Terminé de repartir el último trozo de pan que tenía en las manos y me giré hacia él.—Vuelve a casa, Ramón. No me iré contigo digas lo que digas.—Aurora, escúchame...Se acercó intentando tomarme de la muñeca, pero retrocedí para esquivarlo. Su mano se quedó suspendida en el aire y apretó el puño con fuerza.—Aurora, yo te quiero, solo que nunca logré soltar a Beatriz.—Ya me divorcié de ella, cortaré todo vínculo para siempre. Vuelve conmigo, todos estamos muy preocupados por ti.—Beatriz llora todos los días, dice que todo fue su culpa contigo. Tu madre abre las noticias de Donis apenas amanece, solo se queda tranquila cuando ve que estás a salvo...Me tapé los oídos para interrumpirlo. —Ramón, ya terminamos. Nada de eso me incumbe, déjame en paz.—¡Aurora! —me sujetó de las muñecas, con los ojos inyectados en sangre—. Aurora, lo siento, me equivoqué. Dame una segunda oportunidad. Volvamos a casa y hagamos una boda de verdad. Esta vez nadie ocupará tu lugar.Me esforcé por zafarme,
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