ログインYa llevaba dos latas de cerveza. Por fin había soltado un poco de toda la tensión que llevaba acumulada y tuvo ánimo para conversar con Sergio.—¿De verdad? Yo creo que como bastante brusco.Sergio se sintió un poco avergonzado por el comentario de Laia y volvió a limpiarse la comisura de los labios con los dedos.—Pero comes con ganas y te concentras mucho cuando comes.Laia hablaba sinceramente. Siempre le habían gustado los hombres de carácter fuerte. Pero Sergio creyó que le estaba reprochando que no supiera consolar a la gente.—Lo siento. No soy bueno consolando a los demás.—Cuando intento consolar a alguien, normalmente solo me quedo a su lado.Laia sonrió. Luego abrió otra cerveza y ladeó la cabeza para mirarlo.—Así está bien. Me gusta la gente tranquila.Sergio parecía rudo por fuera, pero a veces también era bastante considerado.Mientras pensaba eso, Laia tomó varios tragos más de cerveza.Los dos permanecieron sentados en aquella pequeña sala. Uno comiendo en silencio y
—Antes me preocupaba demasiado por muchas cosas, tenía miedo de todo, no confiaba en mí misma ni en los demás. Por eso lo que me gustaba no me atrevía a quererlo, lo que quería no me atrevía a pedirlo, y lo que podía luchar por conseguir acababa resignándolo a la impotencia.—Pero Leonardo me dio mucha fuerza, y Camila también.—Yo también lo entendí.—Los sentimientos egoístas son los que te atan. Los verdaderos, en cambio, no tienen forma ni necesitan condiciones. Aunque sea solo por un momento, no te arrepientes de nada.Valentina antes tenía miedo de que sus amigos la rechazaran, miedo de que su pareja algún día cambiara, así que siempre se protegía con un caparazón.En realidad, por dentro estaba completamente rota, sin fuerza.La persona que menos podía sostener una relación era ella misma.Quien teme ser herido, a veces es quien más hiere a los demás.Ahora que Leonardo la amaba de verdad, también había nacido en ella la misma valentía.Aquellos miedos del pasado ya no podían af
Al ver aquello, Andrés se encogió de hombros.—Debe ser un error. Yo solo estoy gestionando asuntos de la empresa. Corporación Díaz es la empresa de mi familia, ¿cómo podría hacer algo así?Después de decirlo, volvió la mirada hacia Eduardo.—Eduardo, ¿no se suponía que ya no te metías en los asuntos de Corporación Díaz? ¿Qué haces aquí hoy?—Andrés, por mucho que se diga, sigo siendo de la familia Díaz. Y tú, dicho bonito, eres un hijo adoptivo de la familia, pero en realidad no eres más que el perro de Patricia. Ella quiere hacer lo que sea y la familia Díaz lo tiene clarísimo. Ni siquiera ella puede tocar Corporación Díaz, mucho menos tú.Eduardo soltó una risa fría y no tuvo ganas de seguir perdiendo palabras con él.Andrés tampoco resistió. Se levantó con total cooperación.—Ya que mi tío arma tanto revuelo para investigarme, está bien, cooperaré y demostraré mi inocencia. Pero hoy el acuerdo se arruinó. Según las normas de Corporación Díaz, usted tendrá que asumir toda la respons
Camila respiró despacio. En ese momento no quería pensar en nada más, salvo en su familia.—Es tarde. Si hay que hablar, será mañana.Gabriel apretó los labios y, rozándole la mejilla, dijo:—Por ahora no quiero dar la cara. Y no solo yo, tú también deberías evitar hacerlo.La cintura firme del hombre se movió levemente, y las manos de Camila se aferraron con fuerza a él, siguiendo ese vaivén.Ella ya había entendido desde hacía rato lo que Gabriel quería hacer.No llamar a Óscar. Llamar a Raúl.Pero Camila tampoco le avisó a nadie más. Ahora estaba igual que Gabriel: ambos figuraban como desaparecidos.Por un instante, pensó que, si desde ese momento no se ocuparan de nada, se fugaran en secreto y desaparecieran, también sería algo bastante romántico.—Felicidades. Otra vez pensamos lo mismo.Camila le respondió sonriendo a Gabriel, y al mirarlo sus ojos estaban llenos de ternura.Esta vez desapareció para dejar a Patricia sin salida. Las pruebas todavía no alcanzaban, así que no tení
El roce en aquel punto tan sensible hizo que Gabriel soltara un leve gemido ahogado. Apartó la mirada, algo avergonzado.—Sí.—¿Y por qué lo escondiste ahí?Las orejas de Camila también le ardían. Lo preguntó en voz baja y, acto seguido, se soltó de su mano, le levantó la camiseta y fue a sacar el rastreador.Sobre la piel desnuda del hombre aún quedaban varias cicatrices, marcas que le habían dejado las heridas de aquella vez.Camila recorrió su pecho con la mano. Gabriel se estremeció ligeramente. Tenía los ojos brillantes y húmedos.Con voz suave, dijo:—Por si de verdad ocurría algo. Así podría protegerte con mi vida primero y ganar tiempo hasta que alguien llegara a rescatarte.También podía imaginarlo. Gabriel jamás dejaría una situación así sin un plan de respaldo.No respondió. Después de retirar el rastreador, su mano se quedó, casi sin darse cuenta, sobre sus firmes músculos pectorales.Desde arriba hacia abajo.Quería sentir cada herida, cada dolor que él había soportado.Aq
Muy pronto, Raúl llegó para recogerlos.Gabriel y Camila seguían abrazados dentro de la habitación, incapaces de separarse.La puerta permanecía cerrada. Raúl no permitió que nadie irrumpiera. Se limitó a tocar para avisar y luego llevó a los demás a esperar afuera.Sabía que Gabriel estaba disfrutando ese momento.Como buen amigo, no tenía intención de arruinar el ambiente.Al recordar todo lo ocurrido durante esos días, Raúl sentía que la imagen que tenía de Gabriel había quedado completamente patas arriba.Siempre creyó que eran el mismo tipo de persona.Hombres fríos que ponían los intereses por encima de todo.Quién iba a decir que Gabriel era capaz de amar de esa manera.Aunque, siendo sincero, también lo envidiaba un poco.No era fácil encontrar en toda una vida a alguien con quien compartir el corazón de verdad.Y Camila había dado semejante rodeo solo para obligarlo a aparecer.Su determinación hacia Gabriel tampoco era menor.Raúl encendió un cigarrillo.Mientras daba una pro