LOGIN"Necesita reposo absoluto en cama."
"No me importa el costo médico. Carguen todo a mi cuenta privada. Asegúrense de que reciba la mejor atención disponible."
Alec estaba al borde de la cortina blanca en la carpa médica de campaña, su frente cubierta con vendas blancas limpias. El pecho le dolía, pero sus ojos eran agudos, oscuros y estaban fijos por completo en la pequeña cama de hospital.
Sienna se veía diminuta bajo las pesadas mantas. Su rostro estaba pálido como el papel, sus labios secos y agrietados. La ropa de trabajo holgada que siempre usaba en el sitio había sido cortada, reemplazada por una simple bata de hospital que descansaba suelta sobre sus hombros.
Alec se acercó, sus botas haciendo un suave clic contra el suelo. Los tres trabajadores sobrevivientes que ella había sacado antes de regresar por Alec estaban cerca del pie de la cama, sus rostros amoratados, sus manos temblorosas por la energía nerviosa.
"Salvó a cada uno de nosotros, señorita", dijo Miller, el trabajador más viejo, con la voz quebrada por la emoción. "Los médicos nos dijeron que nos sacó a tres de nosotros antes de volver a correr al fuego para arrastrar al jefe. Los cuatro estaríamos muertos en ese sótano ahora mismo."
Sienna se movió lentamente, abriendo los ojos. Miró a los trabajadores, luego miró a Alec de pie junto a su cama. Intentó decir algo, pero una tos violenta y seca sacudió todo su cuerpo en su lugar.
"No hables aún", dijo Alec, su voz firme y estable. "Arriesgaste tu vida. Destruiste por completo tu salud por cuatro hombres que ni siquiera conocías. Di tu precio. Dinero, casas, un negocio completo en cualquier ciudad que elijas. Mi familia se asegurará de que no tengas que trabajar un solo día por el resto de tu vida."
Sienna tragó con dificultad, negando con la cabeza contra la blanca almohada.
"No quiero dinero."
"Entonces dime qué quieres", dijo Alec, inclinándose ligeramente. "Pide lo que sea. Te debemos nuestras vidas. Yo te debo mi vida."
Sienna giró su rostro hacia la pared de tela simple de la carpa. Una sola lágrima rodó por su mejilla, dejando una línea limpia a través del polvo seco en su piel.
"Estoy completamente sola en este mundo", susurró, su voz ronca y apenas audible. "No tengo madre. No tengo padre. No tengo familia en ninguna parte. Si hubiera muerto en la explosión de ayer, nadie habría ido a identificar mi cuerpo en la morgue."
La carpa quedó en completo silencio. Los trabajadores miraron al suelo, sus rostros llenos de culpa y tristeza.
"No me importan las riquezas", susurró Sienna, sus dedos aferrados con fuerza a la manta del hospital. "Solo quiero una razón para vivir. Quiero un hijo. Un bebé al que amar, al que cuidar, con quien construir un hogar de verdad. Esa es la única cosa que he querido en mi vida."
Alec se quedó helado. Todo su cuerpo se puso rígido.
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Diez minutos después, los cuatro trabajadores rescatados estaban detrás de los pesados contenedores de acero en el patio del sitio, completamente lejos de la carpa del hospital.
"¿Estás loco, Miller?", dijo Alec, su voz baja, fría y dura. "Soy un hombre comprometido. Mi boda con Genevieve está programada para el mes que viene en nuestra propiedad privada. Mi familia ya está imprimiendo las invitaciones. No voy a aceptar esta tontería."
"Dos de nosotros aquí estamos legalmente casados con hijos esperándonos en casa", dijo Miller, sacando una vieja moneda de plata de su bolsillo. "No podemos llevar a otra mujer a nuestros hogares. Pero tú, ¿Alec? Un compromiso no es un contrato de matrimonio todavía. No estás atado por la ley, y fuiste el último hombre que ella casi muere arrastrando fuera de las llamas."
"Soy un Sterling", dijo Alec, su mandíbula tensándose mientras se acercaba al espacio de Miller. "Liquido mis deudas con transferencias bancarias y propiedades. No apuesto mi futuro."
"Ella rechazó tu dinero, jefe", dijo otro trabajador, dando un paso adelante. "Destruyó sus pulmones para que cuatro de nosotros pudiéramos salir vivos. Ninguno de nosotros puede mirar a nuestras familias a los ojos si dejamos a esa chica con las manos vacías. Es cuestión de puro honor. Los hombres solteros entran al sorteo. Tú estás dentro."
Alec se quedó completamente quieto bajo las duras luces del sitio. Su mente volvió a su vida en la alta sociedad, su reputación y los planes que había hecho para su futuro. Pero su estricto honor familiar lo mantuvo en su lugar como una jaula de acero. Un Sterling nunca huía de una deuda de vida no pagada.
"Lánzala", dijo Alec, su tono volviéndose completamente plano.
Miller lanzó la moneda de plata alto en el aire nocturno. Giró bajo las luces antes de caer con un golpe seco en el dorso de la mano de Miller.
Miller levantó lentamente su palma.
Cruz.
Un silencio mortal cayó sobre el patio de contenedores. Los trabajadores miraron hacia abajo, al rostro plateado de la moneda, luego levantaron los ojos hacia Alec.
"Eres tú, jefe", dijo Miller en un susurro bajo.
Alec miró fijamente la moneda, completamente atónito. Su estómago cayó a un pozo frío y vacío. En diez segundos, su compromiso, su posición social y todo su futuro habían sido borrados por un lanzamiento de moneda. Se sintió enfermo de incredulidad y completamente miserable, pero su rostro permaneció como una máscara de piedra dura e ilegible.
"Llama al magistrado de la ciudad", dijo Alec, su voz completamente desprovista de vida. "Nos casamos al amanecer. Pero dile esto: ella tendrá su hijo, pero nunca tendrá mi corazón, y en el momento en que ese bebé nazca, este matrimonio muere."
—Aléjate de esa puerta, Sienna.La voz de Alec cortó el pasillo oscuro.Estaba de pie en lo alto de la amplia escalera. La corbata la tenía deshecha, colgando suelta alrededor del cuello. La chaqueta oscura colgaba de un brazo. Parecía cansado, con sombras oscuras bajo los ojos, pero su mirada era afilada y estaba clavada directamente en ella.Sienna se quedó paralizada. Su mano permaneció sobre el pomo de latón de la puerta.—Le pedí la llave a Julian —dijo, manteniendo la voz serena—. Solo quería un poco de aire fresco en la terraza.—Julian no dirige mi ala de la casa —dijo Alec. Caminó por el pasillo hacia ella; sus pesados zapatos de vestir apenas sonaban contra la gruesa alfombra—. Y tú no deambulas por esta propiedad en mitad de la noche. Especialmente no
—Mantén la barbilla alta, Sienna.Chloe alisó la seda de un profundo verde esmeralda sobre las caderas de Sienna. La tela caía suavemente sobre sus curvas llenas, abrazando su diminuta cintura de veinticuatro centímetros mientras dejaba espacio para las caderas. Un escote barco modesto cubría los tenues moretones de su clavícula, dejando su garganta desnuda y elegante.—Nunca he llevado nada parecido a esto —susurró Sienna, mirándose en el espejo de tres cuerpos. Su largo cabello oscuro estaba recogido con soltura, con suaves rizos enmarcándole el rostro. Parecía una dama de alta sociedad, pero por dentro el pecho se le sentía pequeño y nervioso.—Te ves deslumbrante —dijo Chloe con auténtico calor, entregándole un par de zapatos de tacón crema modestos—. Ahora bajemos y borremos esa sonrisa de superioridad de la cara de Genevieve.La terraza dominaba la bahía privada, bañada por la cálida luz del sol de la tarde. Una suave brisa salada agitaba el toldo de lino blanco de arriba, y una
—Abre el paquete, Sienna.Alec estaba de pie cerca del borde de la puerta del baño, con los brazos cruzados sobre su pecho oscuro. El sol de la mañana apenas comenzaba a asomarse por las grandes ventanas del dormitorio principal, proyectando largas y suaves sombras sobre el suelo de madera.Sienna estaba sentada en el borde de la gran bañera de mármol. Llevaba un suave albornoz blanco que las criadas le habían dejado. En sus manos temblorosas sostenía una pequeña caja de plástico blanca con una franja rosa a un lado.—¿No es demasiado pronto? —preguntó Sienna, con la voz pequeña y ronca—. Solo han pasado cinco días desde la clínica en la ciudad.—El médico dijo que comprobáramos temprano —dijo Alec, con la voz plana y firme—. Si el cuerpo lo aceptó,
—Traga las pastillas, Sienna.Alec le tendió el pequeño vaso de agua y las dos tabletas blancas.Sienna alargó la mano con los dedos temblorosos. Las yemas de sus dedos rozaron la palma cálida y callosa de él. Un pequeño escalofrío le subió por el brazo. Tomó las pastillas con rapidez, las puso en la lengua y bebió el agua.—Gracias —susurró, devolviéndole el vaso vacío.Alec tomó el vaso y lo dejó en la mesita de noche con un suave tintineo. Se quedó de pie frente a ella, su gran cuerpo bloqueando la luz cálida de la lámpara.—¿Cómo sientes los pulmones esta noche? —preguntó, con la voz baja y ronca.—Un poco mejor —dijo Sienna, mirando hacia sus manos—. El aire de e
La villa de North Ridge estaba silenciosa y vasta, mirando hacia las aguas oscuras de la bahía de la isla.Dentro de la sala de estar, cuatro criadas movían con cuidado el equipaje de cuero de Genevieve hacia la suite principal. Genevieve permanecía junto a las altas ventanas de cristal, con los brazos cruzados con fuerza sobre el pecho, mirando fijamente las luces brillantes de la propiedad principal a lo lejos. El aislamiento de esta casa se sentía como una bofetada en la cara. Había pasado meses planeando su llegada como la señora de la propiedad del sur, solo para terminar desterrada a un acantilado ventoso.—Dejen los estuches pequeños cerca del tocador —dijo una voz firme desde la entrada.Julian entró. Se había quitado la chaqueta del traje oscuro y aflojado el cuello. Llevaba una taza de cerámica tibia de té de hierbas de la cocina, y la dejó sobre una mesa baja cerca de donde estaba Genevieve.—La cocina te preparó un poco de té de menta —dijo Julian, con tono cortés y mesura
"Siéntate, Richard."Eleanor Sterling no gritó. Golpeó su bastón de plata contra el suelo de madera. La habitación quedó en completo silencio.Caminó más allá de sus dos hijos, Alec y Julian. Se sentó en la gran silla de cuero al frente de la mesa. Miró directamente al Alcalde Richard. Su rostro era como piedra."Escuchamos la idea de Julian", dijo Eleanor. "Ahora haremos esto a la manera Sterling.""Eleanor", dijo Richard, apoyándose en el escritorio. "Mi hija no puede quedar mal. Si Julian ocupa el lugar de Alec, debes proteger a Genevieve y a su bebé por nacer.""Tu hija estará bien porque protege nuestro nombre", dijo Eleanor. "No porque viniste aquí con policías.""Madre", Alec dio un paso adelante. Su mandíbula estaba tensa. Sus manos estaban en puños. "Julian no debería hacer esto. Este lío es mío para arreglarlo.""Tomaste tu decisión hace cuatro días cuando firmaste el papel de matrimonio con Sienna", le dijo Eleanor. "Le diste tu nombre a la chica que te sacó del fuego. En e







