로그인La licitación con Veloxis ya había quedado atrás. ¿Qué podía querer Sebastián ahora? ¿Más problemas?—Camila, estoy por irme de Puerto Azul en unos días. Quería saber si tienes tiempo esta semana, hoy mismo si puedes, para tomar algo juntos.La voz de Sebastián era tranquila, con un matiz de cautela y algo casi humilde.Camila no salía de su asombro. Gabriel, a su lado, también lo oyó todo, y en sus ojos apareció algo difícil de leer.—Sebastián, creo que ya no hace falta que nos veamos.—Camila, sé que en la licitación no actué bien. Puede que no quieras volver a tener nada que ver conmigo ni con Veloxis, pero hablo por mí solo, quiero pedirte disculpas.No sonaba a falsa cortesía.Pero Veloxis debía de tener todavía cosas que resolver. ¿De verdad Sebastián tenía tiempo para llamarla y hacerse el arrepentido?Camila parpadeó y respondió con una sonrisa leve.—No hay necesidad, Sebastián.—Camila, de verdad quisiera verte antes de irme. Hay algo que quiero decirte.Al notar que ella es
Laura notó que la mirada de Sebastián ya no era tan fría como antes. Después de toda la rabia, su respiración fue calmándose poco a poco.Las lágrimas le resbalaron por la cara pálida, y en sus ojos solo había desamparo.—¿Una hermana con la que nunca has convivido vale tanto para ti?Sebastián no respondió.—¿Todo para quedar bien con Camila me vas a mandar al extranjero como si fuera basura, a que me las arregle sola? Mejor mátame de una vez. A lo mejor así Camila queda más satisfecha.Sebastián se quedó sin palabras.Pero después de un momento, dijo:—Si a partir de ahora no te metes con Camila y no apareces, ella no te va a hacer nada.—Te equivocas.Laura lo miró directo a los ojos.—Tú mismo lo sabes. Si quieres a esa hermana, no puedes seguir conmigo. ¿De verdad crees que Camila te va a perdonar?—Me perdone o no, sigo siendo su hermano.Sebastián desvió la mirada.Las palabras de Laura le removían algo por dentro, le tocaban justo donde más le dolía.—Por favor —dijo Laura, apr
—Vete.Sebastián la cortó con voz fría.Tenía la cabeza hecha un caos y no quería escuchar más.Pero por los compromisos que había hecho con Laura, y como compensación por todo el daño que ella había sufrido a causa de Veloxis y de él, le propuso una salida.—Voy a darte una suma de dinero a ti y a Mateo. Váyanse del país.—Tus padres ya están en edad de jubilarse. Veloxis se encargará, por los canales formales, de garantizarles una vejez tranquila en la Capital. Y si quieres, puedes llevártelos contigo.Laura tardó un buen rato en reaccionar.¿Sebastián la estaba echando?¿No podía quedarse en Puerto Azul, ni en la Capital, ni siquiera en el país?¿Y todo lo que ella había dado, qué era? ¿Otra burla del destino?Primero por Camila había perdido su familia. Y ahora, también por Camila, hasta la última chispa de esperanza se le apagaba.¿Por qué? ¿Por qué siempre era Camila?—Sebastián, ¿no dijiste que ibas a cuidarme? —La voz de Laura temblaba—. ¿No dijiste que no te importaba mi pasad
El asistente y los de la agencia se sobresaltaron.—Señor Valerio... —dijo el asistente.—¡Salgan!Sebastián lo dijo en voz baja, pero con una fuerza que no admitía réplica.El asistente no se atrevió a decir nada más y les hizo señas a los de la agencia para que salieran todos.El silencio en la habitación era absoluto.Sebastián se quedó solo en el sofá. Pasó un buen rato antes de que volviera a levantar el informe.Los ojos se le quedaron clavados en las letras.Ya había encontrado a su hermana.Pero parecía que ya la había perdido.En ese momento, Laura llegó a la puerta de la habitación.De un vistazo vio al asistente y a los de la agencia, que seguían murmurando entre ellos.—¿Qué pasó? ¿Qué quiere decir el Señor Valerio con eso? ¿No dijo que hoy pagaba el saldo?—¿Creen que el Señor Valerio no puede pagar eso? El problema tiene que ser el informe. ¿Saben quién es Camila?—¿Quién es Camila?El asistente se quedó sin palabras. ¿Acaso esta gente no veía las noticias?Pero antes de
¡Habían encontrado a su hermana de verdad!¡Qué alivio!Con todo lo malo que había pasado últimamente, este solo descubrimiento borraba todo lo demás.—Ya voy por él.El asistente reaccionó de inmediato y fue corriendo al estudio a buscarlo.Los de la agencia, al ver que Sebastián por fin había caído en cuenta, también respiraron aliviados.—Sabíamos que usted estaba muy ocupado —dijeron con una sonrisa—. Nos preocupaba que fuera a cuestionar los resultados.—Pero rastreamos todo con mucho detalle, así que la probabilidad de error es muy baja. Aquí están sus datos de contacto. La verificación de ADN tendrá que hacerla usted mismo una vez que la contacte.Sebastián estaba de muy buen humor.—Por supuesto. Han hecho un trabajo excelente.—En cuanto la contacte, les transfiero el saldo hoy mismo. Y cuando salga la confirmación final, les doy un bono adicional.Los de la agencia no pararon de agradecer.En ese momento, el asistente volvió con el informe.Sebastián no se detuvo en los detal
Cuando Laia volvió al salón, Andrés ya había terminado de comer. Estaba recostado en el sofá con los ojos cerrados, respirando parejo, como si se hubiera quedado dormido.La luz del sol le caía en la cara pálida, y sus pestañas largas proyectaban una sombra pequeña.Quizás era cosa de la mente, o quizás era que Andrés ahora estaba débil.Sin su arrogancia de siempre, sin esa actitud desafiante que lo caracterizaba, había algo en él que se veía sorprendentemente tranquilo, casi dócil. Ya no resultaba tan antipático como antes.Laia tomó una manta que estaba cerca y se la puso encima con cuidado.De repente, Andrés extendió la mano y le aferró la muñeca.Tenía la palma muy caliente.Sus ojos entreabiertos reflejaban algo difícil de descifrar, cargado de cansancio.—Si estás agotado, vete a dormir a tu cuarto. Te ayudo.Laia se sintió un poco incómoda, pero no lo apartó.La mano de Andrés dudó. Tuvo el impulso de jalarla hacia él.Era un impulso instintivo. Era lo que siempre hacía sin pe