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Capítulo 7

Author: Ríoocaso
Terminé de repartir el último trozo de pan que tenía en las manos y me giré hacia él.

—Vuelve a casa, Ramón. No me iré contigo digas lo que digas.

—Aurora, escúchame...

Se acercó intentando tomarme de la muñeca, pero retrocedí para esquivarlo. Su mano se quedó suspendida en el aire y apretó el puño con fuerza.

—Aurora, yo te quiero, solo que nunca logré soltar a Beatriz.

—Ya me divorcié de ella, cortaré todo vínculo para siempre. Vuelve conmigo, todos estamos muy preocupados por ti.

—Beatriz llo
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    —Ramón, vuelve. Este no es lugar para ti.Dicho esto, me di la vuelta y me sequé la última lágrima.—Cuando estés allá, dales un mensaje de mi parte: que no me busquen más.Ramón se fue.A los pocos días, mi madre me llamó. Al otro lado de la línea lloraba desconsolada.—Aurora, ¿de verdad ya no me quieres como madre? Si rechazas esta familia, que te mueras allá afuera y nadie te recoja el cuerpo.Lloraba mientras me gritaba, desahogando su frustración tal como hacía siempre.Pensé que esas palabras me dolerían, que me romperían el corazón, pero no sentí absolutamente nada.—No te preocupes por mi cuerpo, mis compañeros se encargarán de eso.—¿Qué clase de cosas dices? ¿Quieres matarme de coraje?Me paré en el balcón, mirando las densas columnas de humo que subían desde la zona de combate a lo lejos. Y le hice una pregunta que guardaba en el fondo del corazón desde hacía años.—Mamá, ¿alguna vez te arrepentiste cuando llevaste a Beatriz aquella vez?Ella sabía mejor que nadie cómo empe

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    Terminé de repartir el último trozo de pan que tenía en las manos y me giré hacia él.—Vuelve a casa, Ramón. No me iré contigo digas lo que digas.—Aurora, escúchame...Se acercó intentando tomarme de la muñeca, pero retrocedí para esquivarlo. Su mano se quedó suspendida en el aire y apretó el puño con fuerza.—Aurora, yo te quiero, solo que nunca logré soltar a Beatriz.—Ya me divorcié de ella, cortaré todo vínculo para siempre. Vuelve conmigo, todos estamos muy preocupados por ti.—Beatriz llora todos los días, dice que todo fue su culpa contigo. Tu madre abre las noticias de Donis apenas amanece, solo se queda tranquila cuando ve que estás a salvo...Me tapé los oídos para interrumpirlo. —Ramón, ya terminamos. Nada de eso me incumbe, déjame en paz.—¡Aurora! —me sujetó de las muñecas, con los ojos inyectados en sangre—. Aurora, lo siento, me equivoqué. Dame una segunda oportunidad. Volvamos a casa y hagamos una boda de verdad. Esta vez nadie ocupará tu lugar.Me esforcé por zafarme,

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    Beatriz tomó a Aurora de la mano y la llevó hasta donde él estaba, para leerle la carta de amor en su nombre.Aurora mantenía la cabeza baja, con las mejillas encendidas, sin atreverse a mirarlo.Todos los compañeros del salón se habían agrupado alrededor, esperando su respuesta.Nadie sabía la lucha dolorosa que se libraba dentro de él.Al final extendió la mano y le acarició la cabeza a Aurora. Pero aquellas palabras "yo también te quiero" habían sido una mentira desde el principio.Beatriz había sido su primer amor. Desde el primer año de preparatoria, habían mantenido una relación en secreto durante dos años.Hasta que Beatriz se enteró de que Aurora estaba enamorada de él, lloró toda una noche y le dijo que quería terminar la relación.En esa época Aurora sufría mucho acoso de sus compañeros a causa de su afasia, y su estado emocional era muy frágil.Beatriz le dijo que Aurora lo necesitaba más, y que debía cuidarla bien.Cuando él se negó, ella se puso en huelga de silencio. Pasa

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    Punto de vista en tercera personaRamón hizo diecisiete llamadas, y todas le indicaban que el teléfono estaba apagado.Antes, cuando Aurora se enfadaba, contestaba a más tardar la tercera llamada. Nunca antes había apagado el celular por completo como en esa ocasión.Beatriz caminaba de un lado a otro, angustiada dentro de la habitación hospitalaria: —Ramón, ¿lograste comunicarte con ella?Él apretó el teléfono y negó con la cabeza.En ese instante, la madre recuperó el conocimiento en la cama. Pero al enterarse de que Aurora se había ido, casi se desmayaba de nuevo por la rabia.Beatriz de inmediato le dio palmaditas en la espalda para calmarla: —Mamá, no te enojes. Aurora solo está de mal humor, pronto va a volver.Pero ella le quitó la mano de un manotazo y gritó furiosa: —¡Que se vaya y que no regrese! Para mí ya no tengo esa hija.Ramón le escribió a Aurora: "Aurora, tu mamá ya despertó. Deja de actuar por capricho, vuelve para pedir perdón".Pasó una hora y no recibió ninguna res

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    A la mañana siguiente terminé de entregar mis tareas en la estación de trabajo.Al regresar a casa, me encontré con Beatriz y Ramón. Sobre la mesa destacaban dos actas de matrimonio. Beatriz estaba recostada sobre su hombro.—Ramón, ¿no estoy siendo muy egoísta? Si no fuera por el bebé, nunca nos habríamos casado legalmente...—Después de todo, Aurora es tu verdadera esposa...Ramón la atrajo hacia su pecho.—Entonces tendremos que ser mucho más amables con ella de ahora en adelante.Entré apretando los puños. Al verme, ellos se separaron de inmediato. Beatriz se puso de pie y se apresuró a dar explicaciones.—Aurora, no lo malinterpretes, yo...No le presté atención. Me dirigí directamente a la habitación por mi equipaje.Beatriz entró detrás de mí, me sujetó la mano y volvió a llorar.—Aurora, ¿a dónde vas? Me voy yo, no hagas esto...Me zafé de su agarre y arrastré la maleta hacia la salida. Pero ella me persiguió y se puso delante para bloquearme el paso.—Aurora, deseo tu felicida

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    La tristeza se me amontonó en la garganta y me dolió.Me obligué a mantenerme en pie, con los ojos inyectados en sangre y mordiéndome los labios hasta hacerme heridas.Me esforcé por salir, hasta que ya no pude contener más mis emociones. Agarré la taza que estaba sobre la mesa y la arrojé con fuerza contra el suelo. Los fragmentos salpicaron todo el piso.Ramón se puso de pie de inmediato, con la voz alterada por el pánico.—Aurora...Al verme así, Beatriz se acercó pálida intentando sostenerme.—Aurora... lo siento. El embarazo fue un accidente, nunca quise competir contigo...Me sentía asfixiada por el dolor, sin poder decir ni una palabra.Contuve las lágrimas con todas mis fuerzas y levanté la mano para apartarla bruscamente.Pregunté con la lengua de señas: ¿Por qué? ¿Por qué burlarse de mí? ¿Por qué todos me mintieron?—Ya basta, ¿qué estás haciendo con las manos? —mi madre me empujó bruscamente y me gritó con dureza.—Si no puedes hablar, cállate. No hagas sufrir a Bea.Me tamba

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