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Dos

작가: Nessah
last update 게시일: 2026-05-19 01:38:00

PUNTO DE VISTA DE KATE

Tengo tanta suerte de tener una amiga como Sophie.

Aunque sé que soy la razón por la que no le ha dado una paliza a Lucas. Ha estado a punto de hacerlo cada vez.

Pero ya sabes que tengo el síndrome de la besita pesada, donde intento congraciarme con Lucas y consentirlo cuando me trata como basura, en lugar de hacer algo al respecto.

"Diviértete todo lo que quieras", sonreí. "Yo me quedo con mis vibradores".

"Consigue una polla, Kat". Me dio un beso fuerte en la frente, sin duda dejando la marca de su pintalabios rojo. "Que le den a ese imbécil de Lucas. Y consigue una polla esta noche".

Me agarró de la mano y me arrastró hacia la entrada de la fiesta. "No estoy aquí por los tíos. Digas lo que digas, sigue siendo mi novio, ¿sabes? Prometo divertirme esta noche, pero los tíos están fuera de mi alcance".

Sophie puso los ojos en blanco. "Es una locura cómo puedes seguir siendo fiel a ese imbécil después de que te dejara sola durante meses, Mia. Han pasado seis meses, Kat... ¡Seis malditos meses y todavía no ha vuelto! ¿O acaso se molestó en llamarte o mandarte un mensaje? Así que, cariño, este juego de lealtad de m****a que sigues jugando, tíralo por la ventana".

Abrí la boca para defenderme, pero la cerré. No quería tener esta conversación aquí. Una parte de mí la entendía perfectamente, pero la infidelidad no es lo mío y muchos me llamarán estúpida, pero creo en la lealtad, así que realmente no me importa lo que piensen los demás.

Conocí a Lucas hace dos años cuando vino al bufete donde trabajaba para presentar una denuncia. Empezamos a hablar, salimos y, en poco tiempo, comenzamos a salir. Al sexto mes, ya nos mudábamos juntos.

Desde entonces hasta ahora, he perdido la cuenta de las veces que me ha engañado, y la última vez fue con mi prima Sam. Todavía no puedo sacarme de la cabeza la imagen de ellos follando.

Sophie abrió la gran puerta negra y me sacó de mis pensamientos, llevándome a la casa oscura y neblinosa. La música a todo volumen se mezclaba con gritos y risas mientras Sophie bailaba entre la multitud, chocando con la gente para abrirse paso. Algunos la miraban con desaprobación, mientras que otros la ignoraban y se apartaban para dejarla pasar.

Nos abrimos paso y finalmente nos detuvimos en un puesto con una barra libre de bebidas.

“Kat, ¿qué quieres beber?”, preguntó Sophie lo suficientemente alto como para que la oyera por encima de la música.

“Cualquier cosa”, grité. “Me da igual, con tal de que sea lo suficientemente fuerte como para dejarme dormida y olvidarme del mañana”.

“Entendido”. Sophie cogió dos vasos de plástico azules, buscó entre las distintas botellas de alcohol que encontró y sirvió en nuestros vasos.

Di un sorbo y me picó justo como quería. “¿De verdad conoces a alguien aquí?”. Me acerqué a ella, dejando paso a quienes también necesitaban acercarse al puesto.

—Alex —dijo, dando un sorbo a su bebida—. Conocí a Alex hace dos semanas cuando fui de compras. Me compró ese collar de diamantes que creías que había robado —dijo, mirándome fijamente—. Y me llevó a cenar a un restaurante elegante. Te lo dije, ¿te acuerdas?

Nos alejamos del puesto y caminamos hasta la parte trasera de la casa, donde había una enorme piscina. Allí había mucho más silencio y se la oía con claridad.

—No recuerdo que me lo dijeras.

—Vamos, te lo dije, ¿lo has olvidado?

—No lo recuerdo… —dije, dando un sorbo a mi bebida mientras veía cómo su rostro se iluminaba con una sonrisa y hacía ese gesto con los labios que hace cuando intenta ser seductora. Seguí su mirada y vi a un chico guapo, de pelo oscuro, sin camisa y con vaqueros oscuros. Le guiñó un ojo a Sophie antes de volver a hablar con sus amigos.

Me giré hacia Sophie y la vi con la cara completamente roja; ahora estaba masticando la pajita. —¿Ese debe ser Alex, verdad?

Antes de que pudiera responder, una voz me habló desde atrás.

¿Oíste mi nombre? ¿Hablan de mí, chicas?

Me giré y vi al chico moreno y sin camisa, Alex, justo delante de mí. Le dedicó una sonrisa a Sophie antes de volver a mirarme.

“Pelo largo y negro, curvas de infarto, esos ojos azules… y unos labios que invitan a la seducción”. Su sonrisa se acentuó. “Debes ser la guapísima Kate de la que he oído hablar”.

Señaló a Sophie riendo. “Palabras suyas, no mías. Aunque tengo que admitir que… no se equivocaba”.

Puse los ojos en blanco y miré a Sophie, que de repente parecía muy interesada en evitar el contacto visual. Tomé otro sorbo de mi bebida y observé a Alex con atención esta vez. Complexión musculosa, sonrisa arrogante, confianza natural.

Sí… ahora entendía perfectamente por qué Sophie me había estado rogando que viniera a esta fiesta.

—Sabes —dije con naturalidad, ladeando la cabeza—, si piensas acostarte con mi amiga esta noche, espero que tu ego esté a la altura del tamaño de tu pene. A Sophie le gustan los dulces extra grandes.

Sophie se atragantó con la bebida, casi escupiéndola sobre el vestido de otra chica.

—¡Dios mío, Kate! Sophie siseó, agarrando una servilleta mientras la pobre chica a su lado miraba horrorizada las gotas en su vestido.

—Lo siento mucho —soltó Sophie rápidamente.

La chica entrecerró los ojos antes de marcharse con un bufido de fastidio.

Alex soltó una carcajada.

Y no una carcajada cualquiera. Una carcajada profunda y sincera que le hizo temblar los hombros.

—No tengo nada de qué preocuparme —dijo Alex con naturalidad, guiñándome un ojo.

Vi a Sophie de reojo: su rostro se había puesto rojo de una forma que dejaba dolorosamente claro que estaba disfrutando demasiado de la situación. ¡Qué traidora!

—Necesito ir al baño —dije rápidamente, retrocediendo ya—. Con permiso.

Antes de que pudieran responder, me di la vuelta y me escabullí, dejando a Sophie con el momento que claramente creía que estaba a punto de vivir.

Encontrar un baño en una casa llena de gente fue un error del que me arrepentí al instante.

Cada puerta que abría me llevaba a una fila. Chicas retocándose el maquillaje, chicos apoyados en las paredes, música que se filtraba por todos los pasillos. Era como entrar en un laberinto diseñado específicamente para torturar una vejiga llena.

"En serio...", murmuré entre dientes, abriéndome paso por otro pasillo.

Seguía sin haber nada.

Después de lo que pareció una eternidad, mi paciencia se agotó. Recordé haber visto un edificio más pequeño afuera, separado de la mansión principal donde estaban estacionados todos los autos. Probablemente un anexo. Probablemente más tranquilo. Ojalá vacío.

No lo pensé dos veces.

Empujé las puertas traseras y salí corriendo, el aire frío me golpeaba la piel mientras cruzaba el patio a toda prisa. Las luces de la fiesta se proyectaban tras de mí, la música ahora amortiguada, reemplazada por el sonido de mis propios pasos apresurados.

La pequeña casa estaba un poco apartada, más oscura, Más silencioso.

Perfecto.

Llegué a la puerta, dudando solo un segundo. No tenía tiempo para ser educada ni para pensarlo demasiado. Giré la manija y la abrí.

Y me quedé paralizada.

Justo delante de mí había un hombre sin camisa.

Alto. Hombros anchos. Músculos definidos que parecían sacados de la portada de una revista. De esos que te hacen cuestionar todas tus buenas decisiones… de esos que no puedes dejar de mirar.

Giró la cabeza lentamente hacia mí.

Su mirada se clavó en la mía.

Y por un instante, ninguno de los dos dijo una palabra.

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