INICIAR SESIÓNAntonella:
—No estoy del todo seguro. – Iba a protestar. – Pero tengo que hacerme responsable. Es también mi hijo y no pienso dejarlo desamparado. Siéntate, te prepare el desayuno espero les guste.
Por desgracia el cocina muy bien y al bebe le parecen manjares convirtiendo todo lo que cocina en antojos. La mañana transcurrió tranquila, lavamos los platos juntos en si a él lo deje sentado para que seque los platos. Al terminar fue cuando el me pidió sentarme a su lado. Quería que habláramos y por más que quise hacerme la difícil el insistió en que desea sincerarse conmigo, no le encuentro el caso.
—Espero que me escuches y no me interrumpas. – Me pide.
—En serio no le encuentro el caso, ya te he dicho que podrás ver a nuestro hijo cuando quieras, no te pondré barreras ni quejas. No creo que seas capaz de quitármelo así que es mejor dejar todo así. – Quiero convencerlo.
—La única forma en la que creo será posible que comprendas que de verdad te amo es siendo sincero contigo respecto a toda mi vida. – Me explica.
—No quiero que esto termine peor. – No deseo discutir más.
—Simplemente es la historia de mi vida. – No me lo esperaba, no sé que decirle. – Cuando ese tipo dejo a mi madre sin nada, se separo de ella. Hasta ese momento ella no se dio cuenta de mi existencia, pasaron unos meses hasta que recién se percato de su embarazo. Ilusamente creyó que él al enterarse que iba ser padre se arrepentiría y volvería con ella pero no fue así. La boto, ella insistió hasta que nací, pero ese sujeto no accedía a recibirla hasta que un día ella nunca volvió a casa, según lo que le informaron a mi abuela, es que un carro la atropello al momento que ella cruzaba la pista. Yo solamente tenía seis meses, no recuerdo nada de ella. De adulto me entere que el desgraciado ese se atrevió aparecer en el velorio a lanzarle un poco de dinero a mi abuela con la amenaza de nunca ir a buscarlo porque en ese momento haría lo imposible por quitarle mi custodia y enviarme a un auspicio.— Me tape la boca, si ese hombre en verdad era malvado. – Antone, el abuelo de Bradley es quien me contó aquella anécdota cuando hablamos de lo fuerte que tuvo que ser mi abuela para sacarme adelante, por suerte ella contaba con lo que le dejo mi abuelo pero no deseaba ostentar por el temor que la avaricia de mi progenitor despertara y reclamara sus derechos con el fin de despojarnos de lo poco que teníamos. Vivimos austeramente, ella daba clases música, por mi parte aprendía de ella, deseaba que fuera un gran concertista, lástima que no pude cumplir su deseo. – Hay melancolía en su mirada.
—Giancarlo, No sigas. – Le pido.
—Quiero ser sincero, decirte mi verdad.— Toma mi mano. – Nunca te hubiera abandonado Antonella ni siquiera dudado de ti si me contabas la noticia desde el principio y no enterarme por otros. – Comprendo su punto, él no quiere ser igual a su padre. – Vivimos en un apartamento en el centro, nunca falto nada, Adam siempre estuvo ahí. La nona siempre quiso enseñarle a tocar algo pero Adam siempre decía no tener oído para la música aunque la nona decía que era un desorejado pero tenía una habilidad con las manos que sorprendía, siempre arreglaba todo. Durante los primeros cuatro años de mi vida fui verdaderamente feliz, una que otra vez me entristecía el hecho de no tener padres como otros niños, lo único que tuve fue una fotografía de cuando era un bebe y mi madre me tenía en brazos, de aquel hombre solo encontré una foto por accidente de cuando se caso con mi madre. Por desgracia conocí a ese hombre un día que practique el violín en un parque, él junto a su familia me trataron bien hasta regalaron un helado. Lucían felices, desee por un momento formar parte de ellos, lamento haberlo hecho. – Se percibe la amargura.
—¿Por qué? – Me intriga.
—Varias veces me invitaron algo, hasta que un día me llevaron a su casa para darme un juguete y algo de ropa. Les agradecí aunque me sentí avergonzado porque no necesitaba aquello pero lo acepte. Mi nona me regaño y prohibió ir de nuevo allí. Me enoje con ella y busque entre las cosas de mi madre y encontré la foto de su boda viendo que aquel hombre que me pareció tan amable era en verdad mi padre. – Hace una pausa. – Enfrente a mi nona quería la verdad. Me la contó, lloramos y me hizo prometer no ir a buscarlo porque nos separaría. A la mañana siguiente cuando fui a buscarla ella no volvió a despertar, es cuando mi infancia termino y el infierno comenzó. – No creí que el paso por tanto. – Todo fue tan confuso y rápido. Cuando termino el entierro Adam me explico que la policía me llevaría a un orfanato, que debía ser un buen niño. Me encapriche y no deje que hablara más me zafe como sea y salí corriendo de aquel sitio, vague por horas, pensé que mi salvación seria aquel hombre.
—No fue así ¿Verdad? – Él me comento algo hace un tiempo.
—Cuando llegue a su casa estaba todo sucio, no me veía muy bien, toque la puerta y me abrió su esposa que se sorprendía al verme le pedí hablar con su esposo, que era muy urgente. Me hizo pasar pero antes me lavo la cara y cambio de ropa además de darme algo de comer. Todo eso fue hasta que su esposo llego del trabajo, me llevo a su despacho. Nos dejo solos, comencé contándole lo ocurrido, él me dijo que no podía hacer nada entonces le mostré la foto de la boda con mi madre y en la que ella estaba conmigo. Su rostro amable se transformo, tomo ambas fotografías y las rompió. Le pedí que no lo hiciera que era la única que tenía de mi madre. No le intereso al contrario me levanto del cuello de la camiseta y me prohíbo hablar del parentesco que teníamos. Le suplique que dejara quedarme con él prometía no hablar pero él me jalo, me llevo en su carro hasta la comisaria y me entrego.
—Que desalmado. – Pronuncio y eso se queda corto.
—Pase esa noche en la banca de la comisaria a que apareciera una trabajadora social junto a una fiscal para que decidieran mi destino. El orfelinato de San Andrés, quedaba a las afueras de la ciudad en una vieja construcción que antes fue un monasterio, tétrico lugar. Todos tenían uniforme, los pequeños como yo teníamos que llevar unos pantaloncillos cortos con tirantes de color azul marino, una camisa blanca de mangas cortas, medias blancas y unos zapatos negros, te cortaban el cabello en forma de hongo.
Supe de inmediato de que lugar me hablaba e imagine el infierno que pudo sufrir, hace unos años salió un reportaje en la televisión de ese lugar y lo cerraron por el escandalo que suscito, todo se supo a causa de la muerte de un niño en los alrededores de la zona. — ¿Te lastimaron?
—No lo sé…— Agacha la mirada. Suspira. – Ese lugar era silencioso a pesar de haber un montón de niños. Muy diferente al jardín de niños al que asistía, era intimidante pronto llame la atención de un chico mayor, me saludo y me recomendó ser invisible, eso significaba ni ser muy bueno ni muy malo y nunca ir a solas con alguno de los cuidares, menos permitir ser castigado y sobre todo no llorar en las noches no importaba lo triste que estuviera o asustado. Su nombre era Jay, fue el único amigo y persona que me cuido durante esos tres meses, hice lo que me dijo pero fue difícil ignorar llantos y gritos. Recuerdo a un niño en especial, llego unos días después que yo, se portaba muy mal y lo castigaron, regreso muy callado, caminando extraño y el cabello mojado, comenzaron a castigarlo por lo que sea y las noches no dormía con los demás al igual que otros niños.
—¿Me estás diciendo que abusaron de ese y otros niños más? – me horrorizo.
—Tal vez, no estoy seguro, pero es lo más probable…. Un día que fui a los servicios escuche gritos y lloriqueos, reconocí la voz de ese niño, se llamaba Juan, Me oculte en el baño y subí los pies para que no supieran que estaba ahí. Lo que escuche fue terrible, él suplicando que no lo lastimara que no quería más de eso que se portaría bien, junto a gritos desgarradores, por más que me tape los oídos con mis manos fue imposible dejar de escuchar… Cuando terminaron de castigarlo escuche el correr del agua. Espere un buen rato, quería estar seguro que se fueron, al salir me encontré con uno de esos cuidantes me asuste y temí lo peor. – Hace una pausa. – En eso apareció Jay, se disculpo con el cuidante, llevandome lo más lejos de ahí. Recuerdo que lloré y me hice pis en los pantalones, algo grave. Pero Jay me ayudo a conseguir unos limpios, prometió que todo eso terminaría ese día para mi.
—¿Jay te ayudo a escapar? – Pregunto.
—Si, esa noche en la transición de la hora del baño e ir a dormir, él me separo del grupo, llegamos hasta un punto lejano donde la cerca estaba rota, habían otros niños que se sorprendieron al verme por lo visto yo fui algo inesperado. Jay y yo fuimos los últimos en salir sin embargo en el último instante escuchamos gritos y vimos luces de linternas, nos habían descubierto. Jay me ordeno correr sin mirar atrás que no me detenga sin importar que. Lo hice, hasta llegar a una plaza. Trate de confundirme con la gente pero al ser de noche pronto tuve que buscar refugio. Conseguí hacerlo bajo la escalera una de vieja casa de vecindad, todos dormían. Desperté al oír a una pareja discutir, de nuevo a correr y esconderme. Vague por días, hasta que llegue a mi vieja casa nadie me buscaría ahí creí. Como pude entre, me cambie de ropa y cogí lo poco que había en unas alacenas. Estaban rancias pero supieron a manjar, dormí tranquilo bajo la cama durante unas dos semanas hasta que escuche ruidos. Era Adam junto a un hombre, se trataba del abuelo de Bradley, buscaron por el lugar por suerte no me hallaron pero sabían que estuve allí, a la mañana siguiente tome mi mochila junto a lo que dejaron ellos unas galletas, pan y agua junto a mi violín. Con eso podría ganar algo de dinero.
—De nuevo anduviste por las calles. – Sigo yo.
—Si. Ahí es cuando conocí a Teodora, me salvo de uno de esos que explotan a los niños, haciendo que pidan dinero y después les quitan todo, Teodora tenía su pequeño refugio en una casa abandonada, habían otros que eran unos ancianos, mientras no te metieras con ellos y fueras amable no te molestaban.
—Las cosas no estuvieron tan mal en esa época. – Intervengo.
—Si. Trabajamos recogiendo basura, reciclando y bueno a veces ella dejaba que toque, decía que no era bueno porque llamaría la atención y los policías podrían venir. Estuve con ella unos meses hasta que Adam me encontró y me obligo a vivir con él. Intente escapar muchas veces quería volver con Teodora, no quería volver al orfanato. Adam prometió no volver a llevarme a ese lugar aunque tampoco le conté lo que viví, un año paso y por cosas de la vida me encontré de nuevo a Teodora. – Me cuenta. – Es cuando conocí a Teodora, ella era muy pequeña. Adam permitió que saliera solo, a veces me daba sobras de su trabajo, como laboraba en una estación de comida rápida solían darme lo que no querían, la mitad de aquello o gran parte se lo daba a Teodora. Nos adaptamos a esa rutina, a veces cuando tenía suerte podía invitar algo a los otros que vivían allí. Pero todo cambio una mañana, me demore un poco en llegar porque le compre un osito a la bebe, cuando llegue las cosas estaban muy silenciosas. Se me escarapelo el cuerpo, sin querer me tropecé botando unos cestos de basura me levante rápido y escondí para luego seguir. Cuando estaba ahí, todo era un charco de sangre, Teodora estaba blanca con los ojos abiertos, supe de inmediato que se encontraba muerta. Quise correr pero recordé a Teodora, tenía que verificar su estado. La busque donde solía ponerla Teodora, por suerte ella continuaba dormida. Tome un poco de sus cosas y a la bebe. Me la lleve lejos de ese sitio. Luego de meditar por un rato recurrí al único que podría ayudarme en ese momento, Adam. Lo espere fuera de su trabajo, se asusto al verme con sangre y la bebe en brazos. No dijo nada solo nos llevo a casa, baño y cambio de ropa. Teodora por suerte no lloro nada ese día, estuvo muy tranquila, como si supiera que tenía que dejar una buena impresión. – Sonríe triste.
—¿Qué sucedió luego? – Pregunto.
—Adam me explico que seria bueno llevarla a la policía para que la lleven con su familia, me negué, le dije que a su madre la habían matado que ella estaba sola que no tenía a nadie más que a mi, él insistió en que las autoridades sabrían que hacer con ella, me negué rotundamente no permitiría que la lastimarían al igual que esos niños en el orfanato. Si me salve esa vez fue por Jay pero no estaba seguro que Teodora tuviera la misma suerte.— Me explica.
¿Cómo hicieron para que se quedaran con ella? – Me intriga.
Antonella:Las cosas que me ha contado ese hombre han sido terribles, pero ahora comprendo las razones que tiene Giancarlo para sentirse así, Giovanni estaba tan sorprendido como yo, y yo, simplemente Sali de allí tan rápido como pude, no he logrado comunicarme con Giancarlo, tiene su celular apagado, seguramente esta demasiado ocupado con sus pendientes, y quizás es mejor que no le cuente nada de lo que he averiguado, aunque admito que me duele que me oculte una cosa así, realmente, no se ni que debo pensar al respecto, han pasado solo unas horas desde que me entere de la verdad y no se como debo sentirme o como debo reaccionar al respecto.Giancarlo:Me siento hecho una furia, tan es así que realmente no puedo ni me quiero controlar. Se demasiado bien de que se trata todo este repentino interés después de tantos años, y esos regalos supuestamente desinteres
Giancarlo:Antonella esta rara, es como si me escondiera algo y si intento preguntar me advierte que no está para interrogatorios. Lo único bueno de hoy que fuimos donde Michael para que nos diga que todo está bien y que en unos días los sentiremos. Porque lo del sexo de los gemelos vamos a dejarlo como para nuestro aniversario de relación, es decir al día siguiente de la vendimia, ella lo decidió sin consultarme, pero mejor no la contradije porque me vio con mirada asesina si protestaba.Al final me pidió quedarse en casa de su madre porque deseaba ponerse al día con ella tal vez hasta ir de compras. Me ha dejado de lado. Aprovechare para hacer una visita pendiente, una que espero que me de la paz que estoy buscando.Antonella:Hace tiempo que no venía a la casa de los Spencer, la última vez fue cuando Alondra me hizo queda
Hola mis lectores, quiero pedir una disculpa si no he subido actualizaciones, e estado ocupada con cuestiones familiares, a partir del lunes retomo la actualizacion para el final de esta hermosa historia, gracias por su paciencia. Espero puedan comprender que la situacion se fue de mis manos y por ello les ofreco una disculpa. Espero sus comentarios y esperen tambien una nueva historia que pronto estara disponible en la aplicacion, se que han preguntado pro las actualizaciones pero hasta hoy tuve tiempo de avisar, nuevamente espero comprension y amor, de verdad una gran disculpa por las molestias que esto genero, no era mi intencion fallarles. Yubel.
Adam:Antonella sale más temprano de lo habitual y también al irse, siempre se va antes que llegue Giancarlo. Estoy segura que ese par a discutido por algo lo peor es que ninguno de los dos se abre. Antes ella lo hacia pero desde lo sucedido con Teodora le cuesta confiar, no hay necesidad que lo diga sus acciones lo muestran. Tal vez ya no esta tan contenta aquí y quiere irse, después de aquello quien no. Todos conocíamos la historia entre Giancarlo y Teodora, ninguno fue digno de advertirle.—Chau Adam, te veo mañana. – Se despide igual que todos los días.—Antonella ¿Podemos hablar un momento? – Le pregunto.Duda un momento: Está bien.—Acompáñame al otro salón. – Le indico, no es bueno discutir esto en público.—¿Qu&ea
Antonella: Desde la operación Giancarlo a estado serio y extremadamente sobreprotector. No entiendo el motivo, mi madre dice que es por el embarazo sin embargo antes no estuvo así, sin olvidar esos obsequios que llegan a los bebes. Quiero reclamarles a los de la tienda y exigir saber quien los envía porque puede ser algún loco, Giancarlo no deja. Según él porque son tonterías sin importancia, lo peor es que sospecho que conoce al misterioso remitente. Supongo que no tendría que preocuparme pero me es molesto. Lo que ha sido más difícil en este tiempo es tener quieto a Giancarlo, es peor que niño chiquito. Desde la operación si no esta a mi lado saca loco a Adam para ver las cosechas. Al menos ya tomo de nuevo el interés en el trabajo porque Adam me conto que desde que me fui su único plan era como comunicarse conmigo y solucionar todo, después cuando se entero que iba a ser padre se leyó todos los libros sobre paternidad, cuidados en el
Giancarlo:Despierto y lo primero que busco con la mirada es a Antonella o a Adam.—Hasta que por fin despiertas. – Escucho una voz indeseable.—¿Qué haces aquí?— Mi tono es molesto.—No deberías alterarte luego de una operación, es riesgoso. – Por desgracia tiene razón.—¿Qué quieres? Hasta donde recuerdo usted y yo no tenemos ningún parentesco. – Le contesto.—Negar lo innegable. Mírate, eres igual a mi. – Me dice.Me rio: Yo no le quite su herencia a nadie, ni abandone a una mujer embarazada y menos a mi hijo. Tampoco soy un golpeador.—El enojo se ve en su rostro.—Son situaciones que ameritaron dichas acciones. – Se justifica.—No me interesa







