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El otro lado de la inocencia
El otro lado de la inocencia
Author: Samster_x

El affaire de Mandy 1

Author: Samster_x
last update publish date: 2026-09-15 14:46:33

Punto de vista de Mandy.

 —Ah… sí, justo ahí.

 Las palabras se me escaparon en un susurro entrecortado mientras Derek —mi marido— se hundía en mí.

 Apretó con más fuerza mi cintura y jadeó:

 —¿Te gusta, eh?

 Se movía a un ritmo que a mí se me antojaba demasiado lento.

 —Ay, sí, bebé —gemí, aunque no sentía nada.

 Así había sido siempre: gemidos falsos, orgasmos fingidos, todo fingido. Lo único real entre nosotros era el amor, y, dolorosamente, no bastaba.

 Clavé más las uñas en sus hombros y solté gemidos entrecortados y fingidos mientras él gruñía encima de mí. Cerré los ojos para que no notara que lo que sentía no era placer.

 —Joder… estoy… estoy cerca, bebé —gruñó, echando la cabeza atrás y acelerando las embestidas.

 —Lo sé. Déjalo todo salir —lo empujé, forzando la voz para que sonara tensa, como si yo también estuviera a punto.

 —Ah, eso… eso… —balbuceó palabras incoherentes mientras daba sus tres mejores embestidas, las que hicieron que mi interior se cerrara a su alrededor.

 Al segundo siguiente se desplomó sobre mí y se corrió, caliente, dentro. Su aliento quemaba contra mi clavícula mientras subía una mano y me apretaba un pecho.

 —Dios, Mandy —murmuró, con la polla ya flácida dentro de mí—. Te sientes tan bien. No tienes idea de lo mucho que me encanta estar dentro de ti. Estás tan estrecha, tan perfecta.

 Me llenaba de cumplidos que apenas me hacían sentir un cosquilleo en las mejillas.

 Siempre hacía lo mismo después de cada ronda, y a menudo me hacía sentir valorada. Excepto esta vez. Mi Derek ya no tenía la fuerza de su juventud. Últimamente se había descuidado y casi nunca estaba.

 Yo, en cambio, era una mujer de cuarenta y pico con el coño en llamas. Necesitaba a Derek seis de cada siete días de la semana, y él solo podía darme una, porque el trabajo era más importante.

 —¿Te corriste? —la voz de Derek cortó mis pensamientos y me devolvió a la realidad.

 Le pasé los dedos perezosamente por el pelo.

 —Claro. Me follas tan bien —mentí con facilidad.

 Levantó la cabeza. Sus ojos marrones me miraron con una suavidad enorme.

 —Sabes que si sigues diciendo esas cosas, puede que no pueda evitar follarte otra vez.

 No.

 Otra ronda de esta tortura, no.

 Forcé una sonrisa y le acaricié una mejilla.

 —Aunque me encantaría, no creo que tenga tiempo. Tengo que arreglarme o voy a llegar tarde al trabajo.

 Se retiró de mí. Las cejas se le juntaron de pronto, molestas.

 —Siempre te escapas. Antes te gustaban las segundas rondas.

 Tenía razón. Antes esperaba con ganas que me follara. Desde que Derek envejeció, prefería meterme yo misma la mano antes que a él. Y aun así lo seguía queriendo, aunque el matrimonio me hiciera infeliz.

 Me levanté de la cama y meaté las cintas de la bata.

 —Bueno, alguien me enseñó que el trabajo siempre va primero.

 Lo oí reírse a mi espalda.

 —¿Usas mis propias palabras en mi contra, eh? Un día de estos voy a cerrar la puerta con llave y te voy a dejar aquí.

 Miré por encima del hombro con una sonrisa tensa. La idea no me gustaba nada.

 —Entonces tendrías que mantener mis gastos.

 —Pan comido —sonrió, alargando la mano hacia el móvil.

 Después fui al baño y, tras meses de restregarme con más fuerza de la necesaria, por fin salí hacia el trabajo.

 En la oficina todo me irritaba: el parloteo de los empleados, la documentación a medias de mi proyecto y el café que había pedido hacía diecisiete minutos.

 Apreté la mandíbula mientras movía la silla de un lado a otro, fingiendo leer una revista. La mente no estaba ahí. Lo único que sentía era el clítoris palpitando de insatisfacción.

 Entonces la puerta se abrió y Hailey, mi asistente, entró con una taza de café.

 —Lo siento, señora, había cola en el…

 —Excusas. Podrías haber bajado a la cafetería de abajo, pero preferiste hacerme perder el tiempo —le espeté, con un tono más duro de lo que pretendía.

 Hailey se estremeció, dejó la taza en el escritorio y bajó la cabeza.

 —Lo siento, señora. No volverá a pasar.

 —Claro que no, porque voy a…

 Antes de terminar, la puerta de mi despacho se abrió de nuevo. Entró la última persona que esperaba ver.

 —Joder, nena, ¿no crees que estás un poco agresiva esta mañana? —dijo Tasha, mi mejor amiga, cerrando de un portazo.

 Aunque sabía que Tasha tenía razón, no pensaba admitirlo.

 Miré a Hailey.

 —Sal.

 Hailey salió disparada y nos quedamos solas. Cuando mis ojos se cruzaron con los de Tasha, el modo en que me miraba me dijo que ya estaba en modo observación.

 Puse los ojos en blanco.

 —Deja de mirarme así. Estoy bien.

 —¿Segura? Pareces que te mueres de ganas de follar —resopló, haciendo estallar el chicle mientras se sentaba frente a mí.

 —Cállate. Simplemente no estoy de humor —la corregí, sin saber cómo decirle que no andaba tan lejos de la verdad.

 Hailey era mi mejor amiga y hablábamos de todo. Bueno, de todo excepto de mi vida sexual. Aunque ella no tenía problema en contarme la suya.

 —Vale, ¿por qué no estás de humor?

 Exhalé hondo y evité su mirada.

 —No es nada.

 —Mandy.

 —Te juro que no es nada. Solo estoy…

 —Eres pésima mintiendo. Dímelo de una vez —insistió.

 Me mordí el labio con fuerza y me tapé la cara con las palmas.

 —Derek y yo follamos esta mañana. Y… y fue… hmm, ¿sabes? Como… fingido.

 Los ojos de Tasha se abrieron de par en par y luego se suavizaron con algo parecido a la tristeza.

 —¿Me estás diciendo que no te estás corriendo bien?

 Asentí.

 El aire de la habitación se espesó. Nos quedamos en silencio un rato largo, hasta que Tasha se recostó hacia delante con una sonrisita.

 —Tengo una idea muy buena.

 El corazón me dio un vuelco. Las ideas de Tasha siempre eran irracionales, justo lo contrario de las mías.

 Aun así, quise darle el beneficio de la duda.

 —¿Cuál?

 —Tienes que follarte a un extraño. Una noche.

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