Inicio / Romance / Daños Colaterales / 48. Dos meses después

Compartir

48. Dos meses después

Autor: Nocturnal
last update Fecha de publicación: 2022-10-23 12:14:26

Miré el pasillo, las sillas vacías acomodadas a cada lado y el altar al otro lado. Todo estaba listo para la boda, adentro de la cabaña se preparaba la comida para la fiesta y Christian se arreglaba, sería la boda perfecta, de eso no tenía la mejor duda.

- ¿Estas lista?- Le pregunté a Luisa, ella esperaba cerca, una bata larga cubría su vestido blanco.

Nunca esperé que una noche de copas después de aventarle huevos a la casa de su ex fuera a convertirnos en buenas amigas, o que después de eso él le suplicaría que regresaran o que ella aceptaría gustosa. Mi vida cambió radicalmente mientras esperaba a que Christian saliera del hospital y cuando al fin lo hizo pude estar a su lado durante su recuperación, conciente de que cada instante de su sufrimiento pudo ser evitado si tan solo hubiera confiado un poco más en él. Cuando lo vi salir del hospital, pálido y con una mueca de dolor en sus delgados labios, me prometí que nunca volvería a verlo lastimado por mi causa.

- Así es, nunca pensé que podía ser tan feliz... Yo... no puedo dejar de sonreir.

- Me alegro por ti.

De verdad me sentía feliz por ella, en los últimos meses había cambiado tanto...me hizo darme cuenta de que las personas de verdad pueden cambiar.Y si ella podía hacerlo, ¿por qué yo no? ¿por qué no podía dejar de lado mis resentimientos y culpas para comenzar de nuevo?

- Rachel, Christian te está buscando.- me dijo Ricardo, quien por puro milagro accedió a ir a la boda.- Te espera en el patio trasero.

- Okay, en seguida voy.- Le respondí. No quería dejarlo esperando, Luisa asintió.

Miré alrededor una última vez, asegurándome de que todo fuera perfecto antes de irme. Atravesé la casa, evitando el ajetreo que los meseros y demás empleados causaban con su perpetuo movimiento. A diferencia de la casa y el patio delantero, el patio trasero estaba en silencio, reinaba una calma imperturbable. Salí, ahí esperaba Christian, guapísimo con su traje negro y corbata plateada mal anudada. Sonreí.

- ¿Quieres ayuda con esa corbata?

- Por favor, nunca me queda tan bien como a ti.

- ¿Doble Windsor?

- Wow, lo recuerdas...

- Nunca lo olvidaría.

Me aproximé a él, quizás más de lo que requería la situación. Podía sentir el calor de su cuerpo contra el mío y sólo se escuchaban nuestras respiraciones y el ocasional roce de mi vestido contra su traje. Comencé a deshacer el nudo y algo pequeño y metálico cayó en mi mano. Lo miré.

- Christian... ¿Es...

Tomó mis manos entre las suyas.

- Rachel Guerra, mi querida Adriana. Te he conocido por poco tiempo y durante buena parte de eso ambos ocultábamos una parte de nuestro ser. Y no me imagino un solo día sin ti, de hecho no se como viví antes de conocerte. - Sus ojos claros brillaban bajo la luz del Sol.- Te amo y nada me complacería más que pasar el resto de mi vida a tu lado. Rachel, ¿pasarías el resto de tu vida conmigo?

Se arrodilló sin importarle que su traje se fuera a manchar con el pasto mojado por la llovizna del día anterior. El momento era perfecto, todo lo que nunca me atreví a soñar estaba sucediendo como salido de un cuento de hadas.

- Sí.- ni siquiera tuve que pensar mi respuesta.

Por medio segundo me preocupó la reacción de Luisa a que nos comprometiéramos el día de su boda, pero ella, Ricardo y otro par de personas nos miraban sonrientes desde la ventana más cercana. Ahora tampoco yo podía dejar de sonreir. El pasado, toda su oscuridad, habían desaparecido de mi mente por completo.

- Christian, no puedo esperar a pasar el resto de mi vida a tu lado...- dije antes de besarlo.

Nuestros labios se unieron y supe que estaba justo donde quería estar. Lo amaba, su amor era suficiente para hacerme olvidar el temor y las atrocidades del pasado. Podía imaginar un futuro lleno de soleados días de felicidad, de reuniones de negocios, de tazas de café y apasionados besos. Un futuro que valía la pena soñar.

-Te amo, Christian. -dije, sintiendo ese profundo amor con cada molécula de mi ser. Nunca había sido más feliz.

Unos minutos después ya estábamos haciendo planes, los dos queríamos una boda discreta con solo nuestros seres más queridos presentes. En mi vida, manchada por la pérdida y la venganza, nunca imaginé que semejante felicidad fuera posible. Con su mano en la mía y nuestros dedos entrelazados, sabía que no había obstáculo que no pudiéramos afrontar juntos.

Continúa leyendo este libro gratis
Escanea el código para descargar la App

Último capítulo

  • Daños Colaterales   48. Dos meses después

    Miré el pasillo, las sillas vacías acomodadas a cada lado y el altar al otro lado. Todo estaba listo para la boda, adentro de la cabaña se preparaba la comida para la fiesta y Christian se arreglaba, sería la boda perfecta, de eso no tenía la mejor duda. - ¿Estas lista?- Le pregunté a Luisa, ella esperaba cerca, una bata larga cubría su vestido blanco. Nunca esperé que una noche de copas después de aventarle huevos a la casa de su ex fuera a convertirnos en buenas amigas, o que después de eso él le suplicaría que regresaran o que ella aceptaría gustosa. Mi vida cambió radicalmente mientras esperaba a que Christian saliera del hospital y cuando al fin lo hizo pude estar a su lado durante su recuperación, conciente de que cada instante de su sufrimiento pudo ser evitado si tan solo hubiera confiado un poco más en él. Cuando lo vi salir del hospital, pálido y con una mueca de dolor en sus delgados labios, me prometí que nunca volvería a verlo lastimado por mi causa. - Así es, nunca pe

  • Daños Colaterales   47. Reencuentros.

    Decir que me sorprendió ver a mi madre sería restarle importancia al suceso. No la había visto desde el funeral… nuestra última reunión fue hostil y yo decidí no buscarla cuando decidió irse a la ciudad a perseguir su olvidado sueño de ser actriz. Las dos dijimos, más bien gritamos, cosas terribles que probablemente ninguna había olvidado o perdonado, palabras dichas con la única intención de lastimar. Nunca fui muy cercana a ella, mucho menos después de la muerte de mi padre. Su muerte también fue la de nuestra familia como la conocíamos. No había cambiado mucho desde la última vez que la vi, solo lucía más arreglada. Ahora llevaba el cabello rizado y teñido de un color cobrizo. Llevaba un abrigo negro, zapatos de tacón alto, labios pintados de rojo... nunca la había visto lucir tan bien. Una parte de mi ser la odiaba por eso. Quizás nunca podría mirarla tan feliz sin recordar el pasado, cuando le dio la espalda a todos. - ¿Podemos hablar? Hay una cafetería cerca de aq

  • Daños Colaterales   46. Al final...

    El momento pareció congelarse, con nosotros tres ahí, en la encrucijada al final del camino. Era el problema final… Sentía mi respiración demasiado fuerte y tanto Christian como Antonio parecían dos gatos a punto de destrozarse con colmillos y garras. Por lo menos Antonio tendría que decidir a quién intentaría matar primero, eso considerando, claro está, que estuviera solo.-Vete, Daleman. - Solo me iré si ella me lo pide. -respondió él con mirada desafiante.- Si quieres que siga con vida… deberías pedirle que se vaya. Ahora. - Advirtió Antonio.- Christian…-comencé a decir, no estaba muy segura de qué palabras usar para decirle lo mucho que lamentaba toda la situación, nunca debí involucrarlo, nunca debí dejarlo sin una explicación, nunca debí enamorarme de él, sin embargo, ahí estábamos, los dos en el claro del bosque donde mi vida se hizo pedazos.- No.- Aún no digo nada…- La respuesta es no. Sé que quieres protegerme de todo esto, pero no lo necesito y yo decidí buscarte y dec

  • Daños Colaterales   45. De regreso al bosque.

    Si pensábamos que tendríamos tiempo para prepararnos antes de tener que confrontar Antonio, estábamos completamente equivocados. No nos permitimos ni una noche de libertad, sabíamos que debíamos aparentar normalidad y tranquilidad mientras en realidad nos encontrábamos planeando una salida a la situación.- Antonio no es tan impulsivo como mi padre, pero no va a desperdiciar el tiempo.- Eso no puedo asegurarlo. - respondí recordando cómo Antonio solía ser conocido por su espontaneidad y por saltar antes de mirar abajo. - Ahora me confunde mucho… siento que en realidad nunca lo conocí.- Debió ser toda una sorpresa para ti. -Christian tomó mis manos entre las suyas, estábamos sentados en la sala de su apartamento.- Solo un poco… digo, sí me sorprendió, pero Lucía me lo advirtió justo a tiempo. Si no, ¿Quién sabe si lo habría creído?- Me gusta pensar que habrías visto la verdad. Quizás no al inicio, pero eventualmente.Miré sus manos, dobladas sobre su regazo. Me sentía tan cobarde,

  • Daños Colaterales   44. Ahora estamos solos.

    Al día siguiente Christian me despertó con el sonido de sus pasos de un lado al otro de la casa. Solo caminaba así cuando se sentía increíblemente ansioso. En contadas ocasiones lo había visto tan preocupado, y eso incluía varias reuniones con su padre. Debería levantarme del sillón y buscarlo, ¿cómo llegué al sillón? Lo último que recordaba era caer de rodillas en el suelo de madera, incapaz de contener las lágrimas y dos fuertes brazos rodeándome en un cálido abrazo.Mis sueños estuvieron plagados de una mezcla entre recuerdos del pasado y del día anterior. Veía a Antonio, joven, lleno de sueños recostado a mi lado sobre el césped, antes mirábamos las estrellas con los corazones llenos de esperanza… lo veía en el sótano, con el estómago pesado por la culpa y después nos encontrábamos en aquel claro del bosque, bajo un cielo sin estrellas. El olor a pólvora me asfixiaba. Él me miraba, los ojos vacíos de toda emoción… Despertar fue un verdadero alivio.La conversación con Antonio fue

  • Daños Colaterales   43. El enemigo.

    Tras dos semanas de encierro en la cabaña todos comenzábamos a volvernos un poquito locos. Christian pasaba casi toda la noche despierto haciendo llamadas e investigando, mientras que el ruido despertaba a Antonio y lo hacía pasar el día de mal humor. Sus pesadillas aún lo atormentaban de noche, aunque no eran tan terribles como las de aquel primer día en la cabaña. Yo intentaba mantener la cordura aun cuando escuchaba a uno quejarse del otro a cada oportunidad posible.- No lo soporto. ¿Sabes que es un maldito egoísta? Siempre se acaba el agua caliente y claro, no puedo decir nada porque es su casa… pero también se toma la última taza de café todos los días…-se quejaba Antonio cuando estábamos solos.Christian era menos vocal en su desagrado, solo se apresuraba a salir de cualquier habitación donde estuviera Antonio. “Va a ser imposible que se lleven bien” pensé. Eran peor que perros y gatos, con uno gritando y quejándose como niño chiquito y el otro haciendo lo mejor para manteners

Más capítulos
Explora y lee buenas novelas gratis
Acceso gratuito a una gran cantidad de buenas novelas en la app GoodNovel. Descarga los libros que te gusten y léelos donde y cuando quieras.
Lee libros gratis en la app
ESCANEA EL CÓDIGO PARA LEER EN LA APP
DMCA.com Protection Status