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No te irás

Author: Antonya
last update publish date: 2026-09-03 23:48:45

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La respiración agitada de Maksim contra mi cuello comenzó a asentarse despacio, marcando el fin de la tormenta de placer que nos acababa de arrollar. Permanecimos enlazados unos minutos sobre las sábanas deshechas, asimilando el peso de lo que acababa de ocurrir. Mi cuerpo aún temblaba ligeramente por las secuelas de su intensidad, pero la realidad, terca y fría, empezó a abrirse paso entre las brumas del deseo.

Maksim fue el primero en moverse. Se apartó con una agilidad felina, plantan
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  • ENCAJE PARA EL CEO   La cena

    El vehículo se deslizó con una suavidad imponente sobre el asfalto mojado, alejándose de la zona comercial mientras las luces de la ciudad parpadeaban a través de los cristales oscuros. Mantenía la vista fija en el paisaje urbano, fingiendo una concentración absoluta en las farolas que pasaban de largo, aunque sentía perfectamente el calor de la mano de Maksim aferrada a la mía con una posesividad inquebrantable.—¿A dónde se supone que vamos? —pregunté al fin, rompiendo el silencio con un tono de fingida indiferencia mientras intentaba liberar mis dedos de su agarre, algo que por supuesto no consiguió ningún resultado.—A cenar —respondió él con total tranquilidad, sin apartar los ojos del camino—. Y más te vale tener apetito.—Con la forma en que me trataste en la oficina, mi única dieta fue el estrés y la adrenalina pura —bufé, cruzándome de brazos con un puchero caprichoso—. Y hablando de comer, sigo esperando una disculpa formal por tus métodos de negociación dignos de un villano

  • ENCAJE PARA EL CEO   Hot

    —¿Qué quieres, Elena? Dilo —exigió él, deteniéndose apenas unos centímetros de mi boca, con los labios hinchados y la respiración igual de desbocada que la mía—. Pídemelo como sabes hacerlo.—Quiero que me tomes... aquí, ahora, maldito tirano —grité sin importarme el orgullo, perdiendo la última gota de dignidad ante la marea de calor que me quemaba por dentro.Una sonrisa oscura, triunfante y salvaje cruzó su rostro. Con una velocidad desesperada, Maksim se deshizo de su propio cinturón y abrió su pantalón, liberando su erección con una urgencia que igualaba a la mía. Al notar que mis piernas seguían cubiertas por la tela, soltó un bufido impaciente; sus manos grandes y ásperas se deslizaron hacia mis caderas, desabrocharon el botón de mi pantalón con un chasquido seco y lo bajaron con un tirón firme por mis piernas junto con las bragas de encaje, dejándome completamente expuesta ante su mirada devoradora.Me sujetó firmemente por los muslos desnudos, elevándome ligeramente sobre el

  • ENCAJE PARA EL CEO   ¡Aquí no!

    Salimos de la mansión. El auto de Maksim, una bestia negra de lujo y cristales oscuros, ya nos esperaba en la entrada principal con el motor en marcha. El trayecto hasta la boutique transcurrió en un silencio tenso, aunque mis piernas no paraban de temblar bajo la tela del pantalón blanco mientras repasaba mentalmente todas las formas posibles de asesinar a un magnate sin ir a la cárcel.Cuando el vehículo se detuvo frente a la fachada de la exclusiva tienda, Maksim bajó primero y me abrió la puerta con una elegancia caballerosa que contrastaba de forma alarmante con su actitud de dictador.—Entramos —ordenó él con voz baja, tomándome de la cintura para guiarme hacia las puertas de cristal.Una vez dentro, Sofía corrió a recibirnos con los ojos abiertos como platos, claramente sorprendida al verme llegar acompañada del mismísimo dueño de todo el conglomerado.—¡Elena! ¡Qué bueno que llegaste! —exclamó Sofía, tomando mi brazo con prisa para sacarme del vestíbulo—. Ven, te llevaré de in

  • ENCAJE PARA EL CEO   Propuesta

    —No hay de qué, mi niña —murmuró Camelia en tono confidencial mientras caminaba delante de mí—. El señor Maksim no suele traer a nadie a esta casa, y menos a estas horas de la mañana. Se ve que la cosa es seria.—Tan seria que casi nos ahogamos anoche, Camelia —bromeé con un hilo de voz risueña, intentando aflojar la tensión de mis hombros—. Pero sobrevivimos para contarlo.Camelia soltó una risita ahogada y se detuvo frente a unas puertas dobles de cristal que daban acceso al comedor principal. Las abrió de par en par, revelando una mesa de madera maciza para doce personas, en cuyo extremo principal estaba sentado él.Maksim vestía un traje oscuro impecable, sin corbata, con la camisa blanca desabrochada en el cuello. Tenía una taza de café en una mano y una tableta electrónica en la otra. Al escuchar el eco de mis tacones, bajó el dispositivo lentamente y me miró de arriba abajo. La intensidad de su mirada fue tan sofocante que casi me tropiezo con mi propio pie.—Gracias, Camelia —

  • ENCAJE PARA EL CEO   No puedo dormir

    Después de intentar comprender semejante ultimátum y la frialdad con la que me amenazó con arruinar mi carrera profesional, me quedé unos segundos petrificada en mitad de la habitación. Apreté la toalla contra mi pecho como si fuera una armadura de papel. La casa estaba sumida en un silencio sepulcral, únicamente roto por el suave murmullo del aire acondicionado.Al final, volví a la cama. Dejé caer la toalla a un lado, me deslicé bajo las sábanas gigantescas de seda y me acurruqué hasta quedar hecha una pelotita en el centro del colchón. Quería dormir, necesitaba desesperadamente que mi cerebro descansara de tanta emoción, de la inundación, del sexo salvaje en la pared y de la posterior transformación de Maksim en un dictador. Quería pensar en una estrategia de escape, pero en el fondo de mi alma tampoco quería salir de esa estancia.Sin embargo, nada resultó como lo planeaba.Daba vueltas de un lado a otro, enrollándome en las sábanas como si fuera un taco gigante de frustración. El

  • ENCAJE PARA EL CEO   No te irás

    ++++++La respiración agitada de Maksim contra mi cuello comenzó a asentarse despacio, marcando el fin de la tormenta de placer que nos acababa de arrollar. Permanecimos enlazados unos minutos sobre las sábanas deshechas, asimilando el peso de lo que acababa de ocurrir. Mi cuerpo aún temblaba ligeramente por las secuelas de su intensidad, pero la realidad, terca y fría, empezó a abrirse paso entre las brumas del deseo.Maksim fue el primero en moverse. Se apartó con una agilidad felina, plantando un beso breve en mi hombro antes de ponerse de pie. La luz suave de las lámparas de velador recortaba su figura esculpida mientras caminaba con absoluta desfachatez hacia el baño de la suite.—Ponte de pie, pequeña bruja —dijo con la voz ronca, girándose apenas en el umbral—. Una ducha caliente nos vendrá bien a los dos.Me erguí despacio, sosteniendo las sábanas contra mi pecho por puro reflejo, aunque a estas alturas ya no quedaba nada que ocultarle a este hombre.—Si me metes bajo un chorr

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