MasukPOV DE CASSIAN
La fiebre quemaba mis músculos y mis huesos, reduciendo mi cuerpo a una agonía constante.
El tiempo ya no pasaba en horas, sino en los espacios entre mis respiraciones superficiales.
Mi lobo llevaba días desaparecido. Era la primera vez en mi vida que podía recordar haberme sentido verdaderamente solo dentro de mi propia piel, y ahora, el silencio comenzaba a romperse. Algo merodeaba dentro de mis costillas, intentando encontrar una dirección hacia la cual correr.
Me dejé llevar y los recuerdos comenzaron a aparecer, no los bonitos, sino los rotos. Una túnica blanca, la luz de las antorchas y un círculo de rostros. Ella estaba en el centro, con mi marca todavía fresca en su cuello, suave y perfecta, mirándome como si yo fuera lo último firme que le quedaba en el mundo.
Recordaba el peso de aquellas palabras en mi boca: "Te rechazo", pero no podía recordar haberlas elegido. Mi lengua se había sentido pesada. Mis pensamientos se habían hundido en el lodo. En algún lugar detrás de mí, una mano me había sujetado del brazo, dejándome moretones, y una voz había susurrado contra mi oído. Las palabras se me escapaban, pero la orden que había en ellas seguía viviendo en mis huesos como hierro. Intenté aferrarme a aquel fragmento, pero se desvaneció. El dolor volvió a arrastrarme hacia la oscuridad.
Cuando volví a la superficie, la habitación estaba más oscura. Alguien había dejado la ventana abierta y el aire nocturno enfriaba mi piel sobrecalentada. Temblé con tanta fuerza que, de hecho, podía sentir las cadenas de la maldición sacudiéndose dentro de mi pecho. Mi lobo se lanzó con violencia y hambre repentinas. Tiró con tanta fuerza hacia la puerta que hizo que mi cuerpo se arqueara sobre la cama. Durante un segundo salvaje, pensé que podría liberarme de las ataduras que me sujetaban. Entonces lo sentí.
Lluvia, hierbas y piel cálida. ¡Briar!
Su aroma había vivido debajo de mi lengua durante cinco años, incluso cuando intentaba arrancarlo de mi memoria. Lo había enterrado bajo el deber, la ira, la vergüenza y todas las excusas que pude encontrar, pero mi lobo todavía lo reconocía. Mis ojos se abrieron de golpe. Ella todavía no estaba en la habitación y la puerta ni siquiera se había abierto. A pesar de eso, su aroma ya comenzaba a extenderse por el aire como si perteneciera allí.
Mi lobo perdió la razón. Dejó escapar un sonido que salió de mi garganta. Fuerte, quebrado y lleno de un anhelo tan intenso que me asustó. No me había permitido desearla en cinco años. Lo había encerrado detrás de la culpa, la vergüenza y el recuerdo de verla alejarse con sangre en el cuello.
Ahora, la cerradura se había hecho pedazos. Giré el rostro hacia la puerta como un hombre moribundo hacia el agua.
Por favor, suplicó mi lobo en un lenguaje más antiguo que las palabras. Por favor, que sea real.
Quería decirme que era la fiebre, un cruel engaño de un cuerpo que ya estaba rindiéndose. Pero el aroma se había vuelto más fuerte y más cercano. Mi corazón golpeaba contra mis costillas.
Durante cinco años, me había convencido de que perder a Briar era el precio que tenía que pagar por ser Alfa y aprendí a vivir con el espacio vacío a mi lado, incluso mientras mi lobo lo arañaba desesperadamente cada noche. Me decía que ella estaba mejor sin mí y que merecía su odio. Pero nada de eso importaba ahora, no con su aroma llenando mis pulmones y mi lobo buscándola como si hubiera estado muriéndose de hambre todo este tiempo.
La habitación pareció inclinarse mientras unos pasos resonaban al otro lado de la puerta. Mi pulso se aceleró cuando escuché la respiración de alguien al otro lado.
¿Y si realmente era ella? ¿Y si me miraba y no veía más que al hombre que la había destrozado?
El pensamiento dolió más que la maldición. Tragué saliva ante la sequedad de mi garganta. Mi lobo volvió a avanzar, desesperado por alcanzarla. Por primera vez en años, no luché contra él. No podía hacerlo porque estaba demasiado cansado para seguir fingiendo ante mí mismo. Los pasos se detuvieron y el silencio llenó la habitación. Entonces, la manija se movió y la puerta comenzó a abrirse.
La fiebre me había robado casi todo, pero de alguna manera había dejado una cosa intacta: la parte de mí que todavía la recordaba.
Recordé pequeños detalles que no tenía derecho a recordar después de cinco años, la forma en que solía acomodarse el cabello detrás de la oreja cuando estaba nerviosa, cómo sus ojos se suavizaban cuando hablaba con los lobos más jóvenes, la risa tranquila que intentaba esconder cada vez que la molestaba y cómo había rodeado mi mano con la suya antes de que todo saliera mal.
Recordé el rechazo. Su rostro cuando pronuncié aquellas palabras, la forma en que su mano había volado hasta su cuello y cómo toda la manada había quedado en silencio. Recordé la sangre mientras ella me miraba como si estuviera buscando alguna explicación en mi rostro que yo no tenía. Había querido alcanzarla, retirar aquellas palabras, pero algo dentro de mí gritaba que no tenía elección.
Incluso ahora, podía sentir aquella presión invisible otra vez. La misma presencia fría que se había envuelto alrededor de mi mente aquella noche. No había sido un pensamiento ni había sido mi lobo. Había sido una orden y yo había obedecido. Cinco años después, todavía no sabía quién la había dado. Esa pregunta me había seguido a través de cada victoria, de cada reunión del consejo y de cada noche en la que despertaba con su nombre en los labios.
Tal vez era Briar quien había regresado con respuestas o para verme morir.
Una risa amarga amenazó con escapar de mí. Ella tendría todas las razones para hacerlo.
La manija giró un poco más y una fina línea de luz se filtró por debajo de la puerta. Mi lobo se lanzó con tanta fuerza que un dolor agudo atravesó mi pecho. Agarré las sábanas.
"Briar", susurré.
Su nombre apenas escapó de mis labios. Pero en el momento en que lo pronuncié, algo dentro de mí se calmó. No estaba sanado, ni perdonado, pero simplemente estaba seguro.
Ella estaba aquí.
Y, pasara lo que pasara después, finalmente tendría que enfrentarme a la mujer a la que había pasado cinco años intentando no recordar. Incluso si me odiaba o quería venganza, no apartaría la mirada. Le debía la verdad.
POV DE CASSIANLa fiebre por fin está aflojando su agarre. Por primera vez en tres días, puedo levantar la cabeza de la almohada sin que la habitación dé vueltas. Todavía me duelen las costillas, y las venas negras bajo mi piel se retuercen cada vez que respiro demasiado hondo, pero las cadenas que me oprimen el pecho se han aflojado lo suficiente como para permitirme sentarme. Me agarro al borde de la cama y me incorporo. El sudor se enfría a lo largo de mi espalda mientras mis sanadores se afanan a mi alrededor y me suplican que vuelva a acostarme.Me niego a hacerles caso. Cada vez que cierro los ojos, veo a Briar arrodillada junto a la cama de piedra, con las palmas apoyadas sobre mi pecho. Veo la luz plateada brillando entre sus dedos y escucho los jadeos del consejo. Veo mis propios dientes hundiéndose en un lado de su cuello. El recuerdo me revuelve el estómago, y no tiene nada que ver con la maldición.A través de la ventana abierta, el aire de la mañana trae los sonidos del p
POV DE BRIARMe despierto con el olor a piedra fría y cera de vela quemada, y durante un terrible segundo estoy segura de que me estoy muriendo. Siento el pecho apretado, como si alguien hubiera colocado una piedra pesada sobre mis costillas y se hubiera olvidado de quitarla. Permanezco inmóvil en la estrecha cama y escucho los latidos de mi corazón. Late demasiado rápido y de forma demasiado irregular, y no suena como el mío.Levanto la mano hacia la pálida luz que entra por la ventana. El resplandor plateado sigue ahí, bajo mi piel, pulsando lentamente desde mi muñeca hasta las puntas de mis dedos. Brilla lo suficiente como para proyectar finas líneas sobre las sábanas blancas. Cada pulso coincide con un latido en mi pecho, paciente y constante, como si hubiera esperado cinco años a que lo notara. Me bajo la manga para cubrirme la muñeca, pero la luz brilla incluso a través de la tela.Los recuerdos de la noche anterior regresan en fragmentos. Recuerdo la luz plateada llenando la ha
POV DE CASSIANLa mordí.Un segundo, una luz plateada brillaba bajo sus palmas y, al siguiente, mi cuerpo se movió por sí solo. Me incorporé, ignorando el dolor agudo en mis costillas, y hundí los dientes en el lado de su cuello, justo encima de la cicatriz.Briar jadeó.Su sangre caliente y metálica inundó mis sentidos.Mi lobo se agitó dentro de mí, enviando una oleada ardiente por mi cuerpo que hizo que mi visión se volviera borrosa. Mis manos encontraron su cintura sin que yo lo pensara y se aferraron a ella, con las uñas presionando contra su piel suave.Debí apartarme. Debí detenerme, pero no pude. El sabor de su sangre envió una corriente de algo profundo y antiguo a través de mí.Mi lobo la reconoció y ese conocimiento debería haberme aterrorizado. En cambio, durante el más breve de los latidos, se sintió como volver a casa.Las sillas se arrastraron sobre el suelo de piedra detrás de nosotros y escuché a alguien pronunciar mi nombre. Unos pasos resbalaron sobre el suelo. No l
POV DE BRIARLas puertas de Ashwood se abrieron para mí como si hubieran estado esperándome. Entré vestida de cuero negro y con una actitud desafiante, negándome a volver a hacerme pequeña por nadie. Cada curva suave de mi cuerpo estaba a la vista, y sabía que los guardias me estaban mirando.Los miembros de la manada dejaban de hablar a mitad de una conversación mientras los susurros me seguían por las escaleras de piedra hacia el ala del Alfa, como si yo fuera otra sombra."Esa es ella.""Ha engordado.""Se ve diferente."Mantuve la espalda recta y el rostro inexpresivo. Que miraran y susurraran. La chica que habían visto sangrar con una túnica blanca cinco años atrás ya no existía. Había desaparecido en algún punto entre el desamor y la supervivencia. No le debía mi dulzura a Ashwood.El aire se volvió más pesado cuanto más me acercaba a la habitación de Cassian, y pude oler la enfermedad antes de llegar a la puerta, mezclada con el aroma familiar de la piedra antigua, las hierbas
POV DE CASSIANLa fiebre quemaba mis músculos y mis huesos, reduciendo mi cuerpo a una agonía constante.El tiempo ya no pasaba en horas, sino en los espacios entre mis respiraciones superficiales.Mi lobo llevaba días desaparecido. Era la primera vez en mi vida que podía recordar haberme sentido verdaderamente solo dentro de mi propia piel, y ahora, el silencio comenzaba a romperse. Algo merodeaba dentro de mis costillas, intentando encontrar una dirección hacia la cual correr.Me dejé llevar y los recuerdos comenzaron a aparecer, no los bonitos, sino los rotos. Una túnica blanca, la luz de las antorchas y un círculo de rostros. Ella estaba en el centro, con mi marca todavía fresca en su cuello, suave y perfecta, mirándome como si yo fuera lo último firme que le quedaba en el mundo.Recordaba el peso de aquellas palabras en mi boca: "Te rechazo", pero no podía recordar haberlas elegido. Mi lengua se había sentido pesada. Mis pensamientos se habían hundido en el lodo. En algún lugar d
BriarCinco años después.El golpe en la puerta llegó poco después de medianoche y ya sabía quién era antes de abrirla. Algunos aromas nunca desaparecen de la memoria.Vantessa todavía olía a perfume caro mezclado con el olor metálico de la sangre vieja, el mismo aroma por el que la había conocido. Estaba de pie en mi porche como una reina que finalmente había aceptado el hecho de que la corona podía ser robada.Vantessa estaba mayor y más delgada. La compostura que llevaba como una armadura se había resquebrajado para revelar a la mujer destrozada que había debajo. Tenía los ojos enrojecidos y sus manos, cuando las juntó frente a ella, temblaron durante un segundo antes de obligarlas a quedarse quietas.No la invité a entrar."Se está muriendo", dijo. No hubo saludo ni explicación, solo esas dos palabras, afiladas como una cuchilla entre nosotras.La vieja herida de mi pecho volvió a la vida tan repentinamente que di un paso atrás. Habían pasado cinco años desde que aprendí a seguir







