LOGINAntes de entrar, me agaché cerca de él y le hablé con voz dulce:—Ahora, papá y yo ya no vamos a quedarnos contigo. Te vas a quedar con tu profesora y tus nuevos amiguitos. Dentro de tu mochila está Boris, tu osito. Después vendré a buscarte, ¿está bien?—Está bien, mamá —respondió él, con aquella mirada confiada que me derretía.Entramos en el salón junto con él. La directora pidió atención:—¡Buenas tardes, clase!—¡Buenas tardes, querida directora! —respondieron los niños a coro, como un pequeño coro.—Hoy, un nuevo integrante se une a nosotros —anunció ella, señalando a Bruninho—. Este es Bruninho... ¿cómo vamos a recibirlo?—¡Bienvenido! —gritaron todos, emocionados.—Aquí tenemos una clase dividida en parejas —explicó la directora—. Tenemos un trío allí, así que uno de ellos se unirá a Bruninho. ¿Quién se ofrece como su pareja?Una niña de cabello rizado, con una sonrisa radiante, levantó la mano:—¡Yo quiero!—Laura, me alegra tu iniciativa —elogió la directora.La niña se leva
En su habitación, le quité la ropa y lo llevé al baño. Lo puse en la bañera y el agua tibia cayó sobre su cuerpecito. Él jugó con el agua, haciendo burbujas, mientras yo lo enjabonaba con cariño. Terminé, lo envolví en la toalla, regresé a la habitación y lo puse sobre la cama. Fui al vestidor, elegí unos calzoncillos bóxer, unos shorts y una camisa, y lo vestí. Peiné su cabello, que estaba suave y olía muy bien, y bajamos a la sala.Encendí la televisión, puse su dibujo animado favorito — Hotel Transilvania — y lo dejé sentado con sus juguetes. Fui a la cocina a ayudar a Jéssica a preparar el almuerzo. Juntas, riendo y conversando, terminamos la comida. Pusimos la mesa y fui a buscar a Bruninho, colocándolo en su sillita especial. Servimos su almuerzo y después nos servimos nosotras. Fue un momento sencillo, pero lleno de amor.Después de almorzar, llevé a Bruninho de vuelta a la sala, lo dejé jugando y ayudé a Jéssica a limpiar la mesa y lavar los platos. Todo listo, fuimos a la sal
En segundos, la sujeté por el cuello y la apoyé con fuerza contra un coche estacionado, apretándole la garganta.—Nunca más te atrevas a decir nada para atacar a mi hijo —siseé, con los dientes apretados. —Tu problema es conmigo, ¿entendiste? Si vienes a buscarme, acabaré con tu arrogancia. Si te metes con mi hijo, voy a joderte la vida. Te voy a encargar para mí, y solo quedará el recuerdo. Puta ordinaria.La solté y ella cayó al suelo, tosiendo y jadeando. Tomé la mano de Bruninho y me giré, caminando hacia la heladería, con las chicas detrás de mí. Me temblaban las manos de rabia, pero me sentía poderosa. ¿Cómo se atreve esa miserable a meterse con mi hijo?Llegamos a la heladería, nos sentamos en una mesa y coloqué a Bruninho en mi regazo. Meggie fue la primera en hablar:—Amiga, me quito el sombrero ante ti. ¡Estás de enhorabuena!—Mostraste quién manda —dijo Sofia, con admiración.—Está bien, chicas —intervino Jéssica, intentando calmar los ánimos. —Stella ya se ha estresado ba
—¿Eh? —respondió Meggie, con toda naturalidad. —Aquí todas están saliendo con alguien, y todas las que yo conozco hacen esas cosas. Así que aquí hay condones para todo el mundo, principalmente para Jéssica, que al principio de una relación es así, ¡todo es fuego!—¡Yo no estoy saliendo con nadie, tú lo sabes! —protestó Jéssica, roja.—Ah, ¿sí? ¿Marcos todavía no te ha dado permiso? —la provocó Meggie.—¿Cómo así? —preguntó Sofia, curiosa.—Júlio todavía no le ha pedido la mano de Jéssica a Marcos —explicó Meggie, riéndose. —¡Así que todavía no la ha liberado!Todas empezamos a reír juntas, mientras Jéssica intentaba defenderse, sin éxito.—¡Son muy pesadas! —se quejó ella, pero con una sonrisa en el rostro.Salimos del centro de salud, entramos en el coche y nos dirigimos a una heladería cerca de la playa. El camino fue corto y pronto estacionamos. Cuando fuimos a cruzar la calle, Jéssica se detuvo de repente y señaló hacia el otro lado.—¿Esa no es Tatiane? —preguntó ella, con la voz
Nunca ha recibido ninguna — una negligencia del pasado que me duele solo de pensarlo. Pero ahora estamos corrigiendo eso. Dominic está en una reunión en Scott Holding, así que vine con Meggie, Jéssica y Sofia. En resumen: un cuarteto apocalíptico, como me gusta llamarnos. Un grupo de mujeres ruidosas y divertidas que convierten cualquier situación en una fiesta.Llegamos al centro de salud, Sofia estaciona el coche con aquella habilidad de quien ya nació sabiendo conducir, y bajamos todas, con Bruninho en mis brazos. Entramos en el edificio y nos dirigimos a recepción.—Buenos días —saludé a la recepcionista, con una sonrisa educada. —¿Hoy están poniendo vacunas?—Buenos días, sí, están poniendo —respondió ella, señalando el pasillo. —Es en la segunda sala a la izquierda. Hay una pequeña fila allí, se informa que usted es la última.—Muchas gracias.Le agradecí y ya iba a girarme cuando Meggie se acercó al mostrador con un brillo travieso en los ojos.—Señorita, ¿estos condones son pa
StellaUn mes después…El tiempo pasó más rápido de lo que imaginaba. Después de aquel suceso, todo se calmó, como si el propio universo hubiera decidido darnos una tregua. Empecé a enseñarle a Bruninho a leer y escribir en casa — mi pequeño, mi tesoro — y confieso que me sorprendí con su inteligencia. Aprende las cosas a una velocidad impresionante: ya conoce todas las letras del alfabeto, reconoce los números e incluso formó algunas sílabas por sí solo. Es una alegría inmensa verlo crecer, desarrollarse, hablar cada vez más. Ya comenzó a socializar con las personas, a interactuar sin miedo, y me siento tan orgullosa que el pecho se me desborda. Creé lazos tan profundos con él que es inexplicable el amor que siento por este niño. No es mi sangre, pero es mi hijo en todos los sentidos que importan.Hablando de sangre… Descubrí, hace poco tiempo, que tengo un padre, dos hermanos y una madre biológica. Al principio, confieso que rechacé la idea. Fue un shock, un torbellino de emociones







