MasukNunca fui muy cercana a ella, mucho menos después de la muerte de mi padre. Su muerte también fue la de nuestra familia como la conocíamos.
No había cambiado mucho desde la última vez que la vi, solo lucía más arreglada. Ahora llevaba el cabello rizado y teñido de un color cobrizo. Llevaba un abrigo negro, zapatos de tacón alto, labios pintados de rojo... nunca la había visto lucir tan bien. Una parte de mi ser la odiaba por eso. Quizás nunca podría mirarla tan feliz sin recordar el pasado, cuando le dio la espalda a todos.
- ¿Podemos hablar? Hay una cafetería cerca de aquí…
- Lo que debas decir puedes decirlo aquí. -le respondí.
- Quería decirte que actúe mal y también quería pedirte disculpas. -dijo, quizás la fama le había hecho preocuparse por su pasado. - tengo una nueva vida, seguí adelante y ahora sé que no fui la mejor madre del mundo. Debí estar ahí para ti, debiste ser mi prioridad.
-Si te preocupa tu reputación te aseguro no necesitas preocuparte por mi, si te preocupa el pasado… no necesito tus disculpas, no ahora. - mi voz temblaba. - no estoy lista para escucharte, quizás después.
-Voy a casarme. -soltó.
Por un instante no supe qué decir.
-Felicidades.
-Quería dejar las cosas en claro antes de…
-Debiste hacerlo antes de largarte, nos dejaste atrás a todos, ¡olvidaste a papá! - tenía muchas más cosas por reclamarle, pero me resultó imposible ordenar mis pensamientos.
- ¿Al menos vendrás a la boda?
Resoplé, cuando se fue decidí que nunca volvería a confiar en ella, no estuvo ahí en mis peores días, cuando más necesitaba su compañía y su apoyo… ¿por qué debería estar en su boda?-No.
Me alejé sin mirar atrás. Esta vez no dude sobre mi destino, necesitaba estar en el hospital, no abandonaría a Christian. Mi madre tendría que esperar si quería obtener una respuesta diferente. Ella era capaz de hacerme sentir como una niña perdida en el bosque, perdida y sola. Odiaba esa sensación. Renté una habitación de hotel a dos cuadras del hospital, dejé mi maleta antes de salir a la calle.
Le mandé un mensaje a Ricardo y acordamos que nos veríamos en una cafería cerca del hospital para platicar. Aún tenía dudas sobre si sería buena idea dejar que me acercara a Christian y no podía culparlo. Solo deseaba saber si estaba bien… La última vez que lo vi acababan de dispararle y parecía dispuesto a sacrificar su vida. ¿De verdad estaba bien? ¿Se recuperaría por completo? Necesitaba responder esas preguntas y solo esa insoportable necesidad de saber me llevó a la cafetería poco antes de las diez de la noche.
A pesar de la hora el lugar estaba lleno, cada mesa se encontraba ocupada y Ricardo me esperaba en la más alejada de la entrada, ante él pude ver una taza de café acompañada por un platito con galletas. La cafetería, llamada Camila, me recordó a la que me llevó Christian por sus paredes de madera y las pinturas colgadas por todas partes. Los demás clientes hablaban en voz alta de diversos temas, del clima, de la última declaración del presidente y de sus problemas personales. Ricardo se levantó al verme.
- Señorita Guerra. - me señaló el asiento opuesto al suyo en la mesa. Yo incliné un poco la silla para no perder de vista la puerta antes de sentarme.- ¿Estás bien?
- Señor Ricardo, lamento no haber venido antes.
- ¿Quieres una taza café?
-Así estoy bien, gracias.
-Recuerdo que querías hablarme sobre algo…
-Así es, usted merece saber la verdad. Mi verdadero nombre no es Rachel Guerra. -comencé, intentando no apartar la mirada de su rostro ni hacer pausas, si me detenía de seguro iba a acobardarme . - Mi nombre es Adriana…
Le conté todo, desde la muerte de mis padre y Antonio y el origen de mi plan para matar al señor Daleman hasta la apasionada relación con Christian, vi sus emociones fluctuar entre la incredulidad, el enojo y finalmente algo semejante a la comprensión. Cuando al fin terminé de hablar sentí como si un peso se hubiera levantado de mis hombros. Era la primera vez que decía la verdad completa.- Vaya, eso es… demasiado. - dijo tras dos minutos de silencio. - ¿Christian lo sabe?
- Sí.
-Bien, eso es bueno.
Después de varios minutos dijo que me llevaría a ver a Christian, aunque quizás a esa hora ya estaría dormido. No me importó, necesitaba verlo. Fuimos juntos al hospital, a esa hora ya no aceptaban visitas, pero una mirada de Ricardo Daleman bastó para lograr que nos dejaran pasar sin ninguna pregunta.
- Él está bien, luce mal, pero el doctor asegurara que se recuperará. Quería advertirte antes de verlo…
Nos acercamos a la última puerta del tercer piso. Adentro se escuchaban voces conmocionadas, discutían y no se lograba distinguir una de otra o lo que decían, hasta que…
-Señor Daleman, no debería estar caminando, ni siquiera debería estar levantado…-dijo una enfermera mientras abría la puerta.
-Tengo que irme, ella no sabe dónde estoy... y no sé si ella...
- ¿Christian? -corrí hasta la puerta, ahí estaba él, aferrándose a la camilla, sus manos tensas por el esfuerzo de mantenerse erguido.
- ¡Adri! Dioses, estaba angustiadísimo. Nadie me decía nada…
-Christian, tienes que descansar. -le dije, preocupada por la palidez de su rostro.- Te prometo que no volveré a irme.
- No haría que te quedes contra tu voluntad.- susurró, me odie por ser la razón de la inseguridad en esos hermosos ojos claros.
- Yo decido quedarme contigo. Christian, si aún me quieres, yo no iré a ningún lado.
Él asintió, se veía muy cansado y supe que esa conversación tendría que esperar un poco más. Lo ayudé a regresar a la cama, ignorando la forma en que su piel parecía ser más pálida que las sábanas. La enfermera regresó seguida por un doctor de apariencia severa: alto, delgado, con cabello gris y labios tan delgados que casi era imposible verlos.
- Debo pedirle que se retire, señor Daleman. Como podrá ver, su sobrino requiere descanso. Nunca sanará si sigue intentando levantarse.
- No lo intenté, logré levantarme.- replicó Christian.
- Eso es mucho peor. Podría abrirse los puntos y todos sus esfuerzos y los de sus doctores serían en vano. -
Fue entonces que el doctor al fin notó mi presencia.- Y usted ¿quién es? acordamos que sólo los familiares podían entrar...
- Es mi prometida.- Inventó Christian.
- Si eso fuera cierto, ¿dónde está su anillo de compromiso?
No quería revelar la mentira de Christian y ser exiliada de la habitación así que sin inmutarme señalé el anillo que aún llevaba al cuello. A pesar de todo, no lograba separarme de él.
- Así no lo pierdo.- dije, con una sonrisa dulce.
El doctor resopló antes de irse, la enfermera lo siguió unos segundos después, arrastrando los pies.
- ¿Estás bien?- le pregunté.
- Sí, no te preocupes. Al doctor le gusta molestarme. Es bastante exagerado...
Por el rabillo del ojo vi a Ricardo negar con la cabeza, claramente no compartía la opinión de Christian sobre el doctor. Yo no me atreví a contradecirlo. Me senté en una silla que estaba junto a la cama, ahora que me encontraba a su lado no tenía el mejor deseo de irme. Él me miraba, sus expresivos ojos llenos de emociones que iban desde el alivio hasta el amor. Nunca me habían mirado así, ni siquiera Antonio antes de su fingida muerte.
- ¿Y Antonio?- preguntó al fin.
- Ya no será un problema.
- Bien. Cuando no pude encontrarte pensé que... temí lo peor.
No aclaró si lo peor era imaginarme con Antonio o muerta.
A los pocos minutos se quedó dormido y los demás nos fuimos. Pensaba regresar al día siguiente, también me preguntaba si no debería averiguar si todavía tenía mi empleo en la compañía. Si bien ser secretaria no era el trabajo de mis sueños, era mil veces mejor que vivir ocultándome. ¿Acaso Christian estaría dispuesto a volver a trabajar conmigo? Tenía que preguntarle y pronto, la vida en la ciudad no es barata... Necesitaba ocupar mi mente con esa clase de problemas mundanos o me volvería loca por la preocupación.
Tardé mucho tiempo en entender que aún tenía razones para vivir después de matar al señor Daleman, sin importar cuanto reimaginara mi nueva vida, siempre encontraba a Christian en medio de esta.
- Rachel, ¿piensas regresar a la compañía? - La voz de Ricardo me hizo salir de mis pensamientos.- Sería bueno que fueras un par de días al menos...
- ¿Quién está a cargo?
- Luisa.
- ¿Sigue en la ciudad?
- Piensa casarse aquí, va a esperar a que Christian esté bien porque mi hermano quiere que sea su padrino.- No sabía qué decir al respecto, en realidad no imaginaba a Christian aceptando ser padrino en la boda entre su ex y su tío. - Sería bueno tener a alguien que pueda lidiar con ella, parece que tiene a media compañía doblando invitaciones y servilletas.
- Iré mañana.- le aseguré.
- Gracias,
A la mañana siguiente llegué a las ocho en punto al edificio de la compañía. Con un café en mi mano y la meta de enfrentarme a Luisa y regresar al hospital en la tarde para visitar a Christian. Lo que no esperaba era encontrar a la temida ex novia sentada al escritorio del jefe con el rimel embarrado alrededor de los ojos y una expresión de tristeza imposible de describir con palabras.
-¿Luisa?
- Ah, debes estar aquí para burlarte.- su voz sonaba apagada.
-¿Qué pasó?
-¿No te enteraste, secretaria? El compromiso se canceló, acaban de dejarme... por Dalia.
Estuve a punto de reír, cierto Daleman parecía tener un gusto peculiar por las parejas de su sobrino. Me sentía mal por Luisa, más de lo que esperaba. Verla ser miserable no me dio ninguna satisfacción.
- Y yo.. ya no sé qué hacer...
-Yo sí.-respondí.- ¿Aún lo quieres?
- No.
- Entonces sé exactamente lo que vamos a hacer...
Una pequeña venganza parecía buena idea.
Miré el pasillo, las sillas vacías acomodadas a cada lado y el altar al otro lado. Todo estaba listo para la boda, adentro de la cabaña se preparaba la comida para la fiesta y Christian se arreglaba, sería la boda perfecta, de eso no tenía la mejor duda. - ¿Estas lista?- Le pregunté a Luisa, ella esperaba cerca, una bata larga cubría su vestido blanco. Nunca esperé que una noche de copas después de aventarle huevos a la casa de su ex fuera a convertirnos en buenas amigas, o que después de eso él le suplicaría que regresaran o que ella aceptaría gustosa. Mi vida cambió radicalmente mientras esperaba a que Christian saliera del hospital y cuando al fin lo hizo pude estar a su lado durante su recuperación, conciente de que cada instante de su sufrimiento pudo ser evitado si tan solo hubiera confiado un poco más en él. Cuando lo vi salir del hospital, pálido y con una mueca de dolor en sus delgados labios, me prometí que nunca volvería a verlo lastimado por mi causa. - Así es, nunca pe
Decir que me sorprendió ver a mi madre sería restarle importancia al suceso. No la había visto desde el funeral… nuestra última reunión fue hostil y yo decidí no buscarla cuando decidió irse a la ciudad a perseguir su olvidado sueño de ser actriz. Las dos dijimos, más bien gritamos, cosas terribles que probablemente ninguna había olvidado o perdonado, palabras dichas con la única intención de lastimar. Nunca fui muy cercana a ella, mucho menos después de la muerte de mi padre. Su muerte también fue la de nuestra familia como la conocíamos. No había cambiado mucho desde la última vez que la vi, solo lucía más arreglada. Ahora llevaba el cabello rizado y teñido de un color cobrizo. Llevaba un abrigo negro, zapatos de tacón alto, labios pintados de rojo... nunca la había visto lucir tan bien. Una parte de mi ser la odiaba por eso. Quizás nunca podría mirarla tan feliz sin recordar el pasado, cuando le dio la espalda a todos. - ¿Podemos hablar? Hay una cafetería cerca de aq
El momento pareció congelarse, con nosotros tres ahí, en la encrucijada al final del camino. Era el problema final… Sentía mi respiración demasiado fuerte y tanto Christian como Antonio parecían dos gatos a punto de destrozarse con colmillos y garras. Por lo menos Antonio tendría que decidir a quién intentaría matar primero, eso considerando, claro está, que estuviera solo.-Vete, Daleman. - Solo me iré si ella me lo pide. -respondió él con mirada desafiante.- Si quieres que siga con vida… deberías pedirle que se vaya. Ahora. - Advirtió Antonio.- Christian…-comencé a decir, no estaba muy segura de qué palabras usar para decirle lo mucho que lamentaba toda la situación, nunca debí involucrarlo, nunca debí dejarlo sin una explicación, nunca debí enamorarme de él, sin embargo, ahí estábamos, los dos en el claro del bosque donde mi vida se hizo pedazos.- No.- Aún no digo nada…- La respuesta es no. Sé que quieres protegerme de todo esto, pero no lo necesito y yo decidí buscarte y dec
Si pensábamos que tendríamos tiempo para prepararnos antes de tener que confrontar Antonio, estábamos completamente equivocados. No nos permitimos ni una noche de libertad, sabíamos que debíamos aparentar normalidad y tranquilidad mientras en realidad nos encontrábamos planeando una salida a la situación.- Antonio no es tan impulsivo como mi padre, pero no va a desperdiciar el tiempo.- Eso no puedo asegurarlo. - respondí recordando cómo Antonio solía ser conocido por su espontaneidad y por saltar antes de mirar abajo. - Ahora me confunde mucho… siento que en realidad nunca lo conocí.- Debió ser toda una sorpresa para ti. -Christian tomó mis manos entre las suyas, estábamos sentados en la sala de su apartamento.- Solo un poco… digo, sí me sorprendió, pero Lucía me lo advirtió justo a tiempo. Si no, ¿Quién sabe si lo habría creído?- Me gusta pensar que habrías visto la verdad. Quizás no al inicio, pero eventualmente.Miré sus manos, dobladas sobre su regazo. Me sentía tan cobarde,
Al día siguiente Christian me despertó con el sonido de sus pasos de un lado al otro de la casa. Solo caminaba así cuando se sentía increíblemente ansioso. En contadas ocasiones lo había visto tan preocupado, y eso incluía varias reuniones con su padre. Debería levantarme del sillón y buscarlo, ¿cómo llegué al sillón? Lo último que recordaba era caer de rodillas en el suelo de madera, incapaz de contener las lágrimas y dos fuertes brazos rodeándome en un cálido abrazo.Mis sueños estuvieron plagados de una mezcla entre recuerdos del pasado y del día anterior. Veía a Antonio, joven, lleno de sueños recostado a mi lado sobre el césped, antes mirábamos las estrellas con los corazones llenos de esperanza… lo veía en el sótano, con el estómago pesado por la culpa y después nos encontrábamos en aquel claro del bosque, bajo un cielo sin estrellas. El olor a pólvora me asfixiaba. Él me miraba, los ojos vacíos de toda emoción… Despertar fue un verdadero alivio.La conversación con Antonio fue
Tras dos semanas de encierro en la cabaña todos comenzábamos a volvernos un poquito locos. Christian pasaba casi toda la noche despierto haciendo llamadas e investigando, mientras que el ruido despertaba a Antonio y lo hacía pasar el día de mal humor. Sus pesadillas aún lo atormentaban de noche, aunque no eran tan terribles como las de aquel primer día en la cabaña. Yo intentaba mantener la cordura aun cuando escuchaba a uno quejarse del otro a cada oportunidad posible.- No lo soporto. ¿Sabes que es un maldito egoísta? Siempre se acaba el agua caliente y claro, no puedo decir nada porque es su casa… pero también se toma la última taza de café todos los días…-se quejaba Antonio cuando estábamos solos.Christian era menos vocal en su desagrado, solo se apresuraba a salir de cualquier habitación donde estuviera Antonio. “Va a ser imposible que se lleven bien” pensé. Eran peor que perros y gatos, con uno gritando y quejándose como niño chiquito y el otro haciendo lo mejor para manteners







