LOGINVictor miró cómo le giraban los engranajes en la cabeza mientras le apaleaba brutalmente el coño glorioso y hambriento. Ella no se quedó quieta. Las caderas se le alzaban para cada embestida condenatoria mientras se atragantaba de aire bajo su mano.El agarre en su garganta se apretó hasta que manchas negras le bailaron en los bordes de la visión.Él le chupó la mejilla salada y susurró con voz ronca: «Tendrás suerte si no te mueres en mi polla de lo a menudo que te voy a follar, niña.»Sin compromiso. Una respuesta empapada de dominio y misoginia.Ella casi se desmayó de todos modos, joder, puta básica en la que él la había convertido.Si hubiera podido tragar saliva, lo habría hecho. Oía su propio latido en los oídos, sentía el pulso de su polla dentro cada vez que él llegaba al fondo.Los sentidos le ardían de necesidad. Estupidez. Valentía que solo podía traer una buena pollada.Abrió la boca para pedir más. Su coraz
Luego se levantó otra vez, empeñado en follarse esas tetas un poco más antes de poder soportar ya el tormento de verla follarse a sí misma.«Joder, están tan grandes y tiesas como papi las recuerda», gimió, cuando volvió a empuñar la carne blanda que amaba.Perdiendo la paciencia con su polla cachonda, se empujó de un lado a otro entre sus tetas y golpeó entre ellas con embestidas cortas y brutales.«Joder, sí», suspiró pesado, mientras ella chillaba debajo de él por la sobreestimulación.Su dedo follándola. La polla de papi clavándose en sus tetas mientras se las empuñaba dolorosamente fuerte. Los alaridos de Wren ya ni siquiera eran palabras, tanto le encantaba.Solo sus gemidos guturales y los gruñidos de él sonaban más alto que el ruido de la piel golpeando con una agresividad dura.«Joder, niña, son perfectas, pero no basta. Ven aquí. Papi necesita coño», dijo, la voz ronca de necesidad.Se salió de entre
Se acabaron los suspiros y la contención. Solo hambre desesperada y voraz mientras se manoseaban y se comían la boca como adolescentes. Victor se apartó lo justo para mirarla. Algo casi desvalido se sentaba en su expresión junto a la posesividad. Una vulnerabilidad que Wren no había conocido nunca, pero que quería poseer. «Eres tan jodidamente guapa», dijo con un suspiro pesado. «Podría follarme a quien quisiera, ¿sabes?, pero mi polla solo suplica por ti. Le darás a mi polla lo que ansía, ¿verdad, niña?» dijo con voz ronca, la pregunta retórica. «Sí, papi», ronroneó de todos modos, abrazándolo mientras él le dejaba besos apresurados en el cuello, dejando un rastro de fuego a su paso. Le manoseó las tetas con ansia, le restregó la mejilla contra la suya y le dijo: «Papi se va a follar estas tetas y luego ese coño travieso. La polla de papi está dura y frustrada. Es hora de follar, ¿verdad, niña?»
La infidelidad. Las noches tardías fuera de casa. Todo ese coño joven. Su mujer merecía algo mejor. «Perdón, ¿vale? Solo déjame ir. Lo haré mejor», forzó Orin, apenas consciente, pero lo bastante aterrado de lo que venía como para seguir hablando. Seguir suplicando. No fuera a ser que no volviera a ver a su mujer y a sus hijos. «Lo siento, Orin. Tocaste mi coño. Simplemente no puedo dejarlo pasar», dijo Victor con frialdad, casi con burla, mientras apartaba a Orin de un empujón y se centraba en su premio. Wren gimió tan fuerte mientras un placer insuperable la sacudía hasta el fondo, que ni siquiera oyó su último intercambio. Los dedos seguían enterrados hondo en su coño cuando Victor se acercó, viendo cómo su cuerpo se revolvía contra sí mismo con tanta fuerza que casi parecía doloroso. «Lo siento, papi», soltó ahogada otra vez cuando él llegó hasta ella. «Estaba sola. No sabía qué más hacer.
«No, papi. Perdón, papi. Lo que quieras», ronroneó, la tensión entre ellos densa mientras empujaba hasta que los nudillos se le apretaron contra el hueso del pubis. «Oh, papi», gritó, las palabras muriéndole en gemidos rotos mientras se retiraba y luego se hundía en el coño con fuerza.La polla de Victor no pudo evitar saltar y levantarse rápido en los pantalones mientras ella se embestía.«No la mires», escupió hacia abajo a un Orin medio inconsciente, volviéndose sobreprotector y posesivo.¿Por qué eso? Había dejado que Kyle mirara mientras le quitaba la virginidad en un aparcamiento, joder. ¿Qué era distinto ahora?«Mía», respondió a su pregunta no dicha, mientras ella echaba la cabeza atrás y montaba un espectáculo para papi.Una humedad fresca le cubrió la mano. A su cuerpo ya no le importaba que un hombre sangrara a un metro. Esa era la parte que más la asustaba. Lo único que quería era complacer a papi.«Tan feliz de verte
«Por favor, para», suplicó con los labios temblorosos, apartando a toda prisa la tela fina de las bragas a un lado. «Mira, papi, yo, me meteré los dedos por ti.»La tela ya estaba empapada de sus jugos y de la corrida de antes. No se atrevía a bajarse las bragas por las piernas. No con Orin en la misma habitación.El arrepentimiento y la vergüenza llamaron a la puerta. Por primera vez, de verdad se sintió como una zorra por dejar que Orin la tocara y fue horrible. Enseñar el coño del todo delante de Orin se sentía como una humillación de más.«Quítate las bragas», cortó Victor sus pensamientos, casi como si pudiera oírlos, mientras su puño ensangrentado flotaba sobre la cara hinchada de Orin.«Por favor, haz lo que dice. Por favor», suplicó Orin, llorando, medio arrodillado, intentando desesperadamente protegerse el cuerpo de más golpes.«¡Cállate la puta boca! Nunca más vuelves a hablarle. Capullo», rugió Victor a Orin, pegándole otra ve







