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Capítulo 9

Author: Arlene
last update publish date: 2026-02-23 09:06:50

—¿No vas a decir nada? —pregunté, siguiéndola por el pasillo.

Maya no respondió. Caminaba en silencio, con la cabeza gacha, como si el suelo fuera más digno de atención que mi preocupación.

—Maya —insistí—. No es una pregunta sin importancia. Te vi los moretones. Estaban en tu espalda, en tus brazos… Y aunque no quieras hablar, algo me dice que no son de una caída.

Se detuvo justo antes de llegar a la sala. Sus hombros temblaron ligeramente. Por un segundo pensé que lloraba.

—No tienes que contarme todo, solo dime si estás bien. ¿Quién te hizo eso?

Se giró lentamente. Su mirada estaba perdida, como si la arrastrara a un lugar donde no quería volver.

—No lo recuerdo —susurró.

—¿Cómo que no lo recuerdas?

—Te dije que hay cosas borrosas… cosas que vienen y van. A veces me despierto con miedo, con imágenes que no sé si son sueños o recuerdos. Y esos moretones… no lo sé, Nathan. No sé de dónde salieron.

Me acerqué un poco más.

—¿Crees que alguien te hizo daño?

Bajó la mirada.

—Tal vez. No lo sé. Pero cada vez que intento pensar en ello… me duele la cabeza.

Guardé silencio. Mi garganta se cerró de rabia e impotencia.

—Si alguien te hizo daño, Maya… te juro que voy a encontrarlo.

—No me prometas cosas que no puedes cumplir —dijo con voz baja, quebrada.

—No, no es una promesa vacía —me acerqué más y tomé sus manos—. No sabes cuánto duele no haber estado ahí, no poder protegerte. Me estoy rompiendo intentando mantenerme fuerte, fingiendo que todo está bien… pero no lo está. No desde que volviste. Cada día tengo que fingir que no me muero por abrazarte.

Sus ojos se llenaron de lágrimas. Me soltó la mano y se cubrió el rostro.

—No llores —dije en voz baja—. No quiero verte así.

—¿Entonces qué quieres, Nathan? ¿Que finja que todo esto es normal? ¿Que yo no tengo huecos en la memoria, que tú no estás destrozado, que no hay una niña que podría confundirse si…?

—¿Si qué?

—Si me ve demasiado cerca de ti —susurró.

—Maya, Noah te adora —respondí con ternura—. No sabe que… Ella te quiere con esa pureza que solo los niños tienen. Y yo…

Me detuve. No podía decirlo. No del todo.

—¿Y tú qué? —preguntó con la voz temblorosa.

La miré a los ojos. Y por primera vez, no me contuve.

—Y yo te amo.

Ella retrocedió un paso.

—No digas eso… —susurró, con lágrimas cayendo por sus mejillas—. No puedes decirme que me amas cuando ni siquiera sé quién soy. Cuando yo… —se llevó las manos a la cabeza—. No puedo devolverte eso, Nathan. No ahora. Y quizás… nunca.

Me quedé quieto. No podía moverme, ni hablar. Solo la vi girarse e irse.

Días después..

Estábamos en la sala cuando Maya rompió el silencio:

—Esto sonará extraño, pero… ¿crees que puedas contarme más sobre tu esposa?

Dudé por un momento. ¿Será que ya recordó? ¿Nos recuerda a Noah y a mí? La miré. Seguía de pie frente a mí, esperando.

—Claro, ¿por qué no? —sonreí.

Tomó asiento a mi lado. Y comencé a recordar.

*Flashback*

Estaba sentado en mi mesa cuando la vi. Maya. Hermosa, incluso más en persona. Llevaba un vestido negro y el cabello recogido, destacando aún más su elegancia. No podía apartar la vista de ella, pero entonces vi a un hombre acercarse.

Henry. Su ex.

Él tomó su muñeca con fuerza, y su expresión la delataba: miedo. No lo pensé dos veces y me acerqué.

—Cariño, aquí estás —dije con seguridad, guiñándole un ojo a Maya.

Henry se giró, aún sin soltarla.

—¿Y este quién es? ¿Ya estás con otro, maldita zorra?

Ella tartamudeó, intentando responder, pero Henry apretó su agarre.

—Responde, maldita…

—Tranquilo, señor García. —Le quité la mano de Maya con calma, pero con firmeza—. No quiero volver a verlo cerca de mi prometida. Es la última vez que se lo advierto.

Maya me miró sorprendida. Henry también.

—¿Prometida? —soltó una carcajada burlona—. No me jodas, Larson. ¿Desde cuándo te gustan las cualquiera?

—No hable así de ella —dije sin titubear, pasando un brazo alrededor de Maya—. Y ahora, si no le importa, nos gustaría cenar en paz.

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