INICIAR SESIÓNAntonella:
Las cosas de repente se volvieron muy divertidas, digamos que mi acompañante resultó ser todo un galán. Yo no puedo resistirme a sus encantos, hay algo dentro de mí que quiere tenerlo siempre, no deseo separarme de él. Tal vez es por eso que hago cosas que dudo ser capaz de hacer en mis cinco sentidos. Un lado de mí me dice que no me importa ni importará nada de lo que suceda esta noche, porque todo quedará en el olvido, lo desee así o no. Sin embargo, la otra parte, la racional, me dice que me detenga, no puedo hacer esto; no quiero enamorarme otra vez para ser lastimada de nuevo, quizás, solo deje que pase lo que tenga que pasar esta noche y nada más, solo sexo casual y ardiente que me hace falta; sin involucrarme a nivel afectivo, no tendría porque salir nada mal.
Sin embargo, esta persona que al principio era algo hostil, ha demostrado ser muy diferente. Hizo que reconsiderara aquellos prospectos que imaginaba desde niña en una sola noche. Quizá él no sea un caballero de brillante armadura o el famoso príncipe azul que muchas esperan, pero al menos no es Giovanni. Debo ser realista, esas fantasías ya no existen para mí, sin embargo, este hombre provoca que una parte de mi vuelva a desear que vuelva a creer en ellos. Estoy segura de que, si no aprovecho este momento para dejarme llevar únicamente por mis emociones, no volveré a tener otra oportunidad de al menos, encontrar a alguien con quien desahogar mis bajas pasiones.
Sus besos y caricias me hacen volver a la realidad, desconozco el lugar a donde nos dirigimos, pero espero que sus habilidades sean tan buenas como alardea. Quiero que sus palabras sean ciertas, espero poder responder a sus expectativas. Sé que, si el sexo con él es igual de bueno que sus besos, estaré satisfecha. Aun así, estoy asustada, no quiero que él se decepcione de mí.
—No creas lo que dijo ese hombre. Hoy te llevare al paraíso — Toma mi mentón, adivinando mis pensamientos, y me da un apasionado beso. Su mirada es dulce y su forma de ser me mata. Todo en él es sumamente atractivo. — No dudes, solo déjate guiar por mí — me recomienda cuando el carro se estaciona.
Entramos en un edificio muy alto y lujoso, él saca las llaves con algo de dificultad, incluso se le caen. Ambos nos reímos por lo divertido de todo esto, estamos ebrios, lo sé, pero aun así no deja de ser grandioso. Lo trato de ayudar, pero chocamos nuestras cabezas y continuamos riéndonos. No sé cómo, pero consigue abrir la puerta.
Subimos al ascensor entre risa y risa y aprovecho para quitarme los zapatos de tacón, que están matando a mis pobres pies. Tambaleo, pero soy sujetada por él. Le doy las gracias en un susurro. Sólo nos separan unos centímetros, esquivo su penetrante mirada para recoger mis zapatos que cayeron al suelo. Cuando los tomo, siento su mano en mi cintura, ayudándome a levantar y regalándome otro beso. Me giro y paso mis manos por su cuello.
Este hombre me vuelve loca, es la primera vez que me siento así de deseosa por alguien. ¿Serán los efectos del alcohol o sus grandes habilidades de conquistador? Está de más pensar en la razón. La campanilla del ascensor no lo detiene, al contrario, me alza sacándome de ahí y chocamos contra la puerta. A diferencia de la entrada, él abre esta con más facilidad.
Al cerrar la puerta la temperatura sube de inmediato. Comenzamos a quitarnos la ropa, dejando un rastro hasta su habitación. A pesar del gran deseo que se ha desatado entre ambos, él muestra ser gentil conmigo. No es brusco, sus caricias y sus manos explorando mi cuerpo son, aunque sutiles, apasionadas.
Mis piernas se han convertido en gelatina, él se da cuenta y me deposita en la cama. Me siento algo vulnerable recordando mis cicatrices y mi cuerpo imperfecto, aquel por el cual Giovanni me hizo sentir basura una y otra vez, por lo que me sonrojo más si es posible e intento esconder mi rostro entre mis manos, él sonríe de forma dulce.
—¿De qué te avergüenzas? Eres hermosa…— me asegura con dulzura y comienza de nuevo el ritual de besos que baja por mi barbilla hasta mi cuello, para terminar en mis senos. Dios santo, creo que está cumpliendo su palabra. Me gusta, comienzo a gemir.
—¿Te gusta lo que sientes? — me pregunta. ¿Cómo no me iba gustar? Pienso. Es lo más delicioso que me han hecho nunca.
—Siiiiií — respondo mientras succiona uno de ellos. No soporto más y siento cómo me mojo, estoy tan avergonzada.
—Te corriste — comenta pasando su mano por mi intimidad.
—Lo siento — articulo apenada.
—No tienes por qué, eso significa que lo estoy haciendo bien — sonríe de medio lado. Él es tan diferente a Giovanni en todo, no me dice que soy sucia ni que le doy vergüenza.
—Di, soy tuya amo Giancarlo —ordena de la nada, tomándome desprevenida.
Lo ignoro olímpicamente, no pronunciaré esas palabras. Uno de sus dedos hace su aparición en la entrada de mi sexo, provocando que gima más fuerte. Él comienza a moverlo de una forma tortuosamente placentera.
—Di que eres mía — me exige mientras acelera los movimientos. Estoy a punto de llegar al climax, pero ignoro por completo su petición. En venganza, él se detiene y me mira.
—Si no lo dices no seguiré — sentencia.
—Sólo sigue — lo desafío.
—No — se levanta. En verdad piensa dejarme con las ganas.
—Soy tuya, amo Giancarlo — susurro con la cara roja.
—No te escuché — Abre la puerta para irse.
—¡SOY TUYA, AMO GIANCARLO! — grito ansiosa. No quiero que se marche.
Él vuelve y me besa en la frente. — Buena chica —
—Eres odioso — acuso un poco molesta, aunque creo entender que esto es un juego.
—Tu cuerpo dice lo contrario — entonces, sigue con la exploración de mi cuello y succiona mi piel, se siente genial. Eso va dejar una marca en la mañana, pero no pienso mucho en ello, ya que su mano me provoca un fuerte gemido con su nombre: Giancarlo.
—Eso sí que es excitante — habla ronco. — Vamos a revisar — dice bajando el rostro hasta mi…
—No lo hagas —Trato de cerrar las piernas.
Él resopla. —No voy a lastimarte, relájate — me dice acariciándome con dulzura intentando calmarme.
Hago lo que me pide. No temo que me lastime, es solo que nunca he hecho algo parecido. Con Giovanni las cosas eran más rápidas y directas, no importaba si yo lo disfrutaba o no. En cambio, Giancarlo quería que yo lo disfrutara, me torturaba con sus dedos y sus besos, haciéndome gritar su nombre sólo para excitarlo más.
—¡Giancarlo…! — siento cómo me penetra. No sé en qué momento me perdí, no me di cuenta de que estaba sobre mí listo para entrar.
—¿Estás bien? —me pregunta.
Asiento con la cabeza, no quiero que escuche mi voz o que se me escape un gemido, temo que no le agrade y me lastime. Él comienza a moverse lentamente, se siente bien, aunque quiero que vaya más rápido. Muevo mis caderas y él adivina mis deseos. No puedo contener más los gemidos ni los jadeos, su invasión es demasiado placentera. No estoy segura de sí le agrada, pero mis dudas se disipan cuando lo escucho gemir. Es más rudo, es como si fuera más grande. Disfruta, le gusta.
Ambos jadeamos y pierdo el control de mi cuerpo. Mis caderas se mueven por si solas mientras nuestras bocas se devoran en apasionados besos. No mentía al decir que sabía satisfacer a una mujer, siento como mi interior se contrae más y más mientras mi mente queda en blanco. Admito que es bueno, solo en el preámbulo consiguió dos de mis orgasmos, aunque este no se compara a los anteriores.
No dejo de repetir su nombre sin cesar, mientras él ruge y me llama. Se siente bien escuchar mi nombre en sus labios apasionados, me excita cada vez más y más, creo que voy a llegar al cielo, no aguanto más y creo que él tampoco. Me besa con más fuerza y puedo sentir su simiente caliente en mi interior, estoy exhausta.
Lentamente, nuestras respiraciones regresan a la normalidad. —Ahora te toca a ti… — comenta con esa sonrisa tan seductora.
—¿Qué? —pregunto sorprendida.
—Ponte encima… ¿Qué esperas? — ordena divertido.
—Yo… — Estoy avergonzada, no puedo articular palabra alguna. La verdad es que me siento mal frente a este hombre que me ha hecho sentir como nunca hasta ahora. Me giro, no deseo verlo, quiero irme.
—Oye… — Toma mi hombro y hace que me gire. — Esta vida se ha hecho para aprender, me encantaría ser tu maestro — Me da un beso en el hombro y sube hasta llegar a mis labios, sus manos se deslizan a mi cintura. No sé en qué momento termino sentada sobre él, rozando su masculinidad y despertándola.
—Eres bueno… — le digo entre jadeos, mientras me acomodo sobre él.
—Tengo una buena alumna — me dice de manera picara.
Antonella:Las cosas que me ha contado ese hombre han sido terribles, pero ahora comprendo las razones que tiene Giancarlo para sentirse así, Giovanni estaba tan sorprendido como yo, y yo, simplemente Sali de allí tan rápido como pude, no he logrado comunicarme con Giancarlo, tiene su celular apagado, seguramente esta demasiado ocupado con sus pendientes, y quizás es mejor que no le cuente nada de lo que he averiguado, aunque admito que me duele que me oculte una cosa así, realmente, no se ni que debo pensar al respecto, han pasado solo unas horas desde que me entere de la verdad y no se como debo sentirme o como debo reaccionar al respecto.Giancarlo:Me siento hecho una furia, tan es así que realmente no puedo ni me quiero controlar. Se demasiado bien de que se trata todo este repentino interés después de tantos años, y esos regalos supuestamente desinteres
Giancarlo:Antonella esta rara, es como si me escondiera algo y si intento preguntar me advierte que no está para interrogatorios. Lo único bueno de hoy que fuimos donde Michael para que nos diga que todo está bien y que en unos días los sentiremos. Porque lo del sexo de los gemelos vamos a dejarlo como para nuestro aniversario de relación, es decir al día siguiente de la vendimia, ella lo decidió sin consultarme, pero mejor no la contradije porque me vio con mirada asesina si protestaba.Al final me pidió quedarse en casa de su madre porque deseaba ponerse al día con ella tal vez hasta ir de compras. Me ha dejado de lado. Aprovechare para hacer una visita pendiente, una que espero que me de la paz que estoy buscando.Antonella:Hace tiempo que no venía a la casa de los Spencer, la última vez fue cuando Alondra me hizo queda
Hola mis lectores, quiero pedir una disculpa si no he subido actualizaciones, e estado ocupada con cuestiones familiares, a partir del lunes retomo la actualizacion para el final de esta hermosa historia, gracias por su paciencia. Espero puedan comprender que la situacion se fue de mis manos y por ello les ofreco una disculpa. Espero sus comentarios y esperen tambien una nueva historia que pronto estara disponible en la aplicacion, se que han preguntado pro las actualizaciones pero hasta hoy tuve tiempo de avisar, nuevamente espero comprension y amor, de verdad una gran disculpa por las molestias que esto genero, no era mi intencion fallarles. Yubel.
Adam:Antonella sale más temprano de lo habitual y también al irse, siempre se va antes que llegue Giancarlo. Estoy segura que ese par a discutido por algo lo peor es que ninguno de los dos se abre. Antes ella lo hacia pero desde lo sucedido con Teodora le cuesta confiar, no hay necesidad que lo diga sus acciones lo muestran. Tal vez ya no esta tan contenta aquí y quiere irse, después de aquello quien no. Todos conocíamos la historia entre Giancarlo y Teodora, ninguno fue digno de advertirle.—Chau Adam, te veo mañana. – Se despide igual que todos los días.—Antonella ¿Podemos hablar un momento? – Le pregunto.Duda un momento: Está bien.—Acompáñame al otro salón. – Le indico, no es bueno discutir esto en público.—¿Qu&ea
Antonella: Desde la operación Giancarlo a estado serio y extremadamente sobreprotector. No entiendo el motivo, mi madre dice que es por el embarazo sin embargo antes no estuvo así, sin olvidar esos obsequios que llegan a los bebes. Quiero reclamarles a los de la tienda y exigir saber quien los envía porque puede ser algún loco, Giancarlo no deja. Según él porque son tonterías sin importancia, lo peor es que sospecho que conoce al misterioso remitente. Supongo que no tendría que preocuparme pero me es molesto. Lo que ha sido más difícil en este tiempo es tener quieto a Giancarlo, es peor que niño chiquito. Desde la operación si no esta a mi lado saca loco a Adam para ver las cosechas. Al menos ya tomo de nuevo el interés en el trabajo porque Adam me conto que desde que me fui su único plan era como comunicarse conmigo y solucionar todo, después cuando se entero que iba a ser padre se leyó todos los libros sobre paternidad, cuidados en el
Giancarlo:Despierto y lo primero que busco con la mirada es a Antonella o a Adam.—Hasta que por fin despiertas. – Escucho una voz indeseable.—¿Qué haces aquí?— Mi tono es molesto.—No deberías alterarte luego de una operación, es riesgoso. – Por desgracia tiene razón.—¿Qué quieres? Hasta donde recuerdo usted y yo no tenemos ningún parentesco. – Le contesto.—Negar lo innegable. Mírate, eres igual a mi. – Me dice.Me rio: Yo no le quite su herencia a nadie, ni abandone a una mujer embarazada y menos a mi hijo. Tampoco soy un golpeador.—El enojo se ve en su rostro.—Son situaciones que ameritaron dichas acciones. – Se justifica.—No me interesa







