INICIAR SESIÓNLa vida la ha premiado...
No ha cumplido los dieciocho y la riqueza, asquerosa opulencia y un sinfín de vicios le abrazan como el calor que quema la lujosa ciudad de Beverly Hills. Criada en la selecta alcurnia de una de las familias más influyentes de California, Ginebra Victoria Anderson está a punto de alcanzar la mayoría y con ello lo que siempre soñó para condecorar su perfecta, exquisita y abominable existencia: libertad. Sus días se transitan con la normalidad de una estrella de Hollywood. Rodeo Drive, Santa Mónica y La Península le brindan a Ginebra el cóctel sublime, peligroso y glamoroso que cualquier chica soñaría vivir a tan corta edad. Para su familia es la niña modelo. Para sus amigos es una criatura leal y noble. Para su novio, la futura madre de sus hijos. En la escuela es ejemplar. En la casa es ejemplar. En danza, alemán, violín y gimnasia artística es ejemplar. Ginebra es perfecta... O al menos eso es lo que su brillante, impoluta y deslumbrante capa roja muestra. Pues la vivaz y dulce Caperucita no es tan inocente como las historias retratan... Y el lobo de este fatídico cuento ha llegado a Los Angeles más que dispuesto a demostrarlo. Condenado a ejecutar una venganza despiadada, el frío e indomable siberiano aterrizó en California con un único objetivo en mente: corromper a la nena de papá... Y que de los rizos dorados, la mirada ambarina, la arrogancia disfrazada de inocencia y la lujuria vestida de nobleza no queden más que pobres despojos. A fin de cuentas... Nadie le preguntó al Lobo si era feroz por naturaleza o la crueldad fue su principal arma de supervivencia. CAPÍTULO 1 El golpeteo incesante de la puerta era abrumador y optando por tantear una de las almohadas cubrí mi cabeza con ella considerando que quizá, si no daba señales de vida me dejarían continuar con el deleitante y placentero sueño que la película de la noche anterior proporcionaba. Bendito dominante y virgen santísima... -¡Victoria!- Logré escuchar de manera lejana, -¡Vicky sé que estás ahí!, ¡ábreme la jodida puerta! o la derribaré con una patada de kung fu. Ese estruendoso, chirriante y amenazador timbre de voz tan familiar me hizo abrir completamente los ojos y aunque estaba dispuesta a levantarme con el peor de mis humores, la fatalidad andante se me adelantó de un momento a otro sentándose a horcajadas mía. Fruncí el ceño, rodé los ojos y desee darme un tiro. Detestaba despertar de semejante forma. -¿Es que acaso no puedes pedir permiso antes de entrar Emma?.- Pregunté irónicamente a mi mejor amiga, una que haciendo caso omiso de las palabras comenzó con el habitual parloteo que tanto la caracterizaba. -¡¡Marian me dio total y absoluto pase libre de subir a despertar a la bella durmiente que piensa que porque terminamos la universidad, puede dedicarse de lleno a la vagancia!! -Realmente esto es increíble mi amiga y mi propia madre se complotan para hacer de mis vacaciones un calvario, ¿verdad?- Observándola de forma incriminatoria, comencé a mover las sábanas cuál tsunami destructor con intención en primer lugar de retirar el peso extra que tenía encima llamada Emma, y segundo de levantarme e ir a tomar una ducha. -Victoria sin dudas eres la reina del drama, ¡¡levanta ese envidiable culo!!, necesito pedirte un favor enorme, gigante.- Gruñó dirigiéndome una mirada cargada de dulzura que me resultó empalagosa y al mismo tiempo haciendo ademanes típicos de una excelente actriz de Broadway. Si no la conociese a la perfección apostaría a que su carácter se asemejaba sino al más inocente y adorable de todos, pero no en vano éramos amigas desde que tenía uso de razón y entendía sobradamente que deseaba pedirme un favor del que le constaba, sería difícil ceder. -¡¡Emma!!- Advertí, -Nada bueno vas a pedirme, ¿verdad?, así que hazme el favor de quitar esa cara de gatito inocente que traes, conozco tus artimañas mujercita. Tomando unas toallas del armario voltee a verla, instándole a que continuase -Adelante Emms soy toda oídos. Soltando una risita nerviosa y con esa vocecita cantarina tan suya y peculiar comenzó a contarme acerca de un evento nocturno al cuál necesitaba... No, me rogaba que la acompañase. Parándome en el medio de la habitación, le miré silenciosamente. Mi vida era una literal porquería, y ella lo entendía mejor que nadie. Siendo sobradamente mayor de edad, el libre albedrío no aplicaba respecto a mi persona... No cuando vivía bajo unas estrictas normas clasistas impuestas por una familia de la alta élite y también... Un progenitor un tanto maniático al ejercer el control total sobre lo que refería a la única heredera que tenía. Cuando tu padre resultaba ser el magnate petrolero más importante de todo Estados Unidos ningún tipo de libertinaje, diversión o conducta rebelde, era aceptable. Desde mi nacimiento me habían mantenido prácticamente como si fuese una muñeca de porcelana en una caja de cristal, un trofeo de aparador... No tuve una infancia por así llamarle normal, menos una adolescencia. Se me educó con mano firme... Estricta, proviéndome de las mejores escolaridades y varios, muchísimos estudios para complementar un formato de señorita recatada y en extremo culta. Así conforme fui creciendo, la rutina cotidiana se redujo a libros, y días encerrada en el ostentoso castillo de cristal., ni mencionar codearme con personas de mi edad o simplemente llegar a considerar la idea de probar un poco de eso que todo mundo llamaba rebeldía adolescente. Todo resultaba una constante de suplicio, de intentar cumplir las metas y exigencias impuestas por ambos progenitores... Algo que en sí evidenciaba la más ardua y estresante de las tareas posibles... Puesto que jamás nunca, haciendo todo en mi alcance por satisfacer el ego paterno, podría vislumbrarse a mi progenitor espetando un simple sentirse orgulloso de su única hija. Ahora... Que ya era una señorita graduada de la universidad, envidiable licenciada de finanzas, menos que menos podía hacer de mi vida un desmadre. Mark, el increíblemente sobre protector y exigente padre tenía inconmensurables e infinitas esperanzas de vislumbrarme como el ejemplo familiar. Ni mencionar a Nicolás su joven asociado, a Anderson se le ha metido la idea desde hace varios años, de emparejarnos. Organizaba cenas en las cuales él resultaba invitado como un miembro más de la familia, jugaban juntos al golf y para colmo me ha apoyado, por no decir obligado a que aceptase cada una de sus invitaciones a dónde sea con el simple pretexto de "conocernos". Sujeto que por cierto... Odio. No renegaba de que era un hombre de ideales claros y ambicioso, sin embargo la idea de salir y formalizar por el mero hecho de la imposición y el sentido del deber, en mí no resultaba en absoluto atractivo. Sumergida en un letargo de pensamientos, el toque afable de mi compinche en la mano me devolvió instantáneamente a la realidad. -Vic, entiendo la posición en la que encuentras y no deseo ponerte entre la espada y la pared, pero de verdad , de verdad, necesito que me acompañes.- Gimoteó haciendo pucheros. -Emms, no quiero berrinches del dictador y menos del cerdo de Nicolás. Hacía cuestión de seis meses que por arte y gracia del señor estábamos en una relación y convengamos, era un tanto reticente a la idea de las salidas nocturnas si no las realizaba en su compañía. Enfoqué la atención en mi amiga, que sentada desde la cama me observaba alzando una ceja. -Vicky, déjame decirte que ese idiota no me cae para nada bien, es un gran imbécil, y que tu padre le haya tomado de perro faldero no quiere decir que puede decidir lo que vas a hacer de tu vida. Parpadee un par de veces considerando los pro y contra. Mi carácter naturalmente libre e independiente rogaba por salir de la cárcel de cristal y no me gustaba en lo absoluto rotularme como una pobre niña rica y doblegada. Así que mirando el reflejo en el espejo, esbocé una sonrisa y asentí con convicción -Emms iremos, te concederé la petición y más te vale darme una convincente excusa de por qué debo acompañarte. Casi pude visualizar la sonrisa plasmada en su rostro cuando le escuché aseverar -Claro que sí Reina Victoria volveré en la noche, si me disculpas el centro comercial está solicitando mi atención y el motivo es una salida nocturna de cachengue y salseo. Aunque antes de marcharse entornó la puerta del baño permitiéndome vislumbrar una alborotada melena rubia -Y déjame agregar que si llego y no te encuentro lista, patearé tu trasero tan fuerte que no podrás sentarte por una semana. Su comentario entre amenazador y divertido hizo que estallara en suaves risadas, afirmando y dándole la palabra de que así sería, Emma desapareció de la habitación. Realmente amaba a la blonda, aunque en contadas ocasiones, esas en las que quería que la tierra me tragase, o cuando se comportaba como una niña malcriada y caprichosa, despertaba mi instinto asesino, tenía más que claro que la vida sin ella sería no sólo un calvario... Sino una literal m****a.Ahí me encontraba escapando del dolor y también de la felicidad...Derramando lágrimas propias de un corazón roto y de un amor que abandonaba sin reparos.Pero la verdad era que... No estaba dispuesta a desconfiar una eternidad al lado del lobo feroz, porque aún comprendiendo que me amaba y que el sentimiento era recíproco, no deseaba vivir en la incertidumbre.Quizá me arrepentiría por el resto de mis días o quizá no.Tal vez volvería a su lado diciéndole lo tonta que resultaba, ya que el lazo que nos unía era más fuerte que cualquier traición, venganza o mentira.Pero no era éste el caso.El dolor y la amarga sensación del engaño punzaban en mi pecho, la idea de que absolutamente nadie resultaba lo que en apariencias dictaba era desconcertante.Y aunque la tristeza me inundaba sonreí, sonreí porque a pesar de que dolía el alma, la vida me estaba haciendo un favor.😍😍😍😍😍Cambié rotundamente y determiné alejarme de ese mundo el cuál un día formé parte.Mi padre al igual que Domi
DOMINICConduje como si la vida dependiera de ello.Saltee cada uno de los semáforos, importándome menos que una mierda las multas de tránsito.La sensación de pérdida que se apoderaba de mi mente no permitía siquiera que razonase.Porque todo orientaba a que caperucita no solamente estaría en mi apartamento, sino que también la vería nadando en odio y maldiciendo mi existencia a sabiendas de conocer una verdad a medias.Un motivo, plan y objetivo cuyos resultados fueron todo, menos lo esperado desde el inicio.El miedo ante el huracán inminente me destruía los sesos, ya que de nada me servirían las excusas, el perdón, el hacerle creer que verdaderamente la amaba con mi vida entera.Ruega Dominic... Ruega que esa cerradura no haya cedido.Casi derrapando el coche en la acera, estacioné y salí del automóvil con la rapidez que hasta hoy, desconocía era portador.El elevador no ayudaba en velocidad, y las escaleras eran una pésima opción, ya que subir treinta pisos a las corridas result
VICTORIALas palabras de ese hombre se asentaban en mi interior con avidez y mucha fuerza.Quizá serían la única posibilidad de conocer la verdad acerca de Dominic. No era mi deseo invadir su privacidad, hurgar dónde él no había dado permiso de inmiscuirme, pero la vocecita traviesa y fisgona interior dictaba que debía ir allí.Saber de una vez por todas quién resultaba ser el lobo feroz. Porque incluso sin desearlo las indirectas de Dominic todo éste tiempo ahora parecían elocuentes.Una vez me abra a ti desearás no haberme conocido jamás…Soy malo oscuro y ruin... No te merezco.Prométeme que cuando lo sepas todo no vas a dejarme...No podría vivir con tu desprecio...Perdóname...Todas ellas, sumadas a las palabras intercambiadas con el señor Mikhailov eran claras señales de lo que podría llegar a descubrir.Mi mente y alma se encontraban en disputa ante la indecisión, porque anhelaba que Dominic confiase lo suficiente como para decírmelo todo, sin embargo la parte racional clamaba
DOMINICMi cabeza no dejaba de darle vueltas y vueltas al mensaje de caperucita, estaba comportándome como un gran cretino, ella tenía razón.Y aunque reconocía el peligro que ocasionaba estar a su lado me era inevitable, porque la extrañaba como un demente. Necesitaba de sus abrazos, de la calidez que proporcionaban nuestros cuerpos fundiéndose al unísono. Anhelaba escuchar su dulce timbre de voz.Con esa idea en mente, la recurrente de rogarle perdón., a media tarde decidí ir hasta el apartamento que ahora compartía con mi mejor amigo.Eran pasadas las seis y sabiendas de que mi gatita se comportaba como una madre sobre protectora para con Iván, aseveraba que estaría en el hogar haciéndole compañía.Teniendo la copia del juego de llaves no reparé en tocar timbre, ingresé sin más.Para mi sorpresa Iván estaba allí ... sólo.Ante el ceño fruncido del marica , ojee el reloj, ya eran pasadas las siete y Victoria aún no estaba aquí.—¿Qué mierda quieres Dom?— Espetó un molesto ruso mient
VICTORIA—Vicky … ¿Me preparas tostadas?— Preguntó Iván prendado del televisor.Rodé los ojos, el muy cretino pensaba que era un niño de seis años al que se le debía consentir cada capricho.—Iván tienes dos manos, ¿sabes?— Respondí desde mi habitación mientras sujetaba el cabello en un alto moño y me alistaba para concurrir a la editorial.—Eres una cruel amiga sin escrúpulos, una desgraciada.— Gritó desconsolado y cómico con la equivocada intención de hacerme sentir culpable.—Cierra el pico.Observando el ojeroso rostro de Levedev mientras entraba en la sala, deposité un beso de buenos días en uno de sus pómulos.Me sentía notoriamente satisfecha del acuerdo al que ambos habíamos llegado, uno en el que él prometía dejar el alcohol y la depresión. Uno en el que ya no existirían más lágrimas... Recordaríamos a Emms en el apogeo de los días tal y como era ella... Sonriente, alegre, graciosa y feliz.Porque así se caracterizaba mi amiga, amante de la vida y enamorada del amor... No se
DOMINICEl martirio resultaba enloquecedor, llevaba una semana conviviendo prácticamente con caperucita e Iván y ninguno de los dos parecía dar señales de salir adelante.Victoria a duras penas probaba bocado, su rutina se redujo de la editorial a la amplia cama de la habitación. Muy rara vez se le escuchaba profesar palabra alguna, simplemente con las hermosas orbes caramelo que lucían un tanto apagadas rogaba que le hiciera compañía y velara sus sueños.Sueños que más allá de serlos, se convertían en tortuosas pesadillas de las que debía despertarla a media noche empapada en lágrimas y con el sollozo de Emma en sus labios.En tanto mi mejor amigo, pasaba los días enteros desplomado en el sofá de la sala de mi novia, curtiéndose en alcohol y ahogando las penas en varias botellas de whisky.Padecía y sufría en partes iguales al reparar en que las dos personas que más amaba en el mundo, se hundían cada día más en un profundo pozo depresivo.—Mi amor— vociferé mientras movía el delicado







