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Cuando morí, todos festejaron
Cuando morí, todos festejaron
Ariana del Sol

Capítulo 1

Ariana del Sol
Estaba sentada en la lujosa sala de la mansión, observando aquellos rostros tan familiares frente a mí. Por un instante, la cegadora luz blanca del quirófano todavía parecía parpadear ante mis ojos.

—Renata, solo firma el acuerdo de divorcio.

Mi madre, tenía los ojos llenos de lágrimas.

—¡Es el último deseo de Julieta!

Sentada frente a mí, sostenía con cariño la mano de Julieta mientras me miraba como si yo fuera una criminal imperdonable. Mi padre, Esteban Castellanos, estaba de pie junto a la ventana, con el rostro serio.

—Cuando apareciste de repente, le quitaste a Leo a Julieta y provocaste que ella cayera en depresión. Por eso estás en deuda con ella. Ahora que le queda tan poco tiempo de vida… ¿ni siquiera puedes concederle este último deseo?

Acaricié mi vientre ya abultado y miré a Leo Velasco, mi esposo, que estaba sentado frente a mí.

—¿Tú también quieres divorciarte de mí… para casarte con Julieta?

Leo se llevó las manos a la sien, mostrando algo de cansancio.

—Renata, Julieta está muy enferma. Ella y yo crecimos juntos; en realidad, debimos haber terminado juntos desde el principio. Si no hubieras aparecido tú de repente…

—¡No sigan presionando a mi hermana! —Julieta lo interrumpió entre sollozos—. Sé que no merezco estar con Leo… nunca podré compararme con ella…

Llorando de manera desgarradora, Julieta se arrojó al pecho de Leo, y vi cómo él la abrazaba por la cintura casi por instinto.

—Aunque mamá y papá me han criado desde pequeña y crecí junto a Leo, al final, yo no soy su verdadera hija…

—Julieta, no digas eso. Para nosotros, siempre serás nuestra hija.

Mi madre, con el corazón hecho pedazos al verla así, le secó las lágrimas y, con ternura acarició su cabello. Pero cuando giró a verme, toda esa ternura desapareció, reemplazada por furia.

—¡Renata! ¡Desde el comienzo, tú no eras parte de esta familia! ¡Y aun así no quieres cumplir el último deseo de tu hermana! ¡Eres una malagradecida!

—Renata, todo esto es por el bien de Julieta —a mí lado, la voz de mi padre sonó amenazante—. No seas tan egoísta.

Leo se inclinó y susurró con dulzura al oído de Julieta:

—Julieta, confía en mí. Voy a casarme contigo como te lo mereces.

Luego levantó la mirada hacia mí, llena de rabia.

—Renata, Julieta es tu hermana. ¿Dónde quedó la Renata bondadosa que yo conocía? Además ni siquiera vamos a ser un matrimonio de verdad. Solo queremos cumplirle su último deseo… ¿ni eso puedes hacer?

Bajé la mirada hacia el acuerdo de divorcio en mis manos. Los dedos con los que sujetaba el papel temblaban ligeramente. No importaba si era en mi vida pasada o en esta, Leo, mis padres y todos, sin excepción, siempre habían elegido a Julieta. Años atrás, por un error de una enfermera, Julieta y yo fuimos intercambiadas al nacer. Solo hace un año, que ellos descubrieron la verdad y me trajeron de vuelta. Yo creí que por fin tendría un hogar y tendría una familia que me amara.

Pero después de regresar… lo único que recibí fue rechazo y frialdad. Mi propia familia me culpaba de haberle quitado el novio a Julieta. Y también de haberle robado el cariño que, según ellos, le pertenecía. ¡Pero fueron ellos quienes me buscaron por cielo y tierra para traerme de regreso! ¡Y fue Leo quien me persiguió sin descanso hasta convencerme de casarme con él!
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