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C199: Lista de exigencia

last update publish date: 2026-10-29 08:29:20

La lista de exigencias de Mónica pesaba en mis manos como si estuviera hecha de plomo.

Quería romperla, quemarla. Incluso quería volverla una bola arrugada y tragármela.

La había leído tres veces, y cada vez que la leía, la rabia me hervía un poco más en la sangre.

Protección las veinticuatro horas.

Una habitación privada con baño propio.

Comida preparada por un chef.

Acceso ilimitado a internet.

Un abogado para revisar su situación legal.

Un pasaporte nuevo.

Un pasaje aéreo a cualquier
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    ••Narra Maximilian••La puerta se cerró detrás de Vienna con un golpe que resonó en todo el comedor.Me quedé allí, de pie, con la lista de exigencias de Mónica aún en la mano y el corazón latiéndome con fuerza. Inconsciente, arrugué el importante papel, sintiendo la rabia y la frustración mezclándose en mi sangre. Ella no lo entendía. No entendía que esto no era por Mónica. No era por ayudarla. No era por darle un lugar donde quedarse o protección. Era por nosotros. Por todos nosotros. Y en especial, por ella.Pietro seguía ahí fuera. Había intentado matar a Bianca. Había intentado matar a Vienna. Y mientras él estuviera libre, ninguno de nosotros estaba a salvo. Vienna quería ser una gran modelo aquí, demostrarle a todos aquellos que se burlaron o la despreciaron que podía ser una gran modelo. Y no conseguiría hacerlo a menos que Pietro esté preso… O tres metros bajo tierra. Mónica era la única que podía ayudarnos a hundirlo. La única que tenía información sobre sus cuentas, sus

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    —¡No me importa! ¡No quiero que le des nada y no quiero que esté cerca de nosotros… cerca de ti! —grité las palabras, saliendo desde lo profundo de mi garganta. La admisión en lugar de hacerme sentir liberada, me hizo sentir avergonzada. Miré a Bianca—. ¿Y tú qué opinas? Ella era mujer. Ella comprendería mis inseguridades sin necesidad de tener que explicarlas. Además, había pasado algo parecido con Alessya y Elliot. Ella tampoco quería que mi amiga estuviera cerca de él. Me entendería. Y en estos momentos, lo que más necesitaba era apoyo. Mi amiga rubia suspiró.—No lo sé. Una parte de mí quiere creerle. Quiere creer que alguien puede ayudarme a recordar lo que pasó, que puede darme las respuestas que necesito. Pero otra parte... —Sus ojos marrones se encontraron con los míos. Pude distinguir su confusión, su debate metal—. Otra parte tiene miedo. Miedo de que no haya vuelta atrás—No estás sola en eso —dijo Elliot, tomando su mano—. Yo también tengo dudas. Pero creo que vale la p

  • EL REGRESO DEL CEO: RECLAMADA POR MI CUÑADO    C199: Lista de exigencia

    La lista de exigencias de Mónica pesaba en mis manos como si estuviera hecha de plomo. Quería romperla, quemarla. Incluso quería volverla una bola arrugada y tragármela.La había leído tres veces, y cada vez que la leía, la rabia me hervía un poco más en la sangre. Protección las veinticuatro horas. Una habitación privada con baño propio. Comida preparada por un chef. Acceso ilimitado a internet. Un abogado para revisar su situación legal. Un pasaporte nuevo. Un pasaje aéreo a cualquier país de su elección cuando todo terminara. Una suma de dinero mensual por los próximos cinco años. ¡Era una lista de demandas de una princesa, no de una mujer que había venido a pedir ayuda!—Esto es ridículo —Arrojé el papel sobre la mesa del comedor—. ¿Quién se cree que es?Maximilian estaba sentado al otro lado de la mesa, con los brazos cruzados y el ceño fruncido. Elliot estaba a su lado, con una copia de la lista que había estado revisando en silencio. Bianca estaba junto a mí, con las

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    ¿Cómo esa perra obsesiva había conseguido nuestra ubicación? ¿Maximilian se la había dado? No lo creo. Parecía tan sorprendido como yo. ¿Estaba tan obsesivamente loca y acosadora que fue capaz de conseguir nuestra nueva ubicación? Pero por encima de todo. ¿Qué carajos le pasaba a Maximilian para dejarla entrar a nuestro hogar? Me tuve que tragar la bilis que quería soltarle a Maximilian. Dos guardias escoltaron a la demente mujer hasta nuestro comedor. Se me revolvía el estómago solo por tenerla aquí, en nuestro hogar, en nuestra mesa, mientras intentábamos sanar nuestras heridas Agrandé los ojos al percatarme del estado de esa mujer. Estaba irreconocible. Su cabello rubio, siempre tan perfectamente peinado, colgaba en mechones desordenados sobre sus hombros. Su rostro, normalmente cubierto de maquillaje impecable, estaba pálido y demacrado. Sus ojos verdes, que me habían mirado con desprecio, ahora estaban opacos, apagados. —Maximilian, gracias por recibirme —Intentó s

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    ••Narra Vienna•• La mansión se sentía más como una jaula de lujo que como un hogar. Al principio me encantó cada estancia y lo sentí todo tan espacioso. Pero los días pasaban lentamente y las paredes se sentían más pequeñas, opresivas. Me repetí una y otra vez que era por mí propio bien, que era por mí protección. Pero no era suficiente. Los guardias patrullaban los pasillos las veinticuatro horas, y cada vez que una puerta se abría, mi corazón daba un vuelco. No estaba acostumbrada a cruzarme con hombres armados en cada esquina. Maximilian había insistido en que era por nuestra seguridad. Que nadie podía entrar sin su autorización. Que estábamos a salvo. Pero yo no me sentía a salvo. No después de Amelia. No después de saber que Pietro era capaz de llegar a cualquiera, en cualquier lugar, sin importar cuántas cerraduras hubiera en la puerta. El pethouse, la agencia de modelaje y Maximilian está revisando la compañía eléctrica. —Buenos días, señora King —dijo el guardia del p

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    El timbre del teléfono me despertó. Abrí los ojos, confundida, estirando las manos en busca de mi celular. Pero al tomarlo, me di cuenta que no era el mío el que causaba ese sonido infernal que no me dejaba dormir. Los ojos me ardían en busca del causante, hasta que visualicé a Maximilian estaba de pie junto a la ventana, con el teléfono en la mano. Su ceño estaba fruncido, como si dudará en responder. ¿Quién era? —¿Qué pasa? —pregunté, incorporándome. Él rechazo la llamada al instante, guardando su celular. Por un segundo, no respondió. Hasta que sus ojos azul profundo se encontraron con los míos. —Amelia está muerta. Por un segundo, creí haber escuchado mal. Parpadeé repetidas veces, en busca de mayor nitidez. Necesitaba ver si Maximilian me estaba tomando el pelo. Sin embargo, no poseía mueca alguna. Estaba totalmente serio. —¿Qué? —susurré, sin poder caer en la realidad. Se me hacía difícil procesar el hecho de que la mujer que me ha causado tantas inseguridades

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