Share

La bofetada

last update publish date: 2026-10-30 20:34:06

Antes de irse al aeropuerto, Gael tocó la puerta de la suite donde dormía Tadeo.

Elena abrió con los brazos cruzados. Se había bañado y cambiado de ropa, pero tenía los ojos hinchados.

—Cinco minutos —le dijo Gael—. Solo quiero verlo antes de irme.

Elena lo miró un momento y, sin decir nada, se hizo a un lado.

Tadeo estaba despierto, sentado en el centro de la cama, entre las dos almohadas, con el dinosaurio en las piernas. Cuando vio a Gael, se le iluminó la cara.

—¿Ya es mañana?

Gael se detuv
Continue to read this book for free
Scan code to download App
Locked Chapter

Latest chapter

  • EL HIJO SECRETO DEL MULTIMILLONARIO   La bofetada

    Antes de irse al aeropuerto, Gael tocó la puerta de la suite donde dormía Tadeo.Elena abrió con los brazos cruzados. Se había bañado y cambiado de ropa, pero tenía los ojos hinchados.—Cinco minutos —le dijo Gael—. Solo quiero verlo antes de irme.Elena lo miró un momento y, sin decir nada, se hizo a un lado.Tadeo estaba despierto, sentado en el centro de la cama, entre las dos almohadas, con el dinosaurio en las piernas. Cuando vio a Gael, se le iluminó la cara.—¿Ya es mañana?Gael se detuvo junto a la cama.—¿Mañana?—Dijiste que mañana íbamos a platicar.Gael se sentó en el borde del colchón. Detrás de él, Elena se quedó de pie junto a la puerta, sin moverse.—Todavía no es mañana. Tengo que irme de viaje unos días.Tadeo apretó el dinosaurio contra el pecho y frunció el ceño, igual que él.—¿Vas a volver?Gael levantó la vista hacia Elena. Ella no dijo nada, pero tampoco apartó la mirada.—Sí —contestó Gael, mirándola a ella—. Voy a volver.***El jet despegó de Cancún al medio

  • EL HIJO SECRETO DEL MULTIMILLONARIO   Los comentarios

    Elena abrió la boca para contestar.—Yo...Alguien tocó la puerta, justo detrás de su espalda, y los dos se quedaron quietos.—Señor, soy Bruno.Gael no se apartó de ella.—Ahora no.—Es su padre, señor. —La voz de Bruno sonaba apurada al otro lado de la puerta—. No ha dejado de llamar desde las cinco, y contesté para que dejara de sonar en la suite. Dejé a otro hombre cuidando al niño.Gael cerró los ojos un segundo. Después quitó la mano de la puerta, se apartó de Elena y abrió.Bruno le entregó el teléfono con la llamada abierta y se quedó en el umbral, sin entrar. Gael se lo llevó a la oreja.—¿Dónde mierda estás? —La voz de Octavio Villanueva llenó la oficina, tan fuerte que Elena la escuchó desde la puerta—. El piloto me dijo que sigues en Cancún.—Efectivamente.—¿Efectivamente? ¿Eso es todo lo que tienes que decirme? La familia de Marcela está sentada en mi sala, la prensa está confirmada para esta noche y mi hijo está en un hotel de playa, descalzo y sin camisa, cargando al b

  • EL HIJO SECRETO DEL MULTIMILLONARIO   La discusiòn

    Gael se quedó inmóvil, con el niño en brazos, mirando a Tadeo como si no hubiera entendido la pregunta.Tardó en contestar.—Es hora de dormir —dijo al fin, en voz baja—. Mañana platicaremos sobre eso.Tadeo sonrió, se acomodó mejor en sus brazos con el dinosaurio apretado contra el pecho, bostezó y se quedó dormido antes de que Gael diera el primer paso.Gael salió del cuarto de servicio con él, y Elena le pisó los talones.—Dame a mi hijo —le dijo en voz baja, para no despertarlo—. Dámelo ahora.Gael siguió caminando.—¿Quién te crees tú para pasar por encima de mí? Es mi hijo, no uno de tus hoteles.Gael no le contestó. Atravesó el vestíbulo descalzo y sin camisa, con el niño dormido en los brazos, y los huéspedes que se habían despertado con la búsqueda levantaron los teléfonos para grabarlo. Gael no se detuvo ni los miró. Entró al ascensor, y Elena entró detrás de él, con la pijama mojada y los ojos rojos, mientras las puertas se cerraban sobre una docena de pantallas encendidas.

  • EL HIJO SECRETO DEL MULTIMILLONARIO   Desaparecido

    —¿Tadeo?Elena revisó el baño, el clóset y debajo de la cama, y después salió a la terraza descalza. Se asomó por el barandal con el corazón golpeándole el pecho, pero abajo solo estaban la piscina iluminada y la arena vacía.Corrió al pasillo, pero estaba vacío y en silencio, con todas las puertas cerradas. Pensó que su hijo había bajado, empujó la puerta de las escaleras y bajó los diez pisos gritando el nombre de Tadeo, hasta llegar a la recepción sin aire y con los pies lastimados.—¡Mi hijo no está! ¡Tiene tres años y no está en el cuarto!En cinco minutos, todo el personal del hotel estaba despierto. Los meseros revisaban el restaurante, los de seguridad recorrían el estacionamiento con linternas y don Rubén llegó en pijama, con el teléfono en la mano, preguntando a todos si alguien había visto a un niño. Lo primero que hizo fue llamar a la habitación de Bruno.***Bruno subió descalzo y con la camisa mal abotonada, y tuvo que tocar tres veces la puerta de la suite presidencial

  • EL HIJO SECRETO DEL MULTIMILLONARIO   No es tu Papà

    Elena se quedó con la mano en el interruptor.—No, mi amor. Ese señor no es tu papá.—¿Y quién es mi papá?—Tú no tienes papá, Tadeo. Me tienes a mí, y conmigo te alcanza.Tadeo no dijo nada más. Se dio la vuelta hacia la pared, abrazó el tiranosaurio de peluche y se tapó hasta la cabeza con la sábana. Elena apagó la luz, se sentó en el borde de la cama y esperó, aunque por debajo de la sábana lo escuchó llorar en silencio un buen rato antes de que se quedara dormido.***En la suite presidencial, la maleta de Gael estaba cerrada junto a la puerta, porque el jet lo esperaba en el aeropuerto a las seis de la mañana para llevarlo a Milán.Bruno entró sin tocar, algo que solo hacía cuando había un problema.—Señor, los huéspedes ya saben en qué habitación están la señora Salcedo y el niño. Alguien publicó el número en internet, y hay gente sentada en el pasillo y en las escaleras con los teléfonos listos para fotografiarlos en cuanto abran la puerta.—¿Cuántos?—Cinco, pero van a ser más

  • EL HIJO SECRETO DEL MULTIMILLONARIO   La pregunta sin respuesta

    Tadeo cruzó el vestíbulo corriendo, con las manos todavía llenas de chocolate y la mochila de dinosaurio rebotándole en la espalda.Bruno dio un paso para cerrarle el camino, pero Gael levantó una mano y el escolta se quedó quieto.—¿Te acuerdas de mí? —le preguntó Tadeo, frenando justo frente a sus zapatos—. Soy Tadeo.Gael se agachó hasta quedar a su altura.—Me acuerdo.—Te vi en la tele del aeropuerto, pero mi mamá no me hizo caso.Antes de que Gael pudiera contestar, Tadeo le puso las dos manos en el pecho, y en la camisa blanca quedaron marcados diez dedos pequeños de chocolate.Elena llegó detrás de él, sin aire.—Tadeo, ven acá. Mira lo que hiciste.—Déjelo —dijo Gael, sin apartar la vista del niño.—Le manchó la camisa.—Ya lo vi.Tadeo se miró las manos, luego miró la camisa y frunció el ceño.—Perdón. Fue sin querer.—Lo sé. —Gael se miró la mancha y después volvió a mirarlo a él—. ¿Qué haces aquí, Tadeo?—Vivo aquí. Bueno, un ratito. Mi mamá va a arreglar todos los cuartos

More Chapters
Explore and read good novels for free
Free access to a vast number of good novels on GoodNovel app. Download the books you like and read anywhere & anytime.
Read books for free on the app
SCAN CODE TO READ ON APP
DMCA.com Protection Status