Share

Divorciada del CEO mujeriego
Divorciada del CEO mujeriego
Author: Svaqq16

Capítulo 1

Author: Svaqq16
last update publish date: 2026-07-17 14:17:59

Gael Briggs contempló los senos firmes y generosos de su amante en turno.

Era una mujer hermosa, una antigua compañera de la universidad cuyo nombre no lograba recordar en ese momento.

El cabello castaño y lacio que caía sobre sus hombros no era precisamente lo que él prefería, pero cumplía el objetivo para ese momento. Se habían encontrado en una cafetería exclusiva y poco concurrida.

Ella lo reconoció y le hizo plática. Gael no perdió tiempo: propuso el encuentro casual y ella accedió.

Ahora estaban en ese cuarto de hotel, dispuestos a quitarse las ganas.

Gael se bajó el cierre del pantalón sin prisa. Ante el gesto, la mujer se apresuró a deshacerse por completo de la blusa. Quedó en una fina lencería de encaje frente a él. Sus labios se encontraron con hambre, un choque ansioso de lenguas y saliva.

Justo antes de que él pudiera sostenerla por las caderas para hundirse en ella con brusquedad como un puto salvaje, el tono de su celular llenó la habitación.

Pudo haber ignorado la llamada, pero ese timbre en específico era el que le asignó a su hija.

Se separó por unos segundos de la mujer, que lo observó con desconcierto. No se creía que después de tanta pasión él se enderezara de la cama por una simple llamada.

—Voy a contestar —anunció, sin ocultar el fastidio en su voz.

La mujer semidesnuda frunció el ceño. Se quedó a mitad del colchón, con la falda enrollada en la cintura, muda.

Gael respondió el teléfono.

—¡Eres un maldito hijo de puta!

La voz chillona de su exesposa, la controladora y "perfecta" Rebeca Urdiales, taladró su oído.

—Buenas tardes, ¿qué cómo estoy? Muy bien, gracias por preguntar —la ironía se filtró en cada palabra mientras pasaba una mano por su cabello. Seis años de divorcio y esa mujer no podía ocultar ni un poquito el odio que le tenía.

—Tu hija está llorando. ¿Sabes cómo es ver a una niña de siete años aferrarse a que está vez su padre sí va a cumplir su palabra? —la voz de Rebeca se quebró apenas un segundo, pero fue suficiente para que Gael apretara el teléfono con fuerza—. Te he repetido mil veces que si no puedes venir a verla, al menos avises con anticipación.

—Hoy no me toca ir por ella —un segundo después algo en su cabeza hizo clic. Legalmente no tenía una visita pactada con la niña. Sin embargo, una semana atrás, su hija le había suplicado con esos ojitos brillantes y ese par de coletas rubias y rizadas: "¿Papi, podemos ir al cine el sábado? ¡Estará la película de los unicornios bailarines!"

Él le dijo que sí. Unieron sus dedos meñiques para sellar la promesa. Y ahora, siete días después, por quedarse con una conquista de paso, falló a su palabra.

—Sí, sí tenías —insistió Rebeca—. ¿Cuántas veces tengo que repetirte que cada vez que no le cumples una promesa a tu hija su corazón se rompe? Termina en un mar de lágrimas y su pregunta siempre es la misma: si de verdad la quieres.

—Yo la amo —la interrumpió, y una punzada de culpa lo golpeó. Aceptarlo dolía. Había faltado al cine, igual que falló en la reunión de padres. En su recital de ballet, llegó cuando ya habían bajado el telón y trató de compensarlo con un enorme oso de peluche. Y el fin de semana que le tocaba cuidarla, la dejó con la niñera para una junta de trabajo.

—¿En serio? Pues te diré algo, Briggs, eso se demuestra con acciones, no con palabras. —Rebeca cortó la comunicación de golpe. No aguantaba la rabia, la frustración.

Estaba cansada, harta de tener que mendigar un poco de amor y respeto para su hija.

La mujer, al ver que Gael se quedó quieto con la mirada perdida y el teléfono en la mano, se acercó a él. Acarició uno de sus hombros tensos y con la otra mano rozó su entrepierna.

Él la miró. Enseguida unieron sus labios en un beso salvaje; le urgía quitarse ese mal sabor de boca que le dejó la llamada. Pero mientras sus manos recorrían el cuerpo de la mujer, las palabras de su exesposa se repetían en su cabeza.

Continue to read this book for free
Scan code to download App
Comments (1)
goodnovel comment avatar
Lilian Cruz
a no puede ser ya lo odio ...
VIEW ALL COMMENTS

Latest chapter

  • Divorciada del CEO mujeriego   Capítulo 106

    —Cuando algo se rompe… ya no se puede reparar —repitió Rebeca en voz alta en la soledad de la penumbra. Entonces más recuerdos crueles emergieron en su mente en una ráfaga despiadada. Gritos, reclamos, dolor contenido. —Cuando algo se rompe… Cerró los ojos y buscó refugio en el descanso, pero el sueño le fue imposible. Salió hacia la cocina en busca de otro vaso de agua. ¿Acaso transcurrió una hora o dos desde la partida de Ana Miller? No lo sabía; la noción del tiempo se le había extraviado por completo. Avanzó descalza sobre la baldosa fría. Bebió el agua con lentitud, trago a trago. Soltó un suspiro pesado que le quemó la garganta. —Ya no se puede reparar —se dijo en un susurro, con una resignación que le oprimió el pecho. —Qué bueno que estás despierta. Rebeca giró hacia el punto exacto de donde provino esa voz profunda. Era Gael. ¿De verdad se trataba de él o solo era otro fantasma de su memoria que venía a atormentarla? Ella lo vio avanzar a paso firme por el pasi

  • Divorciada del CEO mujeriego   Capítulo 105

    Alfonso cruzó la entrada de la residencia con la única intención de verificar que Rebeca estuviera bien. La preocupación le contraía las facciones del rostro. —Rebeca, ¿qué pasó? —Hola, Alfonso —lo saludó ella con un hilo de voz cansado—. Bueno, mi bebé sigue en el hospital, pero yo confío en que estará bien… —Sí, verás que sí. Alfonso dirigió la mirada hacia la enfermera; en sus ojos había una muda exigencia de respuestas. La llamada que recibió de Rebeca minutos atrás le dejó un amargo sabor en la boca. Ella le preguntó si cuando algo se rompe resulta imposible de reparar, y después confesó que sentía un enorme hueco en el pecho, aunque intentó convencerse de que aquello debía ser normal. —Sí, bueno, tengo mucho sueño. Debo descansar porque el doctor me dijo que si quería que todo el proceso fuera bien, tenía que tener mucho reposo y estar tranquila. Así que me voy a dormir —Rebeca se levantó del sofá con lentitud; su piel lucía de un tono cetrino por la fatiga. Le extendió

  • Divorciada del CEO mujeriego   Capítulo 104

    Rebeca dejó de escuchar las súplicas insistentes de Ana Miller; los ruidos del exterior se convirtieron en ecos lejanos y carentes de sentido. La presión arterial le bajó de golpe y su visión se volvió borrosa. El zumbido en sus oídos ahogó cualquier otro sonido.Ana Miller la agitó con fuerza por los antebrazos.—Tienes que darme algo por decirte la verdad —le exigía la mujer, mientras detrás de ella Zully forcejeaba sin descanso para que dejara en paz a la señora Urdiales.Entonces Rebeca parpadeó. De un movimiento brusco, se sacudió las manos de Ana de encima y, acto seguido, le estampó la palma con todas sus fuerzas en la mejilla.El sonido que hizo el golpe fue seco, rotundo, helado.Ana se quedó inmóvil; la piel del rostro le ardió al instante bajo la marca roja.—¿Quieres dinero después de todo lo que me hiciste? —logró articular Rebeca con la voz ahogada por la rabia y el asco.Zully abrazó a la señora por la cintura y le gritó a la intrusa que se fuera en ese mismo instante s

  • Divorciada del CEO mujeriego   Capítulo 103

    —Yo soy Ana Miller —dijo la mujer, segura de que la revelación de su nombre completo no le daría ningún indicio real a Rebeca de quién era ella—. Gaia Briggs me contrató para… hacer algo. Rebeca entrecerró los ojos. El nombre de su exsuegra resonó en su mente, pero la cara demacrada de la desconocida no le evocaba ningún recuerdo. —Bueno, ¿dime en qué puedo ayudarte? Ana se humedeció los labios resecos. —Necesito que me des dinero; si tú me das dinero yo te voy a contar un secreto sucio de esa mujer —Ana le reveló la desorbitada cifra que pedía por revelar dicha información. Rebeca parpadeó sin creerlo. La suma que escuchó era desmedida. —Yo no tengo ese dinero. —Necesito eso para salvar a mi hijo —suplicó Ana con la voz ronca. —Podemos llevarlo a consulta —le sugirió Rebeca. —No, en un hospital ordinario lo dejarán morir. Necesito ese dinero, ¡lo necesito ahora mismo! —Lo siento mucho, yo no tengo esa cantidad. —¡Entonces pídeselo al hombre de traje, al hijo de

  • Divorciada del CEO mujeriego   Capítulo 102

    Rebeca arrugó el entrecejo, sorprendida por las palabras de la enfermera. —¿Un niño pequeño? —preguntó. —Sí, está enfermo —respondió Zully con pesadumbre—. Cuando puedo le hago curaciones; la piel de sus piernas tenía llagas bastante feas. —Zully, tu intención es muy buena, pero si de verdad quieres ayudar, lo mejor es llamar a una institución de protección infantil —intervino Rebeca con tono serio—. Ese pequeño no puede vivir en la calle bajo el cuidado de una madre en esas condiciones. —Ya llamé a los servicios de protección al menor tres veces, Rebeca, pero nunca vienen a revisar la zona —suspiró la enfermera con impotencia, mientras apretaba el plato desechable entre los dedos. —Esto que me cuentas es sumamente grave. No es posible que un niño en ese estado de vulnerabilidad permanezca en la vía pública sin que las autoridades actúen. —La mujer parece coherente cuando habla... Dice algunas cosas extrañas a veces, pero fuera de eso se expresa bien. —No importa, Zully. En est

  • Divorciada del CEO mujeriego   Capítulo 101

    Rebeca alcanzó al fin los catorce días del tratamiento hormonal. El ultrasonido confirmó la meta: el endometrio logró los ocho milímetros de grosor necesarios, la medida idónea para recibir el embrión. Antes de dirigirse a la unidad de reproducción asistida —ubicada en el ala especializada del mismo complejo hospitalario—, Rebeca exigió unos minutos a solas con su hija. Entró a la habitación de aislamiento con la bata estéril sobre la ropa. Regina permanecía en la cama, delgada y frágil, sumida en una sedación profunda por los analgésicos que controlaban las crisis de dolor de la leucemia. Rebeca se inclinó sobre el barandal de la cama, tomó la pequeña mano de la niña y las lágrimas calientes inundaron sus mejillas sin freno. —Tendrás un hermanito, mi vida —susurró con la voz rota por el llanto—. Me decías tantas veces que querías uno para jugar... y ahora lo tendrás, mi amor. Tienes que resistir mientras tanto, por favor. Aguanta un poco más. Se limpió el rostro con torpeza, con

More Chapters
Explore and read good novels for free
Free access to a vast number of good novels on GoodNovel app. Download the books you like and read anywhere & anytime.
Read books for free on the app
SCAN CODE TO READ ON APP
DMCA.com Protection Status