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Capítulo 2

Author: Señor Calabazón
Las palabras de Esteban me dejaron paralizado.

Creí que solo le gustaba leer ese tipo de novelas, pero nunca imaginé que lo fuera a hacer, ¡y que me hubiera elegido a mí!

Aunque, si algo llegara a pasar con Valentina... eso sería lo mejor del mundo.

Entonces escuché a Valentina decir con pudor:

—¡Eres un pervertido! ¿Quién manda a su esposa con su mejor amigo?

—Ay, Vale —dijo Esteban—. Anoche lo acordamos, ¿no? Si Andrés traía a su novia, nos olvidábamos del asunto. Si venía solo, hacías lo que te dije.

—Anoche era distinto. ¡Eso no cuenta!

—Estabas muy emocionada, y hasta le decías “Andresito”... Ándale, Vale, solo esta vez. Ya verás que te vas a enganchar. ¿En serio no quieres saber cómo es con dos hombres?

Lo que decía Esteban se ponía cada vez más subido de tono, y yo me estaba encendiendo.

Valentina siempre me había parecido tan distinguida y elegante. Nunca me imaginé que fuera tan atrevida.

Con la respiración entrecortada por lo que le hacía Esteban, al final no aguantó más y cedió a regañadientes.

Luego Esteban le dijo algo más, esta vez en voz muy baja. No pude escuchar nada.

Regresé a la sala y me senté en el sofá. Sentía que se me iba a salir el corazón.

Llevaba mucho tiempo fantaseando con Valentina, pero siempre me frenó el saber que era la mujer de mi mejor amigo.

Y ahora Esteban me la estaba ofreciendo por su propia voluntad. ¡Vaya amigo!

Mientras yo pensaba en todo eso, Esteban y Valentina salieron de la cocina.

Me apresuré a hacerme el que no sabía nada y fingí que revisaba algo en su computadora.

La cara de Valentina estaba colorada. Solo dijo:

—La cocina estaba muy caliente. Voy... voy a cambiarme.

Al poco rato salió del cuarto con un camisón de tirantes. Tenía los brazos blancos y suaves, las clavículas perfectas, y por el escote asomaba un busto blanco y generoso.

La cintura fina, las nalgas redondas, esas piernas torneadas e interminables... era demasiado para mí.

Si uno miraba con cuidado, podía adivinar sus contornos a través de la tela.

¡Sin nada debajo!

Se me secó la boca y me emocioné.
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