LOGINLa expresión de terror en el rostro de Liliana llamó la atención de toda la familia Chaves.Leonardo y Sofía se acercaron a ella al mismo tiempo.Sofía preguntó, desconcertada:—Liliana, ¿qué pasa? ¿Qué estás mirando?Al ver a las dos personas de la fotografía, Sofía también abrió los ojos de par en par. Señaló la imagen con un dedo tembloroso.—¿Qué, qué es esto?Leonardo le arrebató la foto de las manos. Su rostro también reflejaba una profunda conmoción. Miró con indignación a Rocío, que seguía sosteniendo la maleta con expresión inocente, y le exigió una explicación.—¿Cómo es que tienes una foto con Eduardo? ¿Ya lo conocías de antes?Rocío dejó la maleta en el suelo y adoptó una expresión asustada y desamparada. Balbuceó:—Este...—¿Qué? ¡Habla de una vez!Liliana estalló de repente, lanzando un grito furioso.Rocío se encogió del susto y enseguida se apresuró a explicarse, fingiendo inocencia.—Liliana, Señora Chaves, no me malinterpreten. Déjenme explicarlo. Esta foto es de cuan
"¿No hay ninguno?", pensó ella por dentro.Liliana sintió que se le encogía el corazón. ¿Cómo era posible que no hubiera ninguno?Estaba completamente segura de que en su casa había un colgante de jade exactamente igual. Incluso lo había tenido en las manos y lo había admirado durante un buen rato.¡Eso era! ¡Hasta había publicado una foto en sus redes sociales!En cuanto lo recordó, buscó entre sus publicaciones antiguas y fue retrocediendo hasta llegar a las de hacía cinco años. Finalmente, encontró la foto que había tomado entonces.La comparó detenidamente con la imagen del colgante de Rocío. Eran idénticos.La cabeza de Liliana se convirtió en un caos. ¿Cómo era posible que Rocío le hubiera regalado a su madre un colgante exactamente igual al que había en su casa?Ahora que Rocío vivía allí, ¿acaso lo había sacado de su casa sin permiso?No, era imposible. ¿Cómo iba Rocío a robar algo de su casa?Pero, si no lo había robado, ¿de dónde lo había sacado? ¿Lo había comprado en alguna
Dentro del estuche de madera de sándalo, sobre un forro de terciopelo dorado, descansaba un colgante de jade blanco de la más alta calidad, conocido por su forma circular y su significado de protección y buena fortuna.Estaba tallado en jade, seleccionado cuidadosamente por su calidad excepcional. Su superficie, suave y translúcida, tenía la blancura cremosa de la grasa de cordero y un delicado brillo natural. No presentaba manchas ni vetas.Tanto el borde interior como el exterior estaban pulidos a la perfección, con curvas suaves y redondeadas. No tenía ningún grabado ni adorno. Su belleza residía precisamente en su sencillez.Rocío captó con claridad la expresión de desconcierto de Liliana, pero no dejó traslucir nada y sonrió mientras explicaba:—Señora Chaves, escogí este regalo con mucho cuidado. Este colgante de jade mantiene una temperatura agradable tanto en invierno como en verano. Además, llevarlo puesto durante mucho tiempo ayuda a prevenir enfermedades y favorece la longev
Liliana fue directamente hasta el sofá y clavó la mirada en Cecilia, que permanecía sentada como si nada. Con una sonrisa burlona, le soltó:—He visto a muchas descaradas, pero tú te llevas el premio. ¡Vas a tener un bebé de tu marido con otra mujer y todavía tienes el descaro de salir por ahí como si nada! Si yo estuviera en tu lugar, me ahorcaría de la vergüenza.—¿Ah, sí? Pues cuando te veas en una situación como la mía, mejor hazte un favor y desaparece de una vez. Así al menos no tendrás que soportar las burlas de todo el mundo.Liliana soltó una carcajada.—¿Yo? ¿Te crees que soy tan desgraciada como tú? Tu esposo te engaña a tus espaldas. Por lo visto, ya te resignaste a compartirlo con Rocío, pero, cuando ella tenga un hijo varón, se convertirá en la esposa principal y tú tendrás que conformarte con un lugar secundario.Cecilia asintió.—La repartición te quedó muy bien, bastante razonable. Estoy totalmente de acuerdo, pero, Liliana, te daré un consejo. Hoy estás arriba y mañan
Cecilia lo miró con serenidad y esbozó una sonrisa despreocupada.—Sí. Después de caer desde semejante altura, es normal que tarde en recuperarme.Leonardo se apresuró a atenderla. Se agachó lentamente frente a ella y comenzó a masajearle las piernas.La escena le recordó de inmediato lo ocurrido la noche de la Fiesta. Después de que Rocío y Eduardo se entregaran a la pasión, Leonardo, sin sospechar nada, se había escondido debajo de la mesa para masajearle las piernas de la misma manera.La historia siempre encontraba la forma de repetirse.Una sonrisa burlona se dibujó en los labios de Cecilia.Al ver que parecía estar de buen humor, Leonardo aprovechó la ocasión para decirle:—Cecilia, ¿por qué no te quedas esta vez? Esta también es tu casa. Si sigues viviendo fuera, la gente empezará a hablar. Todavía no te has recuperado del todo. Si te quedas aquí, buscaré un médico para que te cuide como es debido, además, procuraré pasar más tiempo contigo. Antes estaba demasiado ocupado con el
Mientras hablaba, Gloria ya había entrado en la habitación.Al ver a Cecilia arreglando la cama, se acercó a ella con una sonrisa radiante.—Cecilia, anoche debiste de acabar agotada cuidando de Sebastián, ¿verdad? No hace falta que me digas nada, lo entiendo. ¡Es de lo más difícil de atender!Aunque sabía perfectamente que Gloria no lo decía con esa intención, Cecilia se sintió inexplicablemente culpable y nerviosa.Sebastián entró detrás de ella y la reprendió en tono severo:—Te pedí que compraras unas cuantas cosas. ¿Fuiste a comprarlas a la Luna o qué? ¡Hasta ahora vienes a entregarlas!Gloria soltó una risita.—¿Y qué querías? Ayer llovía a cántaros. Además, Cecilia vive a menos de cien metros de tu casa. Si necesita algo, ¿no puede ir a buscarlo ella misma?—Me parece que ya no quieres seguir trabajando como mi asistente.—¡No, Sebastián! Si me despides por Cecilia, ¿no estarías intentando destruir la amistad entre nosotras?Gloria siguió bromeando para salir del paso, pero de r







