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44. Ahora estamos solos.

Author: Nocturnal
last update publish date: 2022-08-22 08:05:37

Al día siguiente Christian me despertó con el sonido de sus pasos de un lado al otro de la casa. Solo caminaba así cuando se sentía increíblemente ansioso. En contadas ocasiones lo había visto tan preocupado, y eso incluía varias reuniones con su padre. Debería levantarme del sillón y buscarlo, ¿cómo llegué al sillón? Lo último que recordaba era caer de rodillas en el suelo de madera, incapaz de contener las lágrimas y dos fuertes brazos rodeándome en un cálido abrazo.

Mis sueños estuvieron plagados de una mezcla entre recuerdos del pasado y del día anterior. Veía a Antonio, joven, lleno de sueños recostado a mi lado sobre el césped, antes mirábamos las estrellas con los corazones llenos de esperanza… lo veía en el sótano, con el estómago pesado por la culpa y después nos encontrábamos en aquel claro del bosque, bajo un cielo sin estrellas. El olor a pólvora me asfixiaba. Él me miraba, los ojos vacíos de toda emoción… Despertar fue un verdadero alivio.

La conversación con Antonio fue terrible y tan solo el recuerdo amenazaba con hacerme llorar otra vez. Creí que lo conocía, creí que lo amaba… creí que nunca me haría daño. Y por su culpa mi padre estaba muerto.

- ¿Christian? -lo llamé, tan solo sentarme me hizo recordar lo mucho que detestaba dormir en un sillón. Ahora tenía adolorida la espalda desde la cadera hasta el cuello.

- Rachel, perdóname. No quería molestarte. -se disculpó desde el pasillo. -Quería dejarte descansar otro rato…

Las ojeras en su rostro sugerían que no había dormido en toda la noche. Su cabello estaba despeinado y vestía la misma ropa que el día anterior. Y a pesar de todo eso parecía estar muy preocupado por mí.

- ¿Estás bien?

- Sí, aunque quiero preguntarte algo. -dije antes de poder arrepentirme.

- Claro, lo que sea. Sabes que nunca te mentiría…

- ¿Sabías sobre Antonio?

- Sospechaba que alguien traicionó a tu padre, pero nunca tuve razones para pensar que era él. Yo les entregaba información de la misma forma en que te ayudé a ti y nunca noté algo sospechoso en él. - En su voz se escuchaba la duda, de seguro se preguntaba si pudo hacer algo antes. -Con el tiempo comencé a pensar que Antonio estaba vivo, de nuevo, no tenía ninguna prueba, sólo era una corazonada.

- ¿Y no pensaste que quizás me gustaría saberlo?

- Si, pero no deseaba verte sufrir si no era cierto. También tenía miedo de…

Hizo una pausa incómoda, había dicho más de lo que pretendía. Yo me levanté del sillón y caminé en su dirección, deteniéndome a tan solo unos pasos de él. Evitaba mirarme a los ojos, como siempre que no deseaba decir algo.

- ¿De qué estabas asustado?

- De que lo prefirieras a él.

- Oh, Christian…-me sentía tan mal, ¿cómo nunca me preocupé más por sus sentimientos? De seguro verme con Antonio los últimos días debió ser muy difícil. - No confío fácilmente en las personas, jamás bajo la guardia y cuando alguien entra en mi corazón es para siempre. Te amo.

Él soltó un pequeño suspiro aliviado. Y aunque nuestros problemas aún no terminaban, era como si en ese instante solo existiéramos nosotros y la corta distancia que separaba nuestros cuerpos. El amor entre ambos, mismo que intentamos ignorar en las últimas semanas nos impedía alejarnos. Ese último paso entre nosotros se sentía enorme, interminable, lleno de incertidumbre y deseo.

- Yo también te amo, Rachel. -susurró, rompió el espacio entre los dos como si nunca hubiera existido y con una mano en mi cuello me acercó a sus labios para un apasionado beso. Un instante antes de que nuestros labios se encontraran susurró. - Te amo tanto…

En algún momento tendríamos que separarnos y comenzar a idear un plan para solucionar la situación con Antonio. Tendríamos que salir de la cabaña y regresaríamos a nuestras responsabilidades, temores y deberes. Sus manos acariciaron mi cabello, apartándolo suavemente de mi rostro. Sentía su respiración contra mi piel…

- Christian… no sabes cuánto te deseo. -suspiré pegando mi cuerpo contra el suyo.

- Deberíamos ir a mi cuarto. -sugirió.

De alguna forma logramos subir las escaleras sin separarnos, deteniéndonos a cada paso para besarnos, para acariciar el cuerpo del otro suplicando por más…

Una vez quedamos saciados, los dos quedamos acostados sobre la cama cubiertos por una delgada sábana blanca. Lo que no decíamos, el tema que deseábamos no hablar pesaba sobre el agradable ambiente de la habitación. Miré alrededor, a nuestra ropa tirada por medio cuarto, arrojada en nuestro frenético camino hacia la cama. De alguna manera había unos pantalones colgados del ropero y podía ver mi ropa interior abandonada en la mesita de noche, sobre un libro de meditación.

- Necesitamos un plan. -dijo Christian, rompiendo el hechizo.

- ¿Tienes alguna sugerencia?

- Sí. Debemos regresar a nuestro trabajo y revelaremos a la prensa el intento de secuestro y extorsión, así todo el mundo estará informado. No podrá hacer nada si todo el mundo lo espera.

- Entonces… ¿solo vamos a ignorarlo?

- Por supuesto que no, pero necesitamos saber al menos dónde está y qué tan en serio es su amenaza.

- El detective Olmos diría que es una amenaza muy seria…

Guardó silencio por un momento, de seguro en su mente contemplaba todas las posibilidades como si de un juego de ajedrez se tratara.

- ¿De verdad lo crees capaz de hacerte daño? -preguntó, su tono suave, semejante al que uno usaría con un niño asustado.

- Ya no sé de lo que es capaz…

No conocía a este nuevo Antonio. Pesimista, egoísta, dispuesto a lastimar a los demás con tal de lograr su voluntad. Y le temía. Solía pensar que mis problemas morirían con el señor Daleman, pero ahora vería con claridad que mi venganza era solo el inicio, no el final.

- Estaremos bien.

- Eso espero. Christian, detesto haberte arrastrado a esto…

- ¿Olvidas que yo estuve involucrado mucho antes que tú? Desde mi nacimiento fui parte de los planes de mi padre, esto era cuestión de tiempo.

- Bueno, entonces debemos empacar.

- Sí.

Empacar era quizás la palabra equivocada, recogimos nuestras escasas pertenecías en dos bolsas de plástico y ya estábamos junto a la carretera en una hora, listos para regresar a la ciudad y a nuestras vidas normales. Lo miré de reojo, desde la muerte de su padre lucía diferente, caminaba con mayor libertad. Regresar a la ciudad fue un asunto aburrido, lleno de tráfico y ganas de renunciar en el intento, pero eventualmente nos encontramos ante su edificio. Yo sabía que no podía regresar a mi casa, pero tenía miedo de preguntarle si podía quedarme. Aunque fuera por una emergencia, vivir juntos era un paso importante que no debía tomarse a la ligera.

- Deberías quedarte, al menos por esta noche. -sugirió Christian, sus ojos miraban nerviosamente los alrededores. -Así sabre que estas a salvo. No deberíamos estar separados en momentos como estos.

- Okay. Pero mañana necesitaré ir a mi casa.

Me preguntaba si mis cosas seguirían ahí, nunca dejé de pagar la renta, pero como no alerté a nadie sobre mi ausencia quizás asumieron que no volvería. Al menos no dejé nada demasiado importante o irremplazable. Cuando salí ese último día no pensé que regresaría o que lo haría casi un mes después de mi partida.

Subimos juntos usando el ascensor en un silencio agradable. Una vez adentro de su apartamento nos besamos y con las manos entrelazadas caminamos hasta la sala.

- Tengo que hacer una llamada. -dijo él. -Como Aliado Anónimo tengo más posibilidades de anticiparme a los planes de Antonio.

- Está bien. ¿Hay algo que pueda hacer?

- Habla con Lucía, podría ayudar.

Tomé mi teléfono, me sentía de regreso al inicio, sin muchas pistas y sin la menor idea de qué hacer. Pero al mismo tiempo, no me había sentido tan viva desde maté al señor Daleman.

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