LOGINEl momento pareció congelarse, con nosotros tres ahí, en la encrucijada al final del camino. Era el problema final… Sentía mi respiración demasiado fuerte y tanto Christian como Antonio parecían dos gatos a punto de destrozarse con colmillos y garras. Por lo menos Antonio tendría que decidir a quién intentaría matar primero, eso considerando, claro está, que estuviera solo.
-Vete, Daleman.
- Solo me iré si ella me lo pide. -respondió él con mirada desafiante.
- Si quieres que siga con vida… deberías pedirle que se vaya. Ahora. - Advirtió Antonio.
- Christian…-comencé a decir, no estaba muy segura de qué palabras usar para decirle lo mucho que lamentaba toda la situación, nunca debí involucrarlo, nunca debí dejarlo sin una explicación, nunca debí enamorarme de él, sin embargo, ahí estábamos, los dos en el claro del bosque donde mi vida se hizo pedazos.
- No.
- Aún no digo nada…
- La respuesta es no. Sé que quieres protegerme de todo esto, pero no lo necesito y yo decidí buscarte y decidí estar a tu lado en este instante.
Lo dijo con tal intensidad que le creí al instante. No se iría, al menos no por voluntad propia y me sentía demasiado cansada como para intentar convencerlo.
- Entonces quieres morir a su lado, eres demasiado caballeroso, Daleman. - se burló Antonio, mientras hablábamos había sacado una pistola y alteraba entre apuntarle a Christian y a mí.
La tensión crecía a cada instante, en el bosque solo se escuchaban nuestras respiraciones agitadas. Un escalofrío recorrió mi cuerpo. Antonio dio un paso en mi dirección, luego otro. Algo me decía que ese sería mi último día de vida y la verdad, no lo había esperado de otra manera. Solo me alegraba tener a Christian a mi lado en ese momento final.
Mi alegría desapareció cuando escuché el primer disparo, en cuestión de instantes Christian se había interpuesto entre Antonio y yo. Vi el dolor en sus ojos y el impulso nos hizo caer a los dos al suelo. Sentí el golpe de mi cabeza contra el suelo, pero era demasiado tarde para evitarlo…
- Christian… ¿Por qué…?
- Shhh, está bien. Debes saber que no me arrepiento de nada. -Vi a Antonio acercarse, el arma levantada para terminar lo que había comenzado. – No podía vivir sabiendo que estabas en peligro…
-No, así no es como terminará nuestra historia. -le aseguré. - Christian no puedes decir cosas así.
- Si este es el final no me molesta. Te amo, Adriana.
- Yo también te amo, Christian… y no puedo dejar que te sacrifiques por mí de esta forma.
Con toda mi fuerza lo empujé al suelo, invirtiendo nuestras posiciones, intenté cubrir todo su cuerpo con el mío. No podía vivir sabiendo que el costo de mi vida fue la suya. Después de todo lo que habíamos vivido y sobrevivido… ese no podía ser el final.
- No, Rach… Adriana…
Escuché dos disparos, demasiado fuertes en el silencio de la noche. Una parte de mi se preguntaba si acaso en el pueblo habían escuchado algo o si de nuevo iban a ignorar lo sucedido. Al mismo tiempo sentí un terrible dolor que parecía irradiar de mi brazo derecho, cerré mis ojos por un instante…
Cuando volví a abrirlos estaba en otro lugar, me rodeaban paredes blancas y el olor a desinfectante que caracteriza a los hospitales. Fuertes luces blancas me impedían ver más.
- ¿Rachel? ¿Estás despierta? -preguntó una voz que debería conocer. - Soy yo, Lucía. No vuelvas a hacer una estupidez como esa, ¿de acuerdo? Creí que estábamos juntas en esto y luego apareció Christian buscándote…
- ¿Le dijiste dónde estaba? -logré preguntar con la garganta demasiado seca para agregar lo mucho que me alegraba escuchar su voz.
- No tuve que hacerlo, él ya lo sabía.
- Christian… ¿cómo está? ¿él está…
- Está vivo, pero estuvo en riesgo por un tiempo. Debes saber que su herida fue más seria que la tuya, aún no despierta, dicen que podría tardar un poco.
- Y…
- No tendrás que volver a preocuparte por Antonio. Ya me encargué de eso.
- Gracias.
Sentí el dolor en mi brazo regresar, entonces volteé a verlo, estaba vendado y se sentía pesado, pero lograba sentir hasta las puntas de los dedos. Estaría bien. Pero Christian, yo necesitaba verlo, necesitaba asegurarme de que estaba vivo. Intenté incorporarme, o al menos eso pretendí, en realidad solo empeoró el dolor de mi brazo y me sentía sin fuerzas para hacer algo que no fuera mover la cabeza de un lado al otro.
- Tranquila, no debes levantarte aún. - Lucía al fin se acercó al lecho, estaba vestida con ropa suelta y sin forma, quizás para pasar desapercibida además llevaba lentes de fondo de botella que no lograban ocultar sus profundas ojeras. - Y aunque lo intentes, no te dejarán verlo.
- Lucía…
- No me hagas llamar al doctor.- amenazó ella.
- De hecho, sería buena idea llamarlo. Necesito salir de este lugar.
No soportaba estar inmóvil, mucho menos en un hospital. En momentos así mi mente se encargaba de conjurar los peores resultados posibles para toda situación y en ese momento era atraída, cual insecto a una lámpara, a la idea de la muerte. Desearía permanecer inconsciente y no preocuparme por nada.
- Ah, ya despertó…- dijo una enfermera que acababa de asomarse por la puerta. - Excelente, le avisaré al doctor Pérez.
A continuación, tuvo lugar una revisión médica, con el discurso de la importancia que tiene la recuperación adecuada, las virtudes de la fisioterapia para lesiones como la mía y lo afortunada que era por no tener mayores complicaciones. Yo no me sentía afortunada, habría dado cualquier cosa por estar en el lugar de Christian. Recordaba lo débil que se sentía su respiración contra mi piel y me inundaban unas abrumadoras ganas de llorar.
- Gracias, doctor, me aseguraré de que lo haga. -dijo Lucía, cierto, que el doctor estaba hablando y yo debería prestarle atención.
Al terminar el horario de visitas Lucía se fue. Yo intenté dormir, pero me resultó imposible. La preocupación y la culpa me mantenían despierta. El doctor se negó en varias ocasiones a darme información sobre Christian, ni siquiera quería decirme si estaba fuera de peligro.
- Por favor, lo que pueda decirme, solo si está vivo o no…-le supliqué en su última ronda. - Por favor, necesito saber…
- El señor Daleman fue trasladado a un hospital privado, cuando se fue acabábamos de estabilizarlo. Es todo lo que sé.
Suspiré aliviada. Durante mi estancia en el hospital no volví a molestar al doctor, consciente de que quizás ni siquiera sabía cómo seguía su paciente. Logré salir en poco tiempo, en si mi vida nunca estuvo en riesgo. Lo primero que hice fue marcarle a Christian, fue su tío quien contestó.
- ¿Secretaria Guerra? - respondió confundido después de que me identifiqué. - Tu voz se oye muy diferente por teléfono… Supongo que buscas a mi sobrino. Dame un segundo.
-No, no me lo pase. - me apresuré a decirle. Aun no estaba lista para hablar con él, tenía tanto que decirle que no sabía por dónde comenzar. - Solo hablaba para saber si está mejor.
- Sí, es posible que no pueda correr maratones en un año, pero se recuperará por completo. -Sentí alivio. - Pero pregunta por ti… ¿qué debo decirle?
- Que en cuanto pueda iré a verlo.
- Bien, se lo haré saber. Señorita Guerra, no sé qué pasó, pero mi sobrino está en un hospital convaleciente y algo me dice que estuviste involucrado o estarías aquí a su lado.
Miré alrededor, estaba sola la calle y las personas alrededor estaban demasiado ocupadas como para detenerse a escuchar mi conversación. Aun así, no quería hablar de eso en público.
- Acabo de salir del hospital. ¿Cómo quería que estuviera ahí? -respondí intentando controlar mi tono.
- Vale, entonces los dos fueron heridos al mismo tiempo…
- ¿Christian no le dijo nada?
- No.
- Cuando llegue a la ciudad le contaré todo, lo prometo. - odiaba escuchar su voz llena de mil reproches. - Esta no es una conversación que deba tenerse por teléfono.
- Bien, entonces te veré pronto.
- Claro. Iré lo antes posible.
Deseaba salir en ese instante salir corriendo y buscarlo, pero debía recoger mis cosas primero y terminar los tramites que siempre conlleva pasar tiempo en el hospital. Lucía me esperaba aun enojada por mi huida, pero en el fondo lo entendía, podría apostar que ella habría hecho lo mismo si nuestros lugares fueran invertidos. En cuento terminé todos mis pendientes me apresuré a regresar a la ciudad, lamentándolo cada instante gracias al tráfico, en mi prisa no me detuve a pensar que era viernes por la tarde. Cada instante que pasaba el camión atascado tras una interminable fila de coches me hacía cuestionar mi decisión de regresar. Christian no me necesitaba, no necesitaba todo ese drama en su vida. ¿Debería conformarse con la asesina de su padre? ¿Debería perdonar a la persona que lo abandonó sin decir ni una palabra? Merecía algo mejor, mucho mejor…
- Deja de dudar. - me regañó Lucía sentada en el asiento al lado, todo ese tiempo había tenido la cabeza recargada contra la ventana y asumí que dormía. - Christian te ama y no te culpa por tu pasado de la misma manera que no lo culpas por ser el hijo del señor Daleman.
- Es fácil decirlo, yo… no creo ser digna de su amor.
- Eso debería decidirlo él, ¿no lo crees? Y después de todo lo que ha pasado los dos merecen ser felices.
- No sé si pueda hacerlo… llevo tanto tiempo haciendo esto que mi vida ya no tiene sentido.
Lucía se incorporó y me miró, siempre olvidaba que era mayor que yo y ahora me miraba como uno miraría a un niño particularmente terco.
- Mira, no puedo hablar por ti, pero la vida sigue adelante, solo necesitas encontrar una meta. Será difícil, quizás tome tiempo…-cruzó los brazos sobre su pecho mientras consideraba sus siguientes palabras. - He conocido a personas muy malas y tú no eres una de ellas, hiciste lo que muchos no se atrevieron a hacer, pero no lo hiciste por maldad.
- Y aun así varios inocentes salieron lastimados.
- El detective Olmos estaba muy consciente de los riesgos de investigar al señor Daleman. Todos lo sabíamos. No nos obligaste a nada, Rachel.
Desearía que fuera tan sencillo como apagar todas las dudas en mi mente y dejar el pasado atrás. El remordimiento y la culpa comenzaban a volverse constantes en mi vida. Me hacía preguntarme si el señor Daleman alguna vez se arrepintió de sus acciones, ¿acaso podía dormir de noche sin ver los ojos de todas sus víctimas acechándolo?
- Tómate un tiempo libre, ya verás como todo mejorará. -concluyó Lucía antes de volver a acomodarse contra la ventana.
Después del anochecer llegamos a la ciudad, con sus ventanas iluminadas que la hacían parecer como un millar de luciérnagas. El cielo estaba despejado, revelando un par de estrellas cuyo brillo logró vencer al aire contaminado. Era extraño, antes no soportaba estar en la ciudad de México y ahora notaba que había echado de menos su eterno movimiento, los sonidos de las calles e incluso su clima impredecible.
- Lucía, ya llegamos. -la desperté cuando se detuvo el camión.
- Cinco minutos más.
- Lucía…
- Es broma.
- Pues no fue graciosa.
Bajamos, yo a esperar para buscar mi maleta y ella casi corrió a la cafetería más cercana. Una buena taza de café humeante era la mejor forma de despertar tras un largo viaje en carretera.
La alcancé afuera de la cafetería, ella me dio un vaso desechable con café y se despidió. Era demasiado tarde para ir a ver a Christian, pero la última vez que estuve en mi apartamento estaba destruido así que no era una opción regresar ahí. Como por arte de magia vi entonces un letrero anunciando la nueva telenovela de mi madre, donde interpretaría a una detective que trabaja encubierta como monja para terminar enamorándose del sacerdote. Tuve una sensación extraña. No, no la buscaría a ella ni aunque fuera la única persona capaz de ayudarme en el mundo entero. Prefería quedarme en un hotel y justo eso iba a hacer cuando me encontré justo enfrente de ella.
- Madre…-logré decir, sentía un nudo en mi garganta que me impidió decir más.
- Adri, no esperaba verte…
Miré el pasillo, las sillas vacías acomodadas a cada lado y el altar al otro lado. Todo estaba listo para la boda, adentro de la cabaña se preparaba la comida para la fiesta y Christian se arreglaba, sería la boda perfecta, de eso no tenía la mejor duda. - ¿Estas lista?- Le pregunté a Luisa, ella esperaba cerca, una bata larga cubría su vestido blanco. Nunca esperé que una noche de copas después de aventarle huevos a la casa de su ex fuera a convertirnos en buenas amigas, o que después de eso él le suplicaría que regresaran o que ella aceptaría gustosa. Mi vida cambió radicalmente mientras esperaba a que Christian saliera del hospital y cuando al fin lo hizo pude estar a su lado durante su recuperación, conciente de que cada instante de su sufrimiento pudo ser evitado si tan solo hubiera confiado un poco más en él. Cuando lo vi salir del hospital, pálido y con una mueca de dolor en sus delgados labios, me prometí que nunca volvería a verlo lastimado por mi causa. - Así es, nunca pe
Decir que me sorprendió ver a mi madre sería restarle importancia al suceso. No la había visto desde el funeral… nuestra última reunión fue hostil y yo decidí no buscarla cuando decidió irse a la ciudad a perseguir su olvidado sueño de ser actriz. Las dos dijimos, más bien gritamos, cosas terribles que probablemente ninguna había olvidado o perdonado, palabras dichas con la única intención de lastimar. Nunca fui muy cercana a ella, mucho menos después de la muerte de mi padre. Su muerte también fue la de nuestra familia como la conocíamos. No había cambiado mucho desde la última vez que la vi, solo lucía más arreglada. Ahora llevaba el cabello rizado y teñido de un color cobrizo. Llevaba un abrigo negro, zapatos de tacón alto, labios pintados de rojo... nunca la había visto lucir tan bien. Una parte de mi ser la odiaba por eso. Quizás nunca podría mirarla tan feliz sin recordar el pasado, cuando le dio la espalda a todos. - ¿Podemos hablar? Hay una cafetería cerca de aq
El momento pareció congelarse, con nosotros tres ahí, en la encrucijada al final del camino. Era el problema final… Sentía mi respiración demasiado fuerte y tanto Christian como Antonio parecían dos gatos a punto de destrozarse con colmillos y garras. Por lo menos Antonio tendría que decidir a quién intentaría matar primero, eso considerando, claro está, que estuviera solo.-Vete, Daleman. - Solo me iré si ella me lo pide. -respondió él con mirada desafiante.- Si quieres que siga con vida… deberías pedirle que se vaya. Ahora. - Advirtió Antonio.- Christian…-comencé a decir, no estaba muy segura de qué palabras usar para decirle lo mucho que lamentaba toda la situación, nunca debí involucrarlo, nunca debí dejarlo sin una explicación, nunca debí enamorarme de él, sin embargo, ahí estábamos, los dos en el claro del bosque donde mi vida se hizo pedazos.- No.- Aún no digo nada…- La respuesta es no. Sé que quieres protegerme de todo esto, pero no lo necesito y yo decidí buscarte y dec
Si pensábamos que tendríamos tiempo para prepararnos antes de tener que confrontar Antonio, estábamos completamente equivocados. No nos permitimos ni una noche de libertad, sabíamos que debíamos aparentar normalidad y tranquilidad mientras en realidad nos encontrábamos planeando una salida a la situación.- Antonio no es tan impulsivo como mi padre, pero no va a desperdiciar el tiempo.- Eso no puedo asegurarlo. - respondí recordando cómo Antonio solía ser conocido por su espontaneidad y por saltar antes de mirar abajo. - Ahora me confunde mucho… siento que en realidad nunca lo conocí.- Debió ser toda una sorpresa para ti. -Christian tomó mis manos entre las suyas, estábamos sentados en la sala de su apartamento.- Solo un poco… digo, sí me sorprendió, pero Lucía me lo advirtió justo a tiempo. Si no, ¿Quién sabe si lo habría creído?- Me gusta pensar que habrías visto la verdad. Quizás no al inicio, pero eventualmente.Miré sus manos, dobladas sobre su regazo. Me sentía tan cobarde,
Al día siguiente Christian me despertó con el sonido de sus pasos de un lado al otro de la casa. Solo caminaba así cuando se sentía increíblemente ansioso. En contadas ocasiones lo había visto tan preocupado, y eso incluía varias reuniones con su padre. Debería levantarme del sillón y buscarlo, ¿cómo llegué al sillón? Lo último que recordaba era caer de rodillas en el suelo de madera, incapaz de contener las lágrimas y dos fuertes brazos rodeándome en un cálido abrazo.Mis sueños estuvieron plagados de una mezcla entre recuerdos del pasado y del día anterior. Veía a Antonio, joven, lleno de sueños recostado a mi lado sobre el césped, antes mirábamos las estrellas con los corazones llenos de esperanza… lo veía en el sótano, con el estómago pesado por la culpa y después nos encontrábamos en aquel claro del bosque, bajo un cielo sin estrellas. El olor a pólvora me asfixiaba. Él me miraba, los ojos vacíos de toda emoción… Despertar fue un verdadero alivio.La conversación con Antonio fue
Tras dos semanas de encierro en la cabaña todos comenzábamos a volvernos un poquito locos. Christian pasaba casi toda la noche despierto haciendo llamadas e investigando, mientras que el ruido despertaba a Antonio y lo hacía pasar el día de mal humor. Sus pesadillas aún lo atormentaban de noche, aunque no eran tan terribles como las de aquel primer día en la cabaña. Yo intentaba mantener la cordura aun cuando escuchaba a uno quejarse del otro a cada oportunidad posible.- No lo soporto. ¿Sabes que es un maldito egoísta? Siempre se acaba el agua caliente y claro, no puedo decir nada porque es su casa… pero también se toma la última taza de café todos los días…-se quejaba Antonio cuando estábamos solos.Christian era menos vocal en su desagrado, solo se apresuraba a salir de cualquier habitación donde estuviera Antonio. “Va a ser imposible que se lleven bien” pensé. Eran peor que perros y gatos, con uno gritando y quejándose como niño chiquito y el otro haciendo lo mejor para manteners







