LOGINHelena salió del hospital aferrando su bolso, aunque no sabía si se estaba sosteniendo a él o si simplemente lo estaba utilizando para ocultar su barriga, y es que de pronto sentía que estaba expuesta ante el mundo entero, y eso era algo ridículo.Mientras tanto, el custodio gracias a una seña del chofer, le envió un mensaje a Marcus.“Tenemos a la señora, no se ve bien, estamos de camino a la mansión.”Fue lo único que escribió, sabiendo que no tendría respuesta de Marcus, aun así agradecía que Helena aún en el estado en que se encontraba, les hubiese dado tal indicación, y es que en verdad Helena se notaba pálida, y sus ojos guardaban cierta humedad que no alcanzaban a ser lágrimas, pero definitivamente era la mirada de alguien que no se encontraba bien.Mientras tanto, Helena fue mucho más consciente de su ser al sentarse dentro del vehículo, de pronto pasó de rechazar cualquier tipo de idea o plan a futuro de tener a ese niño, a aferrarse de forma inconsciente a él, porque quizás
Apenas Joaco y Amy quedaron solos, aún en la habitación del hospital, Joaco simplemente no pudo contenerse, e increpó a su prometida.—¿Por qué la ayudas?Preguntó sin rodeo, aunque no con rudeza, y es que en verdad Joaco se desvivía por Amy, no recordaba cuándo se había enamorado de ella, sólo sabía que la amaba con todo su corazón.—Lo mismo podría decirte a ti, y no vengas con que mi vida vale más que el favor de permitir que el médico la revisara sin dejar expediente alguno, no soy tonta Joaco y lo sabes.—Claro que no eres tonta, y si la ayudé fue por ti, tenías un rostro… tan sufrido, que sentí que, si esa mujer se realizaba un aborto, te afectaría más de lo que debería.—Puede que sea así no lo sé.—¿A qué te refieres?Amy suspiró, aún sentada en la cama del hospital.—Me dio pena, sentí que ella en verdad no quería deshacerse de ese bebé, cuando tomé su mano la sentí temblar, ella no tiene la misma mirada que Dakota.Joaco abrazo a la joven, y es que en verdad la conocía desde
Hasta que, por fin, cerca del mediodía, su teléfono volvió a sonar y Marcus contestó de inmediato.—Dime.No dijo “hola”, no dijo “qué pasa”, no perdió tiempo en formalidades, él solo quería saber.—Señor Marcus —dijo el chofer, ahora con un tono mucho más tenso—. Joaco Bach acaba de ingresar en la habitación.Marcus se quedó inmóvil y no por la entrada de Joaco en sí, sino por lo que venía después.—Por lo que pudimos averiguar —continuó el chofer—, la mujer que ayudó la señora Jackson es Amy Moore. La prometida del señor Bach.Durante un segundo, Marcus no dijo nada, aunque por dentro, miles de escenarios empezaron a desplegarse con una rapidez brutal.Maldición.La palabra le golpeó por dentro como un golpe seco, casi haciendo eco.Porque si la joven desmayada era Amy Moore, entonces la situación dejaba de ser un simple acto de ayuda, y pasaba a ser otra cosa. Algo mucho más delicado. Algo capaz de ser interpretado de mil maneras distintas. Y, en el mundo en el que vivían, las inte
El chofer tenía la orden de Marcus de llevar a la señora Helena Jackson a donde ella deseara. Esa era la ley, en pocas palabras, porque cuando Marcus daba una instrucción, nadie dentro del clan tenía margen para discutirla. Sin embargo, obedecer no implicaba lealtad absoluta, y mucho menos implicaba hermetismo. El chofer cumplía con lo que Helena pedía, sí. El custodio también. Pero ninguno de los dos estaba unido a Helena por algo más profundo que la obligación. No había sangre, no había apego, no había esa clase de fidelidad ciega que Marcus exigía de los suyos cuando ponía algo en sus manos.Y eso hizo que, apenas Helena fue ingresada en la habitación del hospital, el chofer decidiera hacer lo que consideró más prudente: contactar a Marcus.La llamada entró de inmediato en el teléfono del jefe.Marcus miró la pantalla y frunció apenas el ceño al ver el número de su empleado. Contestó sin perder un segundo.—¿Sucede algo?Su voz fue seca, directa, con esa frialdad práctica que usaba
Helena sentía la presión sobre ella, no la de una multitud esperando una gran revelación, sólo eran los ojos de Joaco, y esa aura que poseía cada uno de los Bach, aunque por supuesto, Helena no conocía en persona a ninguno, aun así era tanto de lo que se hablaba de aquella familia, que Helena ahora podía decir sin temor a equivocarse, que todo aquellos rumores eran ciertos.—Por favor, Joaco, no comprendo por qué siempre tienes que actuar así, Dios, deberías de agradecerle que no me dejó simplemente tirada a merced de los periodistas.Amy no era tonta, Amy era muy consciente de lo que sucedía, al menos ahora, cuando el nombre de Ethan había sido mencionado tan abiertamente, y, aun así, la mujer que estaba frente a ella no se parecía en nada a ese hombre, podían ser hermanos, seguro, compartir un apellido, obviamente, pero no por eso significaba que eran el mismo tipo de basura, porque definitivamente ella no era la misma basura que Dakota.—Tengo miedo.Helena casi murmuró aquella fra
Helena disfrutó del tiempo en el que Amy fue atendida, allí tras la cortina Helena no solo no pudo observar qué era lo que pasaba con aquella rubia, sino que simplemente se embotelló en sí misma.Había tomado una decisión desde hacía tiempo, desde siempre, desde el momento en que había decidido cambiar a su prometido por el esposo de otra mujer, no tendría hijos, en parte para salvar a esos niños, pero también para tener su conciencia tranquila.Y es que no se trataba solo de entregarlos a la mafia, era todo lo que aquello conllevaba, por supuesto que su madre Clara era como muchas tantas otras mujeres de la mafia, pasaban sus días en club de campo, comprando joyas, vestidos, todas aquellas cosas mundanas que las pudiera hacer olvidar que sus hijos corrían peligro.Helena siempre había pensado que su madre tenía nervios de acero, sin embargo, la noche en la que informaron que Ethan había sido asesinado, no sólo ella se derrumbó, su madre Clara por supuesto que también lo hizo.Helena







