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Author: Liliana Situ
last update publish date: 2025-11-15 03:23:41

Por más que intento dormir no puedo.

Este grillete me aprisiona de nuevo el tobillo y las antiguas heridas que ya estaban sanando vuelven a abrirse.

El dolor es como si me quemara la piel con hielo, es una sensación de ardor frío, duro y metálico.

Una vez me quemé con hielo cuando era más chica.

Dolió tanto que lloré una semana cuando me tocaba la herida.

Pero ahora se que llorar por este dolor no me traerá ningun beneficio.

Poco a poco los ojos se me cierran, más por lo aburrida que estoy que por cansancio y mi sueño rápidamente se torna en pesadilla.

En ella, en todas las pesadillas que he tenido desde que llegué aquí.

Corrección.

Desde que Rey me trajo aquí.

El villano.

El malo.

El monstruo.

Mi torturador siempre es él.

Los malos siempre tienen su cara, su voz, su cuerpo.

Él siempre es el protagonista de mi sufrimiento.

Siempre es el que me inspira terror.

Siempre me persigue, me acorrala como si me estuviera cazando, me destaza por completo.

Sus ojos pasan de café claro a rojos.

De su boca le salen dos largos colmillos de los cuales a veces, dependiendo de mi sueño, unas veces gotean sangre, otras gotean un líquido negro espeso.

Cuando me despierto empapada de sudor y respirando agitada me tardo más de varios minutos, no se cuántos la verdad, en poder acostumbrarme de nuevo a mi entorno y recordar dónde estoy.

De nuevo estoy encadenada aquí abajo.

Desde que me trajo a este sotano perdí la noción del tiempo, pues no tengo como medirlo, como cuantificarlo, aunque no se para que me serviría la verdad.

No salía a ninguna lado antes en mi antigua casa, la casa de mis padres y en este lugar menos.

Antes no se me permitía salir ni siquiera con mis amigas de la escuela, mi madre se la pasaba siempre ocupada en su trabajo como enfermera y no tenía nada de tiempo para mí.

Y mi padre...

Pues él intento de verdad darme una vida medianamente buena, a pesar de que ahora que lo pienso siempre dejó muchas pistas al descubierto...

Mi padre siempre fue un hombre gordo y calvo, usaba un peluquín en lo alto de su calva que a leguas se veía super falso.

Siempre me pregunte su necesidad de ocultar su cabeza sin cabello.

Cuando vivía con ellos, hace apenas un año mi vida era algo diferente.

Un año de mi agonía, de lenta muerte en vida esta a punto de cumplirse puesto que casi después de mi anterior cumpleaños fue cuando todo lo malo me pasó.

Y todo fue tan rápido que aún hoy siempre repaso en mi mente lo que sucedió, como sucedió y no encuentro el momento exacto en qué todo se fue a la m****a.

En fin, como te decía, cuando vivía con ellos tenía una habitación sencilla, con una cama individual que siempre rechinaba cuando me sentaba en el colchón.

Tenía un sencillo tocador de madera café muy clara, un pequeño escritorio de color violeta y un gran armario donde mis padres guardaban toda su ropa.

Aunque cuando me hice más grande comence a ser yo la encargada de tener ese armario en orden, cosa que me pareció entretenida los primeros meses.

Pero después me pareció que mis propios padres me trataban como una sirvienta en la casa y no como su hija.

Porque siempre divago?

Tal vez porque aquí abajo tengo demasiado tiempo para pensar, para recordar lo que quisiera no acordame.

Pero para recordar que?

Mi infancia feliz?

Claro que no!

Mi adolescencia feliz?

Ja... y doble ja.

Mucho menos!

Cuando vivía con ellos aún me aburría.

No salía con mis pocas y casi inexistentes amigas y ni que decir de los pocos amigos o novios que tuve.

Contadas son mis experiencias felices con amistades.

Pocos los días de mi corta vida donde me reia tanto de tonterias que ahora no recuerdo, pero si recuerdo claramente el dolor de estómago por reírme tanto.

Un ruido arriba....

La puerta de la entrada se abrió.

No se cuánto tiempo he estado otra vez aquí abajo desvariando con los ojos abiertos, cerrados, abiertos...

Tiro de la palanca del baño de color rosa y me lavo las manos en este lavamanos, no, el lavamanos no es rosa, tal vez no había de ese color cuando él compro el juego de baño.

El lavamanos es de color como melón, como durazno, algo así.

No soy experta en colores de muebles para baños, pero lo que si es rosa es el jabón y el marco del espejo en la pared.

Cuando subo los ojos para ver mi reflejo, cosa que he evitado desde hacía unas semanas puedo notar que mis ojeras oscuras han disminuido un poco.

Mi cara ahora está más pálida, casi trasparente y que mi pelo ha comenzado a brillar de nuevo.

Cuál es el punto de seguir viviendo asi?

Le preguntó retórica a mi reflejo.

Como si mi reflejo me pudiera responder me quedo escrutinandome por largos minutos.

Nadie contesta, ni mi cabeza con su loca voz contesta.

He intentado algunas veces terminar mi vida por la desesperación, por aburrimiento.

También he pensado muchas veces en que fallezco de un ataque fulminante o algo asi porque no veo otra salida de este lugar y de su control y ser libre....

Pero me detengo pues en primera no tengo nada con que cortarme las venas aquí abajo.

En segunda siempre le he temido al dolor, desde que me rompí el brazo.

Más específicamente el codo a la edad de 7 años, el dolor intenso de ese evento y la dolorosa recuperación los tengo grabados en fuego en mi cuerpo y mente.

Oh no...ahí viene.

Me doy prisa para llegar a mi cama, aunque el sabe exactamente dónde estoy.

Siempre que baja y no prende las potentes luces que rodean está prisión para inocentes siempre usa unos lentes de visión nocturna.

La primera vez que lo ví con ellos grite tan fuerte y le di varios golpes con las manos y pies porque se veia aterrador.

Su imágen alimentó mis pesadillas mucho tiempo después a pesar de que él mismo me explicó con todas las luces encendidas como funcionaban.

Después de apagar las luces me los puso par que pudiera ver en la oscuridad.

La cadena tintinea, le anuncia que estaba de pie y los escalones de abajo crujen ante su peso.

"Hola princesa, como dormiste?"

Termina de bajar los escalones y da un salto en el último con sus botas café claro enormes como de constructor.

Esas botas se parece a unas por las que suplique a mis padres que me compraran cuando era adolescente, en número más pequeño obviamente.

Ellos jamás accedieron.

Las botas de Rey deben de ser número mil, pues son enormes y nunca se ata los cordones.

Me preguntó cómo no se le saldrán las botas de los pies...

"Princesa...?"

Ah! olvide contestar.

"Si...acabo de ir al baño, pero si dormí bien, gracias por preguntar Rey."

Termino de caminar y un dolorcito en mi pie hace que me acuerde de que tenía astillas en los pies.

Debo haber hecho una mueca visible porque se me acerca en un paso largo para cargarme y dejarme sentada en medio de la cama.

"Vamos a ver cómo sigue este bello pequeño piecito."

Con delicadeza que contrasta con sus manos grandes con dedos grandes y algo asperos me quita el calcetín y lo que ve no me gusta por la cara que pone.

"Tapate mis ojos, tengo que encender las luces."

Me dice mientras se levanta y yo tomo la almohada para taparme la cara.

Oigo que camina, encuentra el cordón de las luces y hace como un click cuando la baja y aún con la almohada en los ojos puedo notar la potente luz.

"No te muevas de ahí."

"Te curaré de nuevo ese piecito y nunca más volverás a caminar por ellos descalza."

Maldito hipócrita hijo de puta.

Esas son mis únicas palabras favoritas para describirlo y maldecirlo.

Bastardo, idiota, cabrón, pedazo de m****a, escoria humana, basura humana...

Todas esas y algunas otras también las se, pero me gusta mas llamarle asi porque eso es un maldito hipócrita cuidándome como si de verdad yo le importara.

Preocupándose por está insignificante herida en mi pie cuando me tiene encadenada con un grillete como si fuera una esclava del siglo pasado.

Quisiera gritarle en su oído.

"oye idiota, porque no mejor me quitas este grillete y me dejas salir de aquí?"

"Me estoy pudriendo acá abajo!"

"Quiero vivir y aquí estoy muriendo lentamente!"

Cuando siento su mano en mi tobillo doy un salto que me acelera el corazón.

No se aún si es capaz de escuchar lo que pienso, porque si sabe perfectamente lo que siento por mis ojos según él.

"Tranquila princesa, soy yo, estoy frío?"

Poco a poco me baja la almohada que tengo tapandome la cara.

Noto que no están prendidas todas las luces solo una de ellas, pero siento que me deslumbra la luz.

Cuando pasas mucho tiempo en la oscuridad, cualquier luz te ciega.

Aunque bueno, yo ya no había estado aquí hace unas semanas...

Porque de nuevo me acostumbré a la oscuridad tan rápido?

"Hola princesa, me encanta tu pequeña carita."

Me dice cuando por fin me baja completamente la almohada hasta mis piernas y me da un beso en la frente.

"Hola Rey..."

"No estás frío, tus manos siempre están calientitas."

Es verdad, de hecho creo que es una verdad universal que casi todos los hombres siempre tengan las manos increíblemente cálidas.

Sus palmas irradian calor, sus dedos irradian calor.

Solo varía si tiene las manos suaves o asperas y él las tiene bastante asperas.

No sé si es por su trabajo, no sé si es porque no se las cuida y eso sería muy extraño, pues a mí me cuida en exceso.

Tengo en ese tocador rosa mis compañeros inanimados en esta habitación oscura, en esta prisión disfrazada de sótano, un tarro enorme de crema, la más hidratante y cara del mercado.

Tiene un aroma delicioso a coco y chocolate.

No se si es fijación de este hombre en qué huela a coco y chocolate.

Cuando estaba arriba, en la casa y se me permitía caminar por la sala, pude ver qué tenía unas varillas como de incienso en un frasco con agua y despedían un aroma a coco.

Sus muebles olían a coco, no se cómo le hacía o le hace pero toda la casa, arriba huele a coco y chocolate.

Aunque me pongo crema en mi heridas en el tobillo, nunca puedo untarme bien donde me duele, por lo que esa parte siempre está reseca y aspera.

Sin dejar de verme sonríe y sus ojos se le iluminan, su cara también cambia, ahora es menos amenazador.

Quita la gasa de mi pie, limpia con agua oxigenada la herida de nuevo.

Pone algo como pomada blanca en mi pie y no puedo evitar reírme por sentir su toque.

"Me encanta tu risa princesa, es tan refrescante y melodiosa, debo hacerte reír más."

Termina de ponerme la gasa, está vez me pone una venda y luego examina mi brazo.

"Cómo te hiciste esto?"

Bajo la mirada extrañada y puedo ver qué tengo un rasguño largo por todo mi antebrazo y ha comenzado a sangrar.

"No se Rey...no se..."

Es la verdad y espero que me crea....

Se levanta después de ponerme el calcetín e inspecciona todo el sótano buscando algo que me cortara, roto y aventado lejos de mi alcance.

Levanta las sábanas de la cama y entonces lo ve.

Lo saca y me lo pone a la altura de mis ojos.

"Lo trajiste de arriba?"

Bajo la cabeza...atrapada infraganti.

"Si Rey... perdóname lo traía en mi mano ayer."

No puedo mentir, lo tengo prohibido.

"Ay princesa, si me hubieras dicho que lo querías te lo hubiera dado."

"No tendrías que haberlo escondido."

Abre el pasador en forma de infinito que tiene piedritas que brillan y me lo pone a un lado de mi cabello recogiendolo.

"Listo...muy hermosa."

"Justo como el día en que te traje."

***By Liliana Situ***

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