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45. De regreso al bosque.

مؤلف: Nocturnal
last update تاريخ النشر: 2022-09-01 20:53:21

Si pensábamos que tendríamos tiempo para prepararnos antes de tener que confrontar Antonio, estábamos completamente equivocados. No nos permitimos ni una noche de libertad, sabíamos que debíamos aparentar normalidad y tranquilidad mientras en realidad nos encontrábamos planeando una salida a la situación.

- Antonio no es tan impulsivo como mi padre, pero no va a desperdiciar el tiempo.

- Eso no puedo asegurarlo. - respondí recordando cómo Antonio solía ser conocido por su espontaneidad y por saltar antes de mirar abajo. - Ahora me confunde mucho… siento que en realidad nunca lo conocí.

- Debió ser toda una sorpresa para ti. -Christian tomó mis manos entre las suyas, estábamos sentados en la sala de su apartamento.

- Solo un poco… digo, sí me sorprendió, pero Lucía me lo advirtió justo a tiempo. Si no, ¿Quién sabe si lo habría creído?

- Me gusta pensar que habrías visto la verdad. Quizás no al inicio, pero eventualmente.

Miré sus manos, dobladas sobre su regazo. Me sentía tan cobarde, debí deshacerme de Antonio cuando tuve la oportunidad, pero el maldito amor se negaba a morir a pesar de la traición. Y una pregunta rondaba en mi mente… ¿Es posible olvidar al primer amor? ¿Es posible conservar los recuerdos de los buenos tiempos sin verlos manchados por el dolor?

Y Christian, el merecía algo mejor. Nunca debí involucrarlo…

- ¿Qué estás pensando? -preguntó, esos expresivos ojos llenos de preocupación.

- Que tenemos mucho trabajo por hacer. -respondí con una sonrisa forzada.

No quería preocuparlo con todas las dudas que plagaban mi mente, cuando al fin teníamos un momento de tranquilidad las cosas volvieron a complicarse. Lucía no respondió a mi llamada, algo que esperaba porque ella siempre estaba demasiado ocupada.

A la mañana siguiente regresamos al trabajo como si nada hubiera pasado, en la ausencia de Christian regresamos a las oficinas de la empresa, que la policía por fin había liberado al concluir la investigación sobre el señor Cruzz. Pude notar las expresiones de confusión de los trabajadores al vernos de repente regresar como si nada hubiera pasado y no hubiéramos desaparecido por casi un mes entero sin avisarles nada.

- Rachel, ¿estás bien? - preguntó Aurora al verme entrar. -No supimos nada sobre ti… pensamos que te pasó algo o que renunciaste…

-Nada de eso, yo estoy bien. - le aseguré. – Solo acompañé al señor Christian a un retiro, necesitaba procesar la muerte de su padre…

- Pobre, a veces es peor perder a alguien cuando la relación es complicada.

- Exacto.

- Es bueno que pudieras acompañarlo.

Asentí, no me molestaba mentirle, ella no necesitaba saber la verdad o quedar en riesgo por saber demasiado. Nunca le dije a nadie sobre su amiga que trabajaba para el señor Daleman y como al final no fue necesario acudir a ella esperaba que estuviera a salvo. Porque ver a una persona inocente morir por mi venganza era demasiado.

- Bueno, debo apurarme. Me imagino que hay mucho trabajo acumulado esperando. -me despedí. En mi mente comenzaba a formar un plan para proteger a todas las personas que me rodeaban, mis amigos, familiares y seres amados.

- Claro, si vuelve a pasar algo así o necesitas que te cubra, solo dímelo, ¿de acuerdo?

- Gracias Aurora.

Entré a la oficina de Christian, él estaba en medio de una llamada, imaginé que con Luisa por su expresión de fastidio. Sonreí, extrañaría todo eso. Pero había tomado una decisión, solo había una forma de enfrentar a Antonio y de asegurar que Christian no resultara lastimado. Y el me importaba más que mi propia vida, su amor fue una cálida luz en la oscuridad de mi vida, fue un faro en la tempestad y su ayuda fue indispensable aun cuando se escondía tras un alias para ayudarme.

- Voy por su café, señor Christian. -dije en voz baja, apenas un susurro.

Salí del edificio para nunca regresar.

Cuando estuve lejos le mandé un mensaje con solo cinco palabras, las cinco palabras que más me había dolido escribir en la vida. Era seguro asumir que Antonio me vigilaba, así que compré un boleto de autobús en la central.

- ¿Nombre? -preguntó el vendedor, con esa expresión de aburrimiento que daba entender que preferiría estar en cualquier otro lugar.

- Adriana Guerra. - Dije, esperando que la combinación de mis dos nombres, falso y verdadero, no dejaran lugar a dudas.

Así, sin maletas y sin importarme el destino subí a un autobús. En la carretera, determinada a seguir mi desesperado plan, apagué mi teléfono y lo arrojé por la ventana, gracias al movimiento ni siquiera vi donde aterrizó. Con un poco de suerte nadie lo encontraría antes de que la siguiente lluvia lo dejara inútil. Un corte limpio era mejor, si Antonio quería buscarme, debería hacerlo lejos de Christian. Estaba segura de que me seguiría sin importar a dónde fuera.

- Adiós, Christian. Esto es lo mejor que puedo hacer por ti. - susurré antes de quedarme dormida en el incómodo asiento del camión. - Te amo demasiado para verte sufrir por mi culpa.

De alguna forma mi viaje me llevó de regreso a casa, ninguno de los vecinos me reconoció cuando caminé por las conocidas calles llenas de recuerdos y ecos del pasado. Pasé donde solía estar mi casa, ahora era un terreno baldío, porque a pesar de los mejores esfuerzos del señor Daleman, nunca logró terminar su obra.  Tenía sentido regresar al lugar donde todo comenzó para esperar el destino, la confrontación con Antonio me parecía tan inevitable como el paso de los días.

Si bien escapé, no dejé de buscar noticias de Christian, al parecer estaba bien y dos días después de mi desaparición estuvo presente en una fiesta para la recaudación de fondos de un hospital. Esperaba de todo corazón que fuera feliz y viviera su vida al máximo, sin molestarse en buscarme… Cada día sentía a Antonio más cerca, primero cuando me sentí seguida al regresar al cuarto que rentaba en una posada a tan solo dos cuadras de mi vieja casa, después por los rumores de que un vendedor en la plaza había visto a un fantasma, un joven que todos creían muerto y no tenía razone para estar ahí. Pero me lo confirmó la nota que encontré a las dos semanas de mi llegada, era un papel blanco las palabras “En el bosque al anochecer” escritas en tinta roja.

Entonces sería al anochecer, esa misma noche se definiría mi destino y los nervios no me permitieron estar quiera ni por un segundo mientras esperaba a que el día terminar. La calle empedrada que llevaba al bosque nunca me había parecido tan larga. La última ve que la recorrí era de noche y esperaba salvar la vida de dos seres muy queridos. Ahora me encontraría con uno de ellos, el que nunca esperé volver a ver y de quien nunca me atreví a sospechar.

En el anochecer los árboles del bosque lucían altos, como sombras que esperan a perderse en la noche, extendiendo sus altas ramas hacia el cielo. Había olvidado lo hermoso que era el lugar, el sitio donde crecí, yo jugué a la sombra de esos árboles, alguna vez celebré mi cumpleaños acampando con mis primas, corría por las calles de regreso de la escuela, feliz y libre. Ahí conocí a Antonio, perdí a mi padre y vi a mi madre convertirse en una desconocida. Al caminar mis recuerdos se sentían más vívidos, a la vez que la luz del Sol se ocultaba tras los árboles y el cielo se teñía primero de un tono rosa, luego de morado para finalmente darle paso a la noche.

Antonio no aclaró en que parte del bosque debía buscarlo, pero no era necesario. Sabía dónde me esperaría con la misma seguridad con la cual sabía mi verdadero nombre.

Después de unos diez minutos de caminata llegué al claro, una parte de mí esperaba ver la cinta de la policía aún atada a los árboles, las manchas de sangre sobre las hojas que siempre recubrían el suelo bajo la arboleda o el olor a pólvora en el ambiente. Pero nada en el bosque indicaba lo que sucedió aquella noche, no había ni un solo indicio de lo sucedido, como si nunca hubiera pasado...

- Nunca pensé que fueras de las que huyen. - dijo Antonio desde el otro extremo del claro.

- Y sin embargo ya lo había hecho antes, cuando abandoné este lugar.

Él estaba recargado contra el tronco de un árbol con una expresión de clara indiferencia. Apenas podía ver su ropa en la oscuridad, pero podría jurar que usaba una playera negra y pantalones de mezclilla.

- Supongo que los dos escapamos…

-No te atrevas a compararnos. -reclamé, mi voz temblorosa por el enojo. - ¡Fingiste tu muerte, Antonio! ¡Ayudaste al asesino de mi padre!

-Y aun así tengo razones para creer que aún me amas, o no habrías abandonado a Daleman.

No iba a decirle que precisamente por amor decidí dejar a Christian y así alejar a Antonio de él. “Al menos así estarás bien” pensé.

- Bueno, supongo que este es el final del camino para nosotros. Solo uno puede salir de aquí con vida. -Se incorporó y caminó hacia mí.- Y es hora de que esto acabe.

- Me parece bien.

- Pues a mí no. - Dijo Christian entrando al claro. Se detuvo a mi lado sin mirarme. – Fueron muy amables al esconder tan bien su reunión, pero creo que yo debería estar aquí, después de todo, esto es culpa de mi padre…

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