تسجيل الدخولEn la Agencia me explicaron:—Detectamos que estos dos aprovecharon la compra del íncubo por internet para engañarla. Usted no sabía que también había adquirido un demonio. Por eso podemos actuar en su nombre y eliminar a esta criatura malintencionada.Al ver a Lucifer al borde de la muerte, estallé de rabia.—¿Malintencionada? ¿Ahora resulta que defender a una muchacha es actuar con malas intenciones? ¿Por qué iniciaron el procedimiento sin comprobar primero si tenía un ama o un pacto pendiente de registro?Si yo no hubiera llegado a tiempo, primero habrían eliminado a Lucifer y solo después me habrían informado.Como mi reacción no coincidía con lo que esperaban, intentaron justificarse:—Señora, usted selló un pacto con Lucifer, pero aún no lo ha registrado.—Sus normas conceden un periodo de evaluación antes del registro definitivo, y el nuestro todavía no ha vencido —repliqué—. Ya terminé de evaluarlo y he decidido ratificar el pacto. ¡Quiero registrarlo ahora mismo!El personal s
Lo miré, atónita.—¿Entonces ustedes estaban detrás de la tienda? ¿La compra por internet era una trampa para que aceptara a los dos y sellara un pacto con cada uno?Cuando algo parecía demasiado bueno para ser verdad, siempre escondía una trampa. Todo aquello era una locura.Ángel asintió.—La tienda solo fue una forma de llegar hasta ti. Los pactos se sellaron cuando aceptaste nuestras colas, pero te ocultamos deliberadamente la verdadera identidad de Lucifer. Como íncubo, necesito alimentarme y, por eso, debía pactar con una persona. Lucifer es un demonio y, al llegar a la edad adulta, necesitaba a un humano que lo mantuviera bajo control. Por eso inventé la promoción de dos por uno. Perdóname, ama. Te engañamos. También fui yo quien cerró la tienda después de que sellamos los pactos. No podía dejarla abierta y correr el riesgo de que la Agencia rastreara el anuncio hasta Lucifer.Su tono era humilde y suplicante.—He hecho todo lo posible por educar bien a Lucifer. Tiene muy mal ca
Ángel y Lucifer intercambiaron una mirada rápida. Ambos parecieron incómodos, aunque yo estaba demasiado cansada para darle importancia.Lucifer carraspeó, apartó a Ángel, ocupó su lugar para darme el masaje y cambió de tema:—Mientras nos mantengas satisfechos, podemos negociar lo que sea.Ya no se atrevía a mostrar aquel mal carácter. El hambre le había enseñado a comportarse.Al principio, Lucifer había dejado claro que detestaba tener que someterse a una humana para alimentarse y que consideraba humillante haber sido comprado para recibir órdenes. Pero, después de experimentar aquel placer, se había vuelto insaciable.Por lo menos sabía distinguir entre una recompensa y un castigo.***Después de aclarar el malentendido, la actitud de Lucifer mejoró bastante, aunque aún tenía sus rarezas.Cuando me veía cariñosa con Ángel, se volvía sarcástico y desagradable. Era demasiado celoso y posesivo.Ni siquiera el hecho de que Ángel fuera su propio hermano calmaba sus celos.Sin embargo, b
Lucifer se había desmayado de hambre, así que le pedí a Ángel que lo llevara a mi habitación.Contemplé a Lucifer tendido en la cama. Por su trabajo en el gimnasio, hacía mucho ejercicio y necesitaba alimentarse más. Ya era sorprendente que hubiera aguantado hasta ese momento.Respiré hondo, me di una ducha rápida, me quité la ropa y lo "alimenté".Después de alimentarse un poco y recuperar algo de energía, Lucifer despertó. Al verse completamente desnudo sobre mi cama, abrió los ojos de par en par, alarmado.—¡Ama, tú…!Fingí serenidad.—¿No tenías hambre?Alzó la barbilla con terquedad.—¡No tengo hambre!Incluso en ese momento seguía negándolo.Molesta, le di una patada para apartarlo y me volví para bajar de la cama.—Como quieras. Si no quieres comer, no comas.Un segundo antes estaba enfurruñado; al siguiente, aquella patada pareció excitarlo. Se abalanzó sobre mí como un lobo hambriento y comenzó a devorarme a besos.Durante una pausa, salí a beber agua. En la cocina encontré a
De todos mis primos de mi edad, Alma era con quien mejor me llevaba, así que no intentó ocultarme nada.—Me compré uno poco después de terminar con mi novio. Están muy de moda; seguro que has oído hablar de ellos, ¿verdad?Asentí antes de preguntar:—¿Fue el íncubo el que te quitó el acné? ¿También sirven para regular las hormonas?Ella se inclinó hacia mi oído y susurró:—Claro. Te lo digo en serio: ¡un íncubo te deja como nueva! Con tal de que lo alimentes bien, hará todo lo que le pidas. ¡La experiencia es increíble!Como no reaccioné, ella continuó:—Olvídalo. Cuando tengas uno, entenderás lo bien que me ha ido.Ya que ella había sido sincera, yo también le dije la verdad:—Sí tengo un íncubo.En realidad, tenía dos.Alma me lanzó una mirada cómplice, como si por fin hubiera encontrado a alguien que la entendiera.—¡Sabía que las dos éramos igual de calenturientas!Me quedé sin palabras. Yo solo había comprado un íncubo para pasar un invierno más cómodo. Aquello no tenía nada que v
Ángel entró con un vaso de leche para mí. Al verme desanimada, preguntó con preocupación:—¿Qué ocurre, ama?—La tienda en línea donde los compré cerró.Una emoción indescifrable se reflejó en sus ojos, pero no le di importancia.—Tal vez vendieron todos los íncubos y cerraron temporalmente.No me quedaba más remedio que consolarme con esa explicación.Cerré la pestaña y empecé a revisar otras tiendas de íncubos. Cada una vendía modelos distintos, pero todos pertenecían a la misma especie, así que sus manuales no debían de ser muy diferentes. Sin embargo, las páginas solo permitían descargarlos mediante un código de compra.Mientras intentaba encontrar algún manual completo y confiable, Ángel se arrodilló de repente.—Si estás enojada, puedes golpearme, ama.Bajó la cabeza dócilmente, dispuesto a soportar cualquier castigo.—Lucifer y yo somos gemelos. Él es el menor de los dos. Si te hizo enojar, yo también tengo parte de la culpa.Ángel siempre era obediente, atento y educado. Además