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El affaire de Mandy 2

Author: Samster_x
last update publish date: 2026-09-15 14:47:03

Punto de vista de Mandy.

—No —respondí al instante.

Tasha frunció el ceño y se cruzó de brazos.

—No te pongas tan seria. Sabes que te va a ayudar. Además, ¿quién se va a enterar?

Dios, esta mujer iba a ser mi perdición. Sabía que yo era de las que se agarran a la moral, y que ir a antros o meterme en una noche con un desconocido era algo que yo no hacía.

Sobre todo siendo una mujer casada. Todavía quería a Derek y no iba a destrozar mi matrimonio solo porque el sexo no me llegaba.

—¿Te das cuenta de que estoy casada? —le recordé, moviendo el dedo frente a su cara.

Ella resopló.

—Un matrimonio con un hombre que no te folla bien no es un matrimonio, en mi opinión. Métete el anillo en el bolso o lo que sea —hizo un gesto en el aire, como si el anillo no importara.

—¿Crees que engañarlo soluciona esto? Ni de coña, Tasha. Sabes que yo no soy esa persona —aparté la silla del escritorio y negué con la cabeza.

Tasha levantó las dos manos.

—No te estoy diciendo que tengas que engañarlo. Solo que…

—Follarte a un extraño es engañar, Tasha. No me lo disfraces —la corté, sabiendo lo bien que se le daba torcer las palabras.

—Vale, no quieres engañarlo. Lo respeto —se inclinó hacia delante, apoyando los codos en el escritorio—. Pero en serio, tienes que salir de esta vida. Relájate un poco. Siempre estás trabajando y ahora hasta te estás frustrando mientras lo haces.

Aparté la mirada y me quedé viendo la ventana, donde se veían las nubes.

—Creo que debería hablarlo con Derek —suspiré.

—¿Alguna vez se lo has dicho? ¿Cómo crees que se va a sentir cuando le cuentes que has estado fingiendo todo? ¿Y crees que eso va a cambiar en las próximas veinticuatro horas? —Tasha disparó todas las preguntas de golpe.

Tenía razón.

Nunca le había dado a Derek ni una señal de que en la cama no daba la talla. Si de pronto se lo soltaba ahora, se iba a sentir herido, no preocupado.

Abrí la boca para mirar a Tasha, pero la volví a cerrar. No se me ocurría nada decente que responderle, y ella lo sabía.

—Mandy, mira. Ven al club. Ni siquiera tienes que hacer lo de la noche con un extraño. Ven a divertirte un rato, te prometo que se te va a quitar toda esa mala leche —insistió.

Exhalé hondo, intentando convencerme de que la idea no tenía pega.

—Mmm… vale.

Tasha sonrió.

—Buena chica.

~

Las luces del club parpadeaban en rojo, azul, rosa y blanco.

El bajo de los altavoces hacía vibrar el local con una energía que tenía a cientos de personas bailando como locas. El aire olía a alcohol, perfume y sudor; estaba denso.

La verdad es que todo esto me resultaba nuevo. Sentía que estaba haciendo algo prohibido, pero con la mano de Tasha que no paraba de alzar la mía mientras bailaba, me fui relajando un poco.

Seguí sus movimientos, tirando del bajo del vestido negro para que no se me escapara el culo. Dios, ¿por qué dejé que Tasha me vistiera? Este vestido era más corto que cualquier cosa que me hubiera puesto en la vida.

Era un vestido sin mangas, de espalda baja, que se cortaba justo en la curva del culo. Me sentía demasiado expuesta, pero ya era tarde para hacer nada.

Bzzz. Bzzz.

El móvil vibró en la otra palma y me sacó de golpe.

El corazón se me agitó al ver la pantalla. Era un mensaje de Derek.

[Espero que te lo estés pasando bien con Tasha en la fiesta, bebé. Cuídate, ¿vale? Te quiero]

No pude evitar el calor en el pecho, pero debajo había otra cosa. Sentía que estaba haciendo algo mal.

«No le des más vueltas, Mandy. Tienes derecho a estar en un club. No te sientas culpable», me dijo la voz de la cabeza.

Y con eso contesté.

[Sí, lo estamos. Voy a cuidarme. Yo también te quiero]

En cuanto aparté la vista del móvil, Tasha me llamó.

—Toma, prueba esto —dijo, tendiéndome un vasito con un líquido transparente.

Negué con la cabeza.

—No sé si quiero. No bebo alcohol desde la universidad.

Tasha me agarró la mano y me cerró los dedos alrededor del vaso.

—Por eso mismo tienes que tomártelo. Es tequila, y sabes que no se niega el tequila.

Levantó su vaso, con los ojos brillantes.

—Por dejar de estar de mala leche. Vamos, brinda conmigo.

Dudé un segundo y al final alcé el vaso y lo choqué con el suyo. Después nos lo bebimos de un trago. Tasha no inmutó; yo me atraganté un poco con el ardor en la garganta y tosí bajito.

Aun así, me gustó.

—¡Vale, más baile! —chilló Tasha, y volvimos a movernos al ritmo.

Me sentía un poco mareada, libre, así que bailé mejor. Todo iba de lujo hasta que, entre la masa de borrachos que se movían, vi a alguien. No bailaba. Solo… ¿me estaba mirando? El corazón me dio un vuelco solo de pensarlo.

Dio un sorbo a su vaso sin apartar los ojos de mí. Cristo, ¿me estaban mintiendo los ojos o aquel hombre parecía etéreo?

Lo primero que noté fue la altura: era muy alto. Luego el pelo oscuro, cómo le caía sobre la cara con esa precisión que me dejó los ojos abiertos de admiración. La camisa negra se le pegaba a los músculos y dejaba aún más a la vista ese cuerpo de dios.

Los ojos… Cristo, los ojos tan oscuros, enmarcados por pestañas espesas que le añadían belleza.

Joder.

Nunca había visto a nadie con tantas cosas perfectas a la vez. Me miraba como si quisiera atraerme hacia él, y parecía estar funcionando, porque sentí que se me removía algo por dentro.

Ni siquiera me di cuenta de que me estaba mordiendo el labio hasta que me dolió. Los muslos se me encendieron con un calor que no tenía derecho a sentir, solo de verlo.

Parecía el tipo de hombre que te hace hacer cosas que normalmente te prohíbes.

Antes de que la mente me soltara más pensamientos sucios, sacudí la cabeza para salir de ahí.

«Estás casada, Mandy. No vas a hacer ninguna estupidez», repitió mi voz interior mientras apartaba la mirada de él.

Estaba ahí para divertirme y nada más. Seguí bailando con Tasha, moviendo las caderas, lanzando los brazos al aire e incluso meneando el culo.

El alcohol empezaba a hacer efecto, el aire del club se volvía más caliente y mi ganas de mantenerme compuesta se iban adelgazando. Todo iba bien hasta que algo me golpeó las fosas nasales.

Era un olor fuerte y dulce que me hizo dar vueltas la cabeza: una mezcla de sándalo, pimienta negra y menta.

Cerré los ojos, intentando concentrarme en el baile, pero ese aroma embriagador era lo único que percibían mis fosas.

Miré por encima del hombro, con la idea de descubrir de quién era el olor y felicitarle o lo que fuera, pero en cuanto mis ojos se encontraron con el hombre que tenía detrás, se me cortó la respiración.

Ay, Dios.

Era él.

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