LOGINUna vez que dejé a Antonio acostado en el sillón con ropa limpia salí de la cabaña, necesitaba encontrar a Christian. No tenía forma de ir muy lejos, tenía que aclararle que no pretendía negar nuestra relación, solo… En realidad, no había excusa y me arrepentí apenas lo dije. El mayor problema con las palabras es que pueden ser el arma más poderosa y su doble filo puede herir a las personas sin importar si te retractas. ¿Por qué no pude decirle a Antonio que estaba con alguien, que estaba con un Daleman?
- ¿Christian? -lo llamé mientras rodeaba la cabaña con pasos silenciosos.- ¿Christian dónde estás?
Por fuera la casa lucía bien cuidada, rodeada por unos setos recientemente podados y atrás tenía un jardín cercado, llegué al jardín esperando que Christian estuviera escondido ahí. Era más hermoso visto desde afuera, con varios pequeños árboles frutales y una especie de pasillo rodeado por rosales de diversos colores y tamaños. Había rosas moradas, rosas, rojas, amarillas y algunas con más de un color. En un rincón alcancé a ver una especie de estanque.
- ¿Christian?
- Aquí estoy. - escuché su voz desde la esquina más alejada. No esperaba que sonara tan tranquilo después de escucharme decir eso. - ¿Necesitas algo? Porque quiero estar solo.
- Quiero darte una explicación… yo no quería decirle sobre los nuestro de golpe a Antonio, por eso dije…
- No importa, creo que esta es una situación muy complicada para ti y lo mejor que podemos hacer por ahora es darnos un poco de espacio. Tu prometido está vivo, no esperaba que corrieras a mis brazos después de descubrirlo.
- Pero yo te amo. Eso no ha cambiado. - le aseguré.
- También lo amas a él, nunca dejaste de amarlo y yo no voy a pedirte que elijas.
- Christian yo… de verdad no…
- Está bien. Por ahora concentrémonos en sobrevivir y en asegurarnos de que Antonio esté bien, ¿de acuerdo? – preguntó, podía notar una gran tristeza en su voz que deseaba ocultar de mí.
- Si es lo que deseas te dejaré tranquilo.
Miró alrededor, ahí solo se escuchaba el canto de los pájaros y el susurro del aire entre los árboles. Christian me miraba sentado en una pequeña banca, sus ojos azules como el mismísimo cielo.
- Tú entra primero, me gustaría quedarme aquí otro rato.
- Okay.
Entré a la cabaña por la puerta trasera, daba directo a la cocina lo que me dio la oportunidad de revisar si teníamos suficientes alimentos para sobrevivir los siguientes días. Sin lugar a duda la misteriosa desaparición de Christian ya estaría en cada periódico, cada revista y cada blog de chismes. No podíamos simplemente aparecernos en cualquier tiendita de la esquina, no cuando aún no sabíamos quién era nuestro enemigo. Quizás no debí preocuparme porque al parecer Ricardo había dejado suficiente comida tanto enlatada como fresca para durar poco más de un mes. Incluso había una reserva considerable de café.
- No, por favor… Adriana… ella no…
Me apresuré a entrar a la sala, Antonio se había caído del sillón y parecía estar sufriendo una pesadilla, movía la cabeza ligeramente y temblaba como si su cuerpo no estuviera cubierto de sudor. Me arrodillé a su lado.
- Antonio, despierta…
Toqué su hombro y en cuestión de un segundo Antonio se había pegado lo más posible al sillón.
- Era una pesadilla, estás conmigo… Adriana y estás a salvo.
Sus ojos tardaron un momento en encontrarme, el alivio de su expresión fue instantáneo, disminuyó la tensión en su cuerpo e insistió en levantarse. No sabía a ciencia cierta si sufrió alguna lesión física y lo observaba con detenimiento, atenta a cualquier problema por muy pequeño que este pareciera.
- Lo lamento. -dijo cuando le di un vaso con agua fría. - No quería que me vieras así.
- Está bien, lo importante es que ya estás a salvo.
- Adriana, tú no lo entiendes, el señor Daleman…
- El señor Daleman está muerto. -interrumpió Christian desde la puerta.
- Oh, no lo sabía. ¿Entonces por qué estamos aquí?
Los dos nos miramos, indecisos sobre si debiéramos revelarle la verdad tan pronto. La sala se llenó con una tensión desagradable que se rompió solo cuando Christian asintió y yo comencé a hablar. Le conté todo, desde la muerte del señor Daleman, las amenazas recibidas por los involucrados hasta llegar al tiempo que pasamos en el sótano antes de encontrarlo.
- Entonces… ¿no saben nada de esa persona? La que los secuestró y está asesinando a los enemigos del señor Daleman…
- Así es, no hemos tenido tiempo para investigarlo bien. Debe ser alguien que se beneficie de todo esto…- dije, repasando en mi mente la lista de personas en peligro y nuestra relación con el fallecido empresario. - Alguien cercano al caso…
Christian y Antonio se miraron con cierto grado de sospecha mutua. No tenían razones para confiar el uno en el otro y lo entendía, aunque me parecía una tontería considerar sospechosos a cualquiera de nosotros tres. Lucía aún no me contactaba y comenzaba a temer por su seguridad.
- De cualquier forma, estamos atorados aquí hasta resolver eso.-retomó el tema Christian.- Señor Antonio, no le pido ni su confianza ni su agrado pero sí su respeto, todos aquí somos adultos y podemos llevarnos bien sin importar nuestras diferencias, ¿cierto?
- No se cuánto respeto pueda mostrar por un Daleman, aunque sea el Daleman más honesto de la familia.
- Ese es su problema, no mío.
Dicho eso Christian subió las escaleras, lo escuché cerrar la puerta y comenzar a mover varias cosas ahí. “Deberías darle espacio” pensé convenciéndome de no subir.
- ¿De verdad no sospechas de él? -inquirió Antonio, la desconfianza en sus grandes ojos me recordaba la de un animal salvaje que aun no decide si es el momento de huir. - ¿Por qué?
- Porque con el tiempo se ha ganado mi confianza. -respondí, era raro, al estar a solas con él no sentía esa chispa que siempre existió entre nosotros, esa atracción inescapable que solíamos llamar destino. - Él les ayudaba aún cuando no sabían su nombre, ¿por qué confías en Aliado Anónimo y no en Christian Daleman?
Cambió de posición en el sillón, cruzó las piernas y dejó el vaso vacío en el suelo con un suave sonido del vidrio al ser depositado sobre la madera.
- No lo sé, todo eso me parece demasiado… extraño. ¿Qué ganaría con luchar por nuestra causa? ¿Y si espera algo a cambio?
- Lo dudo mucho.
Él resopló, el escepticismo nunca fue su fuerte, aunque quizás los sucesos de los últimos años lo cambiaron más de lo que esperaba. Solía ser una de sus cualidades más interesantes, porque siempre le encontraba el lado positivo a cualquier cosa, él veía un arcoíris tras las tormentas y la luz al final del túnel. Yo era la pesimista, la que prefería resguardarse de la lluvia, aunque eso significara no mirar el Sol. Ambos formábamos un buen equilibrio, me hacía ver las cosas buenas de la vida a la vez que me sentía segura sobre el futuro cuando estaba a su lado.
- No puedo hacer que cambies de opinión, pero Christian tiene razón, esta prácticamente es su cabaña, al menos intenta ser amable, por favor.
- No prometo nada.
- Bien. Tengo que revisar algo arriba.
Subí las escaleras, el piso superior se encontraba en silencio, por un momento pensé que Christian se había dormido, pero cuando pasé junto a su cuarto lo escuché hablando por teléfono. Toqué a la puerta, él la abrió sin terminar la llamada.
- Si, agradeceré cualquier información… claro, gracias. -colgó el teléfono, sus ojos fijos en mí. - ¿Está todo bien?
- Claro, todo bien… ¿tienes alguna pista?
- Aún no, aunque mis informantes podrían contactarme en cualquier momento.
- Okay.
Se sentía una atmósfera tensa en la habitación, y no de la tensión buena. Cualquier cosa que pensaba decir me parecía inadecuada y no sabía cómo continuar disculpándome. Salía al pasillo, la culpa me siguió como una nube de lluvia. No existe mayor arrepentimiento que el de lastimar a un ser amado.
Miré el pasillo, las sillas vacías acomodadas a cada lado y el altar al otro lado. Todo estaba listo para la boda, adentro de la cabaña se preparaba la comida para la fiesta y Christian se arreglaba, sería la boda perfecta, de eso no tenía la mejor duda. - ¿Estas lista?- Le pregunté a Luisa, ella esperaba cerca, una bata larga cubría su vestido blanco. Nunca esperé que una noche de copas después de aventarle huevos a la casa de su ex fuera a convertirnos en buenas amigas, o que después de eso él le suplicaría que regresaran o que ella aceptaría gustosa. Mi vida cambió radicalmente mientras esperaba a que Christian saliera del hospital y cuando al fin lo hizo pude estar a su lado durante su recuperación, conciente de que cada instante de su sufrimiento pudo ser evitado si tan solo hubiera confiado un poco más en él. Cuando lo vi salir del hospital, pálido y con una mueca de dolor en sus delgados labios, me prometí que nunca volvería a verlo lastimado por mi causa. - Así es, nunca pe
Decir que me sorprendió ver a mi madre sería restarle importancia al suceso. No la había visto desde el funeral… nuestra última reunión fue hostil y yo decidí no buscarla cuando decidió irse a la ciudad a perseguir su olvidado sueño de ser actriz. Las dos dijimos, más bien gritamos, cosas terribles que probablemente ninguna había olvidado o perdonado, palabras dichas con la única intención de lastimar. Nunca fui muy cercana a ella, mucho menos después de la muerte de mi padre. Su muerte también fue la de nuestra familia como la conocíamos. No había cambiado mucho desde la última vez que la vi, solo lucía más arreglada. Ahora llevaba el cabello rizado y teñido de un color cobrizo. Llevaba un abrigo negro, zapatos de tacón alto, labios pintados de rojo... nunca la había visto lucir tan bien. Una parte de mi ser la odiaba por eso. Quizás nunca podría mirarla tan feliz sin recordar el pasado, cuando le dio la espalda a todos. - ¿Podemos hablar? Hay una cafetería cerca de aq
El momento pareció congelarse, con nosotros tres ahí, en la encrucijada al final del camino. Era el problema final… Sentía mi respiración demasiado fuerte y tanto Christian como Antonio parecían dos gatos a punto de destrozarse con colmillos y garras. Por lo menos Antonio tendría que decidir a quién intentaría matar primero, eso considerando, claro está, que estuviera solo.-Vete, Daleman. - Solo me iré si ella me lo pide. -respondió él con mirada desafiante.- Si quieres que siga con vida… deberías pedirle que se vaya. Ahora. - Advirtió Antonio.- Christian…-comencé a decir, no estaba muy segura de qué palabras usar para decirle lo mucho que lamentaba toda la situación, nunca debí involucrarlo, nunca debí dejarlo sin una explicación, nunca debí enamorarme de él, sin embargo, ahí estábamos, los dos en el claro del bosque donde mi vida se hizo pedazos.- No.- Aún no digo nada…- La respuesta es no. Sé que quieres protegerme de todo esto, pero no lo necesito y yo decidí buscarte y dec
Si pensábamos que tendríamos tiempo para prepararnos antes de tener que confrontar Antonio, estábamos completamente equivocados. No nos permitimos ni una noche de libertad, sabíamos que debíamos aparentar normalidad y tranquilidad mientras en realidad nos encontrábamos planeando una salida a la situación.- Antonio no es tan impulsivo como mi padre, pero no va a desperdiciar el tiempo.- Eso no puedo asegurarlo. - respondí recordando cómo Antonio solía ser conocido por su espontaneidad y por saltar antes de mirar abajo. - Ahora me confunde mucho… siento que en realidad nunca lo conocí.- Debió ser toda una sorpresa para ti. -Christian tomó mis manos entre las suyas, estábamos sentados en la sala de su apartamento.- Solo un poco… digo, sí me sorprendió, pero Lucía me lo advirtió justo a tiempo. Si no, ¿Quién sabe si lo habría creído?- Me gusta pensar que habrías visto la verdad. Quizás no al inicio, pero eventualmente.Miré sus manos, dobladas sobre su regazo. Me sentía tan cobarde,
Al día siguiente Christian me despertó con el sonido de sus pasos de un lado al otro de la casa. Solo caminaba así cuando se sentía increíblemente ansioso. En contadas ocasiones lo había visto tan preocupado, y eso incluía varias reuniones con su padre. Debería levantarme del sillón y buscarlo, ¿cómo llegué al sillón? Lo último que recordaba era caer de rodillas en el suelo de madera, incapaz de contener las lágrimas y dos fuertes brazos rodeándome en un cálido abrazo.Mis sueños estuvieron plagados de una mezcla entre recuerdos del pasado y del día anterior. Veía a Antonio, joven, lleno de sueños recostado a mi lado sobre el césped, antes mirábamos las estrellas con los corazones llenos de esperanza… lo veía en el sótano, con el estómago pesado por la culpa y después nos encontrábamos en aquel claro del bosque, bajo un cielo sin estrellas. El olor a pólvora me asfixiaba. Él me miraba, los ojos vacíos de toda emoción… Despertar fue un verdadero alivio.La conversación con Antonio fue
Tras dos semanas de encierro en la cabaña todos comenzábamos a volvernos un poquito locos. Christian pasaba casi toda la noche despierto haciendo llamadas e investigando, mientras que el ruido despertaba a Antonio y lo hacía pasar el día de mal humor. Sus pesadillas aún lo atormentaban de noche, aunque no eran tan terribles como las de aquel primer día en la cabaña. Yo intentaba mantener la cordura aun cuando escuchaba a uno quejarse del otro a cada oportunidad posible.- No lo soporto. ¿Sabes que es un maldito egoísta? Siempre se acaba el agua caliente y claro, no puedo decir nada porque es su casa… pero también se toma la última taza de café todos los días…-se quejaba Antonio cuando estábamos solos.Christian era menos vocal en su desagrado, solo se apresuraba a salir de cualquier habitación donde estuviera Antonio. “Va a ser imposible que se lleven bien” pensé. Eran peor que perros y gatos, con uno gritando y quejándose como niño chiquito y el otro haciendo lo mejor para manteners







