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Tres

Author: Nessah
last update publish date: 2026-05-19 01:40:57

PUNTO DE VISTA DE DUNCAN

No podía apartar la vista de ella.

En el instante en que la vi, la deseé... Con locura.

En el momento en que cruzó esa puerta, todo lo demás se desvaneció: el ruido, la ira, incluso el desastre con el que me había topado arriba.

Que Alex organizara una fiesta en mi casa mientras yo estaba de viaje de negocios ya era bastante malo. Encontrar a alguien tan borracha como para vomitarme encima en cuanto regresé había agotado mi paciencia.

Pero ella...

Lo detuvo todo.

Se quedó allí parada como si no se diera cuenta de que acababa de entrar en el lugar equivocado en el momento equivocado, con la mirada fija en la mía, con una mezcla de sorpresa y vacilación.

Y aquí estoy, mirándola a los ojos, con el pene palpitando, deseando probarla.

La forma en que se quedó allí mirándome me hizo querer arrancarle la camisa, desnudarla, atarla a la pared y enterrarme profundamente entre sus muslos temblorosos. Me irritó.

Y me intrigó de una manera que no me gustó.

Mi mirada la recorrió de nuevo antes de poder detenerme. Su presencia atraía demasiado mi atención, con demasiada facilidad.

Di un pequeño paso adelante, acortando la distancia lo suficiente para dejar claro que no debería estar allí.

Mi voz sonó fría.

—¿Quién demonios eres? —pregunté bruscamente—, ¿y qué haces en mi casa?

Sus ojos parpadearon —solo por un segundo— como si estuviera procesando mis palabras.

Luego su expresión se volvió dura y defensiva.

—Estaba buscando un baño —dijo.

Apreté la mandíbula.

Un baño.

De todos los lugares, había terminado allí.

—Estás en la casa equivocada —dije secamente.

Su mirada no se apartó. Al contrario, me sostuvo con más fuerza, como si no fuera del tipo que se intimida fácilmente. Eso solo hizo que la irritación en mi pecho se intensificara.

—Ya me lo imaginaba —respondió, echando un vistazo rápido a la habitación—. Es difícil no darse cuenta cuando abres una puerta y te encuentras con una desconocida medio desnuda mirándote fijamente.

Sentí un tic en la mandíbula.

Una desconocida medio desnuda.

Debería haberme enfadado.

Lo estaba.

Pero mi atención seguía centrada en ella, en la forma en que se mantenía firme a pesar de darse cuenta claramente de que estaba sola en un lugar al que no pertenecía.

Casa equivocada. Momento equivocado. Todo mal.

Di otro paso hacia ella antes de poder detenerme. —Esto no es un baño público.

—Ya me había dado cuenta.

Un silencio se extendió entre nosotros.

Espeso.

Incómodo de una forma que no me gustaba.

Bajé la mirada de nuevo, en contra de mi buen juicio, siguiendo la línea de su postura, la tensión en sus hombros, la forma en que su respiración se había calmado a pesar de que claramente estaba fuera de lugar.

No tenía miedo.

—Tienes que irte —dije, con la voz más baja.

—Sí —respondió con frialdad—. Estoy en ello.

Pero no se movió de inmediato.

Yo tampoco.

Entonces suspiró, cambiando de postura como si mi presencia fuera la molestia. —No tardaré tanto si no te importa no ser un idiota y dejarme usar el baño para no orinarme encima.

Por un segundo, me quedé mirándola fijamente.

No a su actitud. No a su boca, contra la que no me importaría besarla… sino…

A sus ojos.

Azules. Incisivos. Sin disculpas.

La mayoría de la gente bajaba la mirada en mi presencia. La mayoría de la gente lo pensaba dos veces antes de hablarme así. ¿Ella? Me miraba como si no fuera nadie. Como si fuera una persona común y corriente sin mi influencia. Hacía mucho que nadie me miraba sin reconocerme.

Exhalé lentamente por la nariz, obligando a mi mente a concentrarse de nuevo en lo que debía.

—Bien —dije secamente—. El baño está a tu derecha, al final del pasillo.

Arqueó ligeramente las cejas, como si no esperara que cediera tan fácilmente.

—Date prisa —añadí con voz más fría—. Y lárgate de mi casa.

Asintió levemente, pasó a mi lado sin dudarlo y desapareció por el pasillo.

Me quedé allí un momento más de lo necesario.

Entonces murmuré entre dientes: «¿Quién demonios es ella?».

Porque la irritación que me había dejado no era lo único que intentaba ignorar.

Me quedé quieto un momento más de lo debido, escuchando cómo sus pasos se alejaban por el pasillo.

Entonces la casa volvió a quedar en silencio.

Apreté la mandíbula al darme la vuelta, ya mentalmente preparando una lista de cosas que iba a romper, empezando por la cara de Alex.

La puerta seguía entreabierta a mis espaldas, y estaba a punto de cerrarla del todo cuando…

La puerta se abrió de golpe.

“Duncan…”

Una maldición se me escapó antes de poder contenerla.

Apreté la mano instintivamente, lista para golpear o estrujar a alguien, hasta que giré la cabeza bruscamente.

Alex.

Apoyado despreocupadamente en el umbral como si no le importara nada, con la camisa medio desabrochada y esa misma sonrisa exasperante en la cara.

Exhalé un suspiro bajo y seco por la nariz.

“Te estás buscando problemas”, dije con frialdad.

Alex solo se rió entre dientes, completamente imperturbable. “Tranquila. No sabía que volverías tan pronto”.

—Claro —repliqué, acercándome—. Porque si hubiera llegado cinco minutos más tarde, estaría entrando a mi casa convertida en un auténtico circo.

Su sonrisa se ensanchó como si le resultara divertido.

—Pero la fiesta estuvo bien —dijo.

Mi mirada se aguzó.

—Vete —dije secamente.

Alex levantó ligeramente ambas manos en señal de falsa rendición, pero sus ojos se desviaron de mí, hacia el pasillo por donde acababa de venir.

Ese pequeño cambio hizo que mi ánimo decayera aún más.

—¿Qué? —pregunté.

Su sonrisa se tornó cómplice. —Nada.

Ese «nada» no era nada.

Lo supe al instante.

Entrecerré los ojos.

—Alex —advertí.

Exhaló como si yo estuviera exagerando, pero había algo en su expresión ahora: diversión.

—Tienes una chica en casa —dijo con indiferencia, mirando hacia el pasillo—. ¿Desde cuándo recoges a una bajita y no me avisas?

Un breve silencio se instaló.

Apreté la mandíbula.

Con fuerza.

—No tengo ninguna chica en casa —dije secamente—. Es…

Antes de que pudiera terminar, se oyeron pasos por el pasillo.

Y entonces apareció ella.

Recién salida del baño, con una expresión aún más indiferente que antes, como si acabara de sobrevivir a una guerra para la que no se había apuntado.

Alex arqueó las cejas al instante.

—¿Kate? —dijo sorprendido.

Sus ojos se movieron entre nosotros, con un destello de confusión en el rostro—. ¿Alex…?

La habitación quedó en silencio por un instante.

—¿Se conocen? —pregunté bruscamente, alternando la mirada entre ellos.

Alex asintió una vez, sin dejar de mirarla. —Sí. La acabamos de conocer en la fiesta. Sophie te ha estado buscando... dijo que es hora de volver a casa.

Kate parpadeó como si lo estuviera asimilando todo a la vez. —Oh. Gracias.

Dudó un segundo más y, por alguna razón, sus ojos se posaron en mí.

Solo un instante.

Luego asintió levemente.

—Gracias —dijo de nuevo, más bajo esta vez.

Y sin esperar nada más, pasó a mi lado.

La puerta se cerró tras ella. Me quedé mirándola fijamente un segundo de más, como si pudiera volver a abrirse si la miraba con suficiente atención.

—¿Qué tal el viaje? —La voz de Alex rompió el silencio—. ¿Te vas a comprometer esta vez?

Eso me hizo volver a prestar atención.

Mi mirada se posó en él lentamente.

Fría. Impasible.

—Saca a esa gente de mi casa, Alex —dije secamente.

Parpadeó una vez, sonriendo como un loco... un borracho.

—Vaya —murmuró, apoyándose ligeramente en la pared—. Vale. Qué susceptible. Espero que tu padre deje de hacerte de celestina.

—No bromeo.

Alex se enderezó un poco, su tono juguetón se desvaneció lo suficiente como para darse cuenta de que no estaba de humor.

—Vale —dijo, levantando una mano—. Ya se van. Tranquila.

Pero no me moví.

Porque ya no pensaba en la fiesta.

Pensaba en ella.

Y en el hecho de que había entrado en mi espacio, me había mirado fijamente a los ojos y ni por un instante había actuado como si perteneciera al grupo de personas que me temen.

Eso me intrigó.

Alex se separó de la pared, observándome un instante más de lo habitual. —¿Estás bien?

Finalmente lo miré.

—Sáquenlos de mi casa —dije simplemente.

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