LOGINPunto de vista de Chen¿Qué demonios estaba pasando?Las palabras se me quedaron atascadas detrás de los dientes, pero resonaron con fuerza en mi cabeza en cuanto el abogado pasó la página y se dirigió a ella como la titular de la operación. Me quedé mirando al hombre, esperando que rectificara. Esperando que tomara él mismo el bolígrafo y revelara que era el verdadero comprador y que Camilla no era más que una intermediaria innecesaria.Tenía que ser eso. Ella no disponía de semejante capital. No en unos pocos días. No sin tener que arrastrarse ante alguien.Sin embargo, el abogado firmó en el lugar reservado para el representante legal y después deslizó el documento hacia mi propio abogado con una serenidad tan concluyente que no dejaba lugar a interpretaciones.—Firmaré en calidad de su representante legal —dijo.Mi abogado revisó la última página, asintió una vez y completó su parte. El leve roce del bolígrafo sobre el papel sonó definitivo. El trato estaba cerrado.Miré a Camilla
Punto de vista de CamillaA última hora de la tarde, la casa estaba en silencio cuando entré. Xavier estaba en la sala de estar, recostado a medias en el sofá, con la atención puesta en la pantalla. No me detuve a averiguar si estaba viendo las noticias o un partido de fútbol. Lo saludé, pero no respondió.Puse los ojos en blanco para mis adentros y mantuve la voz serena.—Ya he pagado la empresa. Tengo que viajar a casa de mis padres para firmar el contrato. Está en otro estado.Xavier ni siquiera giró la cabeza.—De acuerdo.—Me iré esta noche.—De acuerdo.Y nada más. Ni una pregunta sobre la distancia, la hora de salida o si necesitaba algo. Esperé medio segundo más de lo debido y después abandoné la sala. La decepción que sentí fue pequeña, pero punzante. Había querido que me mirara, que me preguntara si estaría bien, que mostrara siquiera un mínimo de preocupación por el hecho de que me marchara y lo dejara solo en casa. Me irritaba desear algo así. Nuestro acuerdo nunca había c
Tercera personaXavier bajó la toalla y la dejó a un lado. Camilla bajó la mirada por un instante antes de obligarse a levantarla de nuevo. Él se percató del gesto, pero no hizo ningún comentario.—¿Cómo la están vendiendo? —preguntó—. ¿A través de un intermediario o directamente?—A través de un intermediario —respondió ella. Ahora que por fin había hecho la petición, su voz sonaba más firme—. El anuncio se publicó hace unas horas. La valoración es baja. Si un comprador serio se adelanta…—Mírame.Camilla ya estaba de frente a él, pero la orden, pronunciada en voz baja, surtió efecto igualmente. Sostuvo su mirada.Xavier la observó durante un momento. Las puntas de su cabello húmedo habían empezado a secarse. El agua ya no le resbalaba por el pecho, pero el aroma a lavanda y las líneas de su cuerpo, ahora desprovisto de cualquier barrera, delataban que acababa de ducharse. Nada de aquello parecía tener relevancia para él.—No quiero una esposa sumisa —dijo.Sus palabras fueron secas,
Tercera personaCamilla se quedó paralizada en la puerta. Xavier frunció el ceño de inmediato al girar la cabeza.Las palabras se agolparon en la mente de Camilla: Lo siento, no quería entrar. Creí que me habías dicho que pasara. No sabía que no estabas vestido. Me voy… Pero su voz se negó a salir. Se le cerró la garganta y permaneció en la puerta, como si hubiera olvidado cómo moverse.La molestia de Xavier se reflejaba claramente en la tensión de su mandíbula. Aquella era su zona privada. Le había dejado claro en más de una ocasión que no podía entrar allí. Y, sin embargo, ella había cruzado ese límite sin permiso y sin siquiera llamar correctamente a la puerta y esperar a que él le diera paso.—¿Qué haces aquí? —Su voz sonó seca, cortante—. ¿Por qué has entrado en mi habitación sin llamar?Camilla lo intentó, pero la explicación se le hizo un nudo en la garganta.—Yo… Yo sí he llamado. He oído… Creía que habías dicho…El resto se desvaneció en una respiración entrecortada. Sintió q
Punto de vista de CamillaMe detuve en el último escalón y me quedé mirando. El coche negro estaba allí de verdad. Xavier estaba al volante, con el motor en marcha y los faros iluminando el atardecer.Por un instante, pensé que me lo había imaginado, igual que casi había creído imaginar el trayecto de aquella mañana. ¿Qué hacía Xavier Quinn allí, esperándome al final de una jornada laboral cualquiera?Un par de personas cerca de la entrada ya se habían fijado en él. Una de ellas miró del coche a mí y luego de mí al coche. Sentí que el calor me subía por el cuello. Me obligué a bajar los escalones que me quedaban, abrí la puerta del copiloto y subí.—Buenas tardes —conseguí saludar.El silencio se instaló de inmediato. Él arrancó sin decir una palabra. Mantuve las manos sobre el regazo y observé cómo la carretera se extendía ante nosotros. Sin que pudiera evitarlo, me vino a la mente una vieja imagen: la idea de matrimonio que solía inventarme cuando todavía estaba con Chen.Siempre ha
Punto de vista de XavierMe vestí como siempre. Camisa blanca, traje negro y corbata negra. El nudo quedó perfectamente ajustado al cuello. Lo comprobé una vez en el espejo y salí de la habitación. Ya tenía el día organizado de principio a fin y pensaba mantenerlo así.Cole estaba en la empresa, ocupándose del encargo que le había dado la noche anterior, así que me tocaba conducir a mí mismo. Las puertas de la entrada se abrieron cuando me acerqué. Había recorrido la mitad del corto tramo que conducía a la carretera principal cuando la vi.Camilla caminaba hacia la entrada con el bolso colgado de un hombro. No llevaba coche ni conductor. Reduje la velocidad y me detuve a su lado. Bajé la ventanilla.Llevaba pantalones holgados, de corte profesional, aunque su diseño seguía resaltando la curva de sus caderas cuando se movía. Respiré hondo y aparté la mirada. No necesitaba tener ese tipo de pensamientos.—¿Por qué vas caminando?Ella se volvió, ligeramente sorprendida. —Mi coche no arra







