LOGINPAOLA
Nunca imaginé que mi vida podía cambiar en el tiempo que tarda una puerta en cerrarse. Todas aquellas miradas de esas personas caían sobre mí.Nadie se dignó a ayudarme, así de sola estaba.
El sonido todavía resonaba en mi cabeza.
La puerta del auto se cerró con un golpe seco, definitivo, como si hubiera sellado mi destino. El vidrio oscuro me devolvió mi propio reflejo: pálida, desordenada, con el vestido rojo que ahora parecía una burla cruel.
No era una fiesta, por lo menos no para gente como yo.
Era una trampa. Bien trazada y organizada por esa gente.
Y yo había caído en ella.
Intenté abrir la puerta inmediatamente, pero estaba bloqueada. Tiré del seguro, empujé con fuerza, golpeé el vidrio.
Nada.
—Déjenme salir —exigí, mi voz más temblorosa de lo que me gustaría admitir.—No pueden hacer esto.
Nadie respondió.
Dos hombres enormes estaban sentados adelante. Ni siquiera se giraron para mirarme. ¿Era posible que tan poco importara mi voz?
El motor arrancó,sentí el movimiento del auto y el pánico me atravesó el pecho como un cuchillo. Ya no había retorno y todo sucedía y pasaba sin que pudiera negarme.
Hace apenas una hora estaba preparándome para acompañar a mi novio a una supuesta fiesta de trabajo.Dudé desde el principio, pero no tuve el corazón para negarme a asistir; pensé que era importante para él.Fui demasiado ciega , sin dudas, para no vislumbrar esta barbaridad.
Ahora estaba secuestrada por la mafia. En mi mente me repetía que estaba muerta.
La palabra todavía me parecía absurda.
La mafia.
Yo escribía historias románticas. Historias de amor. De personas que encontraban consuelo en medio del caos. Intentaba que siempre los finales fuesen... ¿felices? Pero parecía que esta vez esta historia tendría un final trágico.
No me relacionaba con historias de hombres que secuestraban mujeres para cobrar deudas. Hombres machistas que eran capaces de cargarse a cuanto ser humano se les pusiera delante.
Miré por la ventana, pero el vidrio era tan oscuro que apenas distinguía las luces de la ciudad pasando como manchas borrosas.
Respiré hondo, no podía entrar en pánico porque perdería la habilidad de detallar un plan para salir de esto.
Tenía que pensar.
Santiago.
El nombre me quemó por dentro, un maldito al que le deseaba la muerte. La manera en que me dejó allí, sin mirar atrás. Yo no significaba nada para él...después de tantos años.Me había imaginado casada, una imbécil total.
Mi propio novio había intentado entregarme como pago... Esta era su obra final para mi. Náuseas surgieron en mi organismo, haciéndome sujetar del auto en movimiento.
La imagen de su rostro cuando me vio escuchándolo volvió a mi mente. El miedo en sus ojos. La culpa. Y después…el hecho de convertirse en lo que evidentemente siempre había sido un cobarde.
La forma en que corrió,ni siquiera intentó quedarse.
Ni siquiera intentó protegerme....un instinto tan básico cuando uno ama a alguien.
Simplemente escapó.
Una risa amarga escapó de mis labios; creía que éramos 100% responsables de nuestra realidad. ¿Pero realmente todo era mi culpa?
Cinco años de relación, y lo había ganado era ser practivcamente vendida por un ser querido.
Cinco años creyendo que conocía al hombre con el que vivía.
Y resultó que no sabía absolutamente nada de él. O lo que mostraba no se acercaba ni remotamente a la version original
El auto se detuvo de repente.Abrí mis ojos consternada..con los pensamientos apilándose como en nebulosa.
Levanté la vista, buscando en mi una valentía que tal vez nunca había tendio pero que ahora necesitaba y demasiado.
Las puertas se abrieron.
Uno de los hombres salió primero y luego abrió la mía.
—Bajá.
Su voz era fría...con este hombre no iba a negociar, no tenía ordenes de escucharme.
Salí del vehículo lentamente.
Y entonces la vi.
La casa. Eso si que era un palacio...un castillo...un lugar que solo podía visitar en mis sueños porque seguramente costaba una millonada a simple viste.
No.
Casa no era la palabra correcta, definitivamente,
Era una mansión.
Una estructura enorme de piedra oscura, rodeada por jardines perfectamente cuidados y luces suaves que iluminaban el camino de entrada. Había hombres armados en la puerta principal y otros caminando por los alrededores.
Mi estómago se encogió.
Esto no era un lugar del que alguien pudiera escapar fácilmente. Era un laberinto para mi mente que quería trazar rutas de escape...aunque no imposible.
—Camina —ordenó el hombre detrás de mí, dandome un lebve empuje.
Avancé....qué podia hacer.
Cada paso me parecía más pesado que el anterior. Quería retrasar el tiempo , porque una vez adentro quien sabe que pasaría.
Entramos.
El interior era tan lujoso como el exterior: pisos de mármol, paredes cubiertas con arte moderno, lámparas enormes colgando del techo.
Pero lo que más me llamó la atención fue el silencio. De esos que solo permanecen en las iglesias, y que cada movimiento se hace eco en ellas.
Un silencio cargado de autoridad, y de peligro para mi al menos.
Como si todo en ese lugar existiera para una sola persona, el gran rey.
—¿Te gusta mi casa?
La voz me hizo girar, y me enfermo de inmediato.
Ahí estaba él.
Lorenzo De Luca. Con su rostro arrogante y su ropa elegante, que poco hacía pensar que se dedicaba a "esto" más bien parecía un empresario o abogado exitoso.
Reparé en una especie de Rolex de oro... Este hombre nadaba en dinero.Nada le era negado.
No había dejado de pensar en sus ojos desde que me tomó del brazo en la mansión.
Eran oscuros. Profundos. Fríos, pero con un destello brillante que planteaba un misterio tentador.
Como si estuviera acostumbrado a mirar a las personas y decidir su destino en cuestión de segundos.
Caminó hacia mí con una tranquilidad inquietante. Siendo consciente del poder de su mirada.
No parecía apresurado o preocupado.Por supuesto que estaba cómodo en esta situación.
Un hombre que sabe que todo le pertenece no tiene necesidad de correr.
—No respondas —continuó—. Sé que no es el tipo de lugar donde una invitada se siente cómoda.
—Yo no soy tu invitada —respondí antes de poder detenerme.—No vine por voluntad propia.
Sus hombres se tensaron inmediatamente.Sabían que generalmente las palabras que se decían de más eran castigadas en ese lugar.
Pero Lorenzo solo levantó una ceja.
—¿No?...¿crees que no lo recuerdo?
Me acerqué un paso.
La rabia estaba empujando al miedo fuera de mi pecho. La indignación me hacía hablar como si no estuviera obligada a comportarme frente a un hombre que podía ordenar que me liquidaran en ese preciso momento.
—Estoy aquí porque mi novio es un cobarde... o un imbécil... como quieras llamarle....
Sus ojos brillaron con algo que no supe interpretar.
—Eso es cierto....no sabe cuidarte—dijo relamiéndose los labios, actitud que me hizo enfocar mis ojos hacia otro lado.
—Y tú eres un criminal... queriéndome cargar con su deuda.
PAOLANunca había escuchado tantos disparos en mi vida. Sabía que despues de esto quedaría prácticamente sorda.El sonido parecía venir de todas partes al mismo tiempo. Vidrios rompiéndose, hombres gritando órdenes, pasos corriendo por el mármol de la mansión. Estaba en el medio de un huracán.El jardín que minutos antes estaba tranquilo ahora era un campo de guerra....destrozos por doquier.Y la paz reducida a destrucción.Lorenzo me empujó hacia la puerta trasera de la casa. Eso de ordenarme me estaba sacando de quicio...no tenia ni idea de cómo podríamos salir de ahí vivos.—Entra.—¡No me empujes! Déjame....—Paola....avanza o te juro que....Su voz fue baja. Peligrosa.No gritada. Pero sabía que hablaba en serio.Lo suficiente como para congelarme.—Esto no es una discusión, maldita sea.Otro disparo explotó cerca de nosotros.Entré, no tenía tantas opciones más que seguirlo.El interior de la mansión estaba lleno de movimiento. Hombres armados corrían por los pasillos mientras ot
PAOLAHay una diferencia entre tener miedo…y comprender que estás atrapada en un mundo donde el miedo es lo normal. Nunca me creí valiente exactamente , pero si entendía que la única manera de salir de aquí era no enganchándome emocionalmente, con nada.No pude dormir después de lo que vi. Lo asesinó...allí...sin más.La imagen del hombre cayendo al suelo seguía repitiéndose en mi cabeza como una película que alguien había decidido reproducir en bucle. No olvidaría esto, nunca. Quedaría marcada para siempre en una historia en la que no quería aparecer.El disparo.El silencio.La mirada fría de Lorenzo, hacía tiempo que se había apagado, esa era la única explicación.Cerré los ojos, intentando calmar mi respiración. Analizarlo a él, era perder el tiempo.Su psicología no debía ser de mi interés, solo para tomar ventaja.Lo demás estaba en manos de Dios.Pero era inútil, cuando se tenía el tiempo libre y se era prisionero, se pensaba siempre, hasta la más mínima cosa.La mansión estaba
PAOLAHay momentos en los que entiendes que tu vida ha cruzado una línea invisible. Nunca pensé que le iba a ganar a un mafioso, o mucho menos, pero pensé que tenía algo para negociar.Una carta a favor ya que no todo podía ser tan malo; evidentemente, no había visto la verdadera oscuridad en esa casa, en él.No había otra manera de volver el tiempo atrás...no podía simplemente no ir a esa fiesta, eso ya estaba cocinado.Luego, llegó ese momento, una noche, en la casa de Lorenzo De Luca.Todo empezó con un grito, con ruidos de dolor ..angustia.No era un grito cualquiera. Era el tipo de grito que te eriza la piel incluso antes de que tu mente procese lo que estás escuchando. Un sonido crudo, desesperado, lleno de miedo.Me despertó de golpe,me incorporé en la cama con el corazón acelerado. Solía tener pesadillas, pero esto era distinto, real.Al principio pensé que lo había imaginado, era un deseo.Pero entonces volvió a escucharse, fuerte y más cerca todavía.Salí de la habitación cas
PAOLAEl silencio se instaló entre nosotros.Un silencio extraño.No respondí, no estaba en condiciones de hacerlo, no me esperaba todo aquello.Realmente era un fanático de esas historias y buscaba generar algo en mi que no estaba adispuesta a aceptar.Intenté pasar a su lado para salir de la biblioteca, una reacción atípica porque creo que no tenía permiso de irme; aun así, lo intenté por los nervios de sentirme sofocada tras el momento.Pero cuando di un paso…Lorenzo movió la mano y apoyó el brazo contra la estantería.Bloqueando el paso, sin dejar de mirarme fijamente, sin sonreír o hacer gesto que lo delatara. El terror me invadió.—¿A dónde vas?… —dijo confundido.—A cualquier lugar que no sea aquí...—opte por decir la verdad.—Esta es mi casa.—replicó con burla.—Exactamente.—dije queriendo sonar...normal.Su mirada se volvió más oscura.—Todavía no entiendes tu situación, ¿verdad?—La entiendo perfectamente... La dejaste muy en claro ayer.—¿Sí?—Estoy aquí porque mi exnovio e
PAOLADormí poco, me era imposible dejarme ir cuando estaba en un calabozo.Esperaba de un momento a otro la guillotina.O tal vez no dormí en absoluto, vi ingresar la luz del amanecer entre las cortinas de seda de mi prisión. La caja de cristal perfecta.La habitación era enorme. Una cama demasiado grande para una sola persona, sábanas de seda, ventanales que daban a un jardín oscuro iluminado por luces suaves. Estatuas por doquier. El lugar era muy similar a un museo antiguo.Era una habitación digna de una reina, para cualquier mujer hubiese sido un sueño despertar allí. Pero para mí, dadas las circunstancias, era el recordatorio de que estaba en el infierno.Se sentía como una jaula de castigo, con las trampas lujosas adecuadas.Pasé gran parte de la noche mirando el techo, intentando entender cómo mi vida había llegado a este punto. Cuál había sido mi responsabilidad en todo. Me hundí en la posibilidad de que las cosas pasan aleatoriamente, sin ningún tipo de coincidencia; podría
Uno de los hombres a su lado murmuró algo en italiano. Sabía que me estaba pasando, pero a esta altura mi mente me repetía que no había opciones, ¿Me traía a su casa para dejarme vivir? Era poco probable.Pero Lorenzo levantó la mano, silenciándolo. Con sus ojos fijos marcando sus ordenes en su gente.Luego dio otro paso hacia mí.Ahora estaba demasiado cerca. Sentía su respiracion, su aliento a cigarrillos.Podía sentir también el aroma suave de su colonia y algo más… algo oscuro, peligroso. Un escalofrío me recorrió, aunque puede disimularlo...un poco.—Ten cuidado con lo que dices en mi casa—dijo tomando mi rostro con suavidad, pero aún asi marcando que él era el peligro alli.—¿Por qué? —respondí—. ¿Vas a matarme? ...No imagino otro escenario...no soy tonta.El silencio cayó sobre la habitación.Durante un segundo pensé que había ido demasiado lejos, si había una posibilidad de vivir ya la había arruinado.Pero entonces Lorenzo sonrió.No era una sonrisa amable... Era de esas estr







