LOGINTras dos semanas de encierro en la cabaña todos comenzábamos a volvernos un poquito locos. Christian pasaba casi toda la noche despierto haciendo llamadas e investigando, mientras que el ruido despertaba a Antonio y lo hacía pasar el día de mal humor. Sus pesadillas aún lo atormentaban de noche, aunque no eran tan terribles como las de aquel primer día en la cabaña. Yo intentaba mantener la cordura aun cuando escuchaba a uno quejarse del otro a cada oportunidad posible.
- No lo soporto. ¿Sabes que es un maldito egoísta? Siempre se acaba el agua caliente y claro, no puedo decir nada porque es su casa… pero también se toma la última taza de café todos los días…-se quejaba Antonio cuando estábamos solos.
Christian era menos vocal en su desagrado, solo se apresuraba a salir de cualquier habitación donde estuviera Antonio. “Va a ser imposible que se lleven bien” pensé. Eran peor que perros y gatos, con uno gritando y quejándose como niño chiquito y el otro haciendo lo mejor para mantenerse alejado de los demás. Cuando comenzó a escasear la comida ambos estuvieron por fin de acuerdo en algo: que yo debía ir a buscar provisiones a Toluca. Antonio porque a el todos lo daban por muerto, Christian por no llamar la atención… sin importar sus razones yo debía salir.
Claro que agradecía poder salir, aunque fuera por unos minutos, pero me preocupaba lo que pudiera suceder en mi ausencia. Mil distintos escenarios me hicieron dudar en la puerta por un instante, las posibilidades eran infinitas. No tenía forma de controlar lo que pudiera pasar, o siquiera saber a ciencia cierta si esos dos se comportarían como personas decentes.
- Ya, vete. Prometo que cuando regreses los dos seguiremos aquí. -había dicho Antonio, una sonrisa extraña en su rostro.
- Claro, estaremos los dos porque yo no me pienso ir a ningún lado. -murmuró Christian desde la sala, donde fingía leer el periódico de dos semanas atrás.
Una vez en la tienda me apresuré a comprar lo esencial: pan, carne, café, comidas enlatadas…un kit de primeros auxilios. Mi teléfono comenzó a sonar mientras caminaba de regreso, porque por supuesto me negué a tomar un taxi y darle nuestra ubicación a otra persona. El número era desconocido, colgué y seguí caminando. A los dos minutos se repitió la llamada.
- ¿Bueno?-respondí.
- Es Antonio…- dijo la voz de Lucía, sonaba entrecortada, como si estuviera corriendo o con mucha prisa.- Él fue quien traicionó a tu padre y es quien está deshaciéndose de los enemigos del señor Daleman.
- Eso no tiene sentido.
- Claro que lo tiene. ¿Dónde estás? ¿Estás con él? Mi esposo dijo que los vio irse a los tres juntos, pero les perdió el rastro…
- Espera, ¿tú me estabas buscando?
- Desapareciste por dos días enteros después de llamarme histérica, ¿no querías que te buscara?
Tenía un punto, no pude contactarla después de nuestro escape, no tenía razones para asumir que estábamos bien y a salvo.
- Pero Antonio… ¿por qué haría eso? ¿por qué traicionaría a mi padre?
- Dinero, encontré movimiento en su cuenta, no era poco dinero. Además, aparecieron varias propiedades a su nombre. -espero un segundo, yo luchaba por asimilar sus palabras. - Es rico, incluso más que Christian.
- Tengo que irme. -la interrumpí, tenía una extraña sensación en el abdomen. -Ahora.
- ¿Qué pasó?
- Antonio y Christian se quedaron solos.
Corrí el resto del camino, me aferré a las bolsas de las compras como si de mi vida se tratase, hasta tener una marca roja en ambas palmas. Por fuera la cabaña lucía tranquila, nada estaba fuera de lugar. Me acerqué a la puerta, adentro se escuchaban voces. Me concentré para escuchar lo que decían.
- Creíste que ella te amaría, eres tan tonto, Daleman. -se burlaba Antonio, en su voz había una oscuridad que nunca antes había escuchado, un tono capaz de helarme la sangre y dejarme congelada junto a la puerta.-Yo soy el amor de su vida, cuando los vi acercarse supe que debía regresar.
- Todo este tiempo no tuviste la decencia de decirle que estabas vivo, la hiciste sufrir por tu ambición ¿y ahora esperas regresar como si nada hubiera pasado?
- Tampoco se lo dijiste. Sabías que estaba vivo.
- Lo sospechaba, pero nunca lo supe, nunca pude comprobarlo.
- ¿Crees que eso va a importarle? Jamás vas a ganar su confianza, nuestro amor era especial…
- Y aun así la abandonaste. Viuda antes de casarse. -Christian sonaba de verdad enojado, comencé a moverme hacia la ventana más cercana. En mi ausencia habían descorrido las cortinas. Necesitaba ver lo que pasaba. - No la mereces.
- Eso veremos, Daleman.
Me asomé por la ventana, los dos estaban de pie en medio de la sala, Antonio de espaldas a mí y Christian se encontraba recargado contra la pared. Parecía relajado, aunque la tensión en sus hombros evidenciaba sus sentimientos que tanto se esforzaba por ocultar.
- Si quieres díselo, ya veremos a quién le cree.
En ese momento los ojos de Christian se posaron en mí, no había ni un poco de duda en ellos.
- ¿Por qué debería hacerlo? Ella acaba de escucharte. -respondió.
- Estás mintiendo, es todo lo que los Daleman saben hacer.
- Entonces date la vuelta…
Cuando finalmente lo hizo y nuestras miradas se encontraron fue como si el tiempo se detuviera, veía a Antonio y al mismo tiempo se sentía diferente, algo en sus ojos lo hizo parecer un desconocido. Casi al instante corrió hacia la puerta, dejé caer las bolsas de las compras, algo se rompió con un estridente sonido de cristal roto.
-Adriana, no…
-Ahórratelo. - lo interrumpí antes de que comenzara a inventar excusas. - ¿En algún momento me amaste?
-Sí, te amaba con todo el corazón, al mismo tiempo quería salir de ese maldito pueblo y ser alguien en el mundo. -explicó, no dude de su sinceridad. -El señor Daleman me ofreció esa oportunidad.
- Y decidiste tomarla, sin importar quién saliera herido en el proceso.
- Admito que fue un poco egoísta…
- ¡Mi padre está muerto por tu culpa! ¡Me dejaste creer, por años, que tú también habías muerto! ¡Lloré sobre tu tumba, Antonio!
Retrocedió como si lo hubiera golpeado. Nunca habíamos peleado así, nunca nos gritamos y definitivamente nunca nos traicionamos. La vida da giros extraños y crueles, desagradables… Jamás esperé ver a un ser tan amado como un total desconocido. No lo reconocía.
- Adriana…
- Vete. -nuestros ojos se encontraron, no quedaba ni un atisbo de afecto entre ambos. -No quiero volver a verte. Hasta hace unas semanas estabas muerto para mí, puede volver a ser de esa manera.
- Pero Adri…
- No me llames así, para ti soy Rachel Guerra.
Miró a ambos lados antes de contestar.
- De acuerdo, me iré. Solo recuerda que volveré a buscarte, aún quedan varios nombres en mi lista y sí, antes pensaba perdonar tu vida, pero ahora somos como desconocidos. Si debo matarte para lograr lo que quiero, entonces estoy dispuesto a hacerlo.
- Y yo estoy dispuesta a defenderme. Y a vengar la muerte de mi padre. -prometí.
Lo vi alejarse de la cabaña, debía idear un plan y rápido. No me di cuenta de en qué momento caí al suelo, solo sentí el dolor en mis rodillas al impactarse con el piso de madera y los brazos de Christian rodeándome mientras susurraba que todo estaría bien.
Miré el pasillo, las sillas vacías acomodadas a cada lado y el altar al otro lado. Todo estaba listo para la boda, adentro de la cabaña se preparaba la comida para la fiesta y Christian se arreglaba, sería la boda perfecta, de eso no tenía la mejor duda. - ¿Estas lista?- Le pregunté a Luisa, ella esperaba cerca, una bata larga cubría su vestido blanco. Nunca esperé que una noche de copas después de aventarle huevos a la casa de su ex fuera a convertirnos en buenas amigas, o que después de eso él le suplicaría que regresaran o que ella aceptaría gustosa. Mi vida cambió radicalmente mientras esperaba a que Christian saliera del hospital y cuando al fin lo hizo pude estar a su lado durante su recuperación, conciente de que cada instante de su sufrimiento pudo ser evitado si tan solo hubiera confiado un poco más en él. Cuando lo vi salir del hospital, pálido y con una mueca de dolor en sus delgados labios, me prometí que nunca volvería a verlo lastimado por mi causa. - Así es, nunca pe
Decir que me sorprendió ver a mi madre sería restarle importancia al suceso. No la había visto desde el funeral… nuestra última reunión fue hostil y yo decidí no buscarla cuando decidió irse a la ciudad a perseguir su olvidado sueño de ser actriz. Las dos dijimos, más bien gritamos, cosas terribles que probablemente ninguna había olvidado o perdonado, palabras dichas con la única intención de lastimar. Nunca fui muy cercana a ella, mucho menos después de la muerte de mi padre. Su muerte también fue la de nuestra familia como la conocíamos. No había cambiado mucho desde la última vez que la vi, solo lucía más arreglada. Ahora llevaba el cabello rizado y teñido de un color cobrizo. Llevaba un abrigo negro, zapatos de tacón alto, labios pintados de rojo... nunca la había visto lucir tan bien. Una parte de mi ser la odiaba por eso. Quizás nunca podría mirarla tan feliz sin recordar el pasado, cuando le dio la espalda a todos. - ¿Podemos hablar? Hay una cafetería cerca de aq
El momento pareció congelarse, con nosotros tres ahí, en la encrucijada al final del camino. Era el problema final… Sentía mi respiración demasiado fuerte y tanto Christian como Antonio parecían dos gatos a punto de destrozarse con colmillos y garras. Por lo menos Antonio tendría que decidir a quién intentaría matar primero, eso considerando, claro está, que estuviera solo.-Vete, Daleman. - Solo me iré si ella me lo pide. -respondió él con mirada desafiante.- Si quieres que siga con vida… deberías pedirle que se vaya. Ahora. - Advirtió Antonio.- Christian…-comencé a decir, no estaba muy segura de qué palabras usar para decirle lo mucho que lamentaba toda la situación, nunca debí involucrarlo, nunca debí dejarlo sin una explicación, nunca debí enamorarme de él, sin embargo, ahí estábamos, los dos en el claro del bosque donde mi vida se hizo pedazos.- No.- Aún no digo nada…- La respuesta es no. Sé que quieres protegerme de todo esto, pero no lo necesito y yo decidí buscarte y dec
Si pensábamos que tendríamos tiempo para prepararnos antes de tener que confrontar Antonio, estábamos completamente equivocados. No nos permitimos ni una noche de libertad, sabíamos que debíamos aparentar normalidad y tranquilidad mientras en realidad nos encontrábamos planeando una salida a la situación.- Antonio no es tan impulsivo como mi padre, pero no va a desperdiciar el tiempo.- Eso no puedo asegurarlo. - respondí recordando cómo Antonio solía ser conocido por su espontaneidad y por saltar antes de mirar abajo. - Ahora me confunde mucho… siento que en realidad nunca lo conocí.- Debió ser toda una sorpresa para ti. -Christian tomó mis manos entre las suyas, estábamos sentados en la sala de su apartamento.- Solo un poco… digo, sí me sorprendió, pero Lucía me lo advirtió justo a tiempo. Si no, ¿Quién sabe si lo habría creído?- Me gusta pensar que habrías visto la verdad. Quizás no al inicio, pero eventualmente.Miré sus manos, dobladas sobre su regazo. Me sentía tan cobarde,
Al día siguiente Christian me despertó con el sonido de sus pasos de un lado al otro de la casa. Solo caminaba así cuando se sentía increíblemente ansioso. En contadas ocasiones lo había visto tan preocupado, y eso incluía varias reuniones con su padre. Debería levantarme del sillón y buscarlo, ¿cómo llegué al sillón? Lo último que recordaba era caer de rodillas en el suelo de madera, incapaz de contener las lágrimas y dos fuertes brazos rodeándome en un cálido abrazo.Mis sueños estuvieron plagados de una mezcla entre recuerdos del pasado y del día anterior. Veía a Antonio, joven, lleno de sueños recostado a mi lado sobre el césped, antes mirábamos las estrellas con los corazones llenos de esperanza… lo veía en el sótano, con el estómago pesado por la culpa y después nos encontrábamos en aquel claro del bosque, bajo un cielo sin estrellas. El olor a pólvora me asfixiaba. Él me miraba, los ojos vacíos de toda emoción… Despertar fue un verdadero alivio.La conversación con Antonio fue
Tras dos semanas de encierro en la cabaña todos comenzábamos a volvernos un poquito locos. Christian pasaba casi toda la noche despierto haciendo llamadas e investigando, mientras que el ruido despertaba a Antonio y lo hacía pasar el día de mal humor. Sus pesadillas aún lo atormentaban de noche, aunque no eran tan terribles como las de aquel primer día en la cabaña. Yo intentaba mantener la cordura aun cuando escuchaba a uno quejarse del otro a cada oportunidad posible.- No lo soporto. ¿Sabes que es un maldito egoísta? Siempre se acaba el agua caliente y claro, no puedo decir nada porque es su casa… pero también se toma la última taza de café todos los días…-se quejaba Antonio cuando estábamos solos.Christian era menos vocal en su desagrado, solo se apresuraba a salir de cualquier habitación donde estuviera Antonio. “Va a ser imposible que se lleven bien” pensé. Eran peor que perros y gatos, con uno gritando y quejándose como niño chiquito y el otro haciendo lo mejor para manteners







