LOGINCapítulo 28La reina que aprendió a elegirseValeria terminó la llamada con Clara y permaneció unos minutos contemplando la pantalla del teléfono. Había algo diferente en la manera en que respiraba, como si una preocupación que llevaba días instalándose en su pecho hubiera decidido marcharse sin hacer ruido.Clara no había titubeado al explicarle la naturaleza de su relación con Juan Alberto. No hubo evasivas, medias verdades ni silencios sospechosos. Solo una amistad nacida años atrás, cuando ambos atravesaban sus propias tormentas, y que había sobrevivido sin convertirse en una historia de amor.Valeria sonrió.Por primera vez desde que Juan Alberto había comenzado a despertar su curiosidad, podía dejar de preguntarse si estaba pisando un terreno que no le correspondía. No había traición, competencia ni secretos que la obligaran a retroceder. Clara, lejos de sentirse amenazada, parecía genuinamente interesada en que ella se permitiera vivir aquella experiencia.—Bueno, Valeria —murm
CAPÍTULO 27Las historias que nos acercanValeria llevaba varios minutos mirando la pantalla de su teléfono cuando decidió que no podía seguir construyendo teorías a partir de un par de mensajes.La pregunta de Juan Alberto continuaba resonando en su cabeza.¿Alguna vez Clara te habló de un hombre al que conoció durante un viaje y que cambió por completo la manera en que ella veía el amor?No. Clara nunca le había contado una historia semejante. Al menos, no una que Valeria recordara.Se levantó de la silla, llevó la taza vacía a la cocina y regresó con el teléfono entre las manos. La curiosidad podía más que el cansancio que todavía sentía después de la noche anterior.Valeria: No recuerdo que Clara me haya hablado de ningún hombre con esas características. ¿Qué tiene que ver ella contigo?La respuesta no llegó inmediatamente.Al otro lado del país, Juan Alberto acababa de llegar a los viñedos. Había saludado al encargado, comprobado que los insumos estuvieran completos y dado alguna
CAPÍTULO 26Un amanecer con sabor a caféA la mañana siguiente, Juan Alberto despertó temprano. Tenía que regresar a sus labores en los viñedos y supervisar la recepción de los insumos que había comprado durante su viaje a la ciudad. Todo había salido según lo previsto: había conseguido los materiales que necesitaba para sus negocios y, además, había tenido la oportunidad de conocer a Valeria, la mujer que llevaba tanto tiempo despertando su curiosidad.Mientras se duchaba, recordó algunos momentos de la noche anterior. La risa espontánea de Valeria, sus comentarios inesperados y aquella manera tan particular de mirarlo cuando él decía algo que conseguía sorprenderla.Sonrió para sí mismo.Había disfrutado de su compañía mucho más de lo que esperaba. Sin embargo, no quería precipitarse. Sabía que una cena agradable no significaba necesariamente que ella sintiera lo mismo que él. Prefería darle tiempo, permitir que la confianza creciera y demostrarle, con hechos, que sus intenciones er
CAPÍTULO 25El sabor de los pequeños detallesLa noche había terminado mucho mejor de lo que Valeria se había permitido imaginar.Después de una cena deliciosa, acompañada de conversaciones que parecían no tener prisa por terminar, ella y Juan Alberto se quedaron contemplando el mar desde la terraza del restaurante. Las olas rompían suavemente contra la orilla y la brisa nocturna jugaba con algunos mechones del cabello de Valeria, mientras la botella de vino iba quedándose vacía entre risas, confidencias y miradas que duraban un poquito más de lo necesario.Valeria estaba especialmente risueña. El vino tenía ese efecto en ella: le soltaba las palabras, le aligeraba las preocupaciones y la hacía encontrarle gracia hasta a las cosas más insignificantes.—No te rías tanto, que vas a terminar contagiándome —comentó Juan Alberto, observándola con una sonrisa.—¡Pero si tú también te estás riendo!—Es que tú te ríes hasta cuando no hay motivo.—¿Y eso es malo?—No. Es peligroso.Valeria lade
Capítulo 24Como si llevara años esperándomeAntes de subir al automóvil, Valeria sacó el teléfono de su bolso.Juan Alberto estaba a su lado, esperando con paciencia, sin apresurarla ni preguntarle qué hacía. Ella abrió la conversación con su hermana Nayi y activó la opción para compartir su ubicación en tiempo real.Escribió un mensaje breve:Es mi ruta a la cita con Juan Alberto. Te comparto mi ubicación por si acaso. Luego te cuento.Envió la ubicación, comprobó que se hubiera compartido correctamente y guardó el teléfono.No era desconfianza, se dijo. Era prudencia. Apenas comenzaba a conocer a aquel hombre y, por mucho que le agradara, todavía había cosas que necesitaba descubrir sobre él.—¿Lista? —preguntó Juan Alberto.—Lista.Él abrió la puerta del automóvil para que ella subiera. Valeria acomodó el bolso, recogió ligeramente el vestido para no arrugarlo y se sentó en el asiento del acompañante. Juan Alberto cerró la puerta con cuidado, rodeó el vehículo y ocupó su lugar det
Capítulo 23A las ocho y treintaValeria abrió el armario por tercera vez en menos de diez minutos.Había sacado un vestido color vino, uno negro que reservaba para ocasiones especiales y otro de tono lila que le gustaba especialmente porque resaltaba sus facciones. Los tres descansaban sobre la cama, mientras ella los contemplaba con una expresión de absoluta indecisión.—Es una cena, Valeria. Una cena, nada más —se recordó frente al espejo.Pero ni ella misma parecía convencida.No era la primera vez que un hombre la invitaba a salir. Tampoco era una adolescente experimentando sus primeras emociones románticas. Tenía cuarenta y cinco años, una vida construida con esfuerzo, responsabilidades que no podía abandonar y suficientes experiencias para saber que una invitación no era una promesa.Sin embargo, aquella cena le provocaba un nerviosismo que no conseguía explicarse.Quizá porque Juan Alberto había logrado despertar su curiosidad sin perseguirla, sin exigirle atención y sin hacer







