LOGINLa noche se derramó en la ventana de la habitación del pequeño apartamento minimalista de Ax, y encendió la luz mientras terminaba sus preparativos para la próxima misión. Habían pasado años desde que el famoso oficial se había puesto su elegante y esbelto uniforme de escuadrones negros, pero esta vez era un requisito. De pie frente a su espejo, con su máscara de tela oscura colocada bajo su mentón, miró por encima de su reflejo.
" Todavía vivo, ¿eh?"
¿Quizás eso es lo que todos decían cada vez que lo veían? Se frotó la mejilla con la punta de los dedos y trató de recordar la última vez que aceptó una misión como esta. Hace muchos años los había tomado sin pensar, vestido con el mismo uniforme ajustado y contrastado, pero su perspectiva había sido muy diferente. El chaleco acolchado, la camisa sin mangas y los guantes largos y oscuros que había guardado en una caja blanca que ahora cubría su marco claro. El material se sentía suave y fresco en su piel. El tatuaje en su brazo se destacaba contra su pálida epidermis. Parecía tinta derramada sobre una hoja y no estaba seguro de si aún apreciaba su aspecto.
Se echó a reír a medias para ver que el uniforme que abrazaba su cuerpo fuerte en sus años adolescentes todavía era cómodo. Por la atracción de su torso y su cara, sabía que todavía tenía algo de peso que ganar, pero se veía lo suficientemente saludable como para pasar ahora. Bueno, tal vez no importaría después de esta noche ...
Podía sentir la tensión en sus dedos mientras una pequeña medida de expectación se retorcía dentro de sus entrañas.
¿Era anticipación de finalmente terminarlo? Era una élite; él nunca arruinaría una misión intencionalmente, pero si la muerte creyera conveniente llevarlo, no se opondría. Nunca consideraría quitarse la vida tampoco: tenía una historia con ese tipo de cosas y sabía de primera mano el impacto que tendría en los demás. Parecía que ahora no tenía nada por lo que vivir y que la oscuridad estaba ganando.
Ax volvió a mirar su rostro hosco. Trató de recordar cómo era hace años cuando el dolor era más fácil de olvidar, o al menos dejar de lado porque tenía una vida cómoda a su alcance. Ahora sentía que nunca podría volver a ser esa persona.
Levantando su máscara siempre presente, se dirigió a su puerta y se fue con un ligero clic en la cerradura.
XXX
El amanecer parecía llegar temprano en la frontera. Celia sabía que no era así, pero hoy al menos se sentía como si lo hubiera hecho. Había encontrado un sueño profundo en medio de la hierba alta detrás de la tienda médica, y mientras se sentaba estirando su esbelto cuerpo, su espalda se movió y se agrietó. Estaba tan tranquilo allá afuera, pero maravillosamente cálido. El resplandor anaranjado brillante del sol de la mañana podría hacerla sentir mejor, podría desterrar las imágenes que la atormentaban.
Jay generalmente venía a ella por la noche cuando estaba en silencio y podía entregarse por completo. Fue cruel la forma en que el destino lo había destrozado solo unos meses en su joven matrimonio, justo cuando la vida finalmente comenzaba para ellos. Vivieron juntos en el complejo de su familia durante mucho tiempo antes de ese día, pero en su vigésimo cumpleaños se habían casado.
Lo había deseado más. Jay deseaba formar una familia y comenzar su vida nuevamente después de haber guardado toda la oscuridad con la que luchó durante tantos años. Un esposo amoroso y un amigo, descubrieron que se complementaban muy bien. Era amable y gentil, y por la noche, era completamente suyo. No tenía ninguna duda en su mente de su devoción cuando sus palabras flotaban sobre la almohada y la tocaban tan profundamente, o cuando la sostenía por las mañanas, todavía envuelta en sus fuertes brazos.
La mayoría de las noches ahora caía en los sueños que mantenían su memoria fresca en su mente, la mantenían para siempre como su esposa.
Arrastrándose en la tienda médica, con la ropa húmeda por el rocío temprano, revisó al teniente que todavía dormitaba cómodamente en su sueño inducido por las drogas. Sus heridas estaban mejores, y finalmente se iba hoy para regresar a la ciudad. Fue una larga caminata fuera del bosque, por lo que cuatro hombres lo llevarían a la caminata de dos días a través de la manta de árboles y maleza. El viaje en tren después de eso sería de seis horas, y luego otra caminata de dos horas hasta la ciudad. Celia confiaba en que él sobreviviría e hizo los preparativos finales para su viaje mientras se preocupaba por sus apósitos y férulas.
-Buenos días, Celia. ¿Está listo para partir? Hoy vamos a comenzar rápidamente- Marcos miró a través de la tapa de lona entreabierta de una puerta, con la cabeza ladeada mientras se inclinaba perezosamente sobre su rodilla levantada. Su cabello color caramelo colgaba alrededor de su rostro, tapado firmemente por su diadema hacia atrás. El largo y oscuro bastón que se alzaba entre sus labios rebotaba al ritmo de su discurso, y el mismo estado de ánimo pareció alegrarse en su presencia. Siempre lo ha hecho. Marcos tenía una forma de calmar a la gente, e incluso Celia podía sentir los efectos cuando estaba a su alrededor.
-Lo está. Entra. Solo revisaré sus heridas una vez más- Celia caminó suavemente alrededor de la cama en la que el hombre yacía y revisó sus férulas y vendajes. Sus gentiles dedos probaron cerca de sus heridas, y él no se despertó con sus atenciones experimentadas.
-¿Cómo está él?- La voz tranquila y silenciosa de Marcos preguntó a su lado mientras él se inclinaba sobre su hombro.
-Está mejor. El viaje será difícil para él, pero necesita regresar. Sé que lo cuidarás bien, Marcos. Si fuera yo, me gustaría que me llevaras de regreso- dijo alentadoramente, tratando de darle una sonrisa. Ya no era una expresión cómoda para ella, pero Marcos lo hizo un poco más fácil con su presencia relajante y de vez en cuando se escapaba una sonrisa sincera.
-¿Vienes con nosotros?- él sonrió.
-No, no voy a ir. Uno de los otros médicos puede irse- Ella sacudió la cabeza e intentó ser indiferente.
-¿Cuándo fue la última vez que volviste al pueblo?- Las cejas de Marcos se arrugaron cuando deslizó el bastón de su boca y lo sostuvo entre sus largos dedos. Sus ojos color avellana miraron a los de ella, y tuvo que mirar hacia otro lado antes de que él viera lo que estaba buscando.
Era como un hermano mayor, siempre queriendo asegurarse de que todos estuvieran bien. De las pocas mujeres que ocupaban la frontera, la mayoría parecía gravitar hacia él como polillas a la llama. Siendo Marcos, nunca fue uno para rechazarlas cuando buscaban una forma de desterrar su soledad en el silencio de su tienda o en la sombra de los árboles oscuros. Celia supuso que ayudó a calmar la confusión interna que sentía, como todos los demás allí.
-Hace casi tres años- dijo en voz baja, manteniendo los ojos fijos en el blanco firme de las vendas alrededor del medio del teniente.
-Celia- dijo la voz de Kibi desde la puerta, haciendo que las cabezas se volvieran hacia él. Sus pesadas botas entraron en la tienda cuando la cálida luz dorada de las aletas abiertas se derramó en su camino. Caminó lentamente hacia su teniente y suspiró- ¿Cómo le va? ¿Puede viajar hoy?
Marcos y Celia se volvieron hacia su superior con cicatrices y mostraron tanto respeto como pudieron. Kibi era un buen comandante y le gustaba mucho el campamento fronterizo. A veces incluso lograba una sonrisa extrañamente amigable cuando el estado de ánimo lo golpeaba. Él y Marcos intercambiaron pequeños asentimientos cuando Kibi se volvió hacia la médico jefe, y su mirada se suavizó, tal como solía hacerlo cuando hablaba con ella sobre pacientes.
-Sí, él debería estar bien- dijo ella, encontrando al profesional en ella finalmente despertando-Empacaré algunos suministros y mi médico debería estar bien para manejar cualquier cosa que pueda surgir
-Excelente. Marcos, no te olvides de ir a ver a la jefa cuando llegues y darle los papeles que dejé contigo antes. Te espero de regreso en una semana. Tómate uno o dos días en el pueblo antes de que regreses
-¿Escuchas eso?- Marcos señaló hacia arriba a nada en absoluto, y comenzó a cantar junto con la música sonando. -¿Qué es esto? Nunca lo había escuchado antes- preguntó la soldado a su derecha. -Oh, m****a, es Zepplin. ¿Led Zepplin?- sacudió la cabeza- Estos niños no conocen a Zepplin, Ax. Maldición- Bajó la cabeza más cerca de su oído- Me estás haciendo sentir viejo, cariño- Su tono era bajo y seductor. Ax se echó a reír cuando Marcos volvió a sentarse y cantó su interpretación más fuerte de la vieja canción. La soldado solo se rió, mientras que los hombres a su alrededor parecían perturbados por el robando toda la atención. Acercándose con paso lento, Celia sofocó un bostezo en la puerta de la tienda del comedor. A decir verdad,
Cuando finalmente se acercaron a la base, oyeron el ruido de los generadores con el sonido del poder del campamento. El sol estaba caliente, el aire casi sofocante. Y ahora, cuando su mente se aclaró, lo único que le quedaba era la idea de una ducha fría, el almuerzo y el sueño. La noche entró sigilosamente pero el calor no había disminuido en lo más mínimo. Algo tenía que romperse: el clima o la tensión, Axel no estaba seguro. Extendió la mano y cerró la chirriante válvula de ducha frente a él. Había sido tan sofocante en los últimos dos días que se sintió sucio y asquiado. El goteo frío del agua sobre su cuerpo cansado había hecho que el calor fuera un poco más fácil de tolerar, a pesar de que se cerró sobre él en el momento en que se detuvo la ducha. Acababan de regresar, y lo pr
Celia caminó junto a Yumi cuando el grupo comenzó a regresar al campamento base. Había sido una noche calurosa, y Celia tuvo que hacer el trabajo de centinela durante todo el tiempo. El sueño la había evadido, y realmente pensaba que ahora sería posible quedarse dormida de pie. Cada paso arrastraba un poco más sobre el suave suelo del bosque. -¿Vas a lograrlo?- Nei suspiró mientras se paraba en un árbol sobre ella. Sus fuertes manos se posaron en sus caderas, y Celia tuvo el aire distintivo de que estaba perturbado por algo. No sería una sorpresa si él estuviera molesto con ella. Todo el campamento obviamente sabía que algo estaba pasando con ella y Ax. Ella no creía que Nei todavía la quisiera de esa manera, pero su orgullo masculino podría haber sido rechazado por el hecho de que ella podía abrirse a otro hombre.
Angi suspiró profundamente mientras observaba el disfrute y la socialización del grupo de oficiales alrededor de la fogata. Todos parecían necesitar descomprimirse después del tenso intercambio, pero descubrió que prefería mantenerse fuera de la multitud por ahora. Mientras las noches solitarias estuvieran en el campamento base, las noches en la oscuridad alrededor de una fogata eran más largas. Los recientes acontecimientos relatados en su mente. Era difícil decir qué la poseía para hacer un comentario como ese, ya que probablemente era uno de los peores. Lo repitió nuevamente, considerando el impacto que causó. Ya sea por la protección de Nei o el obvio sentimentalismo de Axel hacia ella, Angi sabía que estaba un poco molesta por eso. Maldiciéndose a sí misma, no tenía a nadie más a quien culpar por la m****a que sentía.
-¿Estas bien?- Marcos preguntó en voz baja. -Los escuadrones están regresando ese soldado esta noche- dijo, inseguro de a qué se refería. -Ah, es cierto. Creo que Shan lidera uno de los escuadrones traseros. Nei y Angi lideran los escuadrones de contacto- El rostro alegre de Marcos cambió a algo más tranquilo. -¿Shan? ¿Es la chica con la que estabas la otra noche?- Preguntó Ax sin pensarlo. -Sí, es una buena chica- Marcos se frotó los labios suavemente con el dedo. -Bueno, pasemos a la siguiente y veamos si podemos regresar mañana por la noche- agregó Ax, recuperando su tranquila fachada, pero sintiéndose un poco más decidido a seguir adelante.
-Eso no es gracioso. Además, iré con los escuadrones delanteros que regresan a Komadori. No estaré aquí si te lastimas- advirtió. -No me di cuenta de que estabas entre los escuadrones yendo ...- Hizo una pausa, y Celia vio que el ligero humor abandonaba su rostro- ¿Los escuadrones delanteros? -Angi y Nei son los líderes del escuadrón. El intercambio es esta noche- agregó tratando de no preocuparlo más- Hay seis escuadrones yendo todos juntos El cabello de Axel cayó sobre su diadema mientras asentía lentamente. -Quédate con Nei si puedes, y no corras riesgos- agregó. -¿Estás preocupado por mí?- Ella sonrió descaradamente. -Mien







