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CAPÍTULO 2

last update Data de publicação: 2026-09-12 04:25:01

—¡¡Papá por Dios!!— Exclamé al borde de perder la paciencia.

No estaba en los planes del día acabar discutiendo con Mark, si algo había heredado de él y de lo cuál no me enorgullecía en lo absoluto era mi carácter explosivo... Solía encenderme como dinamita y perder los estribos con facilidad, —Es una salida casual con Emma, eres un exagerado, ¿escuchas lo que dices acaso?

—VICTORIA— estaba enfadándose pero no daría el brazo a torcer, mucho menos cuando llevaba la razón, ¡maldita sea!, no podían hacer conmigo lo que estuviese a su antojo, ¡era su hija! —Sabes que somos el foco de los cotilleos de la prensa, de medio estúpido mundo, no quiero ver mañana a la mañana en periódicos que mi hija se pasó de copas en un bar y terminó haciendo el ridículo con la alocada de su amiga.

Observándome con evidente molestia recalcó, —Y menos quiero que caigas en tus adicciones otra vez así que vete despidiendo de las intenciones de salir, la familia no tiene que verse envuelta nuevamente en líos de esa índole, deberías invertir ese valioso tiempo en tu novio, ese chico se trae loco contigo.— Culminó dándole un sorbo de vino a su copa.

Cada palabra que espetaba de forma viperina se sentía como un golpe a la mandíbula... Uno bajo, muy bajo.

Sin desearlo y como un resorte saltaron vívidas imágenes de aquellas épocas, las más traumáticas... Las escapadas del colegio, las botellas de licor... Mi propio y jodido martirio diario y personal, uno reiterativo que me perseguía a sol y a sombra y recordándome una y otra vez lo endeble, vulnerable e idiota que era.

—Siempre fue más fácil culparme de mis deslices que actuar como padres normales ¿verdad?, siempre fue más fácil tratarme como un cadete a entrenar, una cosa que debía ocupar un lugar, un eslabón más en la cadena, que una hija.— El dolor resultaba inevitable y sabía que me largaría a llorar, rara vez lo hacía, por no decir nunca.

Llorar es para los débiles... Y mostrar debilidad no es una cualidad a tener en cuenta para ti Victoria.

Esa era la típica frase que utilizaba el hombre sentado frente a mí llamado progenitor y que me miraba con evidente gesto herido, —¡¡So-solo por favor!!, sé que debo comportarme, sé lo que soy y represento, pero por favor.

Mamá, que simplemente se limitaba a observar la situación evidenciaba cierto arrepentimiento en su mirada. Una que intentaba hacer parte y arte, u objetar de mediadora en el pleito, pero que sin embargo la última palabra la tenía él, siempre conllevaba a ello, a vivir bajo sus reglas, e intentar estar a la altura de lo que él anhelaba. Y ser únicamente lo que él quería.

—Bien Victoria, si tanto anhelas tener una noche de libertinaje ésta será., pero un mínimo paso en falso y seré implacable, tu insensatez no ensuciará el apellido familiar. — Sentenció Mark.

La mirada masculina que denotaba enojo también se hallaba afectada por mis hirientes pero sinceras palabras.

Asintiendo rápidamente dispuse a encerrarme en mi habitación, no obstante el tono gélido de su voz hizo que ladeara la cabeza nuevamente, —Espero que hables con Nicolás, lo menos que merece es recibir desatenciones de tu parte Victoria.— Espetó de la manera más informal e indiferente posible.

La situación imposible de cambiar me colmaba la paciencia, una vez en el dormitorio pulsé el botón táctil de llamar en la imagen de mi "novio", uno el cuál generalmente deseaba estamparle la jodida cara de un puñetazo.

Resultaba irónico y sumamente gracioso verme envuelta en semejante teatro, ni siquiera podía tolerar más de media hora a su lado y debía rendirle cuentas de lo que hacía o dejaba de hacer y encima, rogarle a los dioses que no se encaprichara en llenarle la cabeza a mi padre de mierdas como "Mark, a Victoria le hace falta límites " ... "Mark, debes ser más estricto con ella", "Mark, Mark, Mark", lame bolas de Mark Anderson.

Un timbre...

Dos timbres...

Tres timbres...

—¿Amor?— Cuestionó acompañado de una suave carcajada femenina de fondo. ¿Acaso una mujer estaba a su lado? ——¿Victoria?

La risa que resultaba más estridente confirmó lo que sospechaba... Una maldita mujerzuela le acompañaba, ¡hombre bastardo si existía, llevaba el apellido Allen!

Intentaba sonar calmada y apacible, pero que se burlaran en las narices y me viesen la cara de estúpida para nada estaba acorde a mi personalidad. Opté por un tono desinteresado y casi neutral e inspiré hondo... Profundo —Por lo que puedo oír estás muy bien acompañado Nicolás... No te preocupes, no soy una novia celosa cariño, podrías introducir tu miembro en cualquier otro ser de este planeta... Que me importaría menos que un reverendo pepino.

Imaginando el rostro casi desfigurado por la ira al hacerle saber que me resultaba indiferente añadí —Te llamaba para mantenerte al tanto, por cierto y he de aclarar, estricta orden de Mark de que saldré con Emma esta noche, así que puedes disponer de tu puta todo el tiempo que gustes, mándale saludos de mi parte y agradécele que pueda lidiar con ese trabajo que a mí me desagrada tanto en ti.— Sin esperar respuesta alguna, corté la comunicación.

Mentalmente cité con cierta ironía las palabras de mi padre, "Ese chico se trae loco contigo Victoria", tan enloquecido de amor estaba... Que por ello se acostaba con cuanta mujerzuela se le cruzase por el camino.

Bastardo, idiota...

Sin reparo llegaba a la conclusión una y otra vez, de lo muy imbécil que consideraba a Nicolás. Uno al que me negaba darle demasiada trascendencia cuya persona, resultaba tan insignificante. Tampoco malgastaría la oportunidad de despeje que se me presentaba. Desconocía los verdaderos motivos ocultos en la insistente invitación de Emma, pero lo agradecía infinitamente, mi ser necesitaba de forma imperiosa tomar un respiro.

A veces me preguntaba, ¿qué sería de mi vida sin la alocada existencia de la blonda de ojos verdes?, siendo la respuesta más que evidente... Una auténtica m****a.

Dirigiéndome al closet de amplias puertas, y tanteando el dedo sobre los labios intenté deliberar qué prenda utilizaría. Sonriendo para mis adentros imaginé a Emma en éste preciso instante corriendo como desquiciada y loca compradora compulsiva por cada local del centro comercial, probándose todos, absolutamente todos los vestidos de diseñadores, allí existentes.

Según ella, era el placer terrenal y maravilla del mundo gastar lo incalculable en ropa y zapatos., hecho que a mí en diferencia me daba exactamente igual. Era una fiel creyente de que no existía tarea en el planeta más estresante que salir de shopping.

En el día a día cotidiano Marian se encargaba de proveerme las prendas de etiqueta, conocía mis gustos a la perfección, y ahorrarme el trago agobiante de hacer las compras, me gratificaba inmensamente.

—Muy bien Victoria, que tenemos aquí...— Dije mientras retiraba un vestido del enorme placard y lo colocaba sobre el amplio sommier., sin tener la mera idea de a dónde me llevaría Emma aseguraba ciento por ciento, que la prenda electa resultaba ideal para la noche de primavera que se hacía presente.

Conforme con la elección tomé una ligera ducha, el día había sido totalmente agotador, uno que como la mayoría constaba de discutir con mis progenitores... Y continuar peleando con Mark... Eso verdaderamente ameritaba un placentero baño renovador.

Enfundándome en el largo vestido gris perla que se ceñía a todo el cuerpo como un guante, y colocándome tacones a juego, proseguí a peinar mi largo, ondeando y sedoso cabello, para luego darle un toque de maquillaje al rostro.

La imagen que devolvía el espejo no pudo más que dejarme satisfecha. No consideraba chica egocéntrica, pero la belleza heredada de mamá, llamaba poderosamente la atención de quién me observase. Era portadora de los denominados "hipnóticos" ojos color miel,  —personalmente me resultaban no más que normales— tenía una estatura promedio, y bueno sí, unos atrayentes atributos físicos. En pocas palabras, no sobraba ni faltaba nada.

Sin poder evitar sonreír concluí en que, realmente era el clon de Marian en sus años de juventud.

Aplaudiéndome mentalmente afirmé lo obvio, Felicidades Victoria,  ¡no has nacido de un repollo y tampoco eres adoptada!

Al instante rodé los ojos por pecar de infantil, e imitando la voz del neurótico hombre que tenía como padre recité...

—"Victoria, es imposible nacer de un repollo por Dios ¡Qué estupideces dices!"

—"Jesús Mark,  ¿en serio?, si hasta recién me vengo a enterar."

—Al parecer mi amiga necesita un psiquiátrico urgente, se ríe sola.— Irrumpió la voz femenina provocándome un susto de muerte.

—¿Es que alguna vez aprenderás a avisar antes de entrar Emma?— Refuté asustada como el demonio.

—Ay Vicky ni que estuvieras gimiendo y arañando las paredes con algún chico sexy cómo para avisar antes de entrar,— de forma traviesa añadió, —eres mi mejor amiga y te amo, pero ingresas en la categoría de santurrona, mojigata Vic.

Haciendo caso omiso a su comentario me aproximé a abrazarla, hecho que la alertó de que algo no marchaba en nada bien.

—Hey, ¿qué sucede?— Cuestionó preocupada.

—Discutí con papá... Otra vez. Se empeña en recordarme el incidente que tanto quiero olvidar Emms, y como cereza del postre llamé a Nicolás y estaba con otra.— Respondí con un dejo de amargura.

Al instante los ojos de mi amiga se abrieron como platos tornándose su mirada furibunda y molesta, —Te juro que a ese gilipollas le voy a cortar las pelotas Vic, tu padre lo tiene en un pedestal de fidelidad y le gustan más las zorras que el mismísimo helado de chocolate.

Vaya, la rubia y sus comparaciones...

—Emms, nunca compares el maravilloso helado de chocolate con el imbécil de Nicolás, hazme ese favor...—Rogué.

—Le voy a patear el culo a ese estúpido en cuanto tenga oportunidad... En serio, y dime qué m****a le picó a Anderson alias dictador que también se empecina en joderte la existencia.

Observé a Emma a través del espejo mientras me proporcionaba los últimos toques de labial —Pues me ha dichos que será implacable conmigo, si monto una escenita como la de hace unos años atrás.

Notando cómo la ira iba tomando posesión de mi amiga, soltó un gruñido —Victoria, si tú sufriste ese episodio no hay más responsable en la faz de la Tierra que Mark, ojalá hubieses notado antes cuán sumergida estabas en sus estúpidas exigencias... no puedo creerlo quisiste sui...

Apresurándome a taparle la boca, me negué rotundamente a que continuase la oración, no quería nunca más volver a recordar ese caótico momento.

—No Emms, por favor, sólo... Sólo disfrutemos esta noche y que sea totalmente memorable... Aparte te ves radiante y hoy, será tu momento de ligue mi amada amiga.— Expresé intentando aligerar el tenso clima que se había generado y también cambiar el tema conversación.

—Corrección Reina Victoria, será nuestra noche de ligue, hoy nos importará tres coños nuestros padres y sus malditas exigencias, hoy te importará un pepino Anderson, los periodistas y el maldito de tu novio, hoy nos importará una m****a todo e iremos por unas rondas de deliciosos Cosmopolitan.— Sentenció ansiosa.

No lograba más que sonreír de auténtica emoción... En instantes así me sentía la más afortunada de las personas por tenerla a mi lado.

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  • Destroy Me (LIBRO 1)   CAPÍTULO 52

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