LOGINGiancarlo:
Son las ocho de la noche, temprano para cualquiera menos para mi. Estoy aburrido, no hay nada que hacer lo único que me queda es dormir. Voy al baño me doy un vistazo en el espejo, no luzco bien, se notan las ojeras de las malas noches que paso. Por lo visto no fue buena idea traer a flote aquellos viejos recuerdos que me atormentaron de niño y si le sumamos mi futuro incierto además de no estar al lado de la mujer que quiero.
Nada de eso es una buena formula para dormir, lo único que consigo es dormir por momentos en los que soy acosado por pesadillas. Me lavo la cara y voy por algo para ponerme para dormir. Odio toda esta rutina, si fuera como cuando estaba Antonella, en este momento estaríamos en casa de su madre, o en él cine viendo alguna película, salir a caminar o incluso quedarnos dormidos viendo televisión hasta jugando con su play4. Es verdad a ella le gusta eso, llevo su consola a la habitación, creo que es su vicio.
Por mi parte, tomo la laptop doy una revisión a las cuentas mas los correos. Los pedidos han aumento este año sin olvidar que los ingresos del alquiler de las tierras en Italia no están mal, al menos no protestaron de lo que les aumente la renta. Todo está bien, doy un click en mi face dándome con la sorpresa de recibir la invitación de Antonella. Eso es bueno, reviso la actividad en su cuenta pero no hay nada nuevo.
Observo las fotos que colgó de cuando estuvimos juntos. Unas en la playa de lo que pesque tres pescaditos y ella matándose de la risa. Otra en la que nos tomo José María antes de irnos, ella feliz de la vida y yo todo serio. Seguí bajando con el cursor y vi una de los regalos que le di al igual que la de la caja de colores, sacándome cachita de que no pensaba devolverla. Otras más de su cumpleaños celebrándolo en el colegio. Más abajo varias en las que estábamos juntos divirtiéndonos o en salidas. Imágenes que reflejan lo felices que fuimos en aquellos tiempos, miro a mi lado de la cama recordándome que ella ya no está aquí, echada esperando a que termine mis cosas para luego devorarnos a besos o simplemente dormir abrazados. Que difícil es estar sin ella, la extraño tanto.
Suena el intercomunicador, para rematar las cosas el portero esta de vacaciones por lo que debo contestar para saber quién es. Me levanto de la cama con dificultad y cuidado, no necesito que se raje de nuevo el yeso. Suficientes regaños recibí por parte del médico sin olvidar que tuvieron que cambiármelo. Por lo visto Antonella no se ha dado cuenta. Sigue sonando el timbre.
—¿Quién es? – Respondo de mala gana.
—Disculpa… Es un mal momento… Yo – Es Antonella.
—Pasa. – Suavizo mi voz.
Cuando llego a la puerta ella ya está ahí: Hola. Por lo visto ya estabas listo para dormir.
—MMM.— Respondo para apoyarme en el respaldo del sillón.
—Ten cuidado puedes caerte. – Va tenderme una mano.
—Estoy bien, me fastidia estar tanto tiempo sentado. – Comento,
—Ya se que puedo regalarte. – Me parece extraño.
—¿Qué? – Pregunto.
—Un marcador permanente. – Me sonríe.
—¿Por qué? – Sigo sin comprenderla.
—Porque por lo visto ya se te está borrando la raya del trasero. – Se ríe. Hace tiempo que no la veía así. Sonrío junto a ella. – ¿No vas a reírte?
—Eres malvada al burlarte de mi desgracia aunque si gustas puedes verificar si se me ha borrado o no. – La fastidio, levantándome y dispuesto a mostrarle mi trasero.
—Giancarlo… No es necesario que me recuerdes como lo tienes. – Se sonroja.
—Si lo conoces no entiendo la razón de tu sonrojo. – La molesto. – Por mi parte me siento orgulloso de conocer cada parte de tu cuerpo. – Con cuidado me lanzo a sus brazos, ella me sujeta.
—Giano. – Se me queda viendo.
—¿A qué haz venido? – Pregunto ilusionado con que dijera que aceptaba casarse.
Agacha la cabeza: Por ti.
—¿Por mí? – Me intriga.
—Si… Bueno es que.. yo…Este. – Comienza a balbucear.
—Dilo. – Le ordeno.
—Quiero que juguemos juntos con el play. – Me suelta, desilusionándome.
—Está bien, iré a cambiarme. – No le muestro como en verdad me siento.
—Te ayudo. – Se ofrece.
—Puedo solo. – Es mi escueta respuesta. No es que estuviera molesto simplemente esperaba más de ella pero si se tomo el trabajo de venir hasta aquí tal vez significa que acepto. Con más esperanza me apresuro en ir.
—Si que eres rápido.— Se sorprende.
—Vamos. – Me adelanta.
—Si. – Abre la puerta.
El camino fue silencioso, salvo para hablar de cosas triviales como el clima o los gatos. Cuando llego las cosas siguen igual, soy recibido por las dos bolas de pelos. Nos acomodamos en el sillón junto a un bol lleno de popcorn. Por lo visto esa manía no la piensa dejar, supongo que será parte de sus antojos.
—No que esto era lo que te caía mal. – La fastidio.
—Los pequeños eran los causantes de mis nauseas matutinas. – Justifica sus malestares.
—Le echas ahora la culpa a ellos…. Que mala es su madre. – Les hablo a los bebes mientras le hago cariños a su barriga.
—Oye. – Se queja. – No los pongas en mi contra.
—Tú dices que el causante de tus nauseas son los bebes no yo. – Le contesto.
—Es la verdad… — Escoge el juego de la noche pasada. – Si te hubiera echo caso ese día las cosas serían distintas. – Hay melancolía en sus palabras y comprendo a que día se refiere, esa mañana que se sentía muy mal y no quería ir a trabajar, la obligue a tomarse el dichoso yogurt sino quería que la lleve al doctor y también ese día peleamos por las pastillas que tomaba iniciándose todo este problema.
—Tal vez… Ya estaríamos enterados de la noticia desde hace tiempo quizá nuestra pelea no se hubiera suscitado, tampoco estaría con la pierna rota. – Me imagino.
—¿Por qué todo tiene que ser tan dificil? – No despega su vista del juego, eso solo lo hace cuando no quiere demostrar lo que en verdad siente. Le quito el mando de sus manos y pongo pausa: ¿Por qué quieres que este aquí? No es simplemente por el juego.
—Yo…Yo no puedo hacerme a la idea de que tú ya no estés. – Me suelta. – Me molesta seguir enojada contigo…. No poder confiar en ti… Me es tan difícil. – Me abraza— Quiero que todo sea como antes.
—Antonella. – Le correspondo el abrazo. – Yo también quisiera aquello pero no es posible, dije aquello lo admito.
—Giano. – Me interrumpe y le tapo la boca con un dedo.
Pero no escuchaste todo solo una parte malinterpretándose todo.— Termino.
—¿Sigues pensando en ella? – Pregunta con miedo.
—No. – Soy firme. – Ya no hemos hablado desde que desperté del accidente y discutimos…
—¿Por qué? Hay no me digas que soy la culpable de aquello. – Se angustia. – Lo lamento.
—No es tu culpa cariño.— Tomo aire. – Las cosas entre ambos estaban muy deterioradas desde antes de conocerte incluso antes que apareciera Leandro.
—Giancarlo. – Se preocupa. — ¿Por qué dices aquello?
—Ella no perdona el echo que decidiera llevarla conmigo. Prefería que la dejara ahí botada a merced de lo que sea… — Le cuento.
—Tu lo único que querías era su bien… Si no la llevabas contigo lo más probable es que terminara criándose en un albergue porque los procesos de adopción aquí son muy largos y engorrosos. Por eso hay tantos niños en casas hogares. – Me apoya.
—Ella no lo ve así… Yo egoístamente la aleje de su familia aunque al final resulto ser la bisnieta perdida de mis tíos… Siempre estuvo en familia pero bueno supongo que debí dejarla ahí. – Es lo que deduje luego de lo que hable con Teodora.
—No digas esas cosas. Lo que hiciste estuvo bien. Así ella reniegue. – Me dice haciendo que me sienta mejor.
—Gracias por creer que hice lo correcto. – La veo.
—No es nada. – Se apena.
—¿Antonella sigues enamorada de mi? O de verdad me odias, ya no me quieres. –A pesar que el otro día confeso que me amaba.
—Cómo podría odiarte. Después de todo eres el padre de mis hijos, pasamos por muchas cosas… Ahora mismo estás aquí y a pesar de todo te amo. – Me alegra. – Además que acepto casarme contigo.
—Hablas en serio. – Dudo.
—Si, no tiene caso seguir enojada… Yo sé que vas a salir bien de la operación y que te estás preocupando pero… — Le es duro seguir.
—Comprendo. Por eso fuiste a buscarme ¿Verdad? – Su sonrojo la delata, me acerco a ella y la beso, es suave pero expresa el amor que sentimos el uno por el otro. La jalo para que termine encima mientras mis manos recorren su cuerpo. Se tensa ligeramente pero sé que si acaricio cierta parte de su cuerpo ella caera rendida.
—Giancarlo. – La escucho.
—Te extrañaba tanto. – Le susurro en el oído para luego mordisquearle ligeramente.
—Mmmmmm— Gime para darme un beso en el cuello. Colocandose a horcajadas sobre mi cuerpo provocando que nuestros sexos se rocen una tortura placentera en la que deseo ser yo quien la tumbe sobre el sillón, comerla literalmente a besos sin embargo un gran estorbo en mi objetivo es mi condenada pierna.
—No te muevas tanto. – Me recomienda mientras me quita la parte superior de la ropa. Para de ahí repetir la misma acción con ella dándome cuenta que su cuerpo a cambiado ligeramente, me quedo fijo detallando cada cambio.
—Lo sé estoy más gorda, no soy la misma. – Me quita la camiseta que aún coservaba en mi mano y se tapa. – Lo siento se iba a levantar la sujeto de la mano.
—Estás preciosa. – La halago sin perder de vista cierta parte de su cuerpo que me agrado mucho.
—Tonterías. – Se suelta y me ve fijo. Por lo visto ya se dío cuenta del cambio que me agrado más.
—Creí no ver en ti la misma mirada de pervertido libidinoso entilo Bradley en mi vida pero me equivoque. – No importa su comentario.
—¿Van a crecer más? – Le pregunto mientras comienzo a masajearle los pechos.
—No…MMMM… Sé…. Giancarlo… Tal…vezzzzz…SIIIIIIIIII— Tomo uno de ellos para succionarlo, eso le gusta. – Basta… Sessshh
—No…. – Es mi respuesta entonces ella se mueve sobre mi amiguito provacando gruñidos.
—Giancarlo. – Se separa.
—¿Qué? – Me quejo.
—¿Podremos hacerlo? – Esa es la pregunta del millón.
—¿Por qué no lo haríamos? – La veo inocente.
—Tu pierna, el embarazo. – Se recuesta en mi pecho.
—Así que llegamos tan lejos para quedarnos aquí a mitad de camino. – Es decepcionante.
—No quiero que te lastimes y bueno ellos también me preocupan. – Agrega.
—Con mi pierna no creo que exista problema mientras no sea brusco. – Le comento. – Pero los niños es diferente. – Paso mi mano por su espalda.
—Si vamos despacio y no somos nada bruscos. –Sugiere.
—Seria bueno preguntarle a Michael. – Le digo.
—No. – Se niega. – No tengo cara para preguntar semejante cosa.
—Internet… Nadie se va enterar que lo buscamos. – Es una buena idea.
—De acuerdo. – Se levanta y se coloca de nuevo su camiseta.
Trae su laptop, poniéndonos a investigar en la red. Si que luce avergonzada, hay cierto tono rojizo en sus mejillas. Lo bueno es que no tardamos mucho en hallar respuestas, por lo visto no somos los únicos con dudas respecto al embarazo. Si que hay varias recomendaciones a seguir, como posiciones y siempre recordando no ser bruscos ni hacer locuras.
—Si somos cautos y tenemos cuidado no habrá problema. – La tomo de la cintura para de ahí apoyarme en su hombro.
—Si pero ya me puse nerviosa. – Suspira.
—No te obligare hacer algo que no quieras además hay muchas formas para demostrar nuestro amor. – La beso.
—Cierto… Giancarlo, siempre vas estar con nosotros. Prometelo. – Me pide.
—Si, pase lo que pase estare a su lado, no pienso abandonarlos…. – La reconforto.
—Nos queremos mucho… Tal vez en este caso el amor si sea suficiente. – Me corresponde.
—Es más que suficiente y sobra. – Sonrió. – Nos es cierto niños. – Los acaricio.
Antonella:Las cosas que me ha contado ese hombre han sido terribles, pero ahora comprendo las razones que tiene Giancarlo para sentirse así, Giovanni estaba tan sorprendido como yo, y yo, simplemente Sali de allí tan rápido como pude, no he logrado comunicarme con Giancarlo, tiene su celular apagado, seguramente esta demasiado ocupado con sus pendientes, y quizás es mejor que no le cuente nada de lo que he averiguado, aunque admito que me duele que me oculte una cosa así, realmente, no se ni que debo pensar al respecto, han pasado solo unas horas desde que me entere de la verdad y no se como debo sentirme o como debo reaccionar al respecto.Giancarlo:Me siento hecho una furia, tan es así que realmente no puedo ni me quiero controlar. Se demasiado bien de que se trata todo este repentino interés después de tantos años, y esos regalos supuestamente desinteres
Giancarlo:Antonella esta rara, es como si me escondiera algo y si intento preguntar me advierte que no está para interrogatorios. Lo único bueno de hoy que fuimos donde Michael para que nos diga que todo está bien y que en unos días los sentiremos. Porque lo del sexo de los gemelos vamos a dejarlo como para nuestro aniversario de relación, es decir al día siguiente de la vendimia, ella lo decidió sin consultarme, pero mejor no la contradije porque me vio con mirada asesina si protestaba.Al final me pidió quedarse en casa de su madre porque deseaba ponerse al día con ella tal vez hasta ir de compras. Me ha dejado de lado. Aprovechare para hacer una visita pendiente, una que espero que me de la paz que estoy buscando.Antonella:Hace tiempo que no venía a la casa de los Spencer, la última vez fue cuando Alondra me hizo queda
Hola mis lectores, quiero pedir una disculpa si no he subido actualizaciones, e estado ocupada con cuestiones familiares, a partir del lunes retomo la actualizacion para el final de esta hermosa historia, gracias por su paciencia. Espero puedan comprender que la situacion se fue de mis manos y por ello les ofreco una disculpa. Espero sus comentarios y esperen tambien una nueva historia que pronto estara disponible en la aplicacion, se que han preguntado pro las actualizaciones pero hasta hoy tuve tiempo de avisar, nuevamente espero comprension y amor, de verdad una gran disculpa por las molestias que esto genero, no era mi intencion fallarles. Yubel.
Adam:Antonella sale más temprano de lo habitual y también al irse, siempre se va antes que llegue Giancarlo. Estoy segura que ese par a discutido por algo lo peor es que ninguno de los dos se abre. Antes ella lo hacia pero desde lo sucedido con Teodora le cuesta confiar, no hay necesidad que lo diga sus acciones lo muestran. Tal vez ya no esta tan contenta aquí y quiere irse, después de aquello quien no. Todos conocíamos la historia entre Giancarlo y Teodora, ninguno fue digno de advertirle.—Chau Adam, te veo mañana. – Se despide igual que todos los días.—Antonella ¿Podemos hablar un momento? – Le pregunto.Duda un momento: Está bien.—Acompáñame al otro salón. – Le indico, no es bueno discutir esto en público.—¿Qu&ea
Antonella: Desde la operación Giancarlo a estado serio y extremadamente sobreprotector. No entiendo el motivo, mi madre dice que es por el embarazo sin embargo antes no estuvo así, sin olvidar esos obsequios que llegan a los bebes. Quiero reclamarles a los de la tienda y exigir saber quien los envía porque puede ser algún loco, Giancarlo no deja. Según él porque son tonterías sin importancia, lo peor es que sospecho que conoce al misterioso remitente. Supongo que no tendría que preocuparme pero me es molesto. Lo que ha sido más difícil en este tiempo es tener quieto a Giancarlo, es peor que niño chiquito. Desde la operación si no esta a mi lado saca loco a Adam para ver las cosechas. Al menos ya tomo de nuevo el interés en el trabajo porque Adam me conto que desde que me fui su único plan era como comunicarse conmigo y solucionar todo, después cuando se entero que iba a ser padre se leyó todos los libros sobre paternidad, cuidados en el
Giancarlo:Despierto y lo primero que busco con la mirada es a Antonella o a Adam.—Hasta que por fin despiertas. – Escucho una voz indeseable.—¿Qué haces aquí?— Mi tono es molesto.—No deberías alterarte luego de una operación, es riesgoso. – Por desgracia tiene razón.—¿Qué quieres? Hasta donde recuerdo usted y yo no tenemos ningún parentesco. – Le contesto.—Negar lo innegable. Mírate, eres igual a mi. – Me dice.Me rio: Yo no le quite su herencia a nadie, ni abandone a una mujer embarazada y menos a mi hijo. Tampoco soy un golpeador.—El enojo se ve en su rostro.—Son situaciones que ameritaron dichas acciones. – Se justifica.—No me interesa







