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Mi pecho subía y bajaba frenéticamente. Mis ojos apenas se esforzaban por abrirse en la penumbra de la habitación; con tantas emociones y sensaciones mezcladas, no había tenido tiempo para eso.Eiden, a mi lado, jadeaba igualmente, con la respiración agitada, pero todavía con las manos envueltas en mi estómago, como si temiera que escapara. Esto era una locura. Se suponía que debía estar en mi casa, no completamente desnuda en ese cuarto oscuro con la persona más molesta del mundo. Lo peor era que no tenía remordimiento; de hecho, por el alivio que sentía, no había dudas de que mi cuerpo estuviera deseando eso mucho antes de que pasara en mi cabeza.Volteé el rostro en su dirección, averiguando si encontraría su mirada en la oscuridad. Gracias a la tenue luz de la noche, logré verlo. Estaba con los labios entreabiertos y los ojos oscuros puestos sobre mí, recorriendo mi cuerpo con paciencia.—Confieso que me gustaría quedarme, pero si no llego a casa esta noche, seré carne muerta —mur
Mantuve la mirada en la suya, esperando el rastro de una burla o que rompiera de pronto con una carcajada, o al menos, que añadiera otra cosa a su comentario, pero se mantuvo impasible, sosteniendo la misma genuinidad con la que había hablado.El ardor en mi pecho subió a mis mejillas con una velocidad preocupante. Quise retroceder, pero mis pies no cedieron. Apreté las uñas ligeramente en mis brazos cruzados para ver si así reaccionaría, no podía ser que un simple comentario me dejara sin palabras.—¿Sabes? Últimamente me está costando sacarte de mi cabeza —confesó ante el prolongado silencio—. Pasé toda la tarde ignorando las ganas de escuchar tu voz, al final no pude más y vine a verte. Merezco un beso por eso, ¿no?—¿Por qué dices esas cosas? —murmuré al fin, desviando la mirada.Eiden soltó una carcajada ronca y luego hizo una mueca que parecía mezclar sorpresa y decepción.—Veo que todavía te cuesta aceptarlo. Tú me gustas, Ayling. ¿Cómo meto eso en tu cabeza?Tragué saliva, for
Suspiro aliviada tras la línea.—Ay, gracias, amiga, sabía que lo entenderías. Eres la mejor amiga que cualquiera desearía tener. —Su tono angustiado cambió rápidamente a uno alegre. Sentí náuseas por unos segundos por la falsedad del repentino cambio. —Te lo voy a recompensar. Tomemos un helado mañana en la tarde, ¿sí? Me siento súper mal, de verdad.—Ya veremos —murmuré en respuesta—. Tengo cosas que hacer, Zoe. Hablemos más tarde.Colgué sin darle tiempo a hablar. Supongo que, después de todo, debía dejar a Zoe ser; ya no tenía energías para lidiar con lo que pasó.Me tomé una ducha rápida y luego me vestí con un pantalón deportivo, camiseta desmangada y tenis de uso diario. Até mi cabello en una coleta. Iba a salir apenas terminé, pero recordé la bolsa de maquillaje y bajé apurada a la sala para regresar a la habitación con ella.Ahora que lo recuerdo, Eiden no me había llamado desde que salimos de la boutique de cosméticos. Lo sé, solo habían pasado unas pocas horas, pero ya lo e
Nuestra conversación continuó unos minutos más. Dejamos el tema acerca de Eiden a un lado y ella me contó que las cosas no habían sido tan fáciles en las últimas semanas para ella. A pesar de que era súper atenta y buena dando consejos, raras veces hablaba de su vida personal. Hasta ahora, creo que lo único que sabía de ella era que era dos años mayor que yo y que vivía con su padre y su madrastra, con los cuales no tenía buena relación.—Entonces, ¿qué piensas hacer? Necesitas terminar la carrera —pregunté tras un breve silencio.—Buscare empleo. Sé que mi padre jamás dejaría de apoyarme con la universidad, pero, a este punto, creo que más vale prevenir. Además, ya soy grande, debo hacerme cargo de mis propios asuntos.—Cuenta conmigo para lo que sea —entrelacé mi mano con la suya sobre la mesa—. Es más, mañana mismo podemos empezar a regar currículums.Ella rió divertida, como si acabara de decir algo gracioso, pero, sin hacer comentario, asintió, aceptando mi propuesta. La verdad e
Subí los escalones que llevaban a mi siguiente clase. La sonrisa en mis labios no se había borrado, sin importar las sacudidas de cabeza para ahuyentar el beso de Eiden, el contacto fantasmal de sus labios sobre los míos seguía ahí.Bajé la mirada a la bolsa de maquillaje. Qué locura.Apreté la pequeña bolsa contra mi pecho un segundo antes de deslizarla en mi bulto. Limpié el sudor en mis manos y empujé la puerta del aula, esperando pasar desapercibida, pero mis mejillas seguían ardiendo como chispas de llama flotando en una chimenea.La profesora ya estaba en el aula, pero por suerte aún no había iniciado la clase.Me apresuré rápidamente a mi asiento de siempre al lado de Vayolet. Pareció enterarse de lo sucedido con un solo vistazo.—¿Y esos labios fuego, diva? —susurró, analizando cada expresión de mi rostro.—Oh, ¿eso? —tartamudeé—. Tenía tiempo sin darle uso, ¿me queda bien?Achinó los ojos, un poco dudosa, luego asintió, desviando sus ojos a su bulto.—Te queda lindo.Exhalé e
—No me refería a eso. Solo digo que es injusto que la persona que puede tenerlos no tiene ni la menor idea de eso y la persona que sí los quiere no tenga ese derecho. Subí los hombros, restándole importancia. Odiaba admitirlo, pero lo que dijo sí hizo efecto en mi cabeza, no de forma negativa, más bien porque todavía no me cabía en la cabeza que ese chicó frente a mi realmente quería estar conmigo. Recogí mis cosas y me levanté, llevándome el bulto al hombro. Eiden se levantó justo en ese momento, como si lo hubiéramos ensayado. —Deja que te lleve a un sitio. Negué. —No puedo, tengo clases de psicología general. —Prometo que no nos tardaremos —insistió. —Yo… No dejó que hablara, tomó mi mano y corrió hacia la puerta. Traté de zafarme, pero hizo firme su agarre mientras me llevaba a la salida. Giraba el cuello hacia los lados inconscientemente, asustada de que alguien nos malinterpretara, o no queriendo, más bien, que Ryan o Zoe nos viera tomados de las manos. Llegando a su a







