MasukVictoria despertó durante la madrugada y encontró a Adrián observándola. Él tenía una mano apoyada sobre su cintura y la expresión de quien llevaba horas sin dormir, atrapado en pensamientos que no estaba dispuesto a compartir.—¿Cuánto tiempo has estado así?—No lo sé.—Eso significa demasiado.Adrián acarició su mejilla y Victoria comprendió que los resultados contenían algo que no le había contado, pues su manera de vigilarla no correspondía a una simple variación en los estudios.—Quiero saber exactamente qué dijo el médico.—Hablaremos después de las siguientes pruebas.—No quiero que vuelvas a decidir qué información puedo soportar.Él se incorporó, dispuesto a explicarle, pero unos golpes apresurados sonaron en la puerta. Mathis entró seguido por Camille, llevando una caja enviada por Regina con opciones para la boda. El niño subió a la cama entre ambos y comenzó a mostrarles cada objeto, obligándolos a posponer una conversación que Victoria no pensaba olvidar.Durante el desay
Adrián condujo personalmente hasta el hospital, a pesar de que Victoria insistió en que podían utilizar al chofer. Desde que salieron de la mansión, él mantuvo una mano sobre la suya cada vez que el tránsito le permitía apartarla del volante, como si aquel contacto pudiera impedir que algo volviera a amenazarla.—No estoy muriendo —dijo ella.La frase hizo que Adrián apretara los dedos.—No vuelvas a decir algo así.—Entonces deja de mirarme como si esta revisión fuera una despedida.—Solicitaron estudios urgentes.—También lo hicieron después del trasplante y aquí sigo, discutiendo contigo.Adrián llevó su mano hasta los labios y depositó un beso sobre sus dedos, sin apartar la mirada del camino.—Quiero que sigas discutiendo conmigo hasta la vejez.Victoria sonrió y apoyó la cabeza contra el asiento. El cansancio continuaba, aunque no quiso mencionarlo porque cualquier gesto aumentaba la vigilancia de Adrián y no deseaba que el temor volviera a gobernar cada decisión que tomaban.En
La mañana siguiente encontró la sala principal cubierta de invitaciones, muestras de tela y propuestas para la ceremonia. Victoria había pedido algo sencillo, pero Adrián contrató a un equipo dispuesto a presentar alternativas suficientes para celebrar tres bodas distintas, convencido de que ninguna opción sería excesiva si conseguía darle la celebración que ella merecía y que no tuvo la primera vez.—No pienso cambiarme de vestido cuatro veces —advirtió Victoria.—Yo no lo sugerí.—Lo pensaste.—Tal vez dos veces.Victoria lanzó una muestra de tela contra él y Adrián la atrapó antes de acercarse para besarla. Camille levantó la mirada desde el sofá, intentando aparentar indiferencia, mientras Mathis comenzó a contar en voz alta cuánto tardaban en separarse.—Diecisiete, dieciocho, diecinueve...Victoria apoyó una mano sobre el pecho de Adrián y consiguió apartarlo, aunque él conservó un brazo alrededor de su cintura.—Nuestros hijos están aquí.—Ellos querían comprobar cuánto duraba.
La fiesta de compromiso fue organizada en pocos días porque Adrián se negó a esperar para compartir la noticia, aunque Victoria consiguió limitar la lista de invitados a quienes habían acompañado a la familia sin convertir su dolor en entretenimiento. La prensa permaneció fuera de la propiedad y recibiría un comunicado después del anuncio, pues ninguno permitiría que Camille y Mathis fueran expuestos durante un momento que les pertenecía.—Dijiste que sería algo íntimo —recordó Victoria al contemplar el jardín transformado.—Lo es.—Hay suficientes mesas para recibir a media ciudad.—Invité a menos de la mitad.Victoria negó con la cabeza, aunque no consiguió ocultar su sonrisa. Adrián rodeó su cintura y la acercó mientras los empleados terminaban los preparativos, complacido porque ella ya no parecía buscar una razón para escapar de la celebración.—Todavía podemos cancelar todo y quedarnos aquí los cuatro.—No quieres cancelar.—No, pero quería escucharte decir que tampoco deseas ha
La asistente de la comisión les pidió que permanecieran cerca porque la deliberación podía concluir en cualquier momento, pero transcurrieron casi dos horas sin que nadie saliera de la sala. Camille permaneció sentada entre Victoria y Mathis, fingiendo leer uno de los folletos colocados sobre la mesa, aunque sus ojos recorrían una y otra vez las mismas líneas.—Si deciden que debemos irnos, ¿nos separarán? —preguntó finalmente.Victoria tomó su mano.—Nadie permitirá que te separen de Mathis.—Eso no fue lo que pregunté.La firmeza de la niña apenas disimulaba un temor que Adrián ya sabía reconocer, de modo que se inclinó frente a ella, resistiéndose a ofrecerle una seguridad que todavía no poseían.—Si la resolución no resulta favorable, apelaremos y seguiremos defendiendo que permanezcan juntos. No voy a decirte que nada puede cambiar, pero sí puedo asegurarte de que no aceptaremos una decisión injusta sin luchar contra ella.Mathis abandonó su asiento y rodeó el cuello de Adrián.—
La audiencia comenzó con la declaración de los familiares franceses, quienes aseguraron haber actuado desde el inicio por preocupación hacia Camille y Mathis. Su representante describió el vínculo de sangre como una responsabilidad que deseaban asumir, aunque afirmó que la distancia y la falta de información les habían impedido intervenir antes.—Mis representados nunca renunciaron a los niños —declaró—. Solamente desconocían la gravedad de su situación y ahora desean ofrecerles estabilidad lejos de las amenazas que rodean a la familia Montenegro.La defensa de Victoria y Adrián esperó hasta que concluyera. Después presentó correos, registros de llamadas y documentos firmados años atrás, cuando se consultó a esos mismos familiares sobre la posibilidad de recibir a los menores.—En estas comunicaciones rechazaron hacerse cargo de ambos —explicó la abogada—. Incluso solicitaron evaluar el traslado exclusivo de Camille porque consideraban que Mathis requería demasiada atención.Uno de lo







