada quietud.Ese silencio frágil que solo existe durante los momentos antes de que el día comience de verdad.Cassienne se movió ligeramente.Sus pestañas revolotearon mientras abría lentamente los ojos.Lo primero que vio fue a Dreston.Ya estaba despierto, acostado a su lado con un brazo apoyado relajadamente sobre la almohada.Tenía la cabeza ligeramente inclinada mientras la observaba.En su mirada no había distracción.Ni prisa por moverse.Parecía llevar allí bastante tiempo, simplemente asegurándose de que ella fuera real.Cassienne parpadeó ante la luz y sonrió.—Me estás mirando —dijo, todavía con la voz cargada de sueño.Dreston no lo negó.—Sí —respondió con calma.La sonrisa de Cassienne se amplió mientras se movía bajo las mantas y se estiraba lentamente.—¿Cuánto tiempo llevas despierto?—El suficiente.Cas







