LOGINKATHERINE SALLES - CAPÍTULO 006
El mundo pareció detenerse cuando los labios de Ethan se apartaron de los míos. Mi corazón latía tan rápido que casi podía escuchar el sonido de la sangre pulsando en mis oídos. Apenas podía creer lo que acababa de pasar. Mi jefe, el hombre más arrogante y frío que había conocido en toda mi vida, acababa de besarme justo frente a su abuelo.
Me sentía tambaleante, mis piernas flaquearon y solo me di cuenta de que estaba apoyándome en su pecho porque su mano firme todavía me sostenía por la cintura. Por instinto lo empujé suavemente, intentando recuperar el aire y necesitando urgentemente poner una distancia, una pared invisible entre nosotros.
Mientras yo me encontraba embobada y muy avergonzada por el beso que me había dado, Ethan Lancaster estaba mirando fijamente a su abuelo Joseph, que observaba la escena con el rostro impasible, como si no estuviera ni un poco sorprendido por lo que había sucedido.
El silencio que perduró por algunos segundos fue ensordecedor. ¿Alguien más podía verme hiperventilando o escuchar los golpes de mi corazón desbocado? — no lo dudaba.
El señor Joseph se apoyó en el bastón y se inclinó hacia adelante, haciéndome un chequeo de pies a cabeza, de esos nivel rayos X de verdad. Como si estuviera intentando descifrarme.
-Interesante...- dijo el señor Joseph, exhibiendo una media sonrisa enigmática - No era exactamente lo que esperaba, Ethan. Pero al menos tomaste una postura.
Una mueca de disgusto se formó en el rostro de mi jefe, tomada por la irritación - No necesito su aprobación. Solo quiero que entienda que esta es mi decisión.
La mirada afilada de su abuelo recayó sobre mí. Un escalofrío recorrió mi espalda, como si estuviera siendo juzgada.
Era lo único que me faltaba. Como si no fueran suficientes los problemas de mi vida, mi jefe todavía vino a meterme en otro lío más.
-Tu nombre es Katherine, ¿no es así?- preguntó con la voz grave resonando por la oficina.
Asentí, tragando saliva.
-Sí, señor.
Él apoyó el mentón en la mano, con expresión pensativa todavía mirándome - No tienes apariencia de alguien que venga de una familia influyente. Eres simple — Me sentí reducida a un bagazo de caña con su veredicto final — Probablemente no eres interesada, eso es intrigante. - No sabía si su comentario era un elogio o una crítica disfrazada, pero preferí no abrir la boca para decir nada. Aunque se estuviera refiriendo a mí, yo no pasaba de ser una simple empleada CLT, así que era mejor permanecer en mi lugar. - Si es con ella con quien vas a casarte, Ethan, entonces no me opondré. - Finalmente se levantó, imponiendo su presencia como un rey que acababa de terminar una audiencia - Sin embargo, desde ya aviso, la presión no disminuirá. Estaré observándolos de cerca a los dos.
Sus palabras me helaron por dentro. ¿Casarme? Yo todavía estaba intentando digerir el hecho de haber sido besada sin mi consentimiento, y ahora el abuelo aceptaba la idea descabellada del nieto sin siquiera atreverse a cuestionar su cordura.
El señor Joseph se giró para salir. Sin embargo, antes de atravesar la puerta, me lanzó una última mirada — me vi cruzando los brazos ante su mirada intimidante.
-Espero que estés lista para representar lo que este nombre exige, señorita Katherine.- Y con eso, dejó la sala, mientras podíamos escuchar el bastón golpeando con firmeza contra el suelo de mármol.
La puerta se cerró detrás de él, y en el mismo instante, todavía sintiéndome atónita, giré el rostro para mirar a mi jefe. La rabia comenzó a sustituir el shock.
Salgo de mi pose de brazos cruzados que había usado como mecanismo de defensa, enfrentándolo - ¿Te volviste loco? - Mi voz subió unas tres octavas — ¿Cómo te atreviste a besarme de esa manera? ¿Y todavía frente a tu abuelo, como si yo fuera parte de algún jueguito ridículo de poder?
Mi jefe soltó el aire despacio, como si estuviera preparado para la explosión que sabía que muy probablemente vendría. - No tenía otra opción, Katherine.
-¿No tenías otra opción?- una risa nerviosa escapó de mi boca — Siempre hay opción. Podías haberle dicho que no aceptarías el matrimonio arreglado con aquella señora de allá - gesticulo exasperadamente intentando alinear mi razonamiento confuso. - Pero no... te pareció más fácil usarme como válvula de escape, ¿verdad? - Alcé una ceja poseída por la rabia.
Él frunció el ceño, observándome de manera inquebrantable mientras yo ardía de rabia — No te usé, no exageres.
Su desdén me dejó completamente fuera de mí — ¡Sí me usaste!- repliqué alejándome de él, o juro que sería capaz de ni siquiera responder por mí misma - Ni siquiera pediste mi opinión. Simplemente decidiste en el calor del momento que yo sería tu... prometida.
El silencio que siguió fue irritante. Yo temblaba, no solo por la rabia que sentía, sino por la confusión que me dominaba. El sabor de aquel beso todavía estaba quemando en mis labios, y eso me irritaba más que cualquier otra cosa.
Ethan pasó las manos por el cabello impecablemente arreglado. - Necesitaba algo que hiciera que Joseph desistiera de presionarme. Si decía que estaba con alguien, él dudaría. Pero besarte...- hizo una pausa, midiendo las palabras — Dejó claro que es real.
A la defensiva, crucé los brazos intentando protegerme de toda aquella intensidad y atracción indebida. Era mejor hacer el papel de furiosa que admitir que me gustó. El beso, claro, y no haber sido besada frente al viejo. — ¿Real? No confundas tus trucos de manipulación con mi vida.
-Entiéndelo como quieras — Mi boca cayó abierta ante el disparate que escucho - Hay cosas que todavía no entiendes — Murmuró, con la mirada fija en mí de una manera penetrante que casi me hizo retroceder.
¿Qué cosas son esas que todavía no entiendo?, sé más claro. Después de todo, no tengo una bola de cristal que adivine la vida ajena. - Las palabras son ácidas y sarcásticas, pero no me importaba.
-Katherine...- dio un paso hacia adelante, mientras yo di otro hacia atrás sintiéndome desconfiada. - Voy a ser directo.
Estaba a una distancia segura del magnetismo que él irradiaba.
-¿Directo sobre qué? - pregunté vacilante. No sabía si había sido una buena idea hacer esa pregunta, si no estaba lista para la respuesta. Una de dos, o amaría mucho lo que él pudiera decir — cosa que dudaba — o podría odiarlo muchísimo — tenía más fe en la segunda opción que en la primera.
Él inspiró hondo, ametrallándome con sus ojos claros y profundos como si estuviera escogiendo cuidadosamente cada palabra que usaría.
-Quiero casarme contigo.
Por un instante, juré que había escuchado mal. Parpadeé algunas veces, intentando procesar su disparate.
-¿Otra vez con ese tema? - solté, con una risa incrédula — Esto solo puede ser una broma.
Por el contrario, mi jefe no se ríe. Solo continuó mirándome, serio.
-No es una broma. Quiero hacerte una propuesta...- examinó mi rostro.
Fruncí el ceño, sintiendo que ahí había algo raro. - ¿Qué propuesta?
Ethan Lancaster humedeció sus labios todavía mirándome atentamente — Un matrimonio por contrato. Te convertirías en mi esposa ante todos, pero... no sería algo romántico. Sería un acuerdo, con beneficios claros para ambos lados. Al menos a mí no me importa estar en el mismo espacio contigo.
Mi estómago se revolvió. Yo todavía estaba intentando asimilar lo que estaba pasando aquí.
-¿Por qué aceptaría algo así?- pregunté, cambiando el peso de una pierna a la otra.
Él no desvió la mirada de la mía, en realidad era yo quien estaba casi haciéndolo. Era difícil sostener la mirada de este hombre por mucho tiempo. Me sentía terriblemente desconcertada.
-Porque puedo resolver todos tus problemas financieros... y puedo garantizar que nadie más se atreva a tocarte - Se encogió de hombros, como si estuviera hablando de algo trivial. - A cambio, tendría a la compañera perfecta para lidiar con ciertas... cuestiones familiares.
-Negué con la cabeza, incrédula - ¿De verdad crees que puedes comprar a alguien para que sea tu esposa?
-No estoy comprando — respondió con su habitual frialdad — Estoy ofreciendo una propuesta ventajosa. - Él se sienta sobre la mesa, estirando sus largas piernas, pasando una por encima de la otra; mientras se sostiene de ambos lados, dejando las venas de sus manos resaltadas. Desvié la mirada levantando el mentón, con miedo de que se notara que me lo estaba devorando con los ojos descaradamente.- Estoy abierto a negociaciones.
Fue en ese exacto momento que percibí que él no estaba bromeando. Su postura, añadida al tono de voz, estaba gritando seriedad. Sin embargo, aun así, rechacé la propuesta.
-No. No soy ese tipo de persona.- Mi orgullo hablaba más alto.
¿Qué estaba pensando él que yo era? ¿Una prostituta?, así como su “prometida” loca salió gritando a los cuatro vientos del hotel para que todo el mundo escuchara.
Mi jefe solo me miró por un instante, nada afectado por mi rechazo.
-Está bien. Piénsalo mejor. - Y entonces se alejó, como si ya hubiera terminado la conversación.
Salí de su oficina con la mente hecha un torbellino. Necesitaba aire, necesitaba alejarme de aquel hombre que me afectaba tanto y al mismo tiempo me dejaba tan irritada.
ETHAN LANCASTER – CAPÍTULO 0081Algunos viajes de negocios me dejaban completamente agotado, pero eran necesarios. Nueva York siempre me absorbía la energía. El cielo nublado, las reuniones interminables, las cenas con inversionistas que creían conocerme mejor que yo mismo... nada de aquello era una novedad.Estaba acostumbrado a lidiar con la presión, a ser la piedra inamovible en medio de la tormenta.Pero aquel día en particular descubrí que incluso yo tenía un punto en el que comenzaba a resquebrajarme.Todo comenzó con una discreta notificación en mi teléfono.Estaba sentado a la cabecera de una mesa de reuniones, escuchando a uno de los directores hablar sobre las proyecciones del mercado. Una voz monótona, gráficos proyectados en la pantalla, decenas de ojos atentos.Yo mantenía el ceño fruncido, pero no por lo que se estaba presentando.El teléfono vibró a mi lado y, cuando lo miré, mi rabia se encendió como gasolina sobre las llamas.Una foto.Otra.Y otra más.Y adivinen qué
KATHERINE SALLES - CAPÍTULO 0080Cassie y Luísa transformaron la mansión en un cuartel general improvisado. El comedor se convirtió en una oficina, con pilas de papeles, laptops y café sin parar. La cocina se convirtió en nuestro lugar de brainstorming. La piscina, en escenario de sesiones de fotos improvisadas para las redes sociales porque, después de todo, necesitábamos alimentarlas.Ethan no sabía absolutamente nada de lo que estaba sucediendo allí. Seguía fuera del país y, cuando regresara, se lo contaría. De todos modos, terminaría enterándose, porque había un enorme cartel publicitario mío justo en la avenida.Una de aquellas tardes, estaba probándome ropa para una sesión de fotos cuando Cassie entró corriendo con el celular en la mano.—¡Kath! No vas a creerlo. ¡La marca de perfumes Maison Allure te quiere como embajadora! ¡Es un contrato de dos años!Luísa levantó la cabeza de los documentos.—Mándame los términos. Voy a revisarlos.—Espera un momento. ¿Dos campañas gigantes
KATHERINE SALLES — CAPÍTULO 0079Los días posteriores a aquella invitación inesperada fueron una mezcla de sueño y tormenta. Todavía recordaba la voz de aquella mujer al teléfono, toda dulce, ofreciéndome una propuesta millonaria para convertirme en el rostro de la nueva campaña de lencería. Me había quedado tan extasiada que apenas pude reaccionar, tartamudeando como si me hubiera tragado la lengua.Cassie y Luísa estaban eufóricas porque aceptara la propuesta. Quién sabe, si en el futuro las cosas salían muy mal entre Ethan y yo a causa de aquel contrato, al menos tendría de dónde sacar dinero para pagarle las multas o la rescisión del mismo. Porque comenzaba a ser muy consciente de las emociones que estaban naciendo dentro de mí por él. Ethan había sido muy claro cuando dijo que nuestro contrato terminaría el día en que cualquiera de los dos terminara enamorándose.Sin embargo, yo había dicho que pensaría si aceptaba la propuesta. Pero pensar, seamos sinceros, nunca había sido mi f
KATHERINE SALLES - CAPÍTULO 0078 Los días fueron pasando y, poco a poco, parecía que la tormenta estaba disminuyendo. Ethan, con la determinación que solo él tenía, consiguió contener las especulaciones y callar a los reporteros, cerrando las bocas que insistían en pintarme como un escándalo ambulante. En contrapartida, cada día sentía que estábamos más unidos, como si el caos, paradójicamente, nos hubiera acercado de alguna manera.Aun así, había momentos en los que el recuerdo del video me perseguía como un fantasma inoportuno. Bastaba con cerrar los ojos para verme bailando en ropa interior en aquella maldita discoteca, riendo como si no hubiera un mañana. La vergüenza me recorría la espalda y me hacía desear cavar un agujero profundo, meterme allí dentro y convertirme en un armadillo de una vez por todas.Una mueca apareció en mi rostro al pensar en ello. Y, por supuesto, me reprendí mentalmente.«Qué imagen tan linda, Katherine. Tú, con esas uñas perfectamente arregladas, cavand
ETHAN LANCASTER - CAPÍTULO 0077Nunca me gustó la sensación de perder el control. Para un hombre acostumbrado a comandar un imperio, a negociar con tiburones y que había sobrevivido en medio de tormentas aún mayores, perder el control era el verdadero infierno. Y era exactamente eso lo que sentía cuando el jet privado aterrizó en la pista particular junto a la mansión y vi los flashes estallar, como moscas alrededor de la carroña.La prensa había rodeado todo. Portones, muros, la entrada principal. Incluso habían trepado a la maldita cerca lateral para intentar conseguir alguna imagen privilegiada. No había forma de entrar sin ser vistos, y eso me carcomía por dentro. Maldita curiosidad popular. Maldito video.En cuanto bajamos, una lluvia de voces se alzó, cada una más desesperada que la anterior.—Señor Lancaster, ¿es verdad que su esposa estaba bailando semidesnuda en una discoteca?—¿Va a separarse, señor Lancaster?—¿La imagen de la familia Lancaster sigue siendo respetable despu
ETHAN LANCASTER - CAPÍTULO 0076Empujé la puerta del jet con fuerza y tiré de Katherine de la mano sin darle tiempo a retroceder. Su silencio era ensordecedor, pero yo no estaba dispuesto a escuchar nada más allá del estruendo que todavía retumbaba en mis propios oídos. La imagen de Victor riendo con ella, el sonido de su carcajada resonando en la terraza junto a él, me corroía como ácido.—Siéntate.Mi voz salió baja, tan cortante como una espada afilada.Ella no tardó en responder. Respirando con dificultad y con los ojos destellando de indignación, simplemente retiró el brazo con fuerza y cayó en el asiento del lado opuesto. Me dio la espalda y cruzó los brazos.Respiré profundamente, intentando contener el calor que subía por mi garganta. El piloto nos observó por el espejo retrovisor, pero entendió rápidamente que aquel no era momento para preguntas. En cuanto la puerta se cerró, hice la señal para despegar.El rugido de los motores invadió la cabina, pero ni siquiera el sonido d







