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Capítulo 4 Un año

Author: Juccy
last update publish date: 2026-09-21 16:45:39

Valentina arrojó la carpeta negra sobre la mesa, provocando un estruendoso golpe que resonó en el lugar. Sus manos temblaban violentamente y su pecho subía y bajaba impulsado por una rabia ardiente.

—Te pasaste de la raya, Alexandro —susurró Valentina, con la voz impregnada de una profunda decepción—. Prefiero perder la empresa de mi madre antes que venderme a ti.

Sin esperar respuesta, Valentina dio media vuelta y caminó con pasos firmes para salir del salón VIP de The Grand Pavilion. Alexandro no la detuvo, ni tampoco la llamó por su nombre. El hombre simplemente permaneció en silencio, observando su espalda alejarse con una mirada indescifrable.

Esa noche, Valentina tidak pegó el ojo ni un solo segundo. Durante lo que restaba de la madrugada y hasta el amanecer, intentó contactar a decenas de socios comerciales de su difunta madre, acudió a sucursales bancarias e incluso intentó hipotecar las escrituras de su casa particular. Sin embargo, el resultado fue nulo.

—Lo siento, señorita Morales —dijo el gerente del banco a quien visitó muy temprano por la mañana—. Nuestro sistema detecta un bloqueo de activos e indicios de problemas legales en su cuenta. Sus accesos financieros han sido suspendidos por solicitud de la nueva administración.

Valentina se congeló en la silla de atención al cliente.

—¿Bloqueados? ¡Pero esa es mi cuenta personal, no la de la empresa!

—El nuevo director de Morales Nusa Group, el señor Nicolas, presentó documentos con una cláusula de garantía a su nombre —respondió el gerente con tono apenado.

Nicolas. Ese infeliz se había encargado de cerrarle todas las puertas. Nicolas se aprovechó de las credenciales de acceso al sistema que Valentina le había otorgado en el pasado, cuando aún estaban comprometidos, para hackear y congelar toda su liquidez personal.

El teléfono en la mano de Valentina vibró con fuerza. El nombre de Elena aparecía en la pantalla. Con la mano helada, Valentina deslizó el botón verde.

—¿Ya te cansaste de dar vueltas, Valentina? —la voz de Elena sonaba fresca y victoriosa al otro lado de la línea—. A las diez en punto, el notario procesará al comprador extranjero para la fábrica principal de tu madre. Si no puedes entregar treinta mil millones en efectivo antes de las diez, vete olvidando de ese terreno.

Clic. La llamada se cortó de forma arbitraria.

Valentina consultó el reloj en su muñeca. Eran las ocho y media de la mañana. Solo le quedaban noventa minutos. Las esperanzas, el orgullo y sus defensas quedaron hechos trizas. El mundo parecía acorralarla deliberadamente en un punto donde ya no tenía escapatoria.

Una hora más tarde, Valentina se encontraba de pie frente a las imponentes puertas de cristal de la oficina del CEO de Castillo Group, en el último piso de un rascacielos en el centro de la ciudad.

La secretaria de Alexandro intentó detenerla, pero Valentina irrumpió en el lugar sin importarle el protocolo.

En el interior de la oficina, de un diseño minimalista y lujoso, Alexandro permanecía junto al gran ventanal disfrutando de un café negro. El hombre no mostró el menor atisbo de sorpresa al ver la figura deshecha de Valentina, con los ojos hinchados por el llanto y el aliento agitado. Parecía como si supiera con certeza que ella terminaría regresando.

—Tú hiciste esto, ¿verdad? —lo acusó Valentina de inmediato, con la voz ronca—. ¿Te aliaste con Nicolas para bloquear mi cuenta?

Alexandro colocó la taza de café sobre el plato de porcelana sin hacer el menor ruido. Se giró lentamente, contemplándola con frialdad.

—No soy tan ruin, Valentina. Tu exprometido fue demasiado astuto al sacarle provecho a tu ingenuitad del pasado.

Valentina cerró los ojos con fuerza. Las lágrimas de agotamiento finalmente se le escaparon.

—Por favor... salva la empresa de mi madre, Alexandro.

—Ya conoces mi condición —respondió Alexandro con brevedad, sin pizca de compasión.

Valentina caminó hacia el escritorio de teca de Alexandro. Allí reposaba ordenada la carpeta negra que la noche anterior había arrojado con desprecio, lista para ser firmada. Sintió un nudo opresivo en el pecho. Firmar ese documento significaba entregarle lo que le quedaba de libertad al hombre que una vez le rompió el corazón.

—Un año... —susurró Valentina, mirándolo con los ojos empañados por el dolor—. Después de un año, me dejarás libre. Y me prometerás no volver a interferir en los negocios de mi madre.

Alexandro dio un paso al frente. Sus pisadas firmes redujeron la distancia entre ambos hasta quedar justo al otro lado del escritorio. Tomó un bolígrafo con detalles dorados y se lo extendió.

A Valentina le tembló la mano al recibirlo. Con el último aliento de valor que le quedaba, estampó su firma en la última hoja del acuerdo.

Alexandro recuperó la carpeta, examinó la firma por un instante y la cerró con un movimiento contundente.

—Este matrimonio será únicamente en papel —Alexandro la miró fijamente a los ojos, con una voz grave y cargada de una firmeza lapidaria—. Un año, sin prensa de por medio y sin sentimientos. Firma los anexos de una vez o abandona mi oficina.

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